MDMA / ÉXTASIS

INTRODUCCIÓN

La MDMA o 3-4 metilenediosimetanfetamina, también conocida como éxtasis o M, es una droga sintética que mezcla efectos estimulantes y psicodélicos (distorición de la percepción de la realidad), parecida a las anfetaminas.

Fue creada por primera vez en 1912 en los laboratorios Merck, pero nunca se comercializó. En los años 70, Alexander “Sasha” Shulgin y su esposa Ann Shulgin redescubrieron la sustancia y la probaron en entornos psicoterapéuticos por su capacidad para ayudar a la comunicación emocional. En los años 80, la MDMA saltó al ocio nocturno y su consumo se extendió en raves, festivales y fiestas electrónicas.

Hoy sigue presente en fiestas, aunque se consume menos que alcohol o cannabis. Las pastillas y el cristal que circulan pueden tener dosis muy altas (a veces más de 200 mg), lo que aumenta el riesgo de efectos adversos graves, como deshidratación, ansiedad intensa o problemas cardíacos. Por eso es importante informarse y tomar precauciones si se decide consumir.

COMPOSICIÓN Y PRESENTACIÓN

La MDMA, también conocida como éxtasis, es una droga sintética que actúa como estimulante y entactógeno, es decir, puede aumentar la energía y generar sensaciones de cercanía emocional y empatía.

Hoy en día se encuentra en distintos formatos: pastillas de colores con logos, cápsulas, polvo o “cristal”, siendo este último una versión más pura y potente.

La potencia y pureza de la MDMA varían mucho, y hasta un 10% de las pastillas que se venden como éxtasis no contienen MDMA, sino otras sustancias como piperazinas, anfetaminas, cafeína o lidocaína. También se pueden encontrar sustancias mucho más peligrosas, como PMA o PMMA, que tardan más en hacer efecto pero son mucho más tóxicas. Además, para dar consistencia a las pastillas se usan excipientes como sacarosa, lactosa o yeso, por lo que nunca se puede estar seguro de la cantidad real de sustancia que se consume.

VÍAS DE ADMINISTRACIÓN

La MDMA se consume principalmente por vía oral, ya sea en pastillas, cápsulas o polvo disuelto, con un inicio de efectos de 20 a 60 minutos y una duración de 3 a 6 horas. Esta vía permite controlar mejor la dosis, que normalmente oscila entre 75 y 100 mg, aunque menos de 70 mg puede no producir efectos y más de 250 mg aumenta el riesgo de intoxicación aguda.

Otra forma de consumo es esnifada, que tiene un inicio más rápido (5–15 minutos) y efectos más intensos pero más cortos, junto con mayor irritación nasal y posibles náuseas o ansiedad.

Existen vías menos comunes, como la sublingual, rectal, fumar o inyectar, pero son mucho más riesgosas y se utilizan muy poco.

Es importante recordar que la cantidad de MDMA que afecta a cada persona puede variar según su peso, metabolismo y experiencia, por lo que es difícil predecir los efectos exactos.

EFECTOS DESEADOS Y RIESGOS

La MDMA suele dar un «subidón» rápido que dura entre 15 y 30 minutos, seguido de efectos que se mantienen unas 3-4 horas. Durante ese tiempo, las personas usuarias refieren sentirse sociables, eufóricas y conectadas con los demás, con más energía, autoestima y sensualidad, y con la sensación de que todo se ve y se siente más intenso.

Pero no todo es diversión: la MDMA también tiene riesgos importantes. Físicamente puede acelerar mucho el pulso, subir la presión arterial, aumentar la temperatura corporal y provocar golpe de calor, sobre todo si bailas mucho o estás en lugares calurosos.

También puede causar tensión en la mandíbula, nerviosismo, problemas de coordinación y distorsiones visuales. Si el consumo ha sido muy alto puede afectar la serotonina y generar un síndrome serotoninérgico, que es una reacción peligrosa del cuerpo que necesita atención médica inmediata.

Los riesgos a nivel psicológico son ansiedad, paranoia o agitación durante el subidón, y después un “bajón” con tristeza, irritabilidad o dificultad para dormir y concentrarse, que si bien no siempre se nota al día siguiente del consumo, esta sensación de tristeza, puede devnir hasta 3 días despues de haber consumido.

En resumen, la MDMA puede hacer que te sientas genial y cercano a los demás, pero sus efectos dependen de la dosis, el lugar y la persona, y siempre hay riesgos físicos y psicológicos importantes que conviene tener muy presentes.

Riesgos relacionados con la tolerancia y la dependencia

El consumo de MDMA no suele generar dependencia física como otras drogas, pero sí puede producir tolerancia y dependencia psicológica. Esto significa que, con el uso repetido, cada dosis puede provocar menos efectos y algunas personas sienten la necesidad de consumir más seguido para recuperar las sensaciones iniciales.

El deseo de repetir la experiencia, sobre todo por la euforia y la cercanía emocional que genera, puede llevar a patrones de uso arriesgados. Además, el consumo frecuente aumenta la probabilidad de sufrir “bajones” más intensos, alteraciones del sueño, ansiedad y cambios de humor, lo que refuerza aún más la motivación a consumir de nuevo.

REDUCCIÓN DE RIESGOS
  1. Empezar con dosis bajas: No se recomienda “redosificar” antes de que pase suficiente tiempo (20–60 min por vía oral) para ver el efecto completo. Importante que sepas que la «colocón» inicial, que da la sensación de «gustera» de la primera dosificación no se vuelve a expermientar con una nueva redofisicación, no de la misma forma que esperas.

  2. Hidratación moderada: Beber agua regularmente, pero sin excedersee.

  3. Descansos y ventilación: Has pausas para bailar y procura hacerlo en lugares frescos para prevenir el golpe de calor.

  4. Control del entorno: Consumir en espacios seguros, con personas de confianza y evitando lugares demasiado concurridos o calurosos.

  5. Evita el consumo de MDMA con estas sustancias:

    • Alcohol: aumenta la deshidratación, el estrés cardiovascular y el riesgo de sobredosificación.

    • Otras drogas estimulantes (cocaína, anfetaminas): pueden elevar demasiado la temperatura corporal, la presión arterial y el riesgo de complicaciones graves.

    • Opiáceos: mezclarlos puede afectar la percepción de la dosis y la respiración, aumentando el riesgo de accidentes.

    • Antidepresivos ISRS o inhibidores de la MAO: Pueden potenciar efectos serotonínicos y aumentar el riesgo de síndrome serotoninérgico (confusión, fiebre, ritmo cardíaco irregular).

  6. Control de pureza: Siempre que sea posible, usar reactivos de test para identificar MDMA real y detectar adulterantes peligrosos (PMA/PMMA, otras anfetaminas).

  7. Planificar recuperación: dormir, descansar y alimentarse bien tras el consumo ayuda a reducir los efectos del “bajón” y protege la salud mental.

  8. Atención a señales de abuso o dependencia: Si notas que buscas repetir la experiencia con frecuencia o que los efectos positivos disminuyen, pedir apoyo profesional puede prevenir problemas de salud mental y emocional.