¡Alerta! ¡Nuevas formaciones del EPF!

Volvemos a la carga con nuevas fechas de formaciones en las diferentes comunidades donde se encuentra En Plenas Facultades. Si tienes interés o conoces a alguien que pueda tener interés en realizar la formación y hacer tareas de agente de salud, que se ponga en contacto con nosotres!!

A modo de resumen os dejamos el siguiente cuadro con las fechas de inicio de las formaciones, para más información e inscripciones os enlazamos también donde poder hacerlo:

 

 

 

Inscripciones a la formación en la Universitat Rovira i Virgili: http://bit.ly/2Dl0B8B

Inscripciones a la formación en la Universitat de Vic: UHUB (Servei a la Comunitat Universitària) o correo a epf.uvic@fsyc.org

Inscripciones a la formación en la Universitat de Barcelona, Campus Mundet: http://bit.ly/2rWVCZI

Inscripciones a la formación en la Universitat de les Illes Balears: http://bit.ly/2BGqPA7

En la Universidad Complutense de Madrid el curso ya esta completo y las inscripciones cerradas.

En la Universidad Carlos III de Madrid se realiza la segunda parte de la formación.

El alcohol está pasado de moda. Así es el nuevo ‘botellón’

Beber está ligado a la vida emocional y social, pero de las generaciones anteriores

Primero los llamaron Generation Yawn —”generación bostezo”—, denunciando que los y las nuevos veiteañeros pasaban del alcohol y las drogas para centrarse en su carrera profesional, con Taylor Swift o Ed Sheeran entre sus representantes. “Los 20 son los nuevos 40“, proclamaban algunos titulares. En algún momento, las generaciones previas a estos yawn decidieron erigirse en estandartes de una vida poco saludable que identifican con talentos creativos y la quintaesencia del molar. Pero he aquí una verdad: beber alcohol ya no se lleva, no abre puertas y sigue siendo tan malo como siempre.

En su lugar, movimientos multitudinarios se abren camino en ciudades como Londres y Nueva York, donde desde hace ya cinco años cientos de personas se congregan al alba, convocadas a través de las redes sociales, para una clase de yoga antes del trabajo, comer fruta y escuchar música electrónica. Un cóctel revitalizante como pocos y the place to be —el lugar donde hay que estar— si quiere estar al tanto de las tendencias sociales.

Morning Gloryville o Daybreaker son dos de las organizaciones pioneras en este movimiento. Desde 2013 movilizan muchedumbres que “buscan activar su día de una forma diferente”, según explica Matthew Brimer, cofundador de Daybreaker junto a Radha Agrawal: “Estar en el aquí y ahora, rodeados de gente chula, música y muy buenas vibraciones. Se trata de bailar y desconectar antes de ir al trabajo y de sentirse tremendamente sanos y vitales horas antes de iniciar la jornada laboral”. Y todo, con plena conciencia.

Es precisamente la búsqueda de la plena conciencia —lo que en inglés se conoce con un término muy de moda: mindfulness— que caracteriza a este evento la que ha traído de la mano toda una corriente, el mindful drinking —beber con plena conciencia—, que ha derivado en múltiples formas de ocio por todo el globo.

La hora de los ‘pringad@s’ del grupo que dicen “no”

En 2015, Laura Willoughby, experta en comunicación y trabajos sociales en Londres, dio un paso más allá en la tendencia. Puso sus energías en fomentar la diversión sin alcohol, la vida sin copas, y la organización de eventos culturales donde lo que se prima, principalmente, es estar cuanto más sobrio, mejor.

Fue entonces cuando, junto a su socio, Jussi Tolvi, fundó el Club Soda. “Somos 15.000 personas seguidoras de la idea, además de pubs, bares, restaurantes e incluso marcas de bebidas asociadas. Todos juntos intentamos desarrollar programas que ayuden a la gente a cambiar sus hábitos de consumo de alcohol”, explica la propia Willoughby.

Lo hacen a través de eventos que promueven el consumo moderado o nulo como algo normal y guay. ¿Las razones de su iniciativa? “Crear un mundo donde nadie se sienta fuera de sitio por el hecho de no estar bebiendo una copa”, dice. Por desgracia, el alcohol está tan integrado en nuestra sociedad que, lamentablemente, no beber resulta absurdo y mal visto. “A muchos jóvenes no les gusta tomarse una copa, pero les da vergüenza convertirse en los y las pringados del grupo que dicen no”, comenta María Franco, directora de la Fundación LoQueDeVerdadImporta, una institución social cuyos congresos y conferencias inculcan valores positivos, como el de cero alcohol en el ocio.

