Información sobre drogas

Cómo la heroína, la cocaína y otras drogas comenzaron siendo medicamentos saludables

“Gotas para el dolor de muelas de cocaína”, anuncio de 1885. Wikimedia Commons

Muchas de las actuales drogas de abuso iniciaron su carrera social como “utilísimos” y benéficos medicamentos. Tal es el caso de la heroína, la cocaína, el cannabis o las anfetaminas, ente otras.

Aunque ampliamente utilizado desde la Antigüedad en numerosas culturas, el cannabis fue introducido en la medicina occidental por el médico irlandés William Brooke O’Shaughnessey, profesor del Colegio Médico de Calcuta, quien publicó, en 1839, sus propiedades anticonvulsivantes. Tras volver a Londres, en 1842, entró en contacto con el farmacéutico Peter Squire, consiguiendo producir el primer extracto comercial de cannabis; “Squire’s Extract”.

Posteriormente, Sir John Russell Reynolds, médico personal de la Reina Victoria de Inglaterra, publicó en 1890, en The Lancet, un artículo donde resumía sus treinta años de experiencia clínica con el hachís en el tratamiento del insomnio, neuralgias, jaquecas, epilepsia o dismenorrea, entre otros trastornos.

Bote de extracto de cannabis índica. Wikimedia Commons

A finales del siglo XIX, el cannabis o hachís, en diferentes presentaciones, era ampliamente utilizado en la práctica médica y se encontraba presente en todas las farmacopeas occidentales. Sin embargo, su uso terapéutico declinó tras su eliminación de la Farmacopea Británica, en 1932.

Freud, la coca y la depresión

La cocaína, un alcaloide de la planta de la coca (Erythroxylon coca) aislado en 1859 por el químico alemán Albert Niemann, fue comercializado como medicamento en Estados Unidos en 1882, fundamentalmente para el dolor odontológico en los niños y para el tratamiento de la gota.

Pero el verdadero descubridor de sus propiedades farmacológicas fue el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, quien en su juventud estaba más inclinado hacia la investigación que hacia el ejercicio práctico de la medicina, por la que parece que sentía verdadera aversión.

En 1884 llegó a sus manos un artículo de un médico militar alemán que llevaba por título “Importancia y efectos psicológicos de la cocaína”, y aunque nunca había oído hablar de esta sustancia, intuyó la posibilidad de que podría servir para el tratamiento de ciertas enfermedades mentales.

Über coca (Sigmund Freud, 1884).

A partir de ese momento, Freud inició sus estudios sobre la cocaína. Inicialmente, la probó él mismo y comprobó una mejoría en su estado depresivo, además de una mayor seguridad y capacidad de trabajo. En el transcurso de sus ensayos, Freud comprobó que la lengua y los labios quedaban insensibilizados después de haber consumido cocaína, así como que calmaba los dolores de la mucosa bucal y los debidos a gingivitis.

En 1884, escribió su famoso trabajo Über Coca (“Sobre la coca”), en el que afirmaba que esta sustancia era un medicamento muy eficaz para combatir la depresión, eliminar molestias gástricas de tipo nervioso e incrementar la capacidad de rendimiento físico e intelectual. Afirmaba también que no producía hábito, ni efectos secundarios, ni vicio.

Tras cinco artículos de auténtico proselitismo sobre la cocaína, Freud abandonó su defensa y finalmente se negó a que éstos figurasen en sus obras completas, tras comprobar sus efectos indeseables, incluida la muerte de su amigo y colega Ernst Fleischl.

No obstante, recomendó la cocaína al oftalmólogo Carl Köller, quien confirmó su gran eficacia, diluida en forma de colirio, como anestésico en intervenciones quirúrgicas oculares, como las cataratas. Con este descubrimiento, la medicina dio un paso de gigante y nació la anestesia local.

Sin embargo, el mayor éxito “terapéutico” de la cocaína surgió con su inclusión en multitud de “elixires milagrosos” que se vendían, en la época del cambio de siglo, por sus propiedades energizantes y vigorizantes. El más famoso de todos fue el desarrollado por el químico y farmacéutico corso Angelo Mariani, que elaboró un vino con extractos de hojas de coca patentado como “Vino Mariani”.

Anuncio de Vino Mariani con la imagen del papa León XIII. Wikimedia Commons

Mariani fundó, en 1863, la primera gran industria basada en la coca, e incluso recibió una condecoración por el Papa León XIII por sus méritos en pro de la Humanidad. En Estados Unidos, John Styth Pemberton formuló en 1885 un sucedáneo exento de alcohol de este vino, al que llamó “French Wine Coca”.

