Noticias y novedades del proyecto

Día Mundial Sin Alcohol

 

El 15 de noviembre es el día mundial sin alcohol, por eso preparamos una serie de preguntas que te pueden interesar para aprender más sobre el alcohol.

 

  • ¿Por qué se celebra?

Tiene como objetivo concientizar a la población mundial sobre los daños físicos y psicológicos que produce el consumo de alcohol.

El tabaco y el alcohol no son drogas

Aunque sean sustancias legales, se consideran drogas porque actúan sobre el organismo y provocan diferentes efectos negativos y tienen la capacidad de generar tolerancia y dependencia.

Beber alcohol solo los fines de semana no comporta riesgos

Un consumo elevado de alcohol, a pesar de que sea de forma puntual, puede ocasionar un daño importante para la propia salud (por ejemplo un coma etílico) y un aumento del riesgo de sufrir otros problemas puesto que está asociado a otras conductas de riesgo como la conducción bajo los efectos del alcohol y las prácticas sexuales sin protección.

El alcohol ayuda a entrar en calor

Inicialmente, el consumo de alcohol dilata los vasos sanguíneos y genera cierta sensación de calor. Pero, a la larga, este efecto provoca una pérdida más rápida del calor corporal.

Si he bebido demasiado y me tomo un café, estaré en condiciones de conducir

Solo el tiempo permitirá que tu cuerpo elimine el alcohol consumido. Un café te puede poner tenso, pero no te mantendrá alerta ni restaurará los sentidos que ya fueron afectados por el consumo de alcohol.

Beber alcohol ayuda a ligar

En un inicio puede dar sensación de euforia y desinhibición. Esto hace que se pierda la vergüenza en la hora de habla, bailar, tener relaciones sexuales, etc. Sin embargo, se tiene una percepción distorsionada de la realidad, puede ser que se hagan cosas que no se harían en un estado más lúcido: tener relaciones sexuales sin protección, ligar con alguien que quizás no nos interesa, etc.

Vomitar acelera la eliminación de alcohol a la sangre

Ni vomitar, ni refrescarse, ni tomar café sirven para eliminar el alcohol más deprisa. A pesar de que puede hacer que la persona se sienta más despierta, no lo ayudará a eliminar el alcohol o mejorar las habilidades psicomotoras.

Resistir bien el alcohol NO indica fortaleza y control

El hecho de resistir los efectos del alcohol no significa que una persona sea más fuerte. En cambio, puede indicar que su cuerpo está acostumbrado al alcohol y que cada vez necesita más cantidad para obtener los mismos efectos. Esto puede ser el inicio de un proceso de dependencia del alcohol.

La cocaína saca los efectos del alcohol

La cocaína es una sustancia estimulante que puede enmascarar el efecto depresor del alcohol, pero en ningún caso eliminarlo o disminuirlo. Por eso, a pesar de que se tiene una sensación de control de la situación, las capacidades siguen están alteradas y ante un control de alcoholemia se continúa dando un resultado positivo.

  • ¿Sabes como reducimos los riesgos del alcohol?

No consumir alcohol si conduces, si eres menor de edad, en el periodo de lactancia, en el periodo de embarazo, si tienes alguna enfermedad hepática o si tomas medicación.

Beber agua entre su consumo porque el alcohol deshidrata.

Recuerda que el efecto del alcohol es acumulativo, regula la cantidad y la frecuencia de la bebida.

Te aconsejamos que comas antes de beber.

Si hay indicios de coma etílico (temperatura corporal baja, respiración lenta, perdida de conocimiento, vómitos, convulsiones) llamar al 112.

IMPORTANTE

El alcohol es la principal droga presente en las violaciones sexuales durante el ocio nocturno, PERO RECUERDA: su consumo NUNCA justifica la agresión sexual del mismo modo que no responsabiliza a la víctima.

Además

La Sub-dirección General de Drogodependencias (SGD) organiza e invita a la Semana de sensibilización sobre los riesgos del consumo de alcohol. Esta octava edición, que se celebra de el  15 al 19 de noviembre, forma parte de la Awareness Week donde Alcohol Related Harm (AWARH) promovida por varias entidades a Europa.

