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El EPF en las «Barraques» de Girona

El pasado sábado día 1 de noviembre, la gente de En Plenas Facultades estuvo compartiendo aprendizajes, espacio y fiesta con los compañeros y compañeras de la Mesa de Salud.

Esta fue la «Noche del Whatsapp» y se llevaron a cabo diferentes actividades informativas y preventivas. A la cita, no faltaron ni la prueba del alcoholímetro, ni la ruleta de preguntas, ni los «Gigantes Encantados».

A pesar del frío, ¡la noche transcurrió de manera positiva!.

 

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Lo que querías saber sobre el aborto y no te atrevías a preguntar

El Museo de la contracepción y el aborto, fundado en Viena en 2007, es la colección más exhaustiva del mundo de métodos y objetos utilizados por el ser humano para evitar el nacimiento de otros seres humanos. Hace poco realicé una visita guiada con Christian Fiala (foto de abajo), fundador del museo y médico abortista, y esto es lo que me contó mientras caminábamos por la exposición.

Por supuesto, hay una historia que explica por qué empecé a trabajar en este campo [del aborto y la contracepción], que es un tema muy tabú en Austria —e incluso más en la región alpina del Tirol, donde se negaron a alquilarnos un piso a mi novia y a mí por no estar casados—.

Por aquel entonces, yo había empezado a ir a la escuela de medicina y me sorprendió que muchos de mis compañeros no conocieran formas de protegerse contra las enfermedades de transmisión sexual o de evitar embarazos no deseados, a pesar de su formación profesional.

Cómo introducir un pesario antiguo en el cuello del útero

Tras pasar unos años en Tailandia, donde vi morir mujeres a diario a causa de abortos autoinducidos que no salieron bien, decidí tomar cartas en el asunto. Quería ayudar y apoyar a las víctimas, y educar a sus parejas sobre los riesgos y las posibilidades existentes, en especial cuando no se contempla la paternidad.

En Austria la legislación nacional sobre el control de la natalidad es muy conservadora e hipócrita. Por eso, el objetivo principal del museo es informar a los visitantes sobre el control de la natalidad, sobre la horrible historia del aborto a lo largo del tiempo y las absurdas creencias que la rodean.

Izquierda: un condón hecho con una vejiga de pez, del tipo que se cree que utilizaba el rey Minos de Creta en el 1200 AC. Derecha: la leyenda reza, “Condones Diva, hechos de goma sedosa. ¡Estirando mi condón protegido legalmente!”

Viajo mucho, y durante varias conferencias y visitas a especialistas de todo el mundo con los que he hecho amistad, he recopilado información y objetos fascinantes. Antes de que Charles Goodyear inventara el primer condón de caucho natural vulcanizado en 1855, la gente utilizaba todo tipo de cosas como método anticonceptivo: vejigas de pez, apéndices de oveja y tripas de animales.

La sensación era muy natural, pero no eran fiables.

Ducha francesa con aspecto de jarra de cerveza.

En Europa, después del sexo solían utilizarse duchas vaginales como anticonceptivo. Por supuesto, esta medida era totalmente ineficaz.

En la década de 1900 se utilizaban esponjas como diafragmas, e incluso se inyectaba orina en lombrices para comprobar si se había producido un embarazo. Eso tampoco funcionaba demasiado bien. A partir de 1945, y hasta 1965, se utilizaban ranas como una forma muy común y relativamente fiable de test de embarazo.

Al igual que a las lombrices, a las ranas se les inyectaba orina de una mujer que se creía que estaba embarazada. Si la rana desovaba, significaba que la hormona humana que estimula la ovulación estaba presente en la orina.

En la década de 1960, el test empezó a cambiar un poco. Un agente anticonceptivo especialmente absurdo eran las bebidas gaseosas. Hay documentos que prueban que, desde principios del siglo XX hasta la década de 1950, se usaba Coca-Cola como ducha vaginal espumosa para después del sexo. Obviamente, no resultaba nada práctica ni eficaz ya que, al contrario de lo que se suponía, el ácido carbonatado no daña el esperma.

Este es un invento muy tonto: un tapón de madera para la uretra. Por muy ridículo y peligroso que parece, muchos soldados podrían haberlo utilizado. No puede decirse nada positivo de eso.

Hasta más o menos 1900, el método principal para controlar la natalidad era matar a los bebés tras el parto. Desde entonces, durante unos 70 años, se convirtió en una práctica habitual la interrupción ilegal del embarazo entre el cuarto y el quinto mes.

