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¿Tomar drogas ayuda a tener más sexo?

Un análisis concluye que aunque las personas que consumen más drogas y alcohol tienen más relaciones sexuales, no existe una relación de causa y efecto.

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De todas las drogas, solo el alcohol, y muy ligeramente, incrementan las probabilidades de tener sexo / Daniel Ebersole

Mark Renton, el heroinómano que interpreta Ewan McGregor en Trainspotting, describe en esa película el poder de algunas drogas para secuestrar la voluntad: “Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?” Renton justificaba con esta explicación el sinsentido de su hábito autodestructivo, pero para algunos científicos no es suficiente. George Richardson, profesor de la Universidad de Cincinnati (EEUU), ha buscado en la evolución otros motivos para una mala costumbre omnipresente en todas las sociedades humanas y en todas las épocas.

La influencia no existe, salvo de forma muy ligera con el alcohol, que aumenta las probabilidades de tener sexo, y con la marihuana, que las reduce.

Tomamos todo tipo de sustancias como el alcohol, la marihuana o las setas alucinógenas pese a las resacas que nos dejan, el riesgo de quedar enganchados y los daños para la salud a largo plazo. Algunas drogas, no obstante, tienen efectos positivos. El café o la coca hacen desaparecer la sensación de fatiga y el apetito, los sedantes hipnóticos como el alcohol alivian la ansiedad y los analgésicos como el opio calman el dolor, producen euforia y aplacan la diarrea. Incluso el tabaco puede tener su lado benéfico. Un estudio con la tribu Aka, un pueblo de cazadores recolectores centroafricano, mostró que quienes fumaban sufrían menos infecciones por parásitos frecuentes en aquel grupo que los que no lo hacían. Y algo similar se ha observado con el uso de marihuana.

Junto a estos enfoques pragmáticos, Richardson planteó que el uso de psicotrópicos podía incrementar las posibilidades de tener sexo. Algunos investigadores ya habían encontrado correlaciones entre el consumo de drogas y una mayor actividad sexual y un mayor número de parejas sexuales. Sin embargo, como explica el investigador estadounidense, esa correlación no implica que sean las drogas las que mejoren las posibilidades de apareamiento.

En un artículo que publica en la revista Evolution and Human Behaviour junto a investigadores de las universidades de Nevada (EE UU) y Macao (China), Richardson recuerda alguna de las hipótesis que se han propuesto para justificar una selección natural de rasgos en principio negativos como la tendencia a beber mucho. La primera propone que el consumo excesivo de alcohol fue seleccionado indirectamente al favorecer la impulsividad y la agresividad, que pudo ser útil para los humanos prehistóricos a la hora de competir por recursos en tiempos de escasez y buscar nuevos territorios en los que prosperar. Algunos estudios con macacos han observado que los individuos con niveles bajos de serotonina son más impulsivos, abandonan su grupo antes que el resto y sufren una mortalidad prematura más elevada. Sin embargo, también tienen un mayor éxito reproductivo cuando son más jóvenes.

En una tribu africana se ha observado que fumar les sirve para combatir los parásitos.

Otra posibilidad explorada por otros científicos supone que el consumo de sustancias es un alarde de fuerza, inútil como la cola gigantesca de un pavo real, pero válido para demostrar que se tiene tanto poderío que no importa desperdiciarlo. Una tercera opción plantea que la utilidad de las drogas se alcanza a través de la modulación de la actividad cerebral. Si no se toman en cantidades excesivas, pueden incrementar la búsqueda natural de recompensas, concentrando la atención, la memoria y la motivación al servicio de nuevos recursos entre los que se incluirían potenciales objetivos sexuales.