 

Fuente Original: Gencat

Violencia sexual en la universidad: “Nos llegan violaciones entre ‘amigos’ que tenemos que derivar”

La unidad de igualdad de la Complutense, el campus más grande de España, ha abierto 70 expedientes en un lustro por acoso. Las agresiones sexuales quedan fuera de sus competencias pero ofrecen atención psicológica

 

En la imagen, jóvenes haciendo botellón cerca de la Plaza del Cedro de Valencia. EFE/Ana Escobar

La estudiante entra por la puerta del rectorado aturdida y angustiada un viernes de puente en pleno invierno. En su último recuerdo se ve saliendo de casa la noche anterior. Se ha despertado en un lugar extraño, con una sensación horrible. Cuenta que le echaron algo en el vaso y que ha sido víctima de una agresión sexual. Magdalena Suárez, directora de la Unidad de Igualdad de la Complutense, e Isabel Tajahuerce, delegada del rector para la Igualdad, la escuchan desde la misma mesa blanca donde explican el episodio dos años después. “No teníamos herramientas para ayudarla en ese momento, tuvimos que recurrir a una psicóloga privada. Nos dimos cuenta de que necesitábamos atención inmediata”, explica Tajahuerce. De aquella tarde angustiosa surgió el germen del dispositivo de atención psicológica: dos especialistas que atienden cualquier petición.

El servicio lo puede utilizar cualquier miembro de la enorme comunidad de la Complutense, el campus presencial más grande de España, que engloba a 80.000 personas entre estudiantes, profesores y personal de administración, una población tan grande como Pontevedra o Manresa. El protocolo antiacoso de la Universidad les permite abrir expediente y hacer seguimiento de los casos siempre que se produzcan dentro de los campus y con su personal. Pero en las agresiones sexuales, como la que sufrió la chica con quien comienza este reportaje, solo pueden hacer acompañamiento: son las víctimas las que deben denunciar en la policía o en los juzgados. Aquella estudiante lo hizo. Desde la Complutense le ofrecieron apoyo. El tiempo ha demostrado que aquella primera atención fue crucial para su recuperación: “Ella está mucho mejor ahora y lleva una vida normal”, asegura Magdalena Suárez.

70 denuncias por el protocolo antiacoso

En los últimos cinco años, la Unidad de Igualdad ha gestionado 70 denuncias con nombre y apellido del protocolo antiacoso y una cifra similar de “casos de alerta”: personas que reclaman justicia, pero no quieren implicarse por escrito. Sin nombre y sin denuncia no se pueden seguir los casos, sin embargo la puerta siempre está abierta para la atención psicológica. Y es a través de esa puerta como han descubierto un asunto que les preocupa pero en el que no pueden hacer nada más que acompañar y concienciar porque se trata de un tema netamente policial: las agresiones sexuales que ocurren dentro de grupos de supuestos amigos, de chicos a chicas de su misma pandilla en una noche de fiesta. “Son agresiones que no identifican como tal, porque es gente con la que tienen un vínculo, gente cercana, pero es bastante común entre jóvenes. Nos llegan esos casos y los tenemos que derivar a recursos especializados, nosotras solo podemos hacer acompañamiento. Es muy grave que haya mujeres jóvenes con formación que no están identificando la violencia contra ellas. Algunas vienen muchos meses después porque se lo han hecho ver sus amistades”, señala Tajahuerce.

No hay datos policiales para dimensionar el alcance que tienen estas agresiones en pandilla, confirma un portavoz policial. Pero es una realidad que ya apuntan trabajos como la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer de 2019 que elabora el Ministerio de Igualdad, la última disponible: el 49% de la violencia sexual que sufren las mujeres ―desde tocamientos a una violación― proviene de amigos o conocidos; y el 21,6%, de familiares.

“Nos han hecho creer que las violaciones ocurren de noche, en un callejón oscuro y por un desconocido, y la mayoría de las veces no es así”, resume Clara Barceló, estudiante de último curso de Periodismo en la Complutense e impulsora de la asociación feminista universitaria Scila, que nació en 2017 al calor de las revueltas sociales por el caso de la agresión sexual grupal de La Manada en Pamplona. Llegaron a ser 20 mujeres muy activas, capaces de concentrar en una asamblea a 150 personas. Abrieron un buzón para recibir denuncias anónimas, aunque la mayoría les llegaban oralmente: “A mi amiga le ha pasado esto…”. Calcula que conocieron entre 10 y 15 casos al año, la mayoría de acoso. Los derivaron a la unidad. La futura periodista no conoce casos de agresiones entre amigos, pero no le sorprende. El primer paso que tiene que dar la víctima, que está aturdida, es contarle a alguien cercano lo que le ha ocurrido. Las denuncias son siempre más complejas: casi el 89% de los casos de violencia sexual nunca se denuncian, refleja también la macroencuesta de violencia contra la mujer.