Esto sigue haciéndose en muchos países desarrollados. A partir de la década de 1970, se introdujo la legalización de la interrupción quirúrgica del embarazo hasta el décimo mes. En la década de 1990 se desarrolló el aborto medicinal hasta la sexta semana de embarazo. Hoy día, la mejor forma  de control de la natalidad es simplemente la prevención.

Antes de que el aborto fuera legal, muchas mujeres de toda Europa morían a causa de las brutales prácticas que llevaban a cabo para intentar abortar.

Se ha utilizado todo tipo de sustancias y objetos imaginables para provocar abortos.

Lavadora manual reverberante de Bosch, útil en cualquier hogar.

Los utensilios del hogar que vibraban mucho, como este de Bosch para lavar la ropa, se utilizaban para provocar el aborto. En este caso, se colocaba el aparato sobre la barriga y se accionaba.

Herramientas para practicar abortos del Museo de Criminología de Dresde

Hasta 1975, el hospital medio tenía tres salas principales. Los departamentos de ginecología y obstetricia tenían el mismo tamaño que los actuales y eran tan importantes como lo son hoy día. En cambio, la sala séptica era tan grande como las otras dos y en ella se atendía a mujeres con sepsis y toxemia, es decir, a las que se habían envenenado con la esperanza de conseguir abortar.

Hay que tener en cuenta el grado de impotencia y de tensión psicológica que las mujeres fértiles tenían que soportar en esa época. La experiencia del parto era increíblemente traumática y podía llevarlas a un nivel de desesperación inimaginable en la actualidad. La gente sigue negando con la cabeza mientras visita el museo porque el público occidental ya no conoce esos miedos existenciales.

A menudo se utilizaban jabones para practicar abortos ilegales. Se introducían en el útero para provocarlos, aunque, desgraciadamente, eso solía acarrear la muerte de las mujeres.

Se intentaron muchas cosas, pero el 99,9 por ciento de los intentos eran en vano. El 0,01 por ciento que funcionaba se consideraba una verdadera revolución, como la píldora. Casi al mismo tiempo que se introducía la píldora a principios de la década de 1960, empezaron a desarrollarse los primeros métodos de barrera.

La aparición de la píldora, la primera forma de pseudodominación humana de la fertilidad biológica, se considera el segundo logro más importante de la historia de la humanidad —el primero es el control del fuego—.

Gracias a los métodos anticonceptivos eficaces, podemos administrar la fertilidad en nuestras vidas y no al contrario, que es lo que pasaba antes. La gente no se da cuenta de que antes de que existieran los anticonceptivos, una mujer se quedaba embarazada nada menos que 15 veces entre los 15 y los 50 años.

Varias máquinas de condones en Alemania y Austria

Cualquier formación sociocultural desde 1960 no habría sido posible sin los métodos anticonceptivos químicos. No estaríamos aquí, porque tendríamos niños que cuidar. La revolución sexual de 1968 se habría acabado después de nueve meses.

Por ponerte un ejemplo, hace poco vino a nuestra clínica una chica de 17 años para interrumpir su embarazo. Ya tenía dos hijos. Nunca había usado protección y ahí tenemos el resultado: la naturaleza hace su trabajo.

Izquierda: La leyenda dice, “Mujer, eres libre. Tus días no fértiles este año.” Derecha: aparato para calcular los días en cuestión.

Nunca ha habido tantos métodos de control eficaz de la natalidad como en la actualidad y, sin embargo, la mayoría de las mujeres prefieren un “método natural”. Resulta paradójico. No quieren productos químicos ni hormonas.

Lo que estas mujeres olvidan es que lo “natural” es tener 15 embarazos no deseados. A menudo se percibe la naturaleza como un paraíso por todos deseado, pero es una ilusión. La naturaleza es brutal y despiadada. Le importa una mierda el individuo.

Ramitas y tubos de plástico usados para provocar el aborto y retirados de los úteros de mujeres en el hospital de Mulago, en Uganda, en 2003.

Desde que abrimos nuestra clínica abortista en Viena en 2003, y con la posterior apertura del museo en 2007, ha habido muchas manifestaciones frente al edificio por parte de fanáticos de Human Life International y de otros grupos cristianos. Se dedican a aterrorizar a nuestras pacientes, aunque las cosas se han calmado un poco desde que está interviniendo la policía.

