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El suicidio en jóvenes en España: cifras y análisis de un fenómeno preocupante

Durante los últimos meses, y especialmente reforzado por el éxito y el impacto social de series como “13 razones” o la preocupante expansión de juegos altamente perniciosos, como “La ballena Azul”, se están poniendo sobre la mesa cuestiones relativas a la importancia de atender y trabajar en la prevención de un fenómeno inquietante y altamente pernicioso, el suicidio, agudizándose la problemática al pormenorizar en las particularidades circundantes a la infancia, adolescencia y juventud.

La primera cuestión en torno a la temática hace referencia a si es realmente merecedor de tanta atención, o son simplemente cifras aisladas, de escasa incidencia en nuestro país. Revisando la literatura, a nivel mundial, el suicidio es la segunda causa principal de muerte en el grupo etario de 15 a 29 años (Organización Mundial de la Salud, OMS, 2013). Los datos disponibles en niños, adolescentes y jóvenes resultan especialmente preocupantes: las tasas de suicidio crecieron del 1.9 al 2.6 por cada 100.000 y del 0.5 al 1.5 por cada 100.000, para las franjas de edad de 10 a 14 en niños, y de 5 a 14 años en niñas, respectivamente.

Es conveniente tener en cuenta que estas cifras sólo reflejan los suicidios consumados, por lo que la cifra estaría infrarepresentada al obviar los intentos fallidos. En España, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE, 2013) se suicidan 10 personas al día, existiendo grandes diferencias entre sexos, 75.22% de hombres frente al 24.78% de mujeres.

El suicidio es la tercera causa de muerte en el grupo de edad de entre los 15 a los 29 años (un 16.36% de los jóvenes fallecidos en 2013, lo fueron por esta causa), superado sólo por los accidentes de tráfico y los tumores (con un 48.37% y un 19.29%, respectivamente) (INE, 2013). Las causas externas (accidentes, suicidio, homicidio, etc.) fueron las que produjeron la muerte de cuatro de cada 10 personas fallecidas entre 10 y 39 años, destacando de entre estas causas, el suicidio. En la franja de edad de los 25 a los 29, el suicidio se consolida como segunda causa eterna de mortalidad. Con respecto a la forma de ejecución, los jóvenes entre los 15 y 29 años que se suicidan optan por el ahorcamiento, la estrangulación o sofocación(45.85%), seguido de otras formas como lanzarse al vacío (30.56%).

De la revisión de los datos disponibles, puede concluirse que, a pesar de las limitaciones metodológicas, las tasas de suicidio (al menos las recogidas de forma “oficial”) se han mantenido relativamente estables en los últimos 50 años, no creciendo pese al incremento de la población. Sin embargo, es importante interpretar estos datos con cautela, ya que en España aún perdura un fuerte estigma social: no se habla de suicidio, escondiéndose en muchas ocasiones las causas reales, en forma de accidentes laborales o siniestros de tráfico.

Ya sea por vergüenza, ya sea por remordimiento y culpabilidad, el suicidio es un tema tabú. Los estudios apuntan a que un 5% de los casos reflejados como accidentes de tráfico, en realidad, eran debidos a conductas suicidas, además de presentar estos datos fuertes sesgos al no contemplar los intentos fallidos, agrupándolos bajo la categoría de conducta lesiva autoinfringida. Es conveniente resaltar, también como importante factor cultural, el escaso interés de las políticas sociales, a la hora de diseñar e implantar estrategias de prevención e intervención, no contando España, a diferencia de otros países con un plan nacional con directrices para el abordaje de estas situaciones.

Otra creencia errónea fuertemente arraigada en España, hace referencia a la extensión de lo que se conoce como efecto Werther, es decir, hablar de ciertos hechos, provocaría un incremento de los mismos, por efecto de imitación.

Es necesario, formar a los profesionales de la comunicación, ya que no se trata de no hablar del tema, sino que es necesario prestar especial atención a cómo tratarlo, proporcionando la información de forma respetuosa, y objetiva, evitando a toda costa el sensacionalismo y morbo con el fin de “buscar un titular”.

Hablar de causas, es hablar de una compleja e intricada red donde se entremezclan factores de diversa índole. El entramado social a la base comprende desde factores personales (presencia de psicopatología, abuso de drogas, escasas habilidades interpersonales y de resolución de problemas, intentos previos fallidos…), familiares (antecedentes en el grupo de referencia, mala calidad de las interacciones, escasa comunicación…), sociales (políticas preventivas, integración con el grupo de iguales…).

Siendo este el panorama, la siguiente pregunta lógica es “¿qué hacer?” La respuesta pasa necesariamente por la educación en prevención, siendo necesario incidir, y proporcionar la información por múltiples vías, dada la vulnerabilidad de la población al contar con menos recursos psicológicos y herramientas de afrontamiento ante determinadas situaciones. Es conveniente, salvando las diferentes historias personales que proporcionarán las variables que funcionan como antecedentes,  ofrecer apoyo sin juzgar, acudir a profesionales y prestar especial atención a las señales de alerta, tales como verbalizaciones (“no valgo para nada”, “pronto esto acabará”, “me voy a quitar de en medio”…), o de tipo comportamental (no mostrar interés por actividades o situaciones que previamente le resultaban especialmente atractivas, disminución del rendimiento académico, aumento de malestares somáticos…), así como potenciar especialmente los factores de protección, más que centrarse únicamente en los factores de riesgo. Es fundamental extender la conciencia social respecto a la temática, a la par que promover las intervenciones comunitarias, el trabajo con las actitudes prejuiciosas y estigmatizantes, romper con los tabués, implicar a los medios de comunicación y prestar atención a fenómenos en auge como el ciberacoso, o el sexting, convertidos en importantes factores de riesgo, para evitar que el suicidio, como respuesta desesperada ante los problemas de la vida, deje de ser una opción.