Coca…cola

Este tónico y estimulante nervioso fue reformulado al año siguiente bajo el nombre de “Coca-Cola”. La compañía Coca-Cola  fue fundada en 1886 e inicialmente anunciaba su producto como remedio para el dolor de cabeza y como estimulante, además de como una agradable bebida: “bebida medicinal intelectual y para el temperamento”.

Aunque la compañía Coca-Cola eliminó la cocaína de su bebida en 1903, sustituyéndola por cafeína y hojas de coca descocainizadas como aromatizante, en 1909 había en Estados Unidos unas 69 bebidas que contenían cocaína como ingrediente.

En 1886, la publicidad de Coca-Cola se basaba en la promoción de sus ingredientes principales: los extractos de la hoja de coca y la nuez de cola. En 1903 la coca fue sustituida por cafeína. Wikimedia Commons

La heroína, más segura que la morfina

Por su parte, la heroína nació en un intento de mejorar el perfil de seguridad de la morfina, un alcaloide del opio, aunque inicialmente no se desarrolló como un agente analgésico.

La diacetilmorfina, nombre técnico de esta droga, fue sintetizada en 1874 por el químico Alder Wright, en el St. Mary’s Hospital Medical School de Londres, al tratar la morfina con ácidos orgánicos, pero, a pesar de comprobar su capacidad para disminuir la presión arterial y la frecuencia respiratoria, este agente no despertó el suficiente interés clínico, ni cuando, en los siguientes años, se demostró, en pacientes tuberculosos, que calmaba la tos y facilitaba el sueño.

Anuncio de jarabe Bayer de Heroína publicado en la prensa española en 1912. Wikimedia Commons

Finalmente, Heinrich Dreser, investigador de la compañía farmacéutica Friedrich Bayer & Co., se interesó por la diacetilmorfina, a la que consideró más potente para el alivio del dolor y con un perfil de seguridad más aceptable que la morfina.

En 1895 logró su producción industrial, siendo comercializada en 1898 únicamente para calmar la tos. Dreser describió este fármaco como una “droga heroica”, por lo que el nombre comercial aportado por Bayer fue “Heroína”. Este fármaco adquirió un rápido éxito comercial, siendo utilizado ampliamente en todo el mundo, especialmente como antitusígeno.

La aparición de las anfetaminas para la congestión nasal

A finales de la década de 1920, la monopolización del comercio de la Ephedra vulgaris, planta a partir de la cual se obtenía la efedrina, determinó que este principio activo escaseara y se elevase de precio, lo que motivó el desarrollo de nuevas alternativas terapéuticas para el tratamiento del asma y la congestión de vías respiratorias. Así, se investigó la anfetamina, una sustancia sintetizada en 1887 por el químico japonés Nagayoshi Nagai, y los laboratorios Smith Kline and French la comercializaron para uso inhalatorio como descongestionante nasal.

El periodo de máximo esplendor en el uso médico de las anfetaminas fue la década de 1960. En Gran Bretaña, por ejemplo, el 2,5% de todas las prescripciones oficiales del año 1959 eran preparados que contenían anfetaminas, siendo recomendadas, además de como anorexígenos en la obesidad, para el tratamiento de la epilepsia, esquizofrenia, depresión, colon irritable, esclerosis múltiple, traumatismos cerebrales y disfunciones sexuales.

El éxtasis y la Armada norteamericana

El prototipo de “droga de diseño”, la metilendioximetaanfetamina, conocida popularmente como “éxtasis”, fue sintetizada en 1914 en los laboratorios alemanes Merck también como agente anorexígeno, aunque no llegó a ser comercializada.

Sin embargo, fue utilizada con fines de investigación por la Armada norteamericana durante las décadas de 1950 y 1960, y como agente facilitador de la comunicación (agente entactógeno) entre el psicoterapeuta y el paciente durante la década de 1970.

Patente concedida por el Imperio alemán a Merck por la síntesis de MDMA, presentada en 1912 y aceptada en 1914. Wikimedia Commons

Otras drogas de abuso de introducción más reciente en el arsenal recreativo vienen del mundo de los anestésicos, como la fenciclidina, denominada en el mercado ilegal “polvo de ángel”; la ketamina, otro anestésico general disociativo usado especialmente en niños y ancianos, además de en cirugía veterinaria, que pasó al uso recreacional (“ketas”, “special K”) al descubrirse casualmente, en la década de 1990, sus efectos psicodélicos tras la recuperación de la anestesia; o el gammahidroxibutirato (GHB), conocido vulgarmente como “éxtasis líquido”, otro anestésico empleado también en el tratamiento del edema cerebral y del alcoholismo y como ingrediente de complementos alimenticios de uso en gimnasios.

