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Una historia de amor química

  • El mundo de la psiquedelia pierde uno de sus iconos, Alexander Shulgin, padrino del MDMA.

Ann y Alexander Shulgin –una afable pareja de ancianos- son desde hace casi medio siglo el faro que ilumina la cultura psicodélica de todo el mundo.

En el sótano de una modesta vivienda en las afueras de San Francisco se han sintetizado la casi todas las sustancias que han nutrido las fiestas y urdido los romances de millones de personas en todo el mundo, desde las raves en Inglaterra en los 80 hasta el Festival Boom, que se celebra cada dos veranos en Portugal.

A los mandos de la nave psicodélica donde renació el MDMA y surgió el 2CB, DOM, 2CI y cientos de otras drogas nombradas con indescifrables siglas está Alexander Shulgin, Shasha para los amigos, un alquimista que debería ser acreedor del Premio Nobel de Química si no fuera porque su campo de especialidad –las sustancias alteradoras de la conciencia: las drogas psicodélicas- está marginada de la esfera legal y científica por la policía del pensamiento, que dictamina que la realidad ha de ser una, compartida e incontrovertible.

Tras combatir en la II Guerra Mundial, Shulgin trabajó en la Dow Chemical, gigante químico que lo mismo fabrica medicamentos que desarrolla armas químicas para el Ejército americano. Tras probar la mescalina a principios de los 60, Shulgin decidió dedicar su vida al estudio de los psicodélicos, una augusta tarea en la que todavía está embarcado a sus 83 años. “A Shulgin le debemos que dejara de utilizar la química para la muerte y la empezara a usar para el amor”, me cuenta Jorge Escohotado, aplicado estudioso de la obra de Shulgin.

Desde hace 40 años, Shasha y su mujer, Ann, psicoterapeuta, se reúnen con un grupo de amigos psiconautas para probar las nuevas drogas que salen del laboratorio de Shulgin, principalmente variantes de las feniletaminas (como el MDMA) y de las triptaminas (derivados del DMT). Aquellas que superan el filtro de calidad del círculo son difundidas por internet y en los libros de la pareja, para que químicos de todo el mundo puedan fabricarlas, difundirlas y poner en un aprieto a las autoridades locales. Es importante subrayar que los Shulgin jamás se han lucrado con sus creaciones, apostando siempre por el copyleft químico, una generosidad que hoy están pagando en forma de apuros económicos.

shulgins

Ann y Alexander Shulgin, por Alex Grey.

Un conocido adagio de la fiesta recomienda que no te cases hasta que hayan pasado completamente los efectos del MDMA, popularizado bajo el nombre de éxtasis desde los años 80. No es casualidad que el primer y monumental libro de los Shulgin se llamara ‘Philkal, una historia de amor química’. El éxtasis y sus derivados revolucionaron la fiesta y el espíritu de varias generaciones, de Manchester a Goa, pasando –inevitablemente- por Ibiza.

Pero el espectro del compuesto va mucho más allá de las raves interminables y el sexo hipertáctil. El MDMA se ha desvelado como herramienta muy eficiente en el tratamiento del estrés postraumático de, por ejemplo, los soldados veteranos de las guerras de Irak y Afganistán. Según escribe el propio Shulgin en ‘Phikal’, el MDMA es “penicilina para el alma”.

La relación de los Shulgin con las instituciones prohibicionistas ha ido evolucionando dentro de una ambigua tolerancia a lo largo de las décadas. Alexander ha llegado a colaborar con la DEA (el poderoso departamento antidrogas de EEUU) como perito, pero también ha sido severamente reprimido, especialmente a raíz de la publicación de ‘Phikal’, en 1991, cuando el gobierno le revocó su licencia de químico. “Shulgin se infiltró en el corazón del sistema prohibicionista y, desde dentro, lo usó para sus fines particulares y para meterle un torpedo en la línea de flotación del que no se repondrá jamás”, explica Alejo Alberdi, estudioso de la psicodelia y drogófilo confeso.

El influjo de las creaciones químicas de Shulgin es aún mayor que el impacto que tuvo durante los 60 el LSD de Hoffman, el otro santón del movimiento psicodélico. Pero Hofmann “dio con el LSD por casualidad o serendipia, mientras que la labor de los Shulgin fue totalmente intencionada”, recuerda Alberdi.

Las drogas psicodélicas son consumidas por un porcentaje pequeñísimo de la población (menos del 01%, según datos de la ONU). Esto es así porque las sustancias que alteran la percepción de la realidad “no son aptas para todos los públicos”, explica el doctor Fernando Caudevilla, experto en drogas. No obstante, “no descarto que en algún momento suceda algo parecido a lo que pasó con la MDMA, que dio el salto de círculos restringidos al mainstream”.

Alexander Shulgin, que falleció ayer 2 de junio en Los Angeles, ayudó a millones de personas a abrir las puertas de la percepción, derribando el velo de maya, esa ilusión compartida que, según el hinduismo, llamamos realidad.

