Cada 4 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Salud Sexual, una iniciativa impulsada por la World Association for Sexual Health (WAS) con el objetivo de promover una mirada positiva, respetuosa y basada en derechos sobre la sexualidad. Desde su creación en 2010, esta jornada busca generar educación, diálogo y acción en torno a la salud sexual, los derechos, la justicia y el placer.
El año pasado, bajo el lema Sexual Justice: What Can We Do?, hablábamos de justicia sexual y de la necesidad de que los derechos sexuales no existan solo sobre el papel, sino que todas las personas puedan ejercerlos realmente. Este 2026, la campaña da un paso más y pone el foco directamente en nuestros cuerpos con el lema Every Body.
Escrito expresamente en dos palabras, Every Body parte de una idea sencilla pero poderosa: cada persona tiene un cuerpo, pero no todos los cuerpos se mueven por el mundo en las mismas condiciones. Por eso, aquello que determina si una persona puede disfrutar de salud sexual, derechos, justicia y placer a menudo no es su cuerpo en sí mismo, sino las condiciones sociales que lo rodean.
Every Body: ¿por qué poner los cuerpos en el centro?
El cuerpo es el lugar desde el que vivimos la sexualidad. A través de él sentimos, deseamos, exploramos, ponemos límites, nos relacionamos, experimentamos placer y tomamos decisiones. Sin embargo, la forma en que podemos vivir todas estas experiencias no depende únicamente de las decisiones individuales.
El entorno, la educación que recibimos, el acceso a los servicios sanitarios, las normas sociales, los prejuicios, la situación socioeconómica o las leyes también pueden facilitar o limitar la manera en que cada persona vive su sexualidad. Por eso, hablar de salud sexual también significa preguntarnos si todos los cuerpos tienen realmente las mismas oportunidades para vivir la sexualidad con información, libertad, respeto y placer.
La realidad es que todavía existen desigualdades y barreras que condicionan el ejercicio de los derechos sexuales. Precisamente por eso, la campaña de este año nos invita a mirar más allá de una única manera de entender el cuerpo y la sexualidad.
No existe una única manera de tener cuerpo ni de vivir la sexualidad
Cuando se habla de sexualidad, a menudo se parte de un cuerpo considerado normativo y de unas experiencias muy concretas. Pero los cuerpos, las identidades, las capacidades, las orientaciones y las formas de relacionarnos son diversas.
Hay personas jóvenes y mayores, personas con discapacidad, personas intersex, trans y de género diverso, personas racializadas, cuerpos de formas y tamaños muy diferentes, personas que conviven con enfermedades crónicas o que atraviesan momentos vitales como el embarazo, el posparto o la menopausia. Todas estas realidades forman parte de la diversidad humana y, por tanto, también deben formar parte de las conversaciones sobre salud sexual.
Reconocer esta diversidad no significa crear una sexualidad diferente para cada persona, sino entender que no todo el mundo parte del mismo lugar ni se encuentra con las mismas barreras. Esto nos obliga a revisar quién está representado cuando hablamos de salud sexual, qué experiencias quedan fuera del relato y cómo podemos construir entornos más accesibles, respetuosos e inclusivos.
La salud sexual es mucho más que prevenir riesgos
Cuando oímos hablar de salud sexual, es fácil pensar inmediatamente en preservativos, infecciones de transmisión sexual (ITS), anticoncepción o embarazos. Todos estos elementos forman parte de ella, pero limitar la salud sexual únicamente a la prevención significa dejar fuera una parte importante del bienestar.
La salud sexual también implica poder conocer el propio cuerpo, sentir curiosidad, experimentar deseo —o no experimentarlo—, identificar qué nos gusta y qué no, comunicarnos, poner límites, cambiar de opinión y construir relaciones basadas en el respeto. También significa poder acceder a información fiable y vivir el placer sin culpa, presiones ni estigma.
Por tanto, cuidar la salud sexual no consiste únicamente en evitar consecuencias negativas, sino también en generar las condiciones para que las personas puedan vivir la sexualidad de manera positiva, informada y satisfactoria.
Los derechos necesitan condiciones para poder ejercerse
Poner el cuerpo en el centro también nos ayuda a entender que la autonomía individual no existe de manera aislada. Podemos saber qué queremos y qué no, pero necesitamos entornos que nos permitan expresarlo y ejercer nuestros derechos con seguridad.
Aquí tienen un papel fundamental la educación sexual integral, el acceso a información accesible y basada en la evidencia, los servicios sanitarios libres de juicios y discriminaciones, la formación de los equipos profesionales y las políticas públicas que protegen los derechos sexuales.
Así, hablar de responsabilidad individual sin tener en cuenta estas condiciones puede resultar insuficiente. La salud sexual también es una cuestión colectiva: depende de las herramientas, los recursos y los espacios que ponemos a disposición de las personas para que puedan tomar decisiones informadas sobre sus cuerpos y sus relaciones.
¿Y qué ocurre en la universidad?
La etapa universitaria puede ser un momento especialmente importante en la construcción de la manera en que entendemos las relaciones, el placer, los cuerpos y la sexualidad. Para muchas personas es una etapa de nuevos vínculos, nuevas experiencias, cuestionamiento de ideas aprendidas y toma de decisiones relacionadas con la propia salud.
Por eso, desde En Plenas Facultades apostamos por generar espacios donde las personas jóvenes puedan hablar de sexualidades sin tabúes, moralismos ni juicios. Espacios donde sea posible preguntar, compartir dudas, acceder a información fiable y hablar tanto del placer como de la prevención y la reducción de riesgos.
A través de la educación entre iguales, estas conversaciones pueden construirse desde la cercanía, la experiencia compartida y el respeto, reconociendo que no existe una única manera correcta de tener cuerpo, sentir deseo, relacionarnos o vivir la sexualidad.
Este 4 de septiembre: Every Body
El Día Mundial de la Salud Sexual nos recuerda que hablar de salud sexual es hablar de bienestar, autonomía, derechos, respeto, diversidad y placer. Este 2026, sin embargo, la campaña nos invita a ir un poco más allá y preguntarnos: cuando afirmamos que estos derechos son para todo el mundo, ¿estamos incluyendo realmente todos los cuerpos y todas las experiencias?
Desde En Plenas Facultades queremos seguir contribuyendo a construir espacios donde la diversidad no sea una excepción que haya que explicar, sino el punto de partida desde el que entendemos la sexualidad.
Porque, independientemente del cuerpo, la identidad, la orientación, las capacidades, la forma de relacionarse o el momento vital de cada persona, todo el mundo tiene derecho a vivir su sexualidad con información, autonomía, respeto, bienestar y placer.
La salud sexual es para todo el mundo. Y para todos los cuerpos.
«`

