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No es burundanga todo lo que reluce: el eterno retorno de esta leyenda urbana

Qué es en realidad esa misteriosa sustancia

La detención, la semana pasada, de un hombre que supuestamente drogaba a sus víctimas con escopolamina hace resurgir a una droga que aparece en más titulares que análisis

“Imagen de una discoteca en Costa de Marfil (EC)” Fuente: www.elconfidencial.com

Cada cierto tiempo volvemos a encontrarnos con alguna noticia en la que se menciona la burundanga, esa droga que anula la voluntad, “el aliento del diablo“. Sin embargo, y pese a que el principio activo de esta sustancia, la escopolamina, permanece en el cuerpo hasta varios días después de ser consumida, la burundanga nunca aparece en los análisis toxicológicos.

La última vez fue hace una semana, cuando la policía detuvo a un ciudadano magrebí al que se bautizó como “el rey de la burundanga“. La primera noticia al respecto apareció, de hecho, en El Confidencial el pasado 6 de marzo, aunque luego otros medios replicaron este mismo título nobiliario. Consultado al respecto, nuestro compañero Roberto R. Ballesteros, avezado periodista en este tipo sucesos, cita como prescriptores a fuentes de la investigación, que fueron quienes sugirieron el uso de escopolamina, entre otros narcóticos, por parte de este ciudadano magrebí.

La celeridad informativa es lo que tiene, y probablemente, el informe toxicológico no había sido aún completado cuando este agente se pronunció. Sin embargo, hay que decir que tampoco es la primera vez que los cuerpos de seguridad del Estado aluden al carácter mítico de esta sustancia como anuladora de la voluntad. Por ejemplo, en el atestado policial que se hizo de La Manada por su agresión a una chica en Pozoblanco (Córdoba), se hizo mención a la burundanga, por más que luego el fiscal admitiera que era imposible probar su uso.

“Tuit de la Policía en 2013” Fuente: www.elconfidencial.com

Y en su descargo, hay que decir que, en muchas ocasiones, son los propios denunciantes los que afirman haber sido drogados con burundanga, como ocurrió en Ibiza el verano pasado. Pese a la alarma, en la última memoria anual del Instituto Nacional de Toxicología, las menciones a la escopolamina fueron cero. Y sin embargo, las noticias del último año cuentan una historia diferente.

El único caso de intoxicación por escopolamina que aparece en la literatura médica sucedió en Palma de Mallorca en la primavera de 2016, y fue un intento de venganza de un marido a su esposa, con quien se encontraba en trámites de divorcio. Es decir, nada de someterla a su voluntad para atacarla sexualmente o robar sus pertenencias.

 

Si no es burundanga, ¿qué es?

“En el 2008 hubo una oleada de intoxicaciones en Noruega, por ejemplo, pero son ejemplos muy marginales en los que podemos encontrar escopolamina en drogas recreativas adulteradas”, explica a Teknautas Nuria Calzada, coordinadora estatal de Energy Control (ABD), una organización que se dedica a realizar análisis de sustancias en discotecas, conciertos o festivales y que jamás ha hallado escopolamina entre ellas.

Para Calzada, el eterno retorno de la burundanga responde a un fenómeno que ella llama “pánicos mediático-morales, hay un ‘boom’ en los medios sobre un tema que a menudo contiene testimonios exagerados, incluso de la propia policía, que a veces habla sin tener datos toxicológicos que los sustenten”.

Hay un ‘boom’ en los medios sobre un tema que a menudo contiene testimonios exagerados, incluso desde la propia policía

España no es el único sitio donde este tipo de leyendas brotan, en ocasiones por excesiva premura de las autoridades. En Reino Unido, la policía culpó a la mefedrona ​—una sustancia utilizada para prolongar el sexo— en 2010 sin tener pruebas fehacientes, o los múltiples rebrotes de la llamada ‘droga caníbal’, metilendioxipirovalerona o MDPV, en Estados Unidos. “Semanas después se supo que la persona no había consumido MDPV, sino cannabis y que padecía un trastorno mental”, explica Calzada.

No hay sumisión, hay vulnerabilidad

En el caso de la burundanga, tanto los análisis de Energy Control (quienes forman parte del Sistema Español de Alerta Temprana del Plan Nacional sobre Drogas) como los informes toxicológicos del Hospital Clinic de Barcelona indican que la mayor parte de sumisiones químicas con objeto de agresión sexual se realizan con una droga legal y mucho más común: el alcohol, reforzado en muchas ocasiones con el efecto de las benzodiazepinas.

Según la memoria anual del Instituto de Toxicología, “la sumisión química supuso el 0,02% de las intoxicaciones registradas” en España durante el año 2016.

Plantas de estramonio, especie capaz de producir escopolamina, intervenidas por la Guardia Civil. Fuente: www.elconfidencial.com

“La gran mayoría de los casos de agresión sexual no tienen que ver con la sumisión química, sino con la vulnerabilidad química“, indica la coordinadora de Energy Control. Es decir, esa escena de un hombre vertiendo droga en el vaso de una mujer es pura ficción. Lo más probable es que ese hombre utilice la situación de ebriedad de una mujer —a la que ha llegado libremente consumiendo alcohol o drogas— para robarle o atacarla sexualmente.

