MANIFIESTO: DÍA INTERNACIONAL POR LA ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES 25 NOVIEMBRE 2020

En la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en 1993, Naciones Unidas la definía como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o  pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”.

Sin duda, la violencia contra las mujeres es la expresión más dramática de la desigualdad de género en el mundo y, desde 1995, en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en  Beijing, está considerada como uno de los principales temas de preocupación mundial que tanto la normativa internacional como europea y estatal han ido incorporando.

Las violencias contra las mujeres son también una amenaza para la salud pública mundial y, en condiciones de emergencia como la actual pandemia COVID-19, tienden a aumentar. Ante tales circunstancias, las universidades deben poner énfasis en hacer visible la persistencia de las violencias y paliar su impacto.

Como en cualquier otro ámbito de nuestra sociedad, en las universidades también se viven diferentes formas de violencia y discriminación basadas en las relaciones asimétricas de poder entre mujeres y hombres, pudiendo ser aulas y campus escenarios de conductas sexistas y violencias sexuales. Se trata, sin duda, de un problema para los gobiernos universitarios que, ante la falta de denuncias formalizadas, puede fácilmente percibirse como algo puntual, fortuito o esporádico, lo que invisibiliza, o al menos minimiza el fenómeno.

La dificultad de llegar a toda la comunidad universitaria para que conozca el posicionamiento contra las violencias machistas de los órganos de gobierno universitarios, el desconocimiento de las estructuras de apoyo con que puede contar la persona que sufre una agresión machista, la normalización de las conductas sexistas, el sentimiento de culpa y el miedo a denunciar de las víctimas, la falta de mentoras o acompañantes, procedimientos de excesiva complejidad, la hostilidad del agresor y su entorno y los efectos perversos que la denuncia puede implicar en la carrera profesional o académica, son algunas de las causas de la invisibilidad de este tipo de violencias en el seno de las universidades.

El compromiso firme y contundente en las declaraciones institucionales contra la violencia machista, la formación y sensibilización en la materia para todo el personal que trabaja en las universidades, especialmente la formación específica de las personas que integren las comisiones derivadas de los protocolos de actuación ante el acoso sexual y por razón de sexo, la difusión y proyección del trabajo de las Unidades de Igualdad como estructuras universitarias orientadas a luchar contra las agresiones machistas, los protocolos de actuación frente al acoso sexual y por razón de sexo sencillos y con procedimientos ágiles y no disuasorios ni revictimizadores para quien sufra una agresión de esa naturaleza, son instrumentos esenciales para luchar contra las violencias machistas dentro de las universidades.

Para ello es imprescindible que las universidades dispongan de recursos humanos y materiales suficientes y permanentes, resultado de una distribución equitativa y racional de los recursos del Pacto de Estado (acción octava), facilitando con ello la realización de estudios e informes de impacto de los diferentes indicadores de acoso y agresiones en su ámbito de competencia. Las universidades, como generadoras y transmisoras de conocimiento y valores, han de ser referentes en el compromiso de hacer efectivo el principio de igualdad y la erradicación de las violencias contra las mujeres. No dar la espalda a la realidad es el primer paso. Para las universidades, contribuir a un mundo más justo, es tanto un reto como un deber inexcusable.

Las universidades abajo firmantes forman parte de la Red de Unidades de Igualdad de Género de las Universidades Españolas para la Excelencia Universitaria

Universidad de Alcalá
Universidad de Alicante
Universidad de Almería
Universitat Autònoma de Barcelona
Universidad Autónoma de Madrid
Universitat de Barcelona
Universidad de Burgos
Universidad de Cádiz
Universidad de Cantabria
Universidad Carlos III
Universidad de Castilla La Mancha
Universidad Complutense de Madrid
Universidad de Córdoba
Universidade da Coruña
Universidad de Deusto
Universidad de Extremadura
Universitat de Girona
Universidad de Granada
Universidad de Huelva
Universitat de les Illes Balears
Universidad Internacional de Andalucía
Universidad de Jaén
Universitat Jaume I
Universidad de La Laguna
Universidad de La Rioja
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
Universidad de León
Universitat de Lleida
Universidad Miguel Hernández
Universidad de Málaga
Universidad de Murcia
Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)
Universitat Oberta de Catalunya
Universidad de Oviedo
Universidad Pablo de Olavide
Universidad del País Vasco/ Euskal
Herriko Unibertsitatea
Universitat Politècnica de Catalunya