“Las denunciantes suelen esperar a no tener que volver a coincidir con esa persona, por eso recibimos más casos a final de curso”, explica al teléfono una de las psicólogas del dispositivo especializado de la Complutense, que pide salir sin nombre para proteger a las víctimas. Afirma que pueden recibir entre una y tres consultas semanales, pero aún no existen datos cerrados de cuántos casos han atendido porque el dispositivo lleva en marcha menos de un año y están elaborando ahora su primera memoria anual. “Les cuesta denunciar porque tienden a responsabilizarse de lo ocurrido y el sentimiento de culpa funciona como una forma de dar sentido a lo que ha pasado y experimentar un cierto control sobre la situación, piensan que si la responsabilidad es suya no volverá a suceder. Pueden ser personas con las que tienen un vínculo previo y una imagen ya formada, algunos agresores tienen incluso un discurso feminista. En este sentido, es algo bastante traumático, como si se rompieran todas las reglas del juego. Si alguna persona se encuentra en una situación similar le diría que no es su culpa, y le animaría a compartir lo que le ha ocurrido con alguien cercano”.

La unidad de igualdad puso en marcha en enero de 2017, con el anterior equipo de gobierno, un protocolo que se centra en casos de acoso sexista (discriminación por causa de género), sexual o de orientación sexual (homofobia). Los casos abiertos hasta ahora son variopintos y en muchas ocasiones confluyen en uno distintas razones, como acoso sexual y sexista. Registran desde acoso laboral a una mujer que cría sola a su hijo o hija (la figura más habitual de la llamada familia monoparental) que recurrentemente tiene que impartir clase a las ocho de la noche, a correos anónimos enviados a una lista larga de distribución en los que se acusa falsamente a una persona homosexual de acoso. Durante los meses más duros de la pandemia, aseguran las responsables de la unidad, subió el ciberacoso.

Todas las universidades públicas disponen de unidades de igualdad, que son obligatorias desde la ley de universidades de 2007, y “la mayoría” disponen también de protocolos antiacoso, aunque cada campus lo ha desarrollado a su manera, explica Magdalena Suárez, que además de estar en la Complutense es secretaria del comité ejecutivo de la red de unidades de igualdad de género de las universidades, la Ruigeu. Están elaborando un informe con el número exacto de protocolos. “La mayoría encuentran casos de acoso parecidos a los que gestionamos aquí”, añade Suárez.

En los casos por acoso vertical ―normalmente de un profesor hacia la alumna o doctoranda― la situación es más complicada de gestionar porque hay una relación de poder, y la víctima teme represalias. La psicóloga explica que el ambiente “puede ser muy intimidatorio para el alumnado, sobre todo cuando se encuentra con una eminencia en su campo que además es muy hábil, muy inteligente. Nos cuentan que no saben cómo actuar y esto tiene una repercusión psicológica enorme”. En esos casos, la profesional cree que es importante desmontar esa figura: “Nos cuesta mucho pensar que una persona considerada como una excelencia no tenga el mismo desarrollo en todos los ámbitos de su vida. Es difícil diferenciar entre autor y obra. Por inercia, pensamos que alguien tiene que ser igual de brillante en todos los ámbitos de su existencia y no es siempre así”.

Sin capacidad de sanción

La unidad de igualdad no tiene capacidad de sancionar y eso, se indigna Suárez, hace que muchos en la universidad crean que no sirven para nada. Los casos de acoso en los que hay delito se transfieren a la fiscalía y en el resto se emite un informe que pasa a manos de inspección de servicios –dependiente de la asesoría jurídica– que empieza el procedimiento administrativo de nuevo basándose en este documento inicial. En último caso sanciona el rector. Suárez lamenta que abrir un nuevo procedimiento revictimiza a la persona agredida, que tiene que volver a testificar, y pone sobre aviso al agresor. Y a su lamento añade un deseo: “La mujer que pone la denuncia puede llegar a no enterarse nunca de lo que pasa, de si ha sido sancionado quien la agredió… El procedimiento obliga a esto. Por eso pedimos al Ministerio de Universidades un solo procedimiento porque las unidades de igualdad sufrimos presiones porque no tenemos competencias plenas y no podemos llegar hasta el final”.