Tampoco es la escopolamina una especie de facilitadora del deseo sexual, como se la ha descrito habitualmente. De hecho, en el ‘chemsex’, práctica en la que dos personas usan voluntariamente drogas para fornicar más o mejor, nadie la utiliza nunca. Así lo explica a Teknautas José Luis Blanco, experto en el tema del Hospital Clinic y la Universidad de Barcelona: “Al margen de las drogas clásicas como la cocaína, hay tres drogas que se han relacionado con el ‘chemsex’ de forma muy estrecha”, dice, “la metanfetamina, el GBL o éxtasis líquido y la mefedrona”.

Aunque no son las únicas drogas que entran en juego —son habituales también los nitritos, base del popper, o la Viagra— y éstas varían mucho de una ciudad a otra​, Blanco dice que en muy raras ocasiones han visto la escopolamina, aunque concede que es una sustancia particularmente difícil de detectar. “Las personas no suelen venir a hacerse los análisis de manera muy precoz, lo que hace que la detección de la sustancia, de haber estado presente en el organismo, sea complicada”.

“Más culpa vuestra que nuestra”

En Colombia, donde sí existen datos que sustentan el uso de la burundanga, es también al contrario de lo que pensamos. “Son las mujeres, conocidas como burundangueras, las que la utilizan para robar a hombres, no hombres para violar a mujeres”, apunta Calzada. De hecho, incluso con el reciente caso del mal llamado ‘rey de la burundanga’, ninguno de los delitos por los que se le acusa incluye el asalto sexual. Como recogía nuestro compañero en su crónica, se le acusa de robo con fuerza, robo con violencia, estafa y hurto.

“En este caso ha sido más culpa vuestra, de los medios, que nuestra“, indica a Teknautas una fuente de la Dirección General de Policía, contactada días después de la detención del hombre acusado de emplear burundanga. “La investigación vino de una petición judicial y no se encontró nada en ese sentido, si lo hemos trincado es por otra cosa: no sabemos de dónde ha salido esto, lo que se atribuyen son robos, no es porque fuera el rey de la burundanga“.

Si se detuvo a ese hombre fue por robo, no porque fuera el rey de la burundanga

Al final impera el principio de Ockham, la explicación más simple es la más probable. La escopolamina es imprevisible, difícil de dosificar, lo mismo no genera el efecto deseado o puede tener secuelas terribles como la muerte de la víctima, mientras que las benzodiacepinas son más seguras y con efectos predecibles. Además, pueden conseguirse muy fácilmente. Desde una lógica criminal, la burundanga no interesa para cometer delitos.

Publicado por Antonio Villarreal, el 14 de marzo de 2018 para www.elconfidencial.com

Fuente: https://www.elconfidencial.com/tecnologia/ciencia/2018-03-14/burundanga-mito-leyenda-urbana-mentira-falso_1535018/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El mito de la burundanga: ‘es imposible que una sustancia anule la voluntad’

Hablamos con expertos sobre los mitos y verdades de esta sustancia. Si está probado que su uso es marginal, ¿por qué seguimos hablando tanto de ella?.

Estás en una discoteca, alguien te sopla en la cara y, en menos, de dos minutos has perdido completamente la voluntad. Esto se parece mucho a la historia que te contaba tu abuela sobre los polvos misteriosos en el vaso del cubata. Y la historia es la misma, en realidad, solo que en los últimos años los polvos han pasado a llamarse burundanga, una sustancia cargada de mitos y que genera tanta inquietud como desconcierto desde principios de los 2000.

Según los últimos estudios realizados por el Instituto Nacional de de Toxicología y Ciencias Forenses (INTCF) en el periodo 2010-2013, las sustancias detectadas en entornos de ocio fueron el alcohol etílico, la cocaína, el cannabis o las anfetaminas, mientras que la escopolamina —el nombre científico con el que se conoce la burundanga— no aparecía ni en una sola ocasión. De hecho, el primer caso detectado en España se dio a conocer hace apenas pocas semanas en un Hospital de La Palma, tal y como publicó la revista especializada Medicina Clínica.

Entonces, si el primer caso de burundanga en España no ha tenido lugar hasta ahora, ¿de qué hemos estado hablando todo este tiempo? “Existe una leyenda urbana alrededor de la burundanga. En mi opinión se debe a que la mayoría de los medios de comunicación hablan de las drogas desde el sensacionalismo. Ha pasado lo mismo con la droga cannibal o el estramonio”, explica Fernando Caudevilla, médico y miembro de Energy Control, una ONG que trabaja en la reducción de riesgos derivados del consumo de drogas. “Muchos medios están interesados en criminalizar las drogas y no en hablar de ellas con base científica”, destaca.