Saber cuándo parar para disfrutar con plena conciencia

En 2017, los responsables del Club Soda tuvieron la idea de organizar el Mindful Drinking Festival, un macrofestival de dos días donde se pusieran en práctica estos valores y se comunicara a través de charlas, conferencias, juegos, dinámicas, talleres… En solo dos ediciones convocadas —agosto y noviembre— consiguieron reunir a casi 13.000 personas, consolidando así lo que muchos señalan como la nueva modernez social: el Mindful Drinking Movement.

“Podríamos definir el mindful drinking como tomar decisiones conscientes sobre lo que bebes y en qué cantidad. Y, también, saber cuándo parar. Es decir, todo lo contrario a beber sin pensar”, explica la periodista Rosamund Dean, autora del libro Mindful Drinking: How Cutting Down Can Change Your Life(Beber conscientemente: cómo reducir el consumo [de alcohol] puede cambiar tu vida).

“Lo que intentamos —señala Willoughby cuando le preguntamos por el festival—, es cambiar la mentalidad social para que por fin se entienda que una persona a la que no le apetece alterar su estado mental con sustancias tóxicas no es sinónimo de alguien aburrido. Probablemente estemos ante alguien que disfruta mucho más la vida. Con más energía, más en su presente, y sobre todo, libre de hábitos sociales que además afectan a la salud”. Un misión positiva, y por ahora, de éxito, aunque con un largo camino por recorrer del que la propia organizadora es consciente.

“En esta sociedad, que podríamos definir como alcoholcéntrica, dice, el alcohol está bastante ligado al paisaje emocional y social, y eso hace que cuando alguien decide cambiar sus hábitos como bebedor, resulte difícil”. Efectivamente, está tan integrado que irse de vinos es algo tan normal como apuntarse al gimnasio. “Lo hacemos sin pensar y esto se traduce en tomar un vino después del trabajo, abrir una botella en casa para cenar o beber más de lo que de verdad te apetece cuando sales con los amigos”, señala Rosamund Dean.

La explosión de las bebidas sin alcohol

En Reino Unido este movimiento se ha convertido en algo más que una tendencia. “El mindful drinkinges parte de un cambio social y cultural para evitar el consumo excesivo de alcohol”, afirma Dean.

“Las generaciones más jóvenes, al menos aquí, beben mucho menos que en cualquier otra época; se organiza el Mindful Drinking Festival en Londres y cada vez se ven más bares y restaurantes que no sirven alcohol; en el mercado, además, se ha producido una explosión de bebidas deliciosas, alternativas al alcohol: diferentes tipos de soda, el kombucha, las bebidas de hierbas, las cervezas sin alcohol, las tónicas botánicas e incluso licores destilados sin alcohol como Seedlip con los que hacer combinados”, describe la periodista. Sin embargo, “este movimiento todavía no ha calado en España”, dice María Franco.

De hecho, según cifras del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, el 75,1% de los adolescentes de entre 14 y 18 años ha consumido alcohol en algún momento; seis de cada 10 adolescentes se han emborrachado alguna vez en su vida, y uno de cada tres lo ha hecho en los últimos 30 días.

Con respecto a los adultos, hay cifras que también hacen pensar. La Encuesta Europea de Salud en España 2014 indica, por ejemplo, que un 23,3% de los hombres y un 7,2% de las mujeres afirman beber alcohol todos los días. Y un 7,1% de los varones entre 25 y 34 años, y un 3,8% de las mujeres de la misma edad confiesan ser bebedores intensivos (consumiendo más de 50 gramos de alcohol puro en unas 4 a 6 horas, o lo que es lo mismo el equivalente a unas cinco cañas) al menos tres días a la semana.

“Es una realidad que el alcohol está en nuestras vidas y en la de los jóvenes. Lo utilizan, al igual que otras sustancias, para perder la vergüenza y conseguir ‘superpoderes’“, ratifica Franco. “Por eso hay que informarles para que sepan sus consecuencias —accidentes de tráfico, relaciones sexuales no consentidas, dependencia, etcétera— y fomentar otras maneras de relacionarse y de reforzar su personalidad para saber decir ‘no’ sin sentirse los raros del grupo”.

Ni es extremista ni radical: basta con beber poco

Lo bueno de este Mindful Drinking Movement es que no es extremista ni radical. Ni Laura ni Jussi lo pensaron para quienes solo quieren apostar por convertirse en abstemios totales. Aquí hay cabida para los que quieren aprender a beber con moderación, o practicar, voluntariamente, periodos puntuales de abstinencia, como el famoso ‘Dry January’ (enero seco), un ayuno total de alcohol durante el primer mes del año con el que resarcirse de los excesos realizados en las fiestas navideñas.

