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Qué pasa si mezclas alcohol con MDMA

Beber alcohol y consumir MDMA al mismo tiempo es como tirar de tu cuerpo en dos direcciones opuestas.

Universal History Archive / Cameron Whitman

 

En la mayoría de festivales de música, discotecas y otros lugares donde se abusa de la MDMA, también se suele consumir otra droga: el alcohol. Según Joseph J. Palamar, profesor adjunto de Salud Pública en el Langone Medical Center de la Universidad de Nueva York, en los últimos años se ha incrementado la mezcla de alcohol y MDMA. Sin embargo, cuando la gente toma pastillas y combinados, es posible que no se den cuenta de que esta combinación es más peligrosa que consumir cualquier otra droga sin mezclar.

“En primer lugar, ambas sustancias aumentan el riesgo de deshidratación”, comenta Tzvi Doron, físico en la ciudad de Nueva York y director clínico de Roman, una aplicación sobre salud masculina. “La MDMA incrementa la temperatura de tu cuerpo, la actividad muscular y te hace sudar más, mientras que el alcohol te hace perder fluidos porque provoca ganas de orinar. El riesgo de deshidratación es todavía mayor si estás bailando rodeado de gente, como se suele hacer en los festivales y discotecas”.

“Cuando la deshidratación es grave, esta puede desembocar en una deshidratación del compartimento neuronal, en la que hay una escasez de agua disponible en los nervios”, comenta James Giordano, profesor de Neurología y Bioquímica en el centro médico de la Universidad de Georgetown. “Los fluidos se extraen de las células del cerebro y es posible que estas dejen de funcionar, pudiendo provocar insuficiencia cardíaca, respiratoria o comas”.

Las propiedades diuréticas del alcohol, es decir, aquellas que hacen que vayas a mear constantemente, también son peligrosas cuando se combinan con el efecto secundario de la MDMA o la retención urinaria. “Al mismo tiempo que el alcohol te hace producir más orina, la MDMA te impide expulsarla, pudiendo provocar daños en el hígado o la vejiga e incrementar la toxicidad de la urea en la sangre”, informa Giordano. “En los casos más graves, la toxicidad de la urea puede provocarte un coma”.

“Además, los efectos combinados del alcohol y la MDMA en el sistema nervioso autónomo pueden ocasionar arritmias cardíacas o ritmos cardíacos anormales que pueden afectar a tu circulación y poner tus órganos en peligro”, añade Giordano.

“Al día siguiente, puedes levantarte con dos resacas a la vez, como si no fuera suficiente con el enfado y la apatía propios de la resaca de MDMA” — James Giordano, profesor de Neurología y Bioquímica

“La combinación de ambas drogas puede suponer un doble revés para tu juicio”, informa Doron. “El alcohol, al ser depresivo, afecta a las capacidades motoras y puede aumentar la peligrosidad de algunas tareas, como la conducción. Sin embargo, la MDMA es un estimulante, por lo que puede mantenerte despierto y hacerte sentir capaz de realizar algunas tareas, aunque no lo seas”.

“Los efectos del alcohol en el juicio y la coordinación continúan aunque se combinen con la MDMA”, explica Doron. “Esto puede provocar una situación especialmente peligrosa en la que la gente piense que está más capacitada de lo que realmente está”. A su vez, Palamar sostiene que las drogas como la MDMA también pueden hacerte calcular erróneamente la cantidad de alcohol que puedes tolerar y aumentar las posibilidades de pasarte con la bebida.

“Las consecuencias de combinar alcohol y MDMA pueden durar más que los efectos de las drogas. Las propiedades depresivas del alcohol pueden intensificar el temido ‘bajón’ de la MDMA al final de la noche, en el que dejas de segregar serotonina y sientes depresión, ansia o irritabilidad”, comenta Giordano. “Al día siguiente, puedes levantarte con dos resacas a la vez, como si no fuera suficiente con el enfado y la apatía propios de la resaca de MDMA”.

“El alcohol interactúa con las drogas recreativas de la misma forma que con cualquier otra sustancia. Cuanto más fuerte es el alcohol que consumes, peores son los efectos

Mucha gente cree equivocadamente que el alcohol no es una droga, al menos no una de la que deberían estar preocupados al consumirla. De esta manera, lo mezclan de manera inconsciente con cualquier cosa, pero el alcohol interactúa con las drogas recreativas de la misma forma que con cualquier otra sustancia. Cuanto más fuerte es el alcohol que consumes, peores son los efectos. “A mayor graduación, mayor potencia”, avisa Giordano. Y, por supuesto, cuanta mayor cantidad de cada droga consumas, mayor riesgo.

