Negar el placer es una mala política preventiva de adicciones

Todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral o engorda

Las conductas que son premiadas con el placer no se eliminan exclusivamente con el miedo, las normas y las prohibiciones. Intentar comprender y, en su caso, modificar las conductas de las personas sin tener en cuenta las emociones positivas, la satisfacción y las mil maneras que adopta el placer, incluida esa que llamamos felicidad, es vivir fuera de la realidad.

Hay dos cosas que enturbian el debate sobre prevención y placer. La primera, un concepto erróneo de hedonismo que lo identifica con el placer inmediato y el exceso, y la segunda, que en materia de drogodependencias seguimos instaladxs en una ideología puritana: si negar el placer es una mala estrategia preventiva, estigmatizarlo es aún peor. No ocurre así en otros sectores, como la publicidad, que comprendió hace tiempo la importancia de las emociones positivas.

Hedonismo y epicureísmo

Aunque la palabra placer no aparece por ninguna parte en los programas de prevención, el término “hedonismo” figura como factor de riesgo en demasiados textos preventivos. Sin ir mas lejos, la Estrategia Nacional sobre Drogas 2009-2016 no menciona ni una sola vez el placer, pero la palabra problemas aparece 36 veces. La conclusión es simple: si solo prestamos atención a los problemas, solo encontraremos problemas, ya sea investigando o diseñando programas. La idea de un placer ciego y sin medida es una tergiversación del hedonismo en cualquiera de sus variantes filosóficas. Seguramente la modalidad más conocida de hedonismo sea el epicureísmo, en ella se distingue entre los placeres físicos y espirituales, se reconoce el valor de la moderación y del equilibrio y se apuesta por una adecuada gestión del placer en la búsqueda de la felicidad. Epicuro daba mucha importancia a la amistad y al placer de la conversación, entendida como algo más que intercambiar bits informativos.

 Qué dicen los/las jóvenes

Cuando preguntamos a los/as jóvenes sobre el consumo de alcohol y drogas, mayoritariamente responden en una línea epicúrea: placer sí, pero sin perder el control ni hacernos daño a nosotrxs mismxs ni a otroxs. En un estudio etnográfico reciente llevado a cabo en la Comunidad de Madrid, los/as jóvenes de entre 16 y 27 años manifiestan que lo que buscan cuando salen de marcha es aumentar la sensibilidad, potenciar las relaciones, desinhibirse y romper con la rutina de la semana; “Coger el puntillo” o “descontrolar controladamente”, según sus propias palabras. No buscan el “desfase”, ni el “colocón”, ni “descontrolar”, aspectos todos ellos que consideran negativos. De hecho, califican de “pasadxs”, “desfasadxs”, “paposxs” o “violentxs” a lxs que lo practican. En definitiva, sus testimonios hablan del deseo de administrar el placer sin perder el control (otra cosa es cuántos los consiguen), con la única excepción de pertenecer a algún grupo minoritario que fomente o justifique el desfase y el exceso. En relación con los valores de la juventud y sus consumos, se puede visitar este documento, particularmente lo que dice sobre el grupo incívico/desadaptado.

 

La idea de que todxs deseamos el exceso pero nos reprimimos es falsa. Lxs que abusan y lxs adictxs no se relacionan con el placer, sino que huyen del malestar, de la ansiedad o el aislamiento.

 

El exceso y la adicción no se relacionan con el placer, sino con la ansiedad.

A muchxs niñxs pequeñxs le gustan los pasteles, pero tienen que aprender que, por comerse una docena, no disfrutarán más. El placer acabará pronto y el malestar lo sustituirá. Quien a pesar de pasarlo mal y de sufrir indigestión se engancha a esos excesos no lo hace por placer, sino por otro motivo… Puede ser que no le enseñaran a comer pasteles cuando era pequeñx, que asociara pasteles con afecto -y cuando necesita uno, recurre a lo otro-, que obtuviera un placer secundario cuando se ponía malx después de un atracón, o que desee desquitarse de lo que no le dejaron hacer de pequeñx o cualquier otra cosa, pero no lo hace por placer.

Cultivar el placer como estrategia preventiva.