El artículo completo puede encontrarse en la revista Clínica y Salud :

Navarro-Gómez, N. (2017). El suicidio en jóvenes en España: cifras y posibles causas. Análisis de los últimos datos disponibles. Clínica y Salud , 28, 25-31.

Referencias:

Instituto Nacional de Estadística, 2013. Instituto Nacional de Estadística (INE). Defunciones por causas (lista detallada) sexo y edad. Instituto Nacional de Estadística, Madrid (2013) Recuperado de http://www.ine.es

OMS, 2013. Organización Mundial de la Salud (OMS). Prevención del suicidio. Recursos para consejeros. Organización Mundial de la Salud, Ginebra.

Noelia Navarro Gómez, Becaria FPU del Departamento de Psicología de la Universidad de Almería, pertenece a la Asociación Española de Suiciodología. Actualmente, desarrolla su Tesis Doctoral en la línea de investigación del estigma relativo a los trastornos mentales, aunque también ha publicado algunos trabajos relacionados con el análisis de factores de riesgo de suicidio.

 

Fuente: www.infocop.es

Según un estudio llevado a cabo en Madrid, el 60% de los alumnos de secundaria ha sido testigo de algún tipo de agresión por LGTBfobia

Tremendos resultados los de dos investigaciones llevadas a cabo por COGAM durante el año 2015, y que el colectivo madrileño ha presentado este jueves: el 60% de adolescentes ha presenciado agresiones homofóbicas en su instituto, mientras que el 15% del alumnado LGTB sufre ciberacoso. 

Las dos investigaciones han sido llevadas a cabo por voluntarios del grupo de educación de COGAM, gracias a una subvención de ILGA Europe (International Lesbian & Gay Association), y reflejan el compromiso de COGAM “para lograr un sistema educativo que eduque en la diversidad, se convierta en motor de cambio social y transmita valores de respeto”.

El primero de los estudios, “LGBT-fobia en las Aulas 2015”, ha sido realizado entre más de 5.600 alumnos y 30 profesores de 39 centros de educación secundaria de la Comunidad de Madrid. Los resultados muestran que un 11% del alumnado se identifica como LGTB (en concreto, 1 de cada 1000 estudiantes son transgénero). Pero lo grave es que el 60% de todos los alumnos ha sido testigo de agresiones verbales LGTBfóbicas, que sufren adolescentes LGTB (o adolescentes que sin serlo simplemente no reproducen los estereotipos de género tradicionales). El 7% ha presenciado incluso agresiones físicas. La situación es aún peor si se tiene en cuenta que una gran parte del profesorado no sabe cómo actuar, y de hecho hasta un 51% del alumnado piensa que sus profesores no hacen nada. La mitad de los alumnos cree además que su familia no le aceptaría si fuera homosexual, bisexual o transexual.

Puedes descargar un resumen ejecutivo de este estudio aquí, o si lo prefieres estudiar con más detalle puedes descargarlo íntegramente aquí. En el siguiente vídeo, elaborado por COGAM, se exponen algunos de los resultados más llamativos:

Ciberacoso: una realidad plenamente instalada

El segundo de los estudios presentados por COGAM es el titulado “Ciberbullying LGBT-fóbico”, cuyo resumen ejecutivo puedes descargar aquí (y que puedes descargar íntegramente aquí). Esta investigación busca valorar específicamente cómo influyen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en el acoso que tradicionalmente sufren los estudiantes LGTB. En este caso han participado más de 2.600 alumnos, 30 docentes y 10 autoridades competentes en materia de educación, ciberacoso y discriminación. Los resultados, inquietantes: el 15% del alumnado LGTB padece ciberacoso, especialmente el alumnado trans. Más del 52% de los alumnos, de hecho, ha sido testigo de este tipo de acoso. El estudio detecta además una importante falta de sensibilización y concienciación a nivel familiar, educativo e institucional.

Te mostramos también el vídeo elaborado por COGAM con los resultados más destacados de este estudio:

En base a los resultados, COGAM demanda “una mayor implicación de la comunidad educativa, un sistema educativo que eduque en la diversidad afectivo-sexual y de género, más actividades y campañas de sensibilización sobre diversidad y ciberacoso LGTBfóbico, una mayor implicación de las familias, y un mayor apoyo institucional en forma de un Plan Estatal contra el acoso escolar y el ciberacoso”. Sobre este último punto, COGAM afirma en el comunicado enviado a los medios que “el mundo online se ha convertido en un espacio esencial de socialización de adolescentes, donde la violencia LGTBfóbica puede expandirse impunemente”.

Más información en el blog del grupo de Educación de COGAM (https://cogameduca.wordpress.com).

Fuente: dosmanzanas.com