Los fenómenos adictivos asociados al consumo de heroína y cocaína ya eran conocidos en las primeras décadas del siglo XX. La Pure Food and Drug Act, de 1906, puso las primeras restricciones a la manufacturación de ambas sustancias. En 1914 la cocaína fue ilegalizada en Estados Unidos en aplicación de la Harrison Narcotic Control Act, y una década después, en 1924, se prohibió la heroína. Finalmente, en 1937 se publicó la Marihuana Tax Act, que prohibía el consumo de cannabis, incluido en la lista de sustancias prohibidas de la Convención sobre Drogas Narcóticas en 1961.

Todos ellos claros ejemplos, en la metáfora farmacéutica, del paso de héroes a villanos.

Agentes de la Oficina Federal de Estupefacientes de Estados Unidos introducen en una incineradora bloques de heroína confiscados en 1936. Shutterstock / Everett Collection

Artículo redactado y publicado por  y  para The Conversation el 25 de junio 2020

Fuente original: The Conversation

Nuestro proyecto En Plenas Facultades participó en el programa «A propósito de la Salud» de Vox UJI Radio (107.8 FM)

«A propósito de la Salud» es un programa quincenal coordinado por UJI Hàbitat Saludable en el cual se abordan diferentes temas relacionados con la salud.  El pasado mes de marzo, En Plenas Facultades participó en este programa en Vox UJI Radio (107.8 FM) donde se explicó qué tipo de acciones desarrollamos dentro de los campus universitarios, más concretamente dentro de la Universitat Jaume I de Castellón.

Con Mar Bisquert, colaboradora del programa, hablamos sobre las funciones de nuestra Fundación y sobre todo lo que envuelve el mundo de las adicciones desde los riesgos que se asumen al consumir hasta la prevención de éstas.

Explicamos en profundidad nuestras acciones formativas en la Universidad y también nuestra participación en eventos festivos como las paellas universitarias 2020 con el objetivo de reducir riesgos asociados al consumo abusivo de alcohol y otras sustancias.

¡Gracias a UJI Hàbitat Saludable por contar con nosotras!

Clica la siguiente imagen y podreís escuchar la entrevista al completo:

Sara Arjona, del EPF y Mar Bisquert, entrevistadora de Vox UJI Radio

Cannabis: ¿alternativa o negocio?

Más allá del clásico porro, sabemos que el cannabis, lo que conocemos como marihuana, tiene propiedades terapéuticas con menos efectos adversos que muchos medicamentos. Pero, ¿para qué sirve realmente? ¿Cómo puede utilizarse? ¿Es realmente una alternativa para todas?

Ilustración de Señora Milton.

Verónica tiene ansiedad e insomnio. Tras un largo periodo de tiempo de tratamientos farmacológicos ineficaces o perjudiciales para su situación, decidió paliar los síntomas de sus dolencias haciendo uso del cannabis. Verónica, así como otras personas que padecen patologías como la fibromialgia, la endometriosis o la enfermedad de Chron, que acarrean grandes dolores físicos crónicos, llevaba tiempo anhelando encontrar una alternativa a los medicamentos convencionales. Los efectos adversos de estos le generaban casi más malestares que los que tenía. Algunos como la morfina, utilizados para suavizar dolores insoportables, son adictivos y dañan otros órganos como el estómago.