El placer o los placeres se pueden educar para disfrutar más. Desde los ligados a las principales funciones corporales -degustar es algo más que comer-, hasta los ligados al disfrute estético o intelectual, o los que nos proporciona la interacción con otrxs, como por ejemplo, a través del arte de la conversación que tanto valoraba Epicuro. Cultivar los placeres es lo contrario de abusar, atiborrase o pasarse.

No hay placeres bajos y elevados; estamos hechxs de materia, emociones, pensamientos, conductas, valores… por lo que lo más inteligente es combinar los físicos con los intelectuales y aquellos que realizamos nosotrxs mismxs -por ejemplo, pescar- con aquellos que disfrutamos como espectadores -por ejemplo, escuchar música-.

Pero hablar de placer, de educación, de sensibilidad y de la felicidad nos remite al modelo cultural y educativo. No es lo mismo tener como objetivo potenciar al máximo nuestra sensibilidad, nuestras capacidades físicas, intelectuales, emocionales y relacionales como modo de alcanzar un desarrollo integral, armonioso y feliz, que prepararnos para la dinámica de consumir/competir/ganar, aceptando la lógica binaria del éxito o el fracaso. No es lo mismo preparase para una batalla o una competición que para sacarle partido a la vida disfrutando de nuestras potencialidades.

En los años 50/60 se demostró que algunas ratas que disponían de la posibilidad de autoadministrarse drogas podían llegar a tomarlas hasta morir. Otro experimento de los años 70/80 demostró que solo ocurría si las condiciones de experimentación obligaban a las ratas a vivir en jaulas pequeñas y solitarias. Si vivían en compañía de otras ratas en unas condiciones agradables (se construyó una especie de parque de recreo para el experimento), solo consumían de vez en cuando y no se enganchaban. Es más, algunas adictas enjauladas consiguieron desengancharse en el parque de recreo. Parece que en condiciones normales, los animales no se se exceden.

La idea de que todxs deseamos el exceso pero nos reprimimos es falsa. Lxs que abusan y las personas adictas no se relacionan con el placer, sino que huyen del malestar, de la ansiedad o el aislamiento. Beber, comer, drogarse, comprar, consumir más allá de lo que se desea hasta hartarse o pasarse no es placentero, normalmente significa el fracaso de intentar quedarse justo en el punto en que sí lo es.

 

Fuente original: http://www.huffingtonpost.es

Varios festivales de música permitirán a sus asistentes analizar drogas ilegales

Uno de los organizadores de festivales más grandes de Reino Unido quiere permitir a los asistentes analizar las drogas ilegales que lleven antes de que sean destruidas. Live Nation, empresa subsidiaria de Festival Republic y encargada de organizar festivales como el de Leeds, quiere conseguir el apoyo de la Policía para llevar a cabo esta iniciativa.

Los asistentes a los festivales podrán llevar sus drogas a una tienda de campaña de análisis de the Loop, una compañía que normalmente realiza pruebas forenses a las drogas incautadas por la policía. Antes de destruir las muestras, les dirán de qué están compuestas.

Melvin Benn, director de Live Nation, ha explicado que comenzaron a plantear esta iniciativa el pasado verano, pero tomó la decisión de que “hasta que la Policía no apoyara sus principios, era muy difícil seguir adelante con ella”.

Ha añadido que existe un borrador del acuerdo que hará más fácil que las autoridades de todo el país apoyen esta idea. Aunque no han podido implementarlo en el festival Download del próximo mes de junio como se esperaba, “lo veremos este año definitivamente, en el de Leeds estoy bastante seguro”, ha explicado Benn. “Está llevando mucho tiempo y no será en todos los festivales, pero creemos que hay una necesidad de hacerlo y lo haremos”, ha añadido.

The Loop ya realizó un experimento de este tipo el año pasado, cuando alrededor de 200 asistentes a la fiesta Secret Garden Party en Cambridgeshire pudieron analizar sus drogas ilegales en una de sus tiendas. “Es muy excitante que la policía esté dando prioridad a la salud y la seguridad antes que a la justicia criminal en los festivales”, ha dicho la fundadora de The Loop, Fiona Measham.