Obviamente, tanto el alcohol como la MDMA son peligrosos incluso en solitario, pero si los vas a consumir, lo más seguro es hacerlo por separado. Además, tomes lo que tomes, asegúrate de beber agua para evitar la deshidratación.

Publicado por Suzannah Weisstraducido por Mario Clavero Ramos el día 30 de julio de 2018 para VICE.es

Fuente original: https://www.vice.com/es/article/mb4edy/mezclar-alcohol-mdma-consecuencias

 

Como puede interferir el alcohol en la recuperación de una persona deportista

El alcohol es un tóxico para el organismo y, aunque sea en pequeñas cantidades, no es recomendable su consumo. Pero si te tomas en serio tus entrenamientos y quieres recuperar bien, con más razón debes de evitar tomar alcohol.

El alcohol interfiere en tu recuperación, sobre todo si es en grandes cantidades. Después de un entreno lo ideal es beber agua o zumos naturales. Veamos de qué manera afecta tomar alcohol en la recuperación de una persona deportista:

Efectos del alcohol en la recuperación del deportista

  • Interfiere en el relleno de tus depósitos de glucógeno: aunque la forma en que interfiere en la vía metabólica no está muy clara, lo que sí es claro es que al beber alcohol, se tiende a comer menos hidratos de carbono, el combustible principal cuando hacemos ejercicio.
  • El alcohol dificulta el proceso anabólico: después de entrenar tus fibras necesitan ser reparadas y aumentar en tamaño para soportar futuros entrenamientos. El alcohol, aunque se tomen suficientes proteínas, afecta a ese proceso anabólico. Por tanto, eso de ir al gimnasio y acto seguido salir por la noche e ingerir cantidades notables de alcohol, se cargará tu proceso de recuperación.
  • No se duerme igual de bien cuando bebemos alcohol: sobre todo si hemos bebido mucho. La calidad del sueño no es la misma cuando tenemos alcohol en el cuerpo. Esto repercute directamente en los procesos de recuperación después de un entrenamiento.
    El alcohol no aporta nada a la dieta de una persona deportista.
  • Estaremos parcialmente deshidratados: una correcta hidratación es fundamental para que podamos recuperarnos de forma óptima. El alcohol es diurético, hace que perdamos líquido, creando una situación de deshidratación. En estas condiciones los procesos de recuperación se hacen más largos.
  • Al día siguiente nuestras capacidades están mermadas: hasta que el organismo expulse este tóxico del cuerpo, nuestras capacidades físicas pueden verse afectadas: potencia, fuerza, coordinación, equilibrio…Por lo tanto, no seremos capaces de entrenar normalmente al día siguiente.

Estos efectos, evidentemente, son más acusados conforme aumenta la cantidad de alcohol que bebemos tras el entreno. No es lo mismo tomar una cerveza que 7-8 combinados. No obstante, si te tomas la recuperación en serio, debes de evitar cualquier consumo de alcohol.

 

Fuente original: www.vitonica.com

Ola de calor + alcohol = las peores resacas del año

  • Si no bebes agua, te vas a encontrar peor

Este viernes es el segundo día de la ola de calor: 34 provincias tienen aviso por riesgo de altas temperaturas y en 15 de ellas el riesgo es importante. Se trata del sexto día de temperaturas inusualmente altas y la situación persistirá hasta el domingo, como explica EL PAÍS.

Ante este escenario, muchos pueden caer en la tentación de defenderse con bebidas alcohólicas frías: cerveza, sangría, tinto de verano… Para despertar al día siguiente con la desagradable sorpresa de un resacón de campeonato. A menudo se tiene la sensación de que con el calor la resaca es incluso peor que en invierno. Pero ¿es así? ¿El alcohol afecta más cuando la temperatura es más alta?