La escopolamina es una sustancia de origen natural que es común en las solanaceas (una familia de plantas herbáceas). En términos médicos, se puede usar para inducir anestesia. Sin embargo, su popularidad deriva de otro lado: la supuesta capacidad que tiene de anular totalmente la voluntad de quien la consume. Frente a esto, hay varias voces critican que su efecto sea tal. Al menos, no de la forma tan taxativa en la que nos lo han presentado.

En ningún caso se trata de una herramienta mágica para todo tipo de actos delictivos

como se ha llegado a plantear desde algunos medios.

Justo Giner es doctor en Química por la Universidad de Oviedo y apunta precisamente a este hecho. “Por suerte para nosotros en ningún caso se trata de una herramienta mágica para todo tipo de actos delictivos como se ha llegado a plantear desde algunos medios”, argumenta. Para Giner “la escopolamina es uno más de los muchos compuestos que deterioran el juicio crítico, como también lo hace el alcohol y otras muchas drogas”.

“Farmacológicamente es imposible que una sustancia anule la voluntad, porque básicamente ningún estudio científico ha encontrado la voluntad, como tal, en ninguna parte del cerebro. Las sustancias pueden alterar tus sentidos, la percepción de la realidad, ¿pero dónde ubicamos la voluntad?”, indican a Broadly desde Drogoteca, un portal dedicado a informar sobre drogas.

 Esto no resta gravedad a la sustancia: como muchos otros tipos de fármacos, puede llegar a ser peligroso en dosis elevadas. Caudevilla, de Energy Control, subraya que una intoxicación por burundanga puede producir mareo, fiebres y convulsiones (síntomas típicos de cualquier intoxicación) y en algunas ocasiones amnesia aunque eso no significa que lo produzca invariablemente en todas las personas. “De la misma forma que el alcohol no afecta igual a todas las personas, con la burundanga pasa exactamente lo mismo”, recalca.

Además, otro de los mitos que desmontan es la rapidez de su efecto: “No hace efecto en el acto, como se ha dicho. Es progresivo. Si la consumes vía oral puede tardar hasta 15 minutos. De la misma forma que es mentira que con un simple soplido en la cara baste para intoxicarse. Deberíamos esnifarla o absorber el aire de una forma muy intensa. Pero pasaría lo mismo si nos soplaran con una sustancia igualmente potente. No es tan sencillo como lo pintan”, advierten desde Drogoteca.

Este portal también denuncia que la información sesgada sobre esta sustancia puede llevar al equívoco. Individuos como los violadores de San Fermín, quienes se plantearon comprar burundanga según sus conversaciones de WhatsApp, “creen que esto de la burundanga es infalible, como una varita mágica, pero esto es inducido en gran parte por la prensa que genera una demanda falsa”, resaltan.

Otras de las creencias populares que estos expertos desmienten es que sea una sustancia tan difícil de detectar en los análisis. El químico Giner afirma que su “ventana de detección” es extremadamente corta en sangre (6 horas aproximadamente) u orina (dos días), pero tanto en uñas como en cabello la sustancia queda retenida de forma permanente. Es decir, que si existen tan pocos casos no es porque esta sustancia tenga una condición especial que haga que se disuelva de forma implacable en nuestro organismo.

La sumisión química no es ningún mito, es un problema real para nosotras

Para el Instituto Nacional de Toxicología, dependiente del Ministerio de Justicia, el uso de la burundanga en los delitos de sumisión química también es “marginal”. Se entiende por sumisión química la manipulación de la voluntad del sujeto de forma intencionada y con fines delictivos a partir de sustancias psicoactivas.

El informe, titulado Burundanga y sumisión química. Más mito que realidad, señala que las sustancias predominantes siguen siendo el alcohol, con diferencia, y ciertos psicofármacos como las pastillas para el insomnio. “El protagonismo de esta sustancia en los titulares de prensa no coincide con la realidad que los laboratorios de toxicología se encuentran en su práctica diaria. A pesar del empleo de tecnología con alta capacidad de detección, son muy escasos los casos en los que la escopolamina se ve implicada”, apunta el informe reciente.

En Noctambul@s, otro informe de 2014/2015 sobre consumo de drogas y abusos sexuales en contextos de ocio nocturno, dedican un apartado especial a la sumisión química atendiendo al mayor riesgo y exposición que sufren las mujeres en contextos en los que el consumo de alcohol y drogas se disparan.

El informe señala que no se han encontrado fichas que certifiquen de primera mano la presencia de la burundanga, sí en cambio de abusos y agresiones “facilitados” por todo tipo de sustancias psicoactivas.

Los delitos más comunes no son aquellos premeditados, sino aquellos en los que el agresor se aprovecha de la vulnerabilidad química de otra persona, por ejemplo, de una chica borracha que vuelve sola a casa de noche. Esta última es la tipología más frecuente de sumisión química y tiene que ver casi siempre con delitos contra la libertad sexual de las mujeres. Esto, apunta el informe, constituye una forma de violencia contra la mujer igual de grave e igual de intolerable, aunque muchas veces desde la sociedad se intente responsabilizar a las propias víctimas.

Fuente: https://broadly.vice.com