Verónica consume la planta Cannabis Sativa L directamente, la fuma. Otras muchas personas consumen un solo tipo de cannabinoide, como el CBD, a través de productos como aceites o pomadas a los que se les ha añadido ese componente y que se venden ya hasta por Amazon.
Empecemos por el principio. ¿De qué planta estamos hablando? ¿De qué propiedades y usos? Cannabis Sativa L es el nombre oficial de la planta del cannabis. Lo que se conoce comúnmente como marihuana. También se la nombra como ‘cáñamo’. De esta planta salen decenas de derivados diferentes (CBD, CBG, THC, CBC, CBL…). El especialista en cannabis del laboratorio AnandaLab Analytics Lab, Patricio Rodríguez de Soria, explica qué es, bajo su punto de vista, lo que tienen la planta y el cuerpo humano que, cuando se juntan, se complementan positivamente: “La planta tiene unas sustancias que se llaman fitocannabinoides. De las 350.000 variedades de plantas que hay en el planeta, que funcionan aproximadamente con unos 2.000 tipos de sustancias diferentes cada una, solamente la planta Cannabis Sativa L tiene unas sustancias para las que resulta que el cuerpo humano tiene unos receptores específicos”. ¿Por qué ocurre esto? No es que “estemos diseñados para disfrutar de los placeres del embeleso que producen esos fitocannabinoides, sino que existen dentro de nuestro organismo unos neurotransmisores que, casualmente, tienen la misma estructura química”, cuenta el experto. Estas sustancias que tenemos en el cuerpo se llaman endocannabinoides y, junto con los receptores, forman el sistema endocannabinoide. Lo que hace la planta cuando la consumimos, según cuenta Rodríguez, es “suplantar ese sistema que naturalmente tenemos”.

Nuestro sistema nervioso funciona con dos tipos de órdenes: de activación y de inhibición. Lo ejemplifica el especialista: “Cuando nuestro cerebro dice ‘dobla el brazo’, hay una orden de doblar el brazo (activación) y otra de ‘ya está el brazo doblado, no sigas haciendo fuerza’ (inhibición)”. Los endocannabinoides son los principales neurotransmisores inhibidores de nuestro cuerpo. El cannabis lo que hace es “exactamente lo mismo que hace nuestro sistema endocannabinoide y afecta únicamente a las células que tienen receptores específicos para estos productos. No como el resto de las sustancias estupefacientes que afectan y disturban todos los procesos metabólicos allá donde vaya”, remarca.

Según la Fundación CANNA, dedicada a la investigación sobre el cannabis, en los últimos años ha crecido el interés por la investigación de este compuesto “debido al descubrimiento de propiedades antiinflamatorias, antioxidantes, ansiolíticas y efectos neuroprotectores”, lo que lo hace “muy atractivo para el tratamiento de condiciones producidas por inflamación y estrés oxidativo”. Se utiliza para la epilepsia, para enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, el Parkinson o la esclerosis múltiple, para la ansiedad, el autismo, para enfermedades inflamatorias crónicas como la enfermedad de Chron, para el acompañamiento de la quimioterapia. Así lo refleja el equipo de investigación de la Fundación CANNA. Aun así, Rodríguez de Soria advierte que, aunque tiene “ciertos efectos terapéuticos, no es ningún milagro”, porque hay que tener en cuenta que “cada ser humano tiene una disposición y una concentración específica de estos receptores, es decir, a cada persona el consumo de fitocannabinoides le sienta de manera diferente”, y que no se puede perder de vista que “esto es una ayuda para paliar ciertos síntomas, no más”. No cura.

Y, ¿sirve de la misma manera tanto si se utilizan cannabinoides concretos como si se consume la planta entera? Según explica Patricio Rodríguez, “el doctor Manuel Guzmán Pastor, de la Universidad Complutense de Madrid, seguramente el científico español más experto sobre el tema, estableció hace tiempo que el efecto más terapéutico se da con el total de los cannabinoides, lo que él denominó el full spectrum. La combinación y modulación de todos ellos es lo que produce el mayor efecto terapéutico”. Lo que sucede es que ese full spectrum contiene THC, uno de esos decenas de derivados de la planta Cannabis Sativa L que, por ser “el responsable quizá de los efectos más psicodélicos”, es decir, el cannabinoide que hace que el consumo de la planta tenga efectos psicoactivos -que coloque-, “es una sustancia prohibida por la Convención de Ginebra, por las leyes españolas y por las políticas de drogas”, dice. “Si el THC fuera legal, entiendo que no habría discusión y que sería aceite con todos los cannabinoides lo que se propondría como terapia”, añade Rodríguez. Vale, y, ¿cómo se pasa de la planta a ese aceite o esa pomada? Los componentes se extraen de la planta y se convierten en compuestos químicos a través de un proceso de sintetización, “o lo que se denomina técnicamente, un principio activo para la industria farmacéutica (API)”, explican desde la Fundación CANNA. A partir de ahí, se puede utilizar como elemento en diferentes composiciones.