Para tratar de dirimir si el vínculo entre el uso de drogas y el éxito sexual es causal o no, Richardson y sus compañeros emplearon ecuaciones estructurales y cruzaron datos estadounidenses a escala nacional. Su conclusión es que la influencia no existe, salvo de forma muy ligera con el alcohol, que aumenta las probabilidades de tener sexo, y con la marihuana, que las reduce. “Lo que hemos observado es que, probablemente, la gente que de por sí va a tener más parejas sexuales tiene más tendencia a tomar drogas”, apunta Richardson. “Puede tener que ver con la tendencia de esas personas a buscar nuevas sensaciones”, añade. El investigador explica que ahora quiere ampliar el campo de interés de su estudio para comprobar si existe una relación entre el consumo de alcohol y nuestras relaciones sociales. “Creo que aunque a veces pueda dar la sensación de que beber nos sirve para tener más amigos, es probable que no sea así”, apunta. Ya está planteando estudios con gemelos idénticos para aislar la influencia exclusiva del alcohol en nuestra sociabilidad.

Fuente: elpais.com

‘La píldora del día después no te protege del VIH’

  • La Asociación de Lucha Anti-Sida Balear ALAS, registra un aumento de los casos

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«Infectarse de VIH no depende del número de personas con las que has estado, sino de las prácticas de riesgo que has tenido». Así de claro se muestra Joan Viver, coordinador de la prueba rápida de VIH de la Asociación Anti-Sida de las Islas Baleares (ALAS), nacida en 1987 con el fin de dar respuesta a las necesidades de este colectivo.

Desde entonces, ALAS trabaja con dos objetivos principales: atender a las personas afectadas -tanto infectadas como familiares y amigos- con el fin de mejorar su calidad de vida, así como prevenir y sensibilizar a la población general acerca de esta infección.

«ALAS es una entidad generalista. Cualquier persona se puede acercar aquí y le atenderemos, si bien es cierto que la mayoría de nuestros usuarios son hombres que tienen sexo con hombres», explica Viver, al tiempo que detalla que desde sus inicios la asociación viene realizando un importante trabajo con el colectivo de gays, por lo que es uno de los más predispuestos y concienciados a la hora de hacerse la prueba.

En tan sólo 15 minutos una persona puede salir de dudas y saber si está infectada por el virus. Una prueba sencilla, rápida y anónima en la que se extrae una pequeña muestra de sangre que se mezcla con un reactivo para determinar la presencia de anticuerpos contra el VIH. Para que el resultado pueda considerarse fiable deben haber pasado tres meses desde la última práctica de riesgo.

«Para nosotros la base del servicio es la atención al usuario. Siempre tratamos de dar un trato excelente a todo el mundo y en caso de dar positivo, acompañar a la persona y ayudarle a afrontar su nueva situación», remarca el coordinador de la prueba rápida, cuyo porcentaje de usuarios heterosexuales es más bajo de lo que debiera ser. «El virus también les afecta a ellos, aunque algunos todavía no lo crean», advierte.

En 2013, ALAS realizó 406 pruebas rápidas de VIH -288 a hombres y 117 a mujeres-, un 3% de las cuales fueron positivas. Un índice por encima de la media -situada en el 1%-, que en lo que llevamos de año ha aumentado hasta el 5%. «No debemos ser alarmistas. Puede ser que haya más infecciones pero también que la gente esté más concienciada, se haga más la prueba y de ahí este aumento», matiza Joan, quien recuerda a los jóvenes que la píldora del día después no protege del VIH/Sida.

Ángel supo que era seropositivo a través de la prueba rápida de ALAS. Había mantenido prácticas de riesgo y a un amigo íntimo le acababan de comunicar que estaba infectado.

«Era consciente de que yo también tenía muchos puntos para tenerlo y me vine aquí directamente. Confirmar mis sospechas fue duro, pero de mí salió una fuerza que me empujó a seguir adelante», cuenta Ángel, cuyo primer paso fue llamar a su hermana y hablarlo con ella.

La vida sigue

En su hermana encontró un apoyo incondicional. Pero también en Joan Viver, quien se ofreció a acompañarle durante todo el proceso. «Joan me dio el resultado con tanta dulzura, insistió tanto en no dejarme solo, que ha sido todo un ejemplo para mí. Siempre recomiendo a compañeros con dudas que acudan a ALAS», asegura el hombre, además de insistir en que quien da una noticia tan dura como ésta, debe estar preparado para ello y ofrecer una atención tan cercana y cálida como la que él recibió.