Fuente: http://www.yorokobu.es

Por qué ves lo que ves cuando te metes drogas psicodélicas

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Han pasado tres horas desde tus últimos dos LSD, y la mercancía se empieza a activar. Lo sabes porque todo y todos a tu alrededor se ven extraños y cada vez más severos conforme el viaje se extiende. Esta no es tu primera vez, ¿pero a quién engañas? No eres ningún maestro del ácido. No eres más que un punto más en el radar colectivo de millones de psiconautas que ocasionalmente estrujan los jugos del cerebro.

Eres eléctrico. Tu cerebro es un súper-continente por descubrir. El ojo de tu mente escupe ecuaciones ilegibles y complejas, pruebas y callejones sin salida lógica, y lo seguirá haciendo durante las siguientes diez horas, quizá más. Buceas entre fractales sin fondo y panales. Escalas cuadrículas y enrejados tan altos como montañas, y ahora trazas las filigranas y calados del tiempo. Extraes sonidos de la nada, la difusión del detritus sonoro sobre tu persona como una extraña especie de bálsamo. Miras tus manos sólo para ver cómo se han fundido el suelo en pequeños charcos carnosos. Miras a tu niñero, un amigo de confianza que ahora escupe fuego para repeler a una horda de elfos animatrónicos mordedores de tobillos. Las paredes respiran, estás seguro. Qué viaje.

Estas son sólo algunas de las distorsiones, trucos oculares y percepciones deformadas que los viajes coloridos y extraños, en ocasiones sutilmente dolorosos, hasta la granja de la risa. Estás a una tercera parte del camino y sientes como si no hubieras parpadeado, por no hablar de lo que ya has olido o probado a estas alturas de tu odisea interior.

Ácido, DMT, psilocibina, mescalina, ayahuasca, lo que sea; casi no importa. Cuando dopas a tu cerebro, ¿por qué tus ojos eligen ciertos estímulos visuales, y descartan otros? ¿Por qué objetos cotidianos se vuelven más extraños o más frágiles que otros? ¿Por qué juras estar viendo cosas (cosas, personas, fuerzas de la naturaleza) que simplemente no estarían ahí si no estuvieras en un viaje?

Para averiguarlo, echa un vistazo a tu rostro viajado. Lo que encontrarás es que el por qué detrás de la cresta y el valle de esa ola de alucinaciones es tan intenso, incluso tan reafirmante, como el qué de las visualizaciones primitivas mismas. ¿Pero por qué vemos lo que vemos cuando nos estamos viajando?

Es un enigma que existe desde que los seres humanos alteran deliberadamente su mente con productos químicos, lo que quiere decir, desde el comienzo de la humanidad. Al día de hoy, incluso con el constante avance en imagenología cerebral, es una pregunta que continúa confundiendo e intrigando a científicos, investigadores, químicos aficionados, psiconautas comprometidos y casuales por igual. Tomé un ejemplo del corpus creciente de estudios psicodélicos rigurosos: la pregunta de por qué vemos ciertas cosas cuando andamos en drogas psicodélicas es la base de un pdf publicado en agosto de 2000 en la revista de la Royal Society, la cual sondea las profundidades de la “sorprendente” experiencia visual que implica ver figuras geométricas.

Un vistazo al título (“Alucinaciones visuales geométricas, simetría euclidiana y la arquitectura funcional de la corteza estriada”) y los datos de los autores (matemáticos de las universidades de Utah, Chicago y Houston, además de investigadores del Instituto Salk para Estudios Biológicos y los Institutos Nacionales de Salud), y queda claro que nuestra comprensión del por qué, exactamente vemos lo que vemos (o lo que creemos ver en nuestro campo de visión) reside tanto en la geometría básica como en la neurología, la psicofarmacología y la ciencias cognitivas en general.

Está bien, tal vez no la geometría básica-básica. Este es un tema denso. ¿Estás listo para la teoría de perturbaciones de Rayleigh-Schrödinger y un análisis de estabilidad no lineal de la reducción de Liapunov-Schmidt? Porque si no eres un as de las matemáticas o del ácido, leer ese estudio te hará sentir como si estuvieras en LSD.

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No quiere decir que el artículo no merezca una lectura detallada, ni que la forma en que voy a destilar sus conclusiones haga justicia al estudio. Pero la idea es que al modelar constantes de forma utilizando números y la teoría de las formas, los investigadores postularon por primera vez que “los patrones de conexión” que unen a la retina, la corteza visual y su circuito neuronal recorren el manantial sobre el que burbujean las imágenes psicodélicas clásicas.

Al final, los investigadores encontraron una estrecha relación entre las constantes de forma, los patrones geométricos observados regularmente en estados alterados de conciencia, y plataformas, o los contornos de los objetos vistos desde arriba. Estos resultados surgen de la “especulación detallada” de la conectividad lateral de la corteza visual, la actividad cerebral fundamental para reconocer un objeto, sus contornos, y cómo se relaciona con otros objetos.