Cursos contra la sumisión química

La unidad está preparando una guía sobre acoso y otra sobre sumisión química y ha organizado dos cursos sobre las drogas que inhiben a las víctimas. En ellas habla Gabriela Peña, vocal de la Comisión de Humanización del Hospital Infanta Leonor de Madrid, quien recuerda que la sumisión ha existido siempre: “Los chicos que intentaban emborrachar a las chicas para que dijesen  fácilmente”. Pero con el auge de Internet, cuenta, desde 2015 es más fácil acceder a drogas inhabilitantes. En su hospital ven entre tres y cinco casos de sumisiones al mes (una de cada tres, de la mediática burundanga). Siempre son agresores desconocidos, en un ambiente de fiesta, y el problema consiste en que los restos en sangre apenas duran dos o tres horas. La doctora Peña anima a las chicas a denunciar y se alegra de ver que los médicos más jóvenes están concienciados de estos problemas.

En los cursos, Peña distingue entre dos tipos de sumisión: drogar directamente a personas mayores para robarles o aprovecharse de una situación lúdica con alcohol para suministrar drogas específicas. Informa a las universitarias sobre las diferentes sustancias utilizadas (barbitúricos, analgésicos-anestésicos, cocaína…) y les enseña a distinguir los síntomas: alucinaciones, pérdidas de memoria, una resaca desmedida, desnudez o fluidos en la ropa o en el cuerpo. Además de alumnas, han acudido las trabajadoras de la unidad para aprender a actuar y acompañar a la víctima desde el principio.

Noticia publicada el 19 de octubre 2021 por PILAR ÁLVAREZ y ELISA SILIÓ  para El País.

Fuente original: El País

RETOMAMOS EL AULA: Nueva edición presencial del curso EPF «Salud y Drogas desde la prevención y reducción de riesgos» en la Universitat Jaume I de Castelló

¡Por fin! Lo que estabamos esperando: ¡VOLVER A LAS AULAS! y poder realizar el curso EPF desde la presencialidad, cara a cara. Y qué mejor que comenzar con estudiantes de la Universitat Jaume I de Castelló donde las plazas disponibles han volado.

La pandemia causada por el COVID-19 nos ha afectado a todas, en muchos niveles y el EPF no se quedó atrás. Entre toda la adpatación que tuvimos que hacer al formato online y los constantes cambios en las normativas e incertidumbres que vivimos durante este tiempo, ya no hayabamos la hora de poder volver a las aulas. Eso si, con todas las medidas de protección COVID-19, porque no queremos que vuelva a pasa

Y así comenzamos, con nuestro primer curso presencial que se implementará en la Universitat Jaume I de Castelló a partir del jueves 7 de octubre hasta el 25 de noviembre, de 17 a 19 horas en el aula HD0131AA. En esta edición, el curso se desarrollará de la mano de distintas docentes, entre ellas Belén Sánchez, Directora de CIBE de Castellón gestionado por FSC, Juan Aguirre y Florencia Manns, nuestras compañeras de EPF, Ana Burgos García, compañera del Proyecto MALVA, Tina Belando de la Asosiación LAMDA Valencia y Marta Asunta Miquel Salgado-Araujo, docente de la universisdad, con el objetivo de formar y dotar de herramientas para la prevención y reducción de riesgos en el consumo de alcohol y otras drogas, y así poder traspasar el mensaje preventivo entre sus iguales.

En esta oportunidad se ofrecieron 30 plazas que se han completado mucho más rápido de lo que nos esperabamos y por esto estamos muy agradecidas. Y como el recibimiento ha sido todo un éxito, hemos habilitado una lista de espera para aquellas estudiantes que no alcazaron a coger una plaza. Es muy importante que si has sido admitida y, por diversos motivos, no puedes asistir, mandanos un mail a prev.comvalenciana@gmail.com avisando de tu situación para que otra persona pueda ocupar dicha plaza.

El perfil de estudiantes de esta edición va por el área socio sanitaria donde el grueso de estduaintes proviene de carreras como Medicina, Enfermería, Trabajo Social o Psicología. Para nuestra sorpresa, también se han apuntado estudiantes de carreras como Finanzas y Contabilidad, Comunicación, Estudios Ingleses, Ingeniería Informática y que en su mayoría son estudiantes mujeres.

Agradecemos a toda la comunidad estudiantil por el buen recibimiento y esperamos que este curso este a la altura de sus expectatvias.

¡Nos vemos muy pronto por el campus!