Aunque inicialmente el sistema inmunitario de Ángel hizo bajar la carga viral y las defensas subieron sin necesidad de tomar ningún medicamento, encontrar el tratamiento idóneo no está siendo del todo fácil. «Cuando empezaron a medicarme mi cuerpo reaccionó con fiebre. Afortunadamente, cambiando la medicación el problema se está solucionando y en estos momentos tengo una carga viral indetectable», explica.

Usuario de ALAS, rellenando el cuestionario previo a la prueba...Usuario de ALAS, rellenando el cuestionario previo a la prueba rápida.

 

Momento de la extracción de una pequeña muestra de sangre.Momento de la extracción de una pequeña muestra de sangre.

Ángel no duda en animar a todas las personas que hayan mantenido prácticas de riesgo a que se hagan la prueba, tanto por ellas mismas como por su propia salud. «En caso de dar positivo, un seguimiento médico periódico es fundamental para tener controlada la infección», incide.

A nivel sentimental, ser seropositivo no le ha impedido encontrar una pareja estable, que entiende y acepta su situación. Ahora que los médicos han atinado con el tratamiento que requiere, afronta el futuro con optimismo y esperanza. «He conseguido dejar atrás las drogas y físicamente me encuentro bien, dispuesto a luchar por mí y por mi bienestar físico y psicológico», concluye.

Según los datos epidemiológicos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Baleares es una de las comunidades autónomas con mayor tasa de Sida por millón de habitantes.

 

Fuente: http://www.elmundo.es

Las consecuencias de ligar las drogas al sexo

Las drogas generan un mayor rechazo a los estímulos sexuales y también ansiedad.

Las canciones, la cultura y la propia sociedad nos han llevado a pensar que la relación entre drogas y sexo (y rock and roll) era una combinación perfecta. Sin embargo, la bibliografía científica nos dice otra cosa bien distinta: las drogas producen un efecto fatídico en las relaciones sexuales. Por tanto, esta mezcla es simplemente, imposible. O posible pero con resultados devastadores.

“Se piensa que normalmente, las personas que consumen drogas tienen una mayor disposición a responder de forma positiva ante estímulos sexuales, y en diversas investigaciones se ha descubierto que no es así, que las personas consumidoras son más erotofóbicas (rechazo al sexo) que las personas que no consumen”, asegura a EL MUNDO Francisco Javier del Río, psicólogo y metodólogo del Instituto Andaluz de Sexología y Psicología. Esta y otras conclusiones son extraídas por este especialista tras una investigación -realizada en este centro- que analiza la relación entre el consumo de drogas y sexualidad. En él han participado 1.054 personas que han acudido a centros de drogodependientes para dejar su consumo tras un largo historial de adicción y 211 personas sin esta problemática, repartidos en 27 provincias españolas.

La sexualidad, sostiene del Río, es algo integral del ser humano, por ello, hay diversos elementos que influyen negativamente en la respuesta sexual de los drogodependientes. Además de tener un mayor rechazo a los estímulos sexuales, también la ansiedad juega un papel importante. La ansiedad, explica el experto, es muy elevada tanto en personas consumidoras como en aquellas que se encuentran en un proceso de recuperación: “Se conocen perfectamente los efectos negativos que tiene la ansiedad en la respuesta sexual, de hecho, uno de los primeros objetivos que se plantean en terapia sexual es bajar los niveles de ansiedad que traen las personas a consulta”. Y por otro lado, la relación de pareja es otra de las víctimas, pues la relación suele encontrarse bastante deteriorada: hay falta de comunicación, desconfianza, en ocasiones incluso violencia, falta de intimidad, etc.

