Este 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, desde el Departamento de Prevención de Fundación Salud y Comunidad reivindicamos una ética profesional feminista en el abordaje de los consumos de drogas y el derecho de las mujeres a recibir una atención basada en estándares de calidad y perspectiva de género.
Los proyectos que conforman la línea Drogas & Género y otras iniciativas del Departamento -Proyecto Malva, En Plenas Facultades, Observatorio Noctámbul@s, LasDrogas.info, Connecta i Actua y diversos proyectos de investigación y prevención- defendemos intervenciones que acompañen, escuchen y reconozcan a las mujeres como sujetas de derechos y de saberes sobre sus propios cuerpos y trayectorias.
Hablar de drogas desde una perspectiva feminista implica cuestionar las miradas androcéntricas que históricamente han interpretado los consumos de las mujeres desde el estigma, la moralización o la patologización. Apostamos por prácticas profesionales basadas en el respeto, la autonomía y la reducción de daños, que reconozcan la complejidad de los consumos y los contextos sociales en los que se producen.
Los consumos de drogas se entrelazan con la precariedad, los malestares de género, las sobrecargas de cuidados, las violencias machistas y otras desigualdades estructurales. En muchos casos pueden funcionar como estrategias de supervivencia frente a contextos adversos, sin dejar de reconocer que también pueden vincularse a espacios de exploración, sociabilidad o placer.
Una ética feminista en la intervención genera espacios de confianza y vínculo que permiten romper el aislamiento, cuestionar la culpa y nombrar las violencias que atraviesan muchas trayectorias de consumo. Intervenir sin cuestionar el sistema es reproducir violencias. Estas violencias se entrecruzan con otros ejes de desigualdad como la clase social, el origen, la racialización, la situación administrativa, la edad o la diversidad funcional, configurando experiencias diferenciadas de exclusión y acceso a recursos. También situamos los cuidados en el centro de la intervención. Cuidar no significa vigilar ni castigar, sino acompañar procesos vitales complejos desde el respeto a los ritmos y decisiones de cada mujer.
En este marco, la sororidad y las redes de apoyo entre mujeres son herramientas fundamentales. Frente al individualismo neoliberal, reivindicamos la organización feminista, el acompañamiento comunitario y la construcción colectiva de respuestas frente a los malestares sociales.
En este contexto, nos preocupa especialmente el auge de discursos antiintelectuales y de terapias sin evidencia científica que, bajo narrativas individualistas o de bienestar personal, desplazan la responsabilidad de los malestares hacia las propias mujeres e invisibilizan las causas estructurales que los producen. Estas propuestas, lejos de empoderar, pueden reforzar la culpa, el aislamiento, la revictimización y la despolitización de los malestares de las mujeres y las niñas.
Desde una perspectiva feminista, el acceso a intervenciones rigurosas, basadas en evidencia y con enfoque interseccional no es solo una cuestión técnica, sino un derecho. La proliferación de pseudoterapias y discursos que desacreditan el conocimiento científico constituye una forma de vulneración del derecho a la salud, especialmente cuando se dirige a mujeres en situaciones de vulnerabilización, lucrándose en el intento de las mujeres por encontrar respuesta a las situaciones que viven.
En un contexto de avance de discursos antifeministas, de extrema derecha y de reacción frente a los derechos conquistados, resulta más necesario que nunca defender enfoques feministas, basados en evidencia y en derechos, en las políticas públicas y en las prácticas profesionales.
Este 8M reivindicamos un abordaje feminista de las drogas que ponga la vida, los cuidados, el conocimiento riguroso y la dignidad de las mujeres en el centro.

