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La realidad de la marihuana en EEUU cuestiona los tratados antidroga de la ONU

Actualmente, 35 estados de EEUU y el Distrito de Columbia permiten alguna forma de consumo de marihuana con fines terapéuticos.

 

La nueva realidad de la regulación de la marihuana en Estados Unidos, que permite su consumo con fines recreativos en los estados de Washington y Colorado, cuestiona la vigencia de los tratados sobre drogas de la ONU suscritos por este país, según varios expertos.

“Flexibilidad” es la palabra que más han repetido diferentes académicos en el seminario “Impactos Internacionales de Estados Unidos por la legalización de la marihuana”, organizado esta semana en Washington por la Oficina para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) y el centro Brookings Institution, destacó Efe.

“El primer cartel del narcotráfico fue el Imperio Británico, que comerciaba con opio, luego pasó a perseguirlo. Los países cambian, las políticas cambian y ahora los tratados deben cambiar”, destacó Sandeep Chawla, quien fue durante veinte años director de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).

Estados Unidos ha pasado de ser un “campeón” en la lucha contra las drogas que “obligaba” a otros países a criminalizar el uso de la marihuana, a ser uno de los impulsores del “nuevo movimiento del cambio sobre la política de drogas”, según ese experto.

“Anticuados” y “obsoletos” son también los calificativos que han utilizado Chawla y otros académicos para describir los tres tratados de las Naciones Unidas sobre drogas.

La primera es la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes, que fue enmendada por un segundo tratado (Protocolo de Enmienda de la Convención Única) y al que siguió la Convención de las Naciones Unidas de 1988 contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas.

En opinión del investigador de Derecho de Seguridad Nacional del Instituto Brookings, Wells Bennett, “una reforma de los tratados debe de estar sobre la mesa”.

Desde que el último entró en vigor, hace más de veinte años, ha habido “excepciones”, como los “coffee shop” de Holanda, los clubes sociales de cannabis en España o el consumo terapéutico de marihuana en Estados Unidos.

Actualmente, 35 estados de EEUU y el Distrito de Columbia permiten alguna forma de consumo de marihuana con fines terapéuticos, mientras que varios estados han despenalizado la posesión de pequeñas cantidades y dos -Colorado y Washington- han ido más lejos y autorizan totalmente su uso recreativo.

El 4 de noviembre, coincidiendo con las elecciones legislativas en Estados Unidos, Alaska, Oregón y el Distrito de Columbia (DC) decidirán en un referéndum sobre el consumo de marihuana para ocio.

Estos cambios en la forma de entender las políticas sobre drogas tienen su reflejo en América Latina, según destacó en declaraciones Lisa Sánchez, consejera de congresistas mexicanos y directora de programas de México Unido Contra la Delincuencia (MUCD) y la Fundación para la Transformación de la Política de Drogas (TDPF).

En su opinión, la legalización de la marihuana en estados fronterizos con México, como California, podría acarrear “paradojas” con el estado mexicano, que pasaría de “exportar” a “importar” cannabis de forma legal.

Sánchez cree que la legalización en Colorado y Washington ha avivado el debate en México, donde artistas, políticos e intelectuales -como el escritor Héctor Aguilar Camín- han pedido en numerosas ocasiones la despenalización del consumo de marihuana.

“Las motivaciones para legalizar la marihuana en América Latina son muy diferentes a las de Estados Unidos. La violencia es un factor clave. Y si Uruguay decidió legalizar la marihuana fue para evitar convertirse en un nuevo México y escapar de la red de narcotráfico”, destacó esta asesora política.

Además, Sánchez incidió en que después de haber declarado legal la marihuana, Uruguay “se enfrenta al reto” de reglamentar su producción, distribución y venta para saber dónde y cómo se venderá a partir de finales de año o comienzos de 2015.

Otros de los países comprometidos con el cambio en política de drogas son Guatemala, Chile y Colombia, donde se debatirá antes de finales de año una ley de regulación de la marihuana.

“Hay muchos retos en los que trabajar juntos. Pero, si Estados Unidos no encuentra esa flexibilidad, para Latinoamérica será mucho más difícil”, destacó Sánchez.

En opinión de Chawla, Estados Unidos debe coordinarse con otros países y plantear el debate en la Asamblea General Extraordinaria de la ONU que se celebrará en 2016.

“Es crucial que los países entiendan que están ante una oportunidad histórica para abrir un debate que ha estado cerrado durante los últimos años”, concluyó Chawla.

Ahora el debate está abierto y, aunque países de América del Sur ya han tomado la iniciativa, la mirada de los expertos se gira constantemente hacia Estados Unidos y los estados que ya han legalizado la marihuana o hacia aquellos, como el Distrito de Columbia, que pueden estar a punto de dar ese paso.