Hay generaciones que han crecido en una sociedad donde el alcohol era elemento necesario para cualquier situación; para celebrar algo, para relacionarnos, relajarnos e incluso para aliviar el estrés”. Lo importante es que sea cual sea la meta de cada uno, la gente aprenda a cambiar su mentalidad, y se atreva a poner en práctica nuevos hábitos más saludables y comedidos. Porque la diversión y el éxito social sin copas sí son posible aunque, por diferentes razones, para algunos resulte un cambio más arduo que para otros.

De forma particular, por poner un ejemplo, comenta Rosamund Dean, “las mujeres que entraron en la edad adulta en la década de los 90, o las que fueron seguidoras de Carrie Bradshaw en Sexo en Nueva York, o de Bridget Jones, vieron cómo el alcohol era habitual en la vida de una mujer como la de aquellas. Muchísimo más de que lo que han visto las nuevas generaciones actuales, cuyos iconos son abstemios totales como las Kardashian, o gurús del yoga y el wellness a los que siguen en Instagram”.

Por: TERESA MORALES GARCÍA

Noticia original: www.elpais.com 

Opioides en España: ni repunte silencioso ni crisis a la americana

por Sandra Melgarejo

Las autoridades en la materia niegan un aumento del consumo de heroína en nuestro país

En 2016 y por segundo año consecutivo, la esperanza de vida en Estados Unidos cayó, reduciéndose a 78,6 años, aproximadamente diez semanas menos que en 2014. Según el Centro Nacional de Estadísticas de Salud estadounidense, a pesar de que las personas mayores viven más tiempo, las muertes entre los jóvenes han aumentado.

El país norteamericano atraviesa una crisis que ya ha sido declarada como emergencia nacional por Donald Trump: la tasa de muertes por opioides sintéticos, como el fentanilo, ha ascendido al 6,2 por 100.000 en 2016, mientras que en 2013 era de una muerte por cada 100.000 personas. En concreto, unos 63.600 estadounidenses murieron por sobredosis en 2016.

Al mismo tiempo, en España, los decomisos de heroína han aumentado en los últimos años y se han detectado puntos de venta en el centro de ciudades como Madrid y Barcelona. Todo lo anterior ha hecho saltar las alarmas: ¿Está repuntando el consumo de estas sustancias en nuestro país? ¿Volverá la situación vivida en los años 80?

“Las estadísticas dicen que no”, sostiene rotundamente Francisco de Asís Babín, delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. “Nos fiamos de los datos y de la investigación científica antes que de una amenaza silenciosa”.

LA SITUACIÓN DE EEUU NO ES EXTRAPOLABLE A ESPAÑA

“La crisis de Estados Unidos tiene sus peculiaridades debido a su sistema sanitario. Es un problema serio que no

Francisco de Asís Babín, delegado del Gobierno del Plan Nacional sobre Drogas.

saben bien cómo atacar”, comenta Néstor Szerman, presidente fundador de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD). “Hay dos circunstancias clarísimas que diferencian el consumo de opioides en España y en Estados Unidos. La primera tiene que ver con el acceso de los pacientes con adicciones al sistema sanitario. En nuestro país, aprendida la lección que produjo la heroína hace 30 años, estamos en condiciones de absorber la demanda sin ningún problema, pero allí no es así”, detalla Babín.

“El otro factor diferencial es que, en nuestro Sistema Nacional de Salud (SNS), el médico no necesita fidelizar al paciente. En Estados Unidos, donde el sistema es eminentemente de aseguramiento privado, el médico fideliza al paciente, entre otras cuestiones, satisfaciendo sus expectativas. Es decir, es mucho más probable que un médico estadounidense consienta recetar algo al paciente que, desde el punto de vista de las buenas prácticas, no sería lo más indicado, a que lo haga un médico del SNS”, añade.

Además, el delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas relata que “en Estados Unidos, durante años, ha habido un manejo excesivamente laxo de los medicamentos opioides y, en el momento en que la Administración se ha empezado a preocupar y a restringir el uso, muchas personas ya habían desarrollado una adicción y, evidentemente, buscan equivalentes en el mercado negro, ya sea a través de medicamentos desviados a ese mercado o a través de nuevas moléculas sintéticas”. Sin embargo, el sistema de alerta temprana para la detección de nuevas sustancias piscoactivas, que funciona en España desde 2012, “pone en evidencia que los decomisos de fentanilo sintético en nuestro país son muy bajos y absolutamente excepcionales”.