Como tal, surgió una curiosa posibilidad. Si “los mecanismos corticales mediante los cuales se generan las alucinaciones geométricas” se encuentran en realidad en la corteza visual, escriben los investigadores, es lógico pensar que esos mismos mecanismos responsables de los efectos visuales geométricos psicodélicos estén fundamentalmente relacionados con aquellos que permiten a los seres humanos dar sentido a los contornos y los bordes.

Pero si no me crees, por favor lee el artículo. Es un viaje.

Hay que aclarar que es sólo un estudio. Y aunque es verdad que las aseveraciones de que nos encontramos en el umbral de un renacimiento psicodélico en 2013 no suenan tan descabelladas, Rick Döblin, jefe de la Asociación Multidisciplinaria para Estudios Psicodélicos, me dijo que la investigación psicodélica “está creciendo”; sigue siendo difícil, sobre todo en EU, obtener los psicodélicos con fines de investigación para pruebas clínicas. Razón por la cual “Los componentes visuales de una experiencia psicodélica” podría ser una herramienta valiosa para ampliar nuestro entendimiento sobre por qué visualizamos cosas como lo hacemos.

“Los componentes visuales…” es un análisis exhaustivo pero libre de toda esa juerga que suele alejar a las personas del tema. Publicado en 2011 en el blog Disregard Everything I Say, esta entrada (que debe tomarse con una pizca de sal, igual que cualquier compendio digital de drogas como Erowid u otro servicio) toma en cuenta LSD, LSA, psilocibina, DMT, ayahuasca, mescalina, Bufotenin, 5meoDMT, AMT, Harmine, Harmaline, MDA, y las clases químicas 2Cx y DOx al momento de describir los componentes visuales y cognitivos de la experiencia psicodélica.

Aunque descartemos una parte de la taxonomía presentada en Disregard Everything I Say sobre el fenómeno visual psicodélico, la cual se descompone en cuatro niveles de intensidad (dosis), vale la pena tenerla en cuenta, aunque sea para resaltar los distintos elementos de lo que sabemos sobre  las cosas que vemos cuando estamos drogados.

VISTA AGUDA

Ver: mayor agudeza visual, mejoramiento en el reconocimiento de colores y patrones. Hay que empezar en algún lugar, ¿cierto?

UN PEQUEÑO GIRO

O, “distorsión o alteración visual”. Esta siguiente fase incluye un desvanecimiento visual, como se ve en Breathing Wall de Bill Meyers-Riggs, un homenaje moderadamente intenso al efecto de desvanecimiento a niveles sumamente agudos de detalle, y sus cuatro subtipos: 1. metamorfosis, 2. respiración, 3. derretimiento, y 4. flujo. El desvanecimiento visual se puede manifestar sobre cuatro canales distintos de intensidad visual: perifério, directo, distintivo, amplio.


Repetición simétrica de textura (vía Psychedelic Replication).

Para llenar este segundo nivel de signos visuales tenemos cambios de color, deformación de la percepción de profundidad, trazadores de luz (transparente, translúcido, opaco y amplio), repetición simétrica de textura (arriba), y esa fractura resplandeciente conocida como rebanado del paisaje.

MATEMÁTICAS MENTALES

El nivel 3 es parte del estudio visual geométrico antes mencionado. Aquí tenemos geometría visual; sus iteraciones, desde la menos dramática e incomprensible hasta la más profunda, incluyendo el ruido virtual, movimiento y color, geometría parcial y completamente definida, geometría tridimensional, anulación de la percepción física, y lo que DEIS llama “Nivel 7A” y “7B”: “La exposición al conjunto de la estructura neurológica” y “la exposición al mecanismo interno de la conciencia humana”, respectivamente.

VER LO QUE NO ES

El final. Esta última fase es alucinatoria. Imágenes, transformaciones y alucinaciones, de las cuales hay cuatro tipos: entidades autónomas (los famosos duendes de la máquina de McKenna), paisajes, escenarios y entornos; conceptos; escenarios y tramas.

Para los no conocedores, casi podría decirse que no vale la pena tratar de entender lo que significa ver todas estas mierdas imaginarias al estar en ácido o algo más. Sin duda, un experimento que replique la experiencia psicodélica con precisión y con cuidado se está convirtiendo en un nicho en ciertos rincones de la internet. Por ejemplo Texture Breathing de Form Constant, al principio de este post.

Pero no hace falta. Dura sólo tres horas, no lo olvides, y quizá sólo debas remitirte a lo que señala el neurólogo y psiconauta Oliver Sacks en su libro Musicophilia. “Cada acto de percepción”, escribe Sacks, “es en cierta medida un acto de creación, y cada acto de la memoria es en cierta medida un acto de la imaginación”.

Si la forma de la psicodelia que está por venir está en nuestras cabezas, entonces brindemos por mirar hacia el futuro.

Articulo escrito por B.A. Anderson.

Fuente: http://www.vice.com