Universidad Politécnica de Cartagena
Universidad Politécnica de Madrid
Universitat Politècnica de València
Universitat Pompeu Fabra
Universidad Pública de Navarra
Universidad Rey Juan Carlos
Universitat Rovira i Virgili
Universidad de Salamanca
Universidade de Santiago de Compostela
Universidad de Sevilla
Universitat de València
Universidad de Valladolid
Universitat de Vic-Universitat Central de Catalunya
Universidade de Vigo
Universidad de Zaragoza

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Manifiesto redactado y publicado por Red de Unidades de Igualdad de Género para la Excelencia Universitaria (RUIGEU) el 20 de noviembre 2020 para RUIGEU

Fuente original: RUIGEU

 

Estudio ESPAD 2019: La población adolescente bebe y fuma menos, pero crecen las preocupaciones sobre el uso de cannabis de alto riesgo y nuevas conductas adictivas

El tabaquismo y el consumo de alcohol entre la población escolar de 15 a 16 años de edad muestran signos de disminución, pero existen preocupaciones sobre el consumo de cannabis potencialmente riesgoso y los desafíos que plantean los nuevos comportamientos adictivos.

Estos son algunos de los hallazgos publicados hoy en un nuevo informe del Proyecto de Encuesta Escolar Europea sobre Alcohol y Otras Drogas (ESPAD). El estudio, publicado en colaboración con el European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction (EMCDDA), se basa en una encuesta de 2019 en 35 países europeos, incluidos 25 Estados miembros de la UE (1).

Esta es la séptima ronda de recopilación de datos realizada por el proyecto ESPAD desde 1995. Un total de 99.647 estudiantes participaron en la última ronda de encuestas, respondiendo a un cuestionario anónimo. El Informe ESPAD 2019 presenta información sobre la experiencia y las percepciones de los estudiantes sobre una variedad de sustancias, que incluyen: tabaco, alcohol, drogas ilícitas, inhalantes, productos farmacéuticos y nuevas sustancias psicoactivas (NPS). También se cubren el uso de redes sociales, los juegos de azar y las apuestas.

Para mantenerse al día con los comportamientos de riesgo emergentes entre los jóvenes en Europa, el cuestionario ESPAD se adapta constantemente para incluir nuevos temas, al tiempo que mantiene un conjunto de preguntas centrales para rastrear las tendencias a largo plazo. Para describir mejor los patrones contemporáneos de consumo de nicotina, el alcance de la encuesta de 2019 se amplió para incluir el consumo de cigarrillos electrónicos por primera vez en todos los países participantes. También se emplearon instrumentos de detección para evaluar los comportamientos de riesgo, incluidos los problemas con el juego, el consumo de cannabis de alto riesgo y los problemas autopercibidos con el uso de las redes sociales y los juegos (2).

Disminución del consumo de alcohol y del cigarrillo en adolescentes y nuevos conocimientos sobre el uso de cigarrillos electrónicos

El consumo de alcohol sigue siendo alto entre los adolescentes en Europa, con una media de más de las tres cuartas partes (79%) de los estudiantes que han consumido alcohol en su vida y casi la mitad (47%) lo han consumido en el último mes (‘consumo actual’) (3). Pero los datos de tendencias (4) muestran algunas disminuciones constantes, con niveles ahora más bajos que en 2003 cuando ambos alcanzaron un máximo del 91% y 63% respectivamente.

La prevalencia del «consumo por atracón de aclohol» (heavy episodic drinking) (5) alcanzó su nivel más bajo en la encuesta de 2019 (35%), después de un pico en 2007 (43%) (Tabla 14). Los datos muestran que la brecha de género en la prevalencia de este patrón de consumo de alcohol se ha reducido con el tiempo (niños 36%; niñas 34%) (Figura 20). Los cambios en las regulaciones sobre el consumo de alcohol a nivel nacional pueden haber contribuido a la disminución del consumo de alcohol entre los jóvenes.