Así no te hidratas

“Cuando hace calor, el organismo tiende a deshidratarse”, explica el doctor David Rodríguez, profesor de la Universidad de Salamanca y autor del libro Alcohol y cerebro. “Perdemos mucho líquido, ya que el sudor ayuda a bajar la temperatura de nuestro cuerpo”. Perdemos agua sin darnos cuenta y aunque no lo parezca, al no haber gotas o sudoración continua”. A esto se le une que nuestro metabolismo está más activo, “ya que nuestro mecanismo de termorregulación tiene que trabajar más” para mantener la temperatura corporal.

El alcohol pone trabas a ambos procesos: por un lado, es diurético, lo que contribuye aún más a la deshidratación, ya que eliminamos más agua al orinar; por el otro, “estamos sometiendo al metabolismo al procesamiento de una sustancia extra”, con lo que dificultamos su trabajo.

Además de eso y como tenemos calor, es fácil “beber más cantidad”, con lo que entramos en un círculo vicioso que acaba al día siguiente con dolor de cabeza, náuseas y lamentos. Todo esto se ha de sufrir a 38 grados, sumando un nuevo inconveniente: “Al malestar propio le unes el malestar externo”.

Y si al calor habitual le sumamos una ola de calor, nos encontramos con que “hay que extremar las medidas”.

La cerveza no sustituye al agua

Por mucho que la cerveza o el tinto de verano estén fríos, lo que realmente funciona para combatir el calor es el agua. “Tenemos que mantenernos hidratados y evitar la exposición al sol, lo que parece bastante lógico. También ayudan las comidas ligeras. Es mejor comer más veces al día, pero menos cantidad cada vez, que hacer comidas copiosas”.

Es cierto que la cerveza, por ejemplo, tiene mucha agua y se sirve fría, pero también tiene alcohol: “No podemos usar las bebidas alcohólicas como un sustituto del agua”.

De hecho, aparte de propiciar las resacas, las bebidas alcohólicas pueden incrementar el riesgo de sufrir un golpe de calor. Esto ocurre cuando el organismo no puede regular su temperatura y llega a los 40 grados. Es más fácil que se dé esta situación, explica Rodríguez, si en lugar de ayudar al metabolismo con agua, le damos más trabajo con una de estas bebidas, que además contribuyen a la deshidratación.

Entonces, ¿no puedo beberme una cervecita?

Aunque a menudo se dice que el alcohol en pequeñas cantidades tiene efectos positivos, Rodríguez es muy escéptico. El posible beneficio a dosis bajas (el equivalente a una copa de vino) es dudoso y solo se aplicaría al sistema cardiovascular. Es mejor caminar 30 minutos al día que beberse esa copa y es mejor comer uvas que beber vino tinto.

No es que Rodríguez esté por implantar la ley seca, solo quiere que afrontemos su consumo sin excusas: “Siempre que queremos beber alcohol lo intentamos justificar con alguna finalidad. Hay que ser honestos y admitir que nos gusta”.

Lo siento, pero ya he pedido una caña, ¿ahora qué hago?

Una vez hemos decidido que a pesar de todo queremos una cerveza, tenemos que ser lo suficientemente sensatos como para recordar que necesitamos hidratarnos y que las bebidas alcohólicas no nos van a servir.

Es decir, si vamos a beber, también tenemos que acordarnos del agua. Por ejemplo, podemos beber entre copa y copa, ya que “mientras bebemos agua, no bebemos alcohol”, y beber agua antes de acostarnos. Beber más lentamente también ayuda a que las resacas sean más llevaderas.

“La hidratación no palía los efectos del alcohol -advierte Rodríguez-, pero es saludable y necesaria en sí misma”. No es que nos vayamos a encontrar mejor si bebemos agua, sino que aún nos encontraremos peor si no la bebemos.

De todas formas, Rodríguez desconfía de estas estrategias porque cuando bebemos nos cuesta más ponerlas en práctica. Beber afecta especialmente a la corteza prefrontal, que es la región del cerebro que planifica y evalúa riesgos y beneficios. Cuando bebemos, su actividad es mucho menor, por lo que tomamos decisiones haciendo valoraciones a corto plazo. Es decir, “tenemos más relajado el sistema de tolerancia” y no vemos ningún mal en tomarnos una copa más. En conclusión, “es muy difícil establecer límites”.

“El alcohol no es recomendable en ninguna dosis -avisa-. La OMS dice que cuanto menos bebamos, mejor. Y hay que tener en cuenta que la cantidad de la dosis influye sobre los efectos y que además es una sustancia adictiva”.

Fuente original: www.elpais.com