Entradas

El 4% de adolescentes de Barcelona tiene adicción a las tecnologías

El Plan de Acción de Drogas 2017-2020 incluye por primera vez esta conducta de riesgo. El Centro de Atención y Seguimiento (CAS) de Horta-Guinardó atenderá estos casos.

 En la foto usuarios se hacen un masaje en el centro de dia FOTO de RICARD CUGAT

En la foto usuarios se hacen un masaje en el centro de dia FOTO de RICARD CUGAT

La dependencia excesiva a las pantallas o el juego patológico son adicciones tecnológicas cuya incidencia ha provocado que se han incluido por primera vez en el Plan de Acción de Drogas 2017-2020 presentado este lunes en Barcelona por la teniente de alcalde de Derechos Sociales. Laia Ortiz. La voz de alarma ha salido de los centros de enseñanza.

El uso problemático del móvil e internet podría afectar entre el 3% y el 4% de la juventud de Barcelona, que traducido en cifras representa entre 2.500 y 3.000 adolescentes. Debido a esta incidencia, el Centro de Atención y  Seguimiento (CAS) de Horta-Guinardó se convertirá en el equipamiento de referencia para atender a estos/as jóvenes.

Hay tres datos que sirven para evaluar el grado de adicción tecnológica que tiene una persona joven. Maribel Pasarín, directora del Observatorio de Salut Pública, describe así las situaciones de riesgo: cuando un/a adolescente no concibe la vida sin internet, cuando deja de hacer algo para conectarse y cuando muestra una gran preocupación si no está en línea. Pasarín ha explicado que «maestros y profesores, que son los que están en contacto con los jóvenes, hacía tiempo que nos avisaban: ‘fijaros en las pantallas'»

Publicidad de alcohol

El 45% de los tratamientos realizados por los CAS son por consumo abusivo de alcohol. Se calcula que el 5% de los hombres, mayores de 15 años, y el 4% de las mujeres de Barcelona hacen una ingestión considerada de riesgo. En total unas 65.000 personas. La mayoría de los tratamientos antiadicciones son por bebidas alcohólicas, seguidas de el consumo de cocaína (17%) y heroína (16%).

Debido a la incidencia en el consumo de bebidas alcoholicas, el nuevo Plan de Drogas, prevé medidas para reducir la venta y consumo y la publicidad en espacios públicos. Ortiz ha indicado que el Ayuntamiento de Barcelona aprobará una instrucción para paliar este impacto publicitario. «Queremos ir más allá del marco legal. Hay muchas preubas deportivas donde hay publicidad de alcohol».

Sexo y drogas

El plan, que ha contado con aportaciones de más de 300 personas, prevé 160 medidas, entre ellas destacan las inciativas para atender los casos que suponen para la salud el riesgo de prácticas sexuales que incorporan el consumo de drogas, un fenómeno que se conoce como ‘chemsex’. Durante el año pasado, los Centros de Atención y Seguimiento atendieron a unos 200 hombres por ingestión de diferentes tipos de drogas con el propósito de mantener las relaciones durante más tiempo.

 

Fuente original: www.elperiodico.com

¿Dejarías de fumar si subieran el precio?

– Un estudio realizado por la Universidad de Drexel (EEUU) ha demostrado que incrementar tan solo 1 dólar (alrededor de 0,85 euros) el precio del tabaco hace que las personas fumadoreas «más veteranas» tengan un 20 por ciento más de probabilidades de dejarlo, un efecto que creen similar o «más fuerte» entre la población más joven, según la revista ‘Epidemiology’.

Un estudio realizado por la Universidad de Drexel (EEUU) ha demostrado que incrementar tan solo 1 dólar (alrededor de 0,85 euros) el precio del tabaco hace que las personas fumadoras «más veteranas» tengan un 20 por ciento más de probabilidades de dejarlo, un efecto que creen similar o «más fuerte» entre la población más joven, según la revista ‘Epidemiology’ .

«Las personas fumadoras adultas más mayores han fumado durante mucho tiempo y tienden a tener menores tasas de abandono en comparación con las poblaciones más jóvenes, lo que sugiere un comportamiento profundamente arraigado que parecía difícil de cambiar», ha destacado Stephanie Mayne, autora principal del estudio.

Para llegar a estas conclusiones, los y las investigadoras analizaron datos desde el año 2002 al 2012 sobre los precios del tabaco en seis sitios diferentes, entre los que se encontraban el Bronx, Chicago y el condado de Forsyth, Carolina del Norte. En cuanto a la cohorte, se seleccionó a personas fumadoras de entre 44 y 84 años pertenecientes a estos lugares.

Además, entre estas personas fumadoras, el equipo de investigación se centró también en aquellas personas que consumían más de medio paquete al día, demostrando que, con una subida de solo 1 dólar, reducían en un 35 por ciento el número promedio de cigarrillos que fumaban al día, en comparación con el 19 por ciento que presentaba la población total de personas fumadoras.

«Dado que las personas fumadoras pesadas fuman más cigarrillos al día, inicialmente pueden sentir el impacto de un aumento de precios en mayor grado y ser más propensos a reducir el número de cigarrillos que fuman a diario», ha subrayado Mayne.

Fumar en bares y restaurantes

Esta medida reduciría el número de personas fumadoras, pero no todas producen el mismo efecto ya que, por ejemplo, la prohibición de fumar en bares y restaurantes no tiene ningún impacto sobre el hábito tabáquico, según los datos extraídos de este estudio, aunque tendrían que realizarse más investigaciones para observar si esta información es cierta y por qué es así.

En esta línea, el profesor asociado en la Escuela de Economía de Drexel, Mark Stehr, ha explicado que esto puede deberse a que este prohibición, al fin y al cabo, puede ser eludida, pues la persona fumadora puede salir fuera o quedarse en casa, «mientras que evitar un aumento de precios podría requerir más esfuerzo».

Por lo tanto, el aumento de los precios de los cigarrillos parece ser la «mejor estrategia» para fomentar el abandono del tabaco en todas las edades. «Una política fiscal más consistente en los Estados Unidos podría ayudar a animar a más personas adultas mayores a dejar de fumar», ha concluido Mayne.

 

Fuente: http://www.lasdrogas.info

Artículo original publicado en: infosalus.com

La distinción entre drogas duras y blandas es un argumento social, no científico

Un estudio llama la atención sobre la excesiva utilización de estos términos en la literatura científica por considerarlos vagos e imprecisos. La mayoría de los estudios analizados señala el alcohol como una droga blanda, mientras que clasifica el LSD, de baja toxicidad, como una droga dura. «El alcohol es la droga número uno, pues ocasiona más de 25.000 muertes al año y es la única que provoca la muerte por abstinencia», afirma el presidente de Sociodrogalcohol.

 

Es habitual que ciertas drogas como el alcohol o el tabaco se consideren popularmente como drogas «blandas», a pesar de sus conocidos efectos perjudiciales sobre la salud. Sin embargo, resulta más llamativo que esto también suceda en artículos científicos, según ha revelado una reciente investigación.

En el estudio, publicado en The American Journal of Drug and Alcohol Abuse , se han analizado 132 artículos científicos publicados entre los años 2011 y 2015, de los que más del 93% utilizó el término «droga dura» para referirse a diversas sustancias, mientras que un 33% empleó el término «droga blanda». Los autores de la investigación aseguran en el artículo que «por lo general no se proporcionaba información sobre las razones para considerar ciertos fármacos como duros o blandos».

Según ha explicado a eldiario.es uno de los autores del estudio, Michal Turček, de la Universidad de Bratislava, «utilizar los términos dura o blanda al hablar de drogas en el ámbito científico es como caminar sobre una capa de hielo muy fina». Este investigador asegura que «no hay consenso sobre el significado de estos términos», por lo que concluye que «debemos evitarlos, a menos que sean adecuadamente clarificados y precisados».

Gráfico de las menciones de drogas duras (rojo) y blandas (verde) en artículos científicos

Pero la realidad es que «es muy difícil establecer un criterio para diferenciar las drogas entre duras y blandas», explica el presidente de la Sociedad Científica Española de Estudios sobre el Alcohol, el Alcoholismo y otras Toxicomanías (Sociodrogalcohol), Francisco Pascual. Según este especialista clínico, «hace más de 20 años que estos términos deberían estar desterrados de la literatura científica, ya que es una clasificación totalmente ficticia».

Pascual asegura que la única clasificación que se puede hacer es por el tipo de efectos y diferenciar así entre sustancias «depresoras, estimulantes y psicodislépticas» (o que distorsionan la percepción de la realidad), ya que los términos blanda o dura lo único que consiguen es «disminuir la percepción de riesgo de unas sustancias que suelen ser tóxicas y nocivas».

Turček coincide en que prefiere evitar este tipo de clasificaciones y asegura que en su práctica clínica diaria se concentra «más en las características específicas de cada sustancia, como la toxicidad, la intensidad de los efectos o el potencial adictivo, entre otras».

Pascual reconoce que esta clasificación pudo tener cierta utilidad en una época en la que el consumo de heroína se convirtió en un problema social y de salud pública, «tanto por la enfermedades que se contraían por la forma de consumirla como por la delincuencia que se generó», pero recuerda que esta forma de catalogar las drogas «sirvió para excluir la que yo considero que es la droga más problemática, el alcohol».

«El alcohol es la droga número uno»

Precisamente uno de los datos más llamativos del estudio de Turček es que el alcohol haya sido catalogado como una droga blanda en el 95% de los artículos que mencionaban esta sustancia. «El alcohol es la droga número uno, pues ocasiona más de 25.000 muertes al año, cuando de heroína no habrá más de 150», explica Pascual, quien insiste en recordar que «el alcohol es la única droga que te provoca una muerte por síndrome de abstinencia».

Entre los demás resultados del estudio hay algunos datos que no resultan tan sorprendentes, como el hecho de que la droga que más veces es catalogada como blanda es el cannabis. Sin embargo, también llama la atención el hecho de que alucinógenos como el LSD sean mayoritariamente catalogados como una droga dura, a pesar de que estas sustancias no se consideran especialmente adictivas, ni tóxicas.

Respecto a la utilización de estos términos en medios de comunicación, ambos investigadores coinciden en que deberían limitarse. Según Turček, «los investigadores no somos jueces, por lo que no podemos decir a los periodistas que no utilicen ciertos términos, pero creo que si los utilizan, deberían ser claros y explicar por qué mencionan esa sustancia como dura o blanda».

Fuente: lasdrogas.info

Nota: artículo original publicado en eldiario.es