El negocio del CBD

Algunas empresas han visto en esta necesidad de encontrar alternativas más naturales para aliviar las dolencias cotidianas y los síntomas de algunas enfermedades, desatendidas institucionalmente y que son un nicho de mercado, por lo que cada vez más personas se suman al carro de la comercialización de productos cannábicos. Sobre todo de productos con CBD. Empresas como The Beemine Lab, Yuyocalm o Sativida, por ejemplo, diseñan, crean y venden aceites ingeribles, tópicos y cremas con CBD, aunque en la lesgislación española encuentran algunas trabas. Christina Schwertschlag, encargada de la investigación y el diseño de productos de The Beemine Lab, comenta que no pueden poner explícitamente, ni sugerir, en sus etiquetas que el producto puede ser ingerido. Tienen que venderlo como cosmético. Patricio Rodríguez comenta que la falta de regulación provoca que se estén vendiendo en internet multitud de productos sin apenas garantías: “Nadie te garantiza que ese aceite sea, efectivamente, del 5, del 10 o del 20 por ciento de CBD. Hay que cruzar los dedos y pensar que, en el peor de los casos, el producto es inocuo”. Hasta que no se regule, explica, la fiabilidad de los productos es dudosa.

El CBD se está comercializando en la Unión Europea (UE) desde hace tiempo, se puede encontrar hasta en Amazon. Solo cuando algún organismo encargado del consumo de algún país de la UE descubre un peligro para la salud (por ejemplo, “el 18 de abril de 2019 España realizó una notificación de productos como galletas y chocolates procedentes de los Países Bajos por contener derivados de cannabis no autorizados, a raíz de una inspección de la Policía Local y de la Unidad de Estupefacientes de la Comisaría de la Policía Nacional”, según recuerda la Fundación CANNA), procede a retirar el producto, abre una investigación sobre el mismo e implica al resto de países miembros para que hagan lo propio en sus territorios. Se que trata de una “depuración selectiva a partir de un sistema basado en la denuncia o delación”, cuenta la Fundación CANNA. Miguel Torres es abogado y profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Barcelona. Explica que mucha gente tiene una idea equivocada sobre la legalidad del cáñamo del que se extrae el CBD: “Se partía de la base de que el cáñamo con menos de 0,2 por ciento de THC es siempre legal. No es correcto. El cáñamo con menos de 0,2 por ciento de THC solo se puede cultivar sin permiso si se destina a usos industriales, que solo son la producción de fibra y de semillas. Las flores del cáñamo, aunque tengan menos de 0,2 por ciento de THC, se consideran siempre estupefacientes” y tanto el cultivo como la extracción en España están sujetas a la autorización de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS).

Actualmente, según la Fundación CANNA, la AEMPS ha concedido autorización a cinco empresas en España para el cultivo de cannabis con fines de investigación, y una sola autorización para la producción de derivados de extracciones de cannabis. “Como el cannabis medicinal no está regulado -exponen-, el cultivo de cannabis o la producción de derivados para su comercialización solo se permite en caso de exportación a una empresa debidamente autorizada en su país de origen”. La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) publicaba en marzo de 2019 una nota informativa que especificaba que “la empresa que desee comercializar estas partes de la planta Cannabis sativa L (flores, hojas y tallos), extractos y cannabinoides, en el ámbito alimentario, deberá presentar una solicitud a la Comisión Europea conforme a lo establecido en el reglamento sobre los nuevos alimentos”. En cualquier caso, solo las vitaminas y minerales pueden reconocerse como complementos alimenticios, no las plantas, de forma que no resulta legalmente posible registrar en España un complemento alimenticio hecho a base de cáñamo. Pero existe un resquicio de posibilidad, un vacío legal, que es a la que se acogen empresas que comercializan productos con CBD en España: “En caso de que el producto esté elaborado y haya sido puesto legalmente en el mercado de un país de la Unión Europea, en virtud del principio de reconocimiento mutuo, las autoridades españolas no pueden oponerse a la comercialización de un suplemento alimenticio elaborado con cáñamo en la UE”, explican desde la Fundación CANNA. En The Beemine Lab, a partir de ahí, lo que hacen es comprar el CBD ya extraído y sintetizado en Suiza, elaborar sus productos con una empresa cosmética y venderlo aquí, en el Estado español.