 

Fuente: lasdrogas.info

Marihuana legal y regulada

La planta del cáñamo y del cannabis tiene una larga historia milenaria. Hace 8.000 años era una planta silvestre de Asia Central y del Himalaya, luego cultivada en China para producir fibra textil y más tarde en la India, para obtener incienso y resina. Se expandió hacia el Índico y hacia Europa. En los Balcanes se han encontrado semillas para inhalarla en un brasero de hace 5.000 años. Una planta milenaria y de múltiples usos (comida, vestido, calzado, cuerdas, incienso, papel, psicoactivo…) que solo es ilegalizada a partir del primer tercio del siglo XX.

En 1937, Estados Unidos prohibió el cultivo del cáñamo por presión de la industria papelera y de la química-textil para no hundir sus intereses en otras materias primas. De paso, la ley de 1937 prohibía su derivado (la marihuana) y reforzaba la moralidad puritana sobre sus peligros. Han pasado más de 80 años de políticas prohibicionistas que no tienen mucho más recorrido futuro. Ahora vivimos un cambio de ciclo que apuesta por la legalización.

Uruguay es el país pionero que acaba de legalizar y regular la producción, venta y consumo de la marihuana siguiendo un proceso impecable y bien organizado según la misma Unión Europea y organismos internacionales. La apuesta del presidente Mujica ha sido valiente y le han seguido ciertos estados norteamericanos donde los primeros datos ya recogen el descenso de los delitos menores y violentos. En Colorado está generando nuevos negocios y hasta 10.000 nuevos empleos.

Una ocasión perdida por el municipio de Rasquera que el juez y el Estado tumbaron hace ahora un año. «Ustedes no pueden plantar ese cultivo ni esas semillas». Esa fue la sentencia de un Estado que se dice liberal y democrático en pleno siglo XXI. Una decisión errónea. Legalizarla es la manera más efectiva de combatir el narcotráfico y la adulteración. Algo ya sabido y debatido desde finales de los años 80.

En nuestro país persiste cierta tolerancia para el cultivo si es para consumo personal. Aprovechando los resquicios legales, han ido multiplicándose los clubs de cannabis de manera descontrolada. Justo por no tener un marco pleno de cobertura legal desde el Estado. Los primeros clubs se autorregulaban desde el propio movimiento cannábico, pero ahora el intrusismo de nuevos agentes está abusando de la actual tolerancia con fines comerciales y desviados. Se deben regular y fiscalizar mejor los clubs existentes. Es una demanda necesaria que plantean los propios precursores del movimiento cannábico. Regular es caminar mejor hacia la legalización que llegará más pronto que tarde. El debate de fondo es más universal y va más allá del caótico presente.

Como sociedad madura nos debemos preguntar: ¿podemos prohibir una planta, una semilla o una flor por miedo a sus riesgos? Si la respuesta es afirmativa, reflejamos debilidad e intolerancia. Defendamos la libertad de elección ante las decisiones vitales (embarazo, eutanasia, cambio de sexo o marihuana) donde no han de intervenir ni el Estado ni la teología, solo los propios individuos responsables de sí mismos.

 

Fuente:  (Xavier Martínez Celorrio)     http://www.elperiodico.com 

‘Startups’, fumetas e inversor@s: de cómo la legalización ha dado alas al y la emprendedor/a cannábic@

Ahora que se ha abierto la veda, son muchos los emprendedores que han puesto en marcha proyectos de todo tipo para abrirse un hueco en el suculento mercado de la marihuana. Desde los clásicos productos medicinales hasta la chica que ha creado una academia de pintura donde los alumnos pueden fumar mientras explotan su vena más artística.

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Nuestros mayores nos suelen decir que del amor al odio – y viceversa – hay solamente un paso. Historias como estas vienen a corroborar este acertado dicho. Tras la legalización del consumo recreativo en Colorado y Washington y con unos vientos de cambio que parecen soplar incluso dentro de la Casa Blanca, son muchos los que están tomando posiciones para no quedarse fuera del negocio.

Decenas o cientos de avispados empresarios han decidido apostar por el cannabis y sobre todo por la innovación. Y es que, más allá de las enormes posibilidades que plantea, hay inversores dispuestos a respaldar económicamente estas iniciativas.

Las circunstancias han cambiado mucho. Incluso aquellos que votaron en contra de su despenalización, aquellos que jamás han dado una calada a un canuto, han terminado abriendo los ojos. Es el caso de Jim Willett. Este exmarine de 62 años no solo había desechado el cannabis, sino que además había dedicado varios años de su vida profesional a sobrevolar la costa de Washington dando caza a los narcotraficantes que trataban de introducir su mercancía en territorio estadounidense.

