El consumo de anfetamina provoca efectos estimulantes del Sistema Nervioso Central, incluso en dosis pequeñas, ayudando a disminuir el sueño y el apetito e incrementando la actividad física.
Entre los efectos deseados se encuentran: aumento de la atención y concentración, sensación de euforia o “rush”, mayor autoestima, verborrea y aumento de la sociabilidad, así como incremento de la actividad física y de la frecuencia respiratoria.
Sin embargo, estos efectos vienen acompañados de riesgos físicos y psicológicos importantes. Al ser una sustancia que mayormente se consume por inhalación, el daño sobre la mucosa nasal es frecuente. También puede provocar palpitaciones, latido irregular del corazón, hipertensión, hipertermia, sequedad de boca, contracción de la mandíbula y disminución del apetito, lo que puede derivar en desnutrición y mayor vulnerabilidad a enfermedades e infecciones.
Su uso compulsivo puede desencadenar psicosis, con síntomas como paranoia, alucinaciones auditivas y visuales y delirio, que a veces persisten meses o años después de abandonar la sustancia.
La intoxicación puede producirse a partir de 30 mg, y una sobredosis puede generar hipertermia, convulsiones y, si no se trata de inmediato, riesgo de muerte.
Riesgos relacionados con la tolerancia y la dependencia
El consumo repetido de anfetaminas provoca tolerancia, lo que significa que cada vez se necesitan dosis más altas para sentir los mismos efectos de energía, euforia o concentración. Esto aumenta el riesgo de sobredosis, ya que la diferencia entre la dosis que produce efecto y la dosis peligrosa se reduce.
Además, la dependencia física y psicológica hace que el cuerpo y la mente reclamen la droga de manera intensa: al dejar de consumirla, aparecen síntomas de abstinencia como depresión profunda, fatiga extrema, irritabilidad y dificultades para concentrarse. Estos síntomas empujan a muchas personas a volver a consumir, creando un ciclo difícil de romper y aumentando los riesgos de problemas cardiovasculares, trastornos del sueño, ansiedad crónica y alteraciones cognitivas a largo plazo.