Christina Schwertschlag, que es natural de Boston (Estados Unidos), siempre tiene el ojo puesto en cómo su país de origen está, desde hace unos años, abriendo la puerta a la permisividad sobre los cannabinoides. Recuerda que “es curioso porque fueron los primeros en prohibirlo. Hace unos 120 años tú comprabas una tónica de Cannabis Sativa L en tu farmacia”. “El cannabis siempre se ha usado -dice-, pero llegó alguien y dijo que no, que las drogas son malas y que a partir de entonces la hierba iba a ser igual que la heroína”. Y el estigma ha inundado todo lo que rodea al cannabis. Pero la planta es muy rica. Schwertschlag echa de menos, también como consumidora, más estudio clínico y más información, para que se pueda “ser un consumidor consciente de lo que toma, responsable y con capacidad de elección”. “Espero que se legalicen de forma medicinal todos los cannabinoides, no solo el CBD, y que las personas puedan tener la libertad de decidir si para el dolor que le provoca el tratamiento del cáncer prefiere fumarse un peta y que no le criminalicen por ello”, sentencia.

Para unas pocas

La revista Forbes contaba en 2017 que las mujeres son “más propensas que los hombres a usar CBD” y que tienden a abandonar la “medicina tradicional” tras probarlo. También resumía que las razones más comunes por las que las personas usan CBD, según una macroencuesta, fueron “para tratar el insomnio, la depresión, la ansiedad y el dolor en las articulaciones”, según el doctor Perry Solomon, de HelloMD, una comunidad online que reúne a personal médico y pacientes relacionados con cannabis. “El 42 por ciento de los usuarios de CBD dijeron que habían dejado de usar medicamentos tradicionales como los analgésicos Tylenol o medicamentos recetados como Vicodin y habían cambiado a usar cannabis en su lugar. El 80 por ciento dijo que encontró que los productos eran ‘muy o extremadamente eficaces’”. El diario El País, como Forbes, también quiso hablar en 2019 sobre el negocio del CBD. En agosto de 2019 se esperaba que, para finales de ese año, “el mercado europeo del CBD tuviera un valor de 376 millones, un aumento del 30,82 por ciento” respecto al ejercicio anterior. Parece que hay hueco. Así lo cuenta Christina Schwertschlag en clave de humor.

Parece que, a pesar del estigma y de la falta de informes certeros, los cannabinoides en general, y el CBD en particular, tal como lo reflejan personas que los consumen, son útiles y casi podrían constituirse en toda una alternativa a muchos medicamentos para el dolor producidos y comercializados por grandes farmacéuticas. Algunas mujeres lo consideran un aliado, ya que han encontrado en el cannabis un alivio a sus dolores menstruales, a la ansiedad o a los dolores derivados de enfermedades que les afectan mayoritariamente, como la fibromialgia. Pero surge un traba más, una cuestión insalvable: la accesibilidad. ¿Quién puede ser una consumidora consciente con capacidad de elegir cómo tratar sus dolencias cuando un bote de 10 mililitros de CBD cuesta entre 89 y 197 euros? El especialista en cannabis Patricio Rodríguez comenta que “se podrían vender a menos de cinco euros”, incluso, pero la falta de regulación, opina Rodríguez, provoca que las empresas puedan establecer los precios que consideren. Entonces, ¿cómo podría ser una alternativa consumir cannabinoides si la mayoría social no puede permitírselo? ¿Tiene sentido que un movimiento que surge para ofrecer alternativas y mejorar la calidad de vida al margen de los límites del sistema coloque a la salud y el buen vivir, de nuevo, en un lugar de privilegio?

Al margen del negocio que ha emergido detrás de las propiedades terapéuticas del cáñamo, hay asociaciones y colectivos presentes en los barrios que promueven una producción y consumo más autónomo de los cannabinoides. En Growbarato.net, por ejemplo, ponen a disposición del público guías sobre cómo cultivar variedades de la planta con alto contenido en CBD y muy bajo o nulo en THC, aquellas que, como dicen, “todo el mundo pueda consumir, sin riesgo de sufrir ningún tipo de efecto psicoactivo”. También se pueden encontrar en su blog recetas para, a partir del cultivo de la planta, elaborar aceites cannábicos caseros. “Yo recomiendo en todas mis charlas que, antes de recurrir a esos productos, recurras a las flores de Cannabis Sativa. Es un producto natural, lleva el full spectrum, y hay montones de variedades en las que los niveles de THC son muy bajos o prácticamente nulos y los niveles de CBD son aceptables. Es mucho mejor consumir flores naturales que concentrados o extractos que, insisto, hasta que no haya regulación, la garantía es cero”, concluye Patricio Rodríguez.

Artículo escrito por  el 15 de abril de 2020 para Pikara Magazine

Fuente original: Pikara Magazine