Efectos persistentes en el tiempo

Hace más de un año, otro estudio, publicado en la revista científica ‘The Journal Sexual of Medicine’, reflejaba que las drogas empeoran el funcionamiento sexual de los varones y sus efectos persisten incluso después de años de abstinencia. Algo que rebatía otras investigaciones que mantenían que, a las tres semanas de abandonar el consumo, el funcionamiento sexual volvía espontáneamente a su nivel normal.

Según afirma a este medio, Pablo Vallejo Medina, profesor de la Universidad Konrad Lorenz de Bogotá (Colombia) y autor, junto con otros colaboradores del citado estudio, uno de los problemas es que un porcentaje de las recaídas se produce por intentar solucionar los problemas sexuales mediante el consumo de drogas. Por lo que si se está en abstinencia, se corre el riesgo de volver a consumir para mejorar en el plano sexual. De hecho, “según nuestros datos un 69% de los consumidores han tomado drogas para aumentar el disfrute o mejorar en sus relaciones sexuales. Por tanto, también podría tener un papel importante en las recaídas”, informa Vallejo.

¿Qué drogas son peores?

Las drogas afectan a distintas fases de la respuesta sexual, deseo, excitación y orgasmo, y provocarán diferentes disfunciones sexuales dependiendo tanto de la sustancia que se ingiera como de su hábito de consumo (Vea el gráfico ). Sin duda, la sustancia más perjudicial para el sexo es la heroína porque es la que provoca una mayor dependencia física, por ser la que precisamente estimula una mayor necesidad de consumo diario.

La sexualidad, advierte del Río, no debe entenderse únicamente como unos genitales que funcionan de determinada manera en función del tipo y cantidad de sustancia que una persona tenga en su organismo, “es mucho más que eso. Hay sensualidad, erotismo, y, por supuesto, la interacción con la pareja, comunicación, intimidad, cercanía…”. Por eso, una sustancia como la heroína, no sólo influye en la mera respuesta fisiológica, sino que “también provoca en la persona que la consume que descuide las relaciones personales y la de pareja, ya que la persona está fundamentalmente interesada en buscar, conseguir y consumir heroína”.

Del mismo modo, avisa el especialista, el alcohol es otra sustancia de similares características y es también de las más perjudiciales para el sexo. En relación al cannabis, su uso esporádico no suele tener efectos significativos en la sexualidad, aunque muchas mujeres se quejan de sequedad vaginal. Sin embargo, su consumo a largo plazo puede afectar a la secreción de hormonas, sobre todo la testosterona. En este sentido, aclara que “no hay que olvidar el importante papel que juega en el deseo la testosterona biodisponible en sangre. Si el consumo reduce la secreción de hormonas, puede disminuir también el deseo de estas personas”. Por otro lado, y en cuanto a la marihuana, se tiene en el imaginario colectivo, la idea de que esta sustancia aumenta la capacidad de fantasía sexual, pero “esto es más un efecto psicológico propio de las expectativas que tiene la persona que la toma que un efecto fisiológico real”.

Con todo esto, está claro que un largo historial de consumo supone consecuencias a nivel físico y psicológico y sexual, pero también un consumo puntual de una cantidad importante, sin un largo historial de adicción, puede generar una respuesta sexual poco placentera. En este caso, “probablemente, no se provoquen daños fisiológicos permanentes, pero sí que puede adquirirse un hábito inadecuado, en el sentido de acostumbrarse a mantener una relación sexual disfuncional, con lo que eso puede suponer para futuros encuentros sexuales”, subraya.

Pese a todas estas consecuencias, las personas tardan mucho en solicitar ayuda, aproximadamente, hasta dos o tres años. Por ello, ambos expertos, insisten en que la terapia sexual es clave en este tipo de problemática, ya que hay un alto grado de éxito en los resultados. Eso sí, lamenta del Río, “desafortunadamente, en la inmensa mayoría de los centros de tratamiento de drogodependencias no se trabaja esta área como se debería, ya que se centran específicamente en trabajar la adicción”. De este modo, concluye por su parte Vallejo, las investigaciones, “dan una herramienta extra a los especialistas para conseguir el éxito terapéutico”.

Fuente: lasdrogas.info