 

ASÍ ES EL ADICTO A LA HEROÍNA DE HOY
Néstor Szerman detalla que los consumidores actuales de heroína son personas de entre 30 y 50 años, que prefieren fumar la droga para evitar el uso de agujas y, por lo tanto, la aparición de enfermedades víricas e infecciosas. “Salvo adictos muy graves, la gente ha aprendido y no quiere verse estigmatizada por ser un yonqui. En general, los pacientes ya no tienen un perfil tan marginal como en los 80, están más integrados socialmente y el consumo es más controlado”, comenta. El psiquiatra indica que las personas adictas a opiáceos tienen frecuentemente otros problemas mentales, como trastornos afectivos, trastornos del humor y trastorno límite de personalidad, por lo que suelen utilizar estas drogas como ansiolíticos o antidepresivos. Por su parte, Joan Ramón Villalbí, comenta que los adictos más jóvenes proceden de otros países de la Unión Europea, como Italia y Rumanía, sobre todo, y de la extinta URSS, como Ucrania o Georgia.

 

NO SE CONSUME POR PLACER

Según datos de Estados Unidos revelados por Szerman, uno de cada cinco pacientes que tiene un trastorno mental también consume algún opiáceo legal o ilegal. El psiquiatra explica que “son personas más sensibles al dolor físico y emocional, y que consiguen un efecto analgésico con estas sustancias mayor al de los pacientes que no tienen esta dualidad. Además notan una mejoría del humor y de la ansiedad, de la que a veces no son conscientes, pero que les involucra en un consumo compulsivo, lo que se conoce como un cuadro de adicción. Es decir, no consumen por placer, sino porque obtienen una mejoría en su sufrimiento físico y emocional”.

En España, no hay datos de un sobreconsumo de opioides legales. De hecho, Szerman anuncia que la SEPD está planteando elaborar un estudio epidemiológico al respecto. Por su parte, Joan Ramón Villalbí, presidente de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas), señala que “lo que ha pasado en Estados Unidos con los opiáceos prescritos no tiene ninguna equivalencia aquí y ya se están adoptando políticas para que no se reproduzca, mediante medidas como el seguimiento de la prescripción y los incentivos a los profesionales”.

En definitiva, “el escenario de aquí no se parece absolutamente en nada al de allí y es poco previsible que en España se pueda dar una circunstancia como la de Estados Unidos”, afirma Babín. Pero lo hace sin triunfalismo: “La guardia está muy alta y hay muchos indicadores que nos obligan a estar muy alerta de la evolución que este problema pueda tomar en los próximos años”.

 

LOS DECOMISOS NO SON UN INDICADOR DE CONSUMO

“Lo que no es un indicador de alarma son las cantidades de droga decomisadas, aunque normalmente tienda a interpretarse como una señal de consumo”, subraya el delegado del Gobierno. “La prensa asocia constantemente una cosa con la otra, pero es una relación espuria. España forma parte del entramado geoestratégico de las rutas de distribución de las drogas. Es decir, a nuestro país llega mucha droga que no es para consumo preferente aquí. En general, el destino de muchas de las partidas que se decomisan no es España. Así que asociar evolución del consumo con evolución de los decomisos es bastante desacertado”, matiza.

Néstor Szerman, presidente fundador de la SEPD.

Lo que sí son señales de alerta, según Babín, son los indicadores de atención en Urgencias por reacción aguda a drogas, de mortalidad, de demanda asistencial por consumo de opioides, las encuestas poblacionales de consumo, los atestados de la policía por narcomenudeo… “No se ha detectado ningún incremento en nada de lo anterior, ningún indicador muestra que haya habido un repunte del consumo de heroína”, asegura.

Lo que sí se ha detectado es un traslado de las zonas de menudeo en las grandes ciudades. “Hasta hace poco, esa venta se realizaba en barrios de la periferia, pero ahora se ha movido a zonas más céntricas, como El Raval en Barcelona y Vallecas en Madrid”, indica Babín. No obstante, comenta que, aunque la aproximación del narcomenudeo al centro de las ciudades cause una percepción a la población de que algo pasa, “simplemente sucede que quienes se aprovechan de los consumidores se van a donde creen que pueden establecer mejor el negocio”. El delegado del Gobierno recalca que, a pesar de estos movimientos, “no hay indicadores que corroboren que el consumo está aumentando”.

Joan Ramón Villalbí, presidente de Sespas.

“No tenemos indicios de un repunte importante del uso de heroína ni tampoco del uso de drogas inyectadas en España”, añade Villalbí. “Nuestra población de usuarios tiene dos componentes. Por un lado, son supervivientes de la epidemia de heroína de los años 80. Por otro, son personas que han empezado el consumo y la adicción más tarde y son más jóvenes. Pero lo que hemos visto en los últimos años es que la edad media de este segundo grupo se va incrementando y, por lo tanto, no vemos indicios de una epidemia de nuevos usuarios”, señala el presidente de Sespas. “Debemos estar alerta, pero no tenemos, ni de lejos, la situación de emergencia que se está viviendo en Estados Unidos”, concluye Szerman.