Ahora su situación es bien distinta. Por azares de la vida, un día se topó con The ArcView Group, un grupo de inversión con base en San Francisco que se dedica a financiar nuevas ideas relacionadas con la marihuana. Desde entonces ha invertido más de un millón de dólares en este negocio legal en los estados de Washington y Colorado. “Estoy en esto por dinero”, asegura Willet, que no ha dejado pasar la ocasión. “Esta es la mayor oportunidad de negocio desde la caída del Muro de Berlín y la apertura del libre mercado en Europa”, corrobora Steve DeAngelo, presidente de ArcView y activista a favor de la marihuana.

El dinero no lo es todo

No todos están aquí para llenarse los bolsillos. Al margen del oportunismo de empresarios como Jim Willett, hay quien simplemente quiere compartir con otra gente todo lo bueno que la marihuana le ha otorgado.

Es el caso de Robi Hawley, que a sus 49 años está a punto de graduarse en la escuela de medicina y planea abrir un laboratorio de pruebas de cannabis. Ella conoció de primera mano los beneficios de esta planta cuando a su marido le diagnosticaron una enfermedad crónica. Entonces, cuando los medicamentos convencionales no surtían efecto, se decidieron a probar la marihuana medicinal, que le permitió aliviar el dolor y rehacer su vida.

Una situación similar fue la que vivió Cale Burkhart. En 2009, con 35 años, comenzó a utilizar los extractos de cannabis para aliviar las migrañas, el insomnio y el dolor de cuello que por aquel entonces padecía. Un año más tarde creó Vita Verde, una variedad de cremas de uso tópico elaboradas a partir del cannabis que al poco tiempo se comercializaba en 45 dispensarios de la región.

Con el paso de los meses y la despenalización, sumó a su línea de productos desde tintes hasta comestibles. Y, pese a que sus ingresos se han multiplicado en los últimos meses, asegura que hace todo esto para que todo el mundo se pueda beneficiar de los efectos positivos de la marihuana. “Me encanta ser parte del crecimiento de todo este asunto. Es muy emocionante formar parte de la historia”, reconoce.

La creatividad al poder

En medio de esta fiebre del oro, hay quien ha sabido mantener la mente fría y ha optado por ir a lo sencillo para sacar partido a sus conocimientos. Uno de ellos ha sido el empresario Jeremy Bufford que, a sus 33 años, ha puesto en marcha Marijuana Medical Tampa, de la cual ha nacido el “Cannabis College”, una suerte de instituto donde los alumnos aprenden a cultivar cannabis.

Pero no es solo eso. Tal y como comenta Bufford, el camino hacia el éxito “es mucho más complejo que poner una semilla en la tierra”. Por eso, además de recibir consejos para cuidar sus plantas, los alumnos analizan los vaivenes del mercado de la marihuana, aprenden los fundamentos del trato con el cliente y ahondan en las cuestiones legales que atañen a su negocio.

Aunque no se trata de la primera academia dedicada a este sector, pues desde 2007 la Universidad de Oaksterdam imparte clases de esta materia, sí que es un ejemplo de cómo sacar partido a las nuevas reglas del juego.

Es indudable que, con astucia, podemos sacar mucho partido a esas actividades cotidianas que practicamos para divertirnos y relajarnos. Sino que se lo digan a Heidi Keyes, propietaria de la escuela de arte Puff, Pass & Paint, que ha creado un nuevo concepto de clases de pintura en las que los alumnos pueden fumar y paladear deliciosos alimentos hechos con marihuana al tiempo que aprenden a dibujar.

Para sorpresa de su creadora, han sido muchos los que se han sumado a esta iniciativa. Pese a que esta artista aún no vende el cannabis que se consume en su pequeño estudio con espacio para apenas seis alumnos, en poco tiempo ha cubierto el cupo de estudiantes dispuestos a pagar 40 dólares (29 euros) por cada clase de dos horas.

Hay quien, ni corto ni perezoso, ha querido probar suerte poniendo en contacto dos mercados en plena ebullición. Para facilitar la búsqueda del dispensario más cercano donde encontrar un determinado producto, Justin Hatfield y algunos colegas crearon en 2008 la web WeedMaps.com. Por aquel entonces, ninguno de ellos podía siquiera imaginar el escenario que se encontraría algunos años después. Acertaron de pleno. Con una media de 50.000 usuarios únicos al día en 2013, este joven empresario, que ya por entonces capitaneaba una empresa de SEO, tuvo que dejarlo todo para dedicarse a tiempo completo a este negocio.

El propio Hatfield reconoce que, desde mucho tiempo atrás, ha estado “especialmente interesado en poner fin a la guerra contra las drogas”. Además, no tiene duda de lo que sucederá en los años venideros. “Veo la legalización federal en el horizonte dentro de los próximos diez a doce años”. Si este tipo lo dice, con el buen olfato que ya demostró tener para los negocios, ¿por qué no vamos a confiar en que así sea?

Fuente: dinafem.org