Desgraciadamente, no es posible hablar con esta gente de forma objetiva. Están, por así decirlo, limitados psicológicamente. Ni siquiera es posible entablar un debate normal. Ese es el verdadero problema. No el aborto, sino el hecho de que, hasta la fecha, se permita a personas como estas manifestarse frente a nuestra clínica y asustar a mujeres que necesitan ayuda. Incluso he recibido amenazas de muerte anónimas.

Pero dejemos de hablar de gente como esa. No ayuda a la causa. No se puede culpar a los ignorantes de leer el diario equivocado. Lo único importante es que las mujeres que necesitan ayuda la reciban de profesionales con experiencia.

Material gráfico, pies de foto y exposiciones ofrecidas por el Museo de la contracepción y el aborto.

Fotos por Veronika Mathes

 

Fuente: http://www.vice.com/es

Casi un tercio de lxs españolxs mantiene prejuicios frente a las personas seropositivas

  • Un 29% no estaría cómodx si le atendiera un/a dependientx seropositivx

  • Un 14,9% piensa que el VIH puede transmitirse por los estornudos

Es de suponer que pocas personas en sus cabales reconocerían tener prejuicios frente a las personas portadoras del virus de la  inmunodeficiencia humana (VIH). Sin embargo, un estudio que acaba de publicarse en la revista AIDS Care desvela que casi una tercera parte de lxs españolxs preferiría evitar el contacto con personas seropositivas en alguna de estas tres situaciones: como compañerx de clase de su hijx, compañerx de trabajo o empleadx en una tienda a la que acude con frecuencia.

El objetivo principal del trabajo, llevado a cabo por investigadorxs de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y la Sociedad Española Interdisciplinaria del Sida (SEISIDA), no es hacer una radiografía de la situación del estigma en España, sino comparar éste con el registrado en 2008. Así, lxs autorxs llevaron a cabo dos encuestas a más de 1.600 participantes, separadas temporalmente en cuatro años.

Aunque las cifras han mejorado en los cuatro años que distan entre las dos encuestas, se observa que, por ejemplo, un 49,5% de los españoles estaría incómodo si un compañero de colegio de su hijo fuera seropositivo, un 39% se sentiría así si estuviera infectado por VIH un compañero de trabajo y un 29% no estaría cómodo con un dependiente de una tienda que presentara la infección.

«Los datos que manejamos y el descenso pequeño en algunas de las variables nos hacen temer que la tendencia pueda ser creciente«, explica a EL MUNDO María José Fuster, profesora de la UNED y autora principal del estudio, que achaca su predicción a la «falta de financiación de ONG encargadas hasta ahora de hacer campañas de prevención y divulgación sobre la infección».

Otras variables de la encuesta hablan del conocimiento científico en torno a la transmisión de la enfermedad y son precisamente estas las que menos han cambiado a lo largo de los cuatro años. Así, aunque el porcentaje de personas que tiene creencias incorrectas sigue siendo menor del 20% en la mayoría de los casos, apenas varía dos puntos entre 2008 y 2012. Por ejemplo, en el primer año un 15,1% de los encuestados declaraba pensar que el VIH se transmitía compartiendo un vaso y un 13,9% lo seguía creyendo cuatro años después, a pesar de la avalancha de datos científicos que desmienten esta posibilidad.

Algo similar ocurre con la creencia de que la infección puede transmitirse sentándose en los mismos sanitarios que una persona seropositiva, algo que apoyaba un 17,3% de la población en 2008 y un 13,9% en 2012. La tercera variable de este campo apenas se mantiene estable en las dos encuestas y es la que se refiere a la creencia de que el VIH se trasmite a través de estornudos, algo que pensaba y piensa que puede suceder un 14,9% de la población.

«Si extrapolamos estas cifras a la población general, salen millones de personas», reflexiona Fuster.

La principal autora del trabajo considera que las mejoras observadas podrían deberse a las diferentes políticas públicas en prevención de VIH que en los últimos años han disminuido considerablemente. De hecho, Fuster ni siquiera sabe si contará con financiación para llevar a cabo una encuesta similar dentro de dos años, ya que las ayudas públicas por las que se financiaron las dos anteriores no se han convocado en el último año. «Si no, intentaremos conseguirla a través de los patrocinadores privados de SEISIDA», explica.

Fuente: http://www.elmundo.es