Entradas

El desorden de la identidad, una nueva forma de estigmatizar a las personas trans

MADRID, ESPAÑA – 17/05/2017: Una persona con la bandera LGBTI durante una intervencion en el Día Internacional Contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia. || Foto por Marcos del Mazo/LightRocket; via Getty Images.

Las identidades trans no son un fenómeno contemporáneo. Existen desde siempre, y en todas las culturas de la humanidad, por lo que se puede afirmar que las mismas son una condición humana, expresión de la inmensa diversidad. Las respuestas que las distintas sociedades han dado a esta realidad del ser humano han sido muy diversas a lo largo del tiempo y en las distintas geografías de nuestro mundo.

Algunas sociedades han aceptado en mayor o menor grado estas realidades y han articulado mecanismos sociales y leyes que promueven la integración de las personas trans en la sociedad. Otras han manifestado diversos grados de rechazo y represión, generando graves violaciones de los derechos humanos de las personas trans.

Los manuales internacionales de enfermedades mentales DSM-IV-R y CIE-10, elaborados por la American Psychiatric Association (APA) y por la Organización Mundial de la Salud (OMS), han patologizado de forma “absolutista” las identidades trans, siendo la excusa para la vulneración sistemática de los derechos humanos de las personas trans. Esta realidad sin embargo ha “cambiado” por la presión internacional de las/os activistas y entidades trans por la despatologización.

Es desafortunado el término que nos estigmatiza desde la comparativa cisnormativa de lo que está en orden y lo que no.

El reciente anuncio de la OMS, grandilocuente y efectista, de decir que “despatologiza” la transexualidad, excluyéndola de la clasificación de enfermedades mentales, así, el Manual (DSM V) eliminó el “trastorno de identidad de género” y lo ha sustituido por la nueva versión de un estigmatizante diagnóstico: “Desorden de la identidad de género”. Si la comparamos con la anterior consideración —que patologizaba a las personas trans sólo por ser quienes somos—, la nueva categoría podría verse como un avance. Pero es desafortunado el término que nos estigmatiza desde la comparativa cisnormativa de lo que está en orden y lo que no. Deslegitimando, desnaturalizando las identidades trans, como una expresión natural de la diversidad humana.

La influencia del Manual y de sus códigos en todo el mundo, hace que las personas trans sigamos estando aferradas en una versión u otra de conductas marginales y seguimos siendo catalogadas como una especie de “sufrientes”. Los diagnósticos provistos por ese Manual siguen siendo condición imprescindible en muchos países del mundo para acceder a derechos tales como el reconocimiento legal y las atenciones sanitarias encaminadas a las modificaciones corporales, las cuales siguen siendo concebidas en este marco, e inexorable, como el “tratamiento” indicado para un padecimiento diagnosticado, y nunca como un modo de atención armonizadora de expresión del ser. Querer perpetuar categorías estigmatizantes, justificándolas como una necesidad para la atención médica, es demagógico, antagónico a la despatologización y a la propia definición de salud que hace la propia OMS: “La salud es un estado de perfecto (completo) bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedad”.

Es el momento de dirigir esa misma lucha desde lo local, regional y estatal. En la medida que más países o regiones se desmarquen de los dictados que marcan los susodichos manuales, se hará más pronta la despatologización total.

La lucha por la despatologización de las identidades trans emprendida por activistas trans y secundada en algunos países por colectivos LGTBQ ha tenido sin lugar a dudas una influencia en los “cambios” de los manuales internacionales tanto de la APA (American Psychiatric Association), como de la OMS (Organización Mundial de la Salud), pero es el momento de dirigir esa misma lucha desde lo local, regional y estatal. En la medida que más países como Francia, Suecia, Noruega, Argentina, Malta, Irlanda, Reino Unido o regiones de España, como Andalucía, Madrid, Valencia y Aragón, se desmarquen de los dictados que marcan los susodichos manuales, se hará más pronta la despatologización total.

Escrito por Mar Cambrollé (Activista por los DD.HH. de las personas #Trans) el día 19 de Junio de 2018 para www.huffingtonpost.es

Fuente original: https://www.huffingtonpost.es/2018/06/19/el-desorden-de-la-identidad-una-nueva-forma-de-estigmatizar-a-las-personas-trans_a_23462411/

Las desigualdades en la atención sanitaria a personas LGBTI

La Comisión Europea ha publicado un informe sobre las desigualdades a las que se enfrenta el colectivo LGBTI en la atención sanitaria que reciben en el contexto de la Unión Europea, titulado State of the art study focusing on the health inequalities faced by LGBTI people (Situación actual de las desigualdades sanitarias  a las que se enfrentan las personas LGBTI).

El objetivo del informe es identificar dichas desigualdades y las potenciales barreras de los profesionales sanitarios a la hora de proporcionar una atención adecuada a este colectivo, y, de manera complementaria, establecer una serie de recomendaciones que garanticen una atención acorde a las necesidades que presentan estos pacientes.

Tras la revisión de los estudios científicos publicados y otros informes elaborados por diferentes asociaciones y organizaciones europeas, el