La Policía de West Yorkshire sería la encargada de liderar la operación en el festival de Leeds y está “estudiando la posibilidad de apoyar a los organizadores”, según ha declarado el jefe adjunto Andy Battle. “No podremos aprobar nunca el uso de drogas ilegales, pero reconocemos que algunas personas seguirán tomándolas y necesitamos adaptar nuestra manera de abordar el tema a los intereses de la seguridad pública”, ha añadido.

Fuente: http://theobjective.com

El Stealthing no es una tendencia, es abuso sexual

La violación, los abusos y las agresiones sexuales aparecen asociados en la mente de la mayoría de la población a escenarios oscuros, solitarios, lúgubres, lejanos. Pero, ¿qué ocurre cuando empezamos a plantear que la violencia sexual está también en la pareja, en situaciones en que el amor está involucrado o en relaciones que hemos decidido tener libremente en un primer momento? En estas semanas se habla de Stealthing, y es un buen ejemplo de esta realidad.

El Stealthing es una agresión sexual que supone quitarse el preservativo en medio de la relación sin que la pareja sexual se de cuenta, y aunque anteriormente se haya pactado su uso. A principios de este año un hombre fue condenado por esta práctica como culpable de abuso sexual  por la Corte Criminal de Laussane, en Suiza.

El stealthing no es tendencia, puesto que probablemente existe desde que se inventaron los condones. Llamar tendencia a una práctica abusiva resulta superficial, puesto que invisibiliza las raíces socioculturales y machistas de esta práctica. Lo que sí es tendencia, desde hace siglos, es el no considerar el consentimiento como principal afrodisíaco en cualquier relación sexual.

Stealthing: Agresión Sexual

El stealthing se define como “Nonconsensual condom removal”, es decir, se refiere al hecho de que un hombre se quite el preservativo durante una relación sexual sin el consentimiento de la otra persona. De este modo, los hombres desoyen los deseos de las parejas sexuales, obviando su consentimiento, sin respetar el acuerdo previo de usar condón durante la relación.

No se trata de ser alarmistas. La cultura de la violación se entromete por muchas rendijas de nuestra vida. Y la fina, sutil línea que en muchos casos separa el sexo consentido del abuso sexual es difícil de dibujar. Todo aquello que ocurre en el plano sexual sin que lo explicitemos, deseemos y concordemos puede suponer un abuso. Y sus repercusiones van desde embarazos no deseados o contagio de infecciones de transmisión sexual a problemas psicológicos y emocionales relacionados.Preservativo INESEM

En España se estima que se produce una agresión sexual cada hora y media; sin embargo, no hay datos reales, puesto que la mayoría de agresiones no se denuncian, sobre todo si éstas no encajan en el estereotipo de violación por parte de un desconocido y con uso de la fuerza.

Consentimiento sexual

Existen en internet comunidades de hombres que se vanaglorian de realizar stealthing. Estas páginas son el ejemplo más atroz, pero la realidad es que probablemente la mayor parte de los hombres que se quitan el condón durante el sexo sin consentimiento de la persona con la que están manteniendo relaciones son simplemente hombres machistas que se sienten en el derecho de hacerlo porque opinan que así sentirán más, y que la pareja no tiene por qué saberlo.

Volvemos aquí a la infantilización de las mujeres por parte de estos hombres; y a la creencia de que su consentimiento no es claro, ni importante. Y aquí solamente existe un arma de combate: que todas las prácticas sexuales sean consensuadas.

El consentimiento sexual, como señala Planed Parenthood, “significa estar activamente de acuerdo con realizar actividades de índole sexual con una persona. El consentimiento le indica a la otra persona que deseamos tener relaciones sexuales”. Además, el consentimiento debe ser libre, entusiasta y reversible, lo que implica que aunque inicialmente se haya accedido a mantener una relación, se pueda cambiar de parecer en cualquier momento.

La educación afectivo-sexual y de género desde edades tempranas es el arma más poderosa para combatir el machismo que subyace prácticas abusivas como el stealthing. El objetivo sería el de enseñar a los agresores a no violar y a las mujeres a reconocer estos abusos y a expresar sus deseos sexuales y afectivos sin vergüenza ni culpa. En definitiva, se trata de promover una sexualidad basada en el diálogo y las prácticas consensuadas.

Fuente: https://revistadigital.inesem.es

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