También se observan avances positivos con respecto al tabaquismo en la población adolescente, en un contexto de medidas de política tabacalera introducidas en las dos últimas décadas. Entre 1995 y 2019, los promedios de ESPAD para el uso de cigarrillos disminuyeron para el uso de por vida (68% a 42%); uso actual (33% a 20%) y uso diario (20% a 10%). Los nuevos datos revelan una alta prevalencia del tabaquismo de cigarrillos electrónicos (40% para el uso de por vida y 14% para el uso del último mes) y aquellos que nunca han fumado cigarrillos (‘nunca fumadores’) informan tasas más altas de este comportamiento que los ‘fumadores ocasionales’ y ‘fumadores habituales’. Aunque el estudio no investigó el contenido de los cigarrillos electrónicos, es probable que una alta proporción de estos dispositivos incluyan nicotina y que el uso general de nicotina entre los adolescentes pueda estar aumentando nuevamente. Este problema requiere una mayor investigación dado el potencial de consecuencias para la salud pública.

Disminución del consumo de drogas ilícitas, pero preocupación por el consumo de cannabis de alto riesgo, los medicamentos recetados y el NPS

La última encuesta muestra que, en promedio, 1 de cada 6 escolares (17%) informó haber consumido una droga ilícita al menos una vez en su vida, con niveles que varían considerablemente entre los países ESPAD (rango: 4,2% -29%). La prevalencia de por vida del uso de drogas ilícitas en este grupo ha disminuido levemente desde 2011 (Cuadro 14), aunque en general se ha mantenido estable durante las últimas dos décadas.

El cannabis sigue siendo la droga ilícita más consumida por los escolares en los países ESPAD. En promedio, el 16% de los encuestados informó haber consumido cannabis al menos una vez en su vida (11% en 1995), mientras que el 7,1% informó haberlo consumido el último mes (4,1% en 1995). El consumo de por vida ha disminuido lentamente desde 2011, mientras que el consumo del último mes se ha estabilizado desde 2007. El consumo de cannabis de alto riesgo, explorado por primera vez en todos los países participantes en la encuesta de 2019, reveló que, en promedio, el 4% de los encuestados cayeron en esta categoría y están potencialmente en riesgo de desarrollar problemas relacionados con el cannabis. Comprender y monitorear este fenómeno es importante para formular políticas de prevención.

El uso no médico de medicamentos recetados entre los adolescentes sigue siendo motivo de preocupación. Por ejemplo, el 6,6% de los encuestados informó haber usado tranquilizantes o sedantes y el 4% haber usado analgésicos, «para drogarse» en su vida. En promedio, el 3.4% de los estudiantes informaron haber usado nuevas sustancias psicoactivas (NPS) en su vida, una pequeña disminución del 4% en 2015, pero aún representan niveles de uso más altos que los de anfetamina, éxtasis, cocaína o LSD tomados individualmente. Casi todos los usuarios de NPS son usuarios de múltiples sustancias (también consumiendo alcohol, cannabis y estimulantes). El surgimiento continuo de NPS y el uso de múltiples sustancias entre los usuarios de NPS subraya la necesidad de un seguimiento estrecho.

Apuestas, juegos y redes sociales: se necesita vigilancia

Según el informe: «El alto grado de normalización del juego en las sociedades y la cultura del juego en el entorno familiar han sido reconocidos como importantes impulsores del inicio del juego y la progresión de los jóvenes hacia problemas con el juego». Los resultados de la ESPAD de 2019 muestran que el juego por dinero se ha convertido en una actividad popular entre los estudiantes escolares en Europa, y el 22% de los encuestados informaron haber apostado en al menos un juego en los últimos 12 meses (predominantemente loterías). Se estima que el 7,9% de los estudiantes había apostado por dinero en línea en ese período. La herramienta de evaluación utilizada en la última encuesta para estimar los problemas de juego reveló que, en promedio, el 5% de los estudiantes que habían jugado en los últimos 12 meses entraban en esta categoría.

Durante las últimas dos décadas, impulsados ​​principalmente por la creciente popularidad de los teléfonos inteligentes y las tabletas, los juegos se han vuelto más populares y se juegan cada vez más en estos dispositivos. Alrededor del 60% de los encuestados informaron haber jugado juegos digitales en un día escolar típico durante el último mes (69% en un día no escolar). En la mayoría de los países, los niños pasan el doble de tiempo jugando que las niñas.

Alrededor del 94% de los encuestados informaron sobre el uso de las redes sociales en la última semana. En promedio, los usuarios pasaron de 2 a 3 horas en las redes sociales en un día escolar típico, aumentando a 6 horas o más en los días no escolares. En la mayoría de los países, las niñas informaron que utilizan las redes sociales en los días no escolares con más frecuencia que los niños.

El informe concluye: “Con la recopilación de datos de 2019, ESPAD reúne información comparable de más de 30 países europeos durante un período de 24 años. Esto coloca al proyecto en una posición única para continuar haciendo una contribución valiosa al desarrollo de políticas e intervenciones creíbles y efectivas para proteger la salud de los jóvenes y el bienestar social en general ”.

ESPAD (www.espad.org) es una red colaborativa de equipos de investigación independientes en más de 40 países europeos y el mayor proyecto de investigación transnacional sobre el consumo de sustancias en los adolescentes del mundo. Está coordinado por el equipo italiano de ESPAD en el Consejo Nacional de Investigación de Italia (CNR-IFC). El OEDT (www.emcdda.europa.eu) es una agencia descentralizada de la UE con sede en Lisboa que proporciona a la UE y sus Estados miembros información fáctica, objetiva, fiable y comparable sobre las drogas y la drogadicción y sus consecuencias para informar la formulación de políticas y la práctica.

Notas

(1) El informe (en inglés) y los datos que sustentan el análisis están disponibles en línea en el sitio web del EMCDDA www.emcdda.europa.eu/publications/joint-publications/espad-report-2019_en y en una página de destino ESPAD dedicada. Las tablas se pueden descargar en formato Excel.

(2) Herramientas de detección: la escala CAST para cannabis (Legleye et al., 2007, 2011); el Cuestionario de mentira/apuestas para juegos de azar (Johnson et al., 1997); y una herramienta de detección adaptada para redes sociales y juegos (basada en Holstein et al., 2014).

(3) Los porcentajes indicados en este comunicado de prensa son promedios ESPAD (promedio no ponderado de los promedios nacionales).

(4) Para las tendencias temporales de ESPAD, las estimaciones de los países se promediaron en 30 países con estimaciones válidas en al menos cuatro
(incluido 2019) de siete puntos temporales.

(5) Cinco o más tragos en al menos una ocasión en los últimos 30 días.

Informe ESPAD 2019 -Resumen en español

Noticia publicada originalmente en inglés el 12 de noviembre 2020 en ESPAD.org

Fuente original en inglés: ESPAD.org 

Misma esperanza de vida que las personas sin el VIH, pero menos años con buena salud.

Una vez más, un estudio de esperanza de vida ha demostrado que las personas VIH positivas que comienzan la terapia antirretroviral (TAR) con prontitud y tienen un buen acceso a la atención médica viven tanto como sus pares VIH negativos. Pero los investigadores encontraron que las personas VIH positivas vivían con problemas de salud adicionales durante muchos de esos años; en promedio, tenían comorbilidades importantes 16 años antes que las personas VIH negativas.

«Estábamos entusiasmados con el hallazgo de que no había diferencia en la esperanza de vida de las personas que iniciaron el TAR con un recuento alto de CD4, pero nos sorprendió la gran diferencia en el número de años sin comorbilidad que viven las personas», dijo la Dra. Julia Marcus, de la Escuela de Medicina de Harvard, en a la Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas (CROI 2020) a principios de esta semana.

El objetivo de su estudio fue cuantificar la brecha en la esperanza de vida general y los años libres de comorbilidad de las personas que viven con y sin el VIH.

Este estudio de EE.UU. examinó específicamente a las personas que tenían acceso a la atención médica: todos los participantes estaban inscritos en Kaiser Permanente, un proveedor integrado de seguro médico y atención médica en California, Virginia, Maryland y el Distrito de Columbia.

Los datos fueron obtenidos de 39.000 personas que conviven con el VIH y 387.767 personas sin VIH, entre 2000 y 2016.

La edad media de los participantes fue de 41 años; la gran mayoría eran hombres (88%); El 45% eran blancos, el 25% negros, el 24% latinos y el 5% asiáticos. Como cada persona con VIH se emparejó con diez miembros VIH negativos según la edad, el sexo, la etnia y el año de inscripción, los grupos VIH positivos y VIH negativos fueron idénticos en estos aspectos. Como miembros del mismo proveedor de seguro médico, los dos grupos también tenían un acceso similar a la atención médica.

En cuanto a las características específicas del VIH, solo el 18% de las personas que convivían con el virus ya habían comenzado el tratamiento cuando se unieron a la cohorte, lo que probablemente refleja el hecho de que la recopilación de datos comenzó en el año 2000. Otro 64% comenzó el tratamiento durante el seguimiento y sólo el 29% tenía un recuento de células CD4 superior a 500 cuando lo hicieron.

Como reflejo de la epidemiología del VIH en los EE.UU, el 70% de los participantes seropositivos habían adquirido el VIH a través del sexo entre hombres, el 20% a través del sexo heterosexual y el 8% mediante el uso de drogas inyectables. No se dispone de datos equivalentes para los participantes VIH negativos y, a este respecto, es poco probable que los grupos VIH positivos y VIH negativos coincidan de manera uniforme.

¿Cuántos años?

Los resultados mostraron una esperanza de vida en constante aumento para las personas con VIH durante el período de estudio, 2000 a 2016. Mientras que en el año 2000 se esperaba que las personas con VIH vivieran, en promedio, 22 años menos que las personas VIH negativas en la cohorte, en el 2016 esto se había reducido a nueve años menos.

Específicamente, al final del estudio, se predijo que un joven de 21 años con VIH viviría hasta los 77 años, mientras que uno de 21 años sin VIH viviría hasta los 86 años.

Y si la persona con VIH comenzó el TAR con un recuento de CD4 superior a 500, se esperaría que viviera hasta los 87 años, un poco más que aquellos sin VIH.

¿Cuántos años con buena salud?

Los investigadores profundizaron el análisis para considerar la salud de las personas a medida que envejecían. Revisaron la base de datos de Kaiser Permanente en busca de diagnósticos, resultados de pruebas y recetas que indicaran enfermedad hepática crónica (incluida la hepatitis B o C), enfermedad renal crónica, enfermedad pulmonar crónica, enfermedad cardiovascular, diabetes o cáncer.

Descubrieron que las personas con VIH viven sustancialmente menos años saludables que las personas sin VIH. En el período de 2014 a 2016, se predijo que el joven VIH positivo de 21 años viviría sin ninguno de los problemas de salud mencionados hasta los 36 años, mientras que su compañero VIH negativo lo haría hasta los 52 años.

Sorprendentemente, esta brecha de 16 años es la misma que se encontró al comienzo del estudio, de 2000 a 2003.

El inicio de la enfermedad hepática ocurrió 24 años antes en las personas con VIH, la enfermedad renal 17 años antes y la enfermedad pulmonar 16 años antes. Un poco más alentador es que la brecha se redujo para la diabetes, el cáncer y las enfermedades cardiovasculares (una brecha de ocho o nueve años para cada uno).

Tomar el tratamiento contra el VIH con prontitud, antes de que se produjera un daño significativo al sistema inmunológico, no pareció hacer mucha diferencia. Incluso si la persona de 21 años con VIH comenzó el tratamiento con un recuento de CD4 superior a 500, se predijo la aparición de comorbilidades para la edad de 34 a 16 años antes que una persona sin VIH. Se observó una mejora para el cáncer y las enfermedades cardiovasculares, pero no las otras comorbilidades.

Los resultados del estudio pueden generalizarse a la población más amplia de personas VIH positivas que tienen seguro médico privado en los Estados Unidos. Sin embargo, una limitación del estudio es que los participantes eran en su mayoría hombres.

Otra limitación potencial con esto, y muchos estudios similares, es que las personas que viven con el VIH tienden a ver a sus médicos con regularidad y a hacerse exámenes de detección con más frecuencia que otras personas. Como resultado, las enfermedades crónicas pueden diagnosticarse a una edad más temprana.

Accede al estudio aquí

 

Referencia: Marcus JL et al. Increased overall life expectancy but not comorbidity-free years for people with HIV. Conference on Retroviruses and Opportunistic Infections, abstract 151, March 2020.

Noticia publicada originalmente en inglés el 13 de marzo 2020 por Roger Pebody para AidsMap

Fuente original: AidsMap