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“No em completa, em complementa”

El pasado viernes 2 de febrero, nuestro agente de salud Pau G., estudiante de primer año de psicología de la Universidad de Vic, llegó hasta el Punt de Assessorament de Drogues PASSA (punto de asesoramiento de drogas PASSA) del Ayuntamiento de Montcada i Reixac para dar a conocer nuestro programa preventivo En Plenas Facultades (EPF) de Fundación Salud y Comunidad. El encuentro se llevó a cabo con la colaboración de la entidad municipal en el Espai Jove Can Tauler, donde asistieron alrededor de diez personas de entre 14 y 19 años de edad.

El Agente de Salud EPF Pau G., reunido con les asistentes

El Punt de Assessorament en drogues PASSA es un espacio donde la comunidad se puede informar y recibir asesoramiento en relación al consumo de drogas y otras adicciones, donde, además, se diseñan estrategias para la promoción de la salud, potenciando las habilidades y capacidades de las personas con el fin promover ser agente de salud comunitaria. Con esto y de cara a lo anterior, Pau G., como agente de salud del programa EPF, fue en colaboración con el proyecto para explicar su experiencia durante la realización del curso y todo lo que conlleva ser un agente para la salud, tanto las habilidades como las tareas y responsabilidades que implica serlo.

Pau, al igual que muches otres estudiantes universitaries, realizó el curso teórico/práctico diseñado desde EPF en el 2017 con el objetivo de convertirse en un agente de salud para y en su comunidad. De esta manera, junto a sus compañeres diseñaron una intervención que buscaba derribar los mitos asociados al consumo de sustancias durante las relaciones sexuales. Crearon un eslogan “No em completa, em complementa” (“No me completa, me complementa”) y un concurso fotográfico en Instagram con el cual pretendían acercarse a sus otres compañeres de la comunidad para dotarles de información y habilidades respecto de las conductas de riesgo relacionadas al consumo de sustancias y la sexualidad.

Redactado por: Florencia Manns Fuenzalida

Opioides en España: ni repunte silencioso ni crisis a la americana

por Sandra Melgarejo

Las autoridades en la materia niegan un aumento del consumo de heroína en nuestro país

En 2016 y por segundo año consecutivo, la esperanza de vida en Estados Unidos cayó, reduciéndose a 78,6 años, aproximadamente diez semanas menos que en 2014. Según el Centro Nacional de Estadísticas de Salud estadounidense, a pesar de que las personas mayores viven más tiempo, las muertes entre los jóvenes han aumentado.

El país norteamericano atraviesa una crisis que ya ha sido declarada como emergencia nacional por Donald Trump: la tasa de muertes por opioides sintéticos, como el fentanilo, ha ascendido al 6,2 por 100.000 en 2016, mientras que en 2013 era de una muerte por cada 100.000 personas. En concreto, unos 63.600 estadounidenses murieron por sobredosis en 2016.

Al mismo tiempo, en España, los decomisos de heroína han aumentado en los últimos años y se han detectado puntos de venta en el centro de ciudades como Madrid y Barcelona. Todo lo anterior ha hecho saltar las alarmas: ¿Está repuntando el consumo de estas sustancias en nuestro país? ¿Volverá la situación vivida en los años 80?

“Las estadísticas dicen que no”, sostiene rotundamente Francisco de Asís Babín, delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. “Nos fiamos de los datos y de la investigación científica antes que de una amenaza silenciosa”.

LA SITUACIÓN DE EEUU NO ES EXTRAPOLABLE A ESPAÑA

“La crisis de Estados Unidos tiene sus peculiaridades debido a su sistema sanitario. Es un problema serio que no

Francisco de Asís Babín, delegado del Gobierno del Plan Nacional sobre Drogas.

saben bien cómo atacar”, comenta Néstor Szerman, presidente fundador de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD). “Hay dos circunstancias clarísimas que diferencian el consumo de opioides en España y en Estados Unidos. La primera tiene que ver con el acceso de los pacientes con adicciones al sistema sanitario. En nuestro país, aprendida la lección que produjo la heroína hace 30 años, estamos en condiciones de absorber la demanda sin ningún problema, pero allí no es así”, detalla Babín.

“El otro factor diferencial es que, en nuestro Sistema Nacional de Salud (SNS), el médico no necesita fidelizar al paciente. En Estados Unidos, donde el sistema es eminentemente de aseguramiento privado, el médico fideliza al paciente, entre otras cuestiones, satisfaciendo sus expectativas. Es decir, es mucho más probable que un médico estadounidense consienta recetar algo al paciente que, desde el punto de vista de las buenas prácticas, no sería lo más indicado, a que lo haga un médico del SNS”, añade.

Además, el delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas relata que “en Estados Unidos, durante años, ha habido un manejo excesivamente laxo de los medicamentos opioides y, en el momento en que la Administración se ha empezado a preocupar y a restringir el uso, muchas personas ya habían desarrollado una adicción y, evidentemente, buscan equivalentes en el mercado negro, ya sea a través de medicamentos desviados a ese mercado o a través de nuevas moléculas sintéticas”. Sin embargo, el sistema de alerta temprana para la detección de nuevas sustancias piscoactivas, que funciona en España desde 2012, “pone en evidencia que los decomisos de fentanilo sintético en nuestro país son muy bajos y absolutamente excepcionales”.

 

ASÍ ES EL ADICTO A LA HEROÍNA DE HOY
Néstor Szerman detalla que los consumidores actuales de heroína son personas de entre 30 y 50 años, que prefieren fumar la droga para evitar el uso de agujas y, por lo tanto, la aparición de enfermedades víricas e infecciosas. “Salvo adictos muy graves, la gente ha aprendido y no quiere verse estigmatizada por ser un yonqui. En general, los pacientes ya no tienen un perfil tan marginal como en los 80, están más integrados socialmente y el consumo es más controlado”, comenta. El psiquiatra indica que las personas adictas a opiáceos tienen frecuentemente otros problemas mentales, como trastornos afectivos, trastornos del humor y trastorno límite de personalidad, por lo que suelen utilizar estas drogas como ansiolíticos o antidepresivos. Por su parte, Joan Ramón Villalbí, comenta que los adictos más jóvenes proceden de otros países de la Unión Europea, como Italia y Rumanía, sobre todo, y de la extinta URSS, como Ucrania o Georgia.

 

NO SE CONSUME POR PLACER

Según datos de Estados Unidos revelados por Szerman, uno de cada cinco pacientes que tiene un trastorno mental también consume algún opiáceo legal o ilegal. El psiquiatra explica que “son personas más sensibles al dolor físico y emocional, y que consiguen un efecto analgésico con estas sustancias mayor al de los pacientes que no tienen esta dualidad. Además notan una mejoría del humor y de la ansiedad, de la que a veces no son conscientes, pero que les involucra en un consumo compulsivo, lo que se conoce como un cuadro de adicción. Es decir, no consumen por placer, sino porque obtienen una mejoría en su sufrimiento físico y emocional”.

En España, no hay datos de un sobreconsumo de opioides legales. De hecho, Szerman anuncia que la SEPD está planteando elaborar un estudio epidemiológico al respecto. Por su parte, Joan Ramón Villalbí, presidente de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas), señala que “lo que ha pasado en Estados Unidos con los opiáceos prescritos no tiene ninguna equivalencia aquí y ya se están adoptando políticas para que no se reproduzca, mediante medidas como el seguimiento de la prescripción y los incentivos a los profesionales”.

En definitiva, “el escenario de aquí no se parece absolutamente en nada al de allí y es poco previsible que en España se pueda dar una circunstancia como la de Estados Unidos”, afirma Babín. Pero lo hace sin triunfalismo: “La guardia está muy alta y hay muchos indicadores que nos obligan a estar muy alerta de la evolución que este problema pueda tomar en los próximos años”.

 

LOS DECOMISOS NO SON UN INDICADOR DE CONSUMO

“Lo que no es un indicador de alarma son las cantidades de droga decomisadas, aunque normalmente tienda a interpretarse como una señal de consumo”, subraya el delegado del Gobierno. “La prensa asocia constantemente una cosa con la otra, pero es una relación espuria. España forma parte del entramado geoestratégico de las rutas de distribución de las drogas. Es decir, a nuestro país llega mucha droga que no es para consumo preferente aquí. En general, el destino de muchas de las partidas que se decomisan no es España. Así que asociar evolución del consumo con evolución de los decomisos es bastante desacertado”, matiza.

Néstor Szerman, presidente fundador de la SEPD.

Lo que sí son señales de alerta, según Babín, son los indicadores de atención en Urgencias por reacción aguda a drogas, de mortalidad, de demanda asistencial por consumo de opioides, las encuestas poblacionales de consumo, los atestados de la policía por narcomenudeo… “No se ha detectado ningún incremento en nada de lo anterior, ningún indicador muestra que haya habido un repunte del consumo de heroína”, asegura.

Lo que sí se ha detectado es un traslado de las zonas de menudeo en las grandes ciudades. “Hasta hace poco, esa venta se realizaba en barrios de la periferia, pero ahora se ha movido a zonas más céntricas, como El Raval en Barcelona y Vallecas en Madrid”, indica Babín. No obstante, comenta que, aunque la aproximación del narcomenudeo al centro de las ciudades cause una percepción a la población de que algo pasa, “simplemente sucede que quienes se aprovechan de los consumidores se van a donde creen que pueden establecer mejor el negocio”. El delegado del Gobierno recalca que, a pesar de estos movimientos, “no hay indicadores que corroboren que el consumo está aumentando”.

Joan Ramón Villalbí, presidente de Sespas.

“No tenemos indicios de un repunte importante del uso de heroína ni tampoco del uso de drogas inyectadas en España”, añade Villalbí. “Nuestra población de usuarios tiene dos componentes. Por un lado, son supervivientes de la epidemia de heroína de los años 80. Por otro, son personas que han empezado el consumo y la adicción más tarde y son más jóvenes. Pero lo que hemos visto en los últimos años es que la edad media de este segundo grupo se va incrementando y, por lo tanto, no vemos indicios de una epidemia de nuevos usuarios”, señala el presidente de Sespas. “Debemos estar alerta, pero no tenemos, ni de lejos, la situación de emergencia que se está viviendo en Estados Unidos”, concluye Szerman.

Por qué el consumo de alcohol produce sensación de calor en el cuerpo

Cuando se consumen bebidas con alcohol solemos notar una sensación de calor en el cuerpo, aunque en realidad no aumentemos nuestra temperatura.

Por qué el consumo de alcohol produce sensación de calor en el cuerpo

Fuente: Unsplash.

El fin de semana es sinónimo de descanso, diversión y actividades de ocio. Para muchas personas, la llegada del viernes, sábado y domingo supone un buen momento para relajarse con familiares y amigos en fiestas o eventos sociales que traen consigo, en la mayoría de las ocasiones, el consumo de alcohol.


 

Cuando se toman este tipo de bebidas, a menudo notamos una cierta sensación de calor, lo que hace que una gran parte de la gente crea —erróneamente— que el alcohol ayuda a mantener o aumentar la temperatura corporal, cuando en realidad sucede todo lo contrario.

Cómo afecta el alcohol a la sensación de calor o frío

La sensación subjetiva de calor o frío depende de las terminaciones nerviosas sensibles a la temperatura que se encuentran en la piel. Dichas terminaciones son las que estiman la temperatura cutánea y, por lo tanto, son las responsables de que tengamos una sensación de frío o calor, según recuerda Ángel Luis García Villalón, catedrático de Fisiología en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid.

El alcohol es una sustancia que produce vasodilatación, es decir, provoca que los vasos sanguíneos aumenten su diámetro interno para permitir que fluya más sangre, un fenómeno contrario a la vasoconstricción, que causa justamente lo contrario (la reducción del tamaño de las arterias, las venas y los capilares). El consumo de alcohol, por tanto, hace que las arterias cutáneas se dilaten y que llegue más sangre a la piel, apunta García Villalón. Como consecuencia, la piel se calienta al recibir más flujo sanguíneo, estimulando a su vez las terminaciones sensibles al calor.

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Fuente: Pixabay.

Sin embargo, al contrario de lo que pueda parecer, la dilatación de los vasos sanguíneos por culpa del alcohol acelera la pérdida de calor, en otras palabras, procede una sensación de acaloramiento ficticia —ya que solo sucede en la piel, y no en el resto del cuerpo—. La realidad es que el consumo de bebidas alcohólicas no ayuda a resistir el frío. Así lo han confirmado diversas investigaciones sobre el efecto que tiene el alcohol en la termorregulación en condiciones de altas y bajas temperaturas. Su impacto es tan importante que las personas que han ingerido grandes cantidades de esta sustancia pueden llegar a morir de hipotermia en un día muy frío al no ser conscientes de lo que ocurre en realidad en su organismo.

Los efectos perjudiciales del alcohol en la salud

A pesar de que el alcohol está presente en nuestra vida diaria y, especialmente, en numerosos eventos sociales, la evidencia científica actual demuestra lo dañina que resulta esta sustancia para nuestro organismo. No solo porque engañe a nuestro sistema termorregulador, sino porque beber —ya sea demasiado en una sola ocasión o de forma frecuente— tiene consecuencias perjudiciales para el cuerpo.

El consumo de alcohol se relaciona con más de 200 enfermedades

Los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos han evaluado cuáles son sus efectos negativos. El alcohol, por ejemplo, afecta a las rutas de comunicación que emplea nuestro cerebro, causando como resultado un daño en la coordinación motora, el comportamiento o en el estado de ánimo. Esta sustancia psicoactiva también se caracteriza por provocar problemas en el hígado, el corazón, el sistema inmunológico o el páncreas.

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Fuente: Unsplash.

Según la Organización Mundial de la Salud, cada año se producen más de 3,3 millones de muertes al año directamente relacionadas con el consumo de alcohol, lo que representa un 5,9% del total de fallecimientos anuales. Tomar bebidas alcohólicas, de hecho, se asocia con una amplia gama de más de 200 enfermedades. Hechos no siempre conocidos, a tenor de la alta prevalencia del alcohol en la sociedad.

 

Entre otras patologías, los expertos destacan trastornos mentales y de comportamiento, cirrosis hepática, algunos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares, un impacto que depende de dos factores diferenciados pero relacionados, el volumen total consumido y el patrón que se siga a la hora de beber. Además de estas patologías, es evidente que el alcohol también está detrás de muchos accidentes de tráfico o incidentes violentos, por lo que los expertos recomiendan no ingerir este tipo de bebidas.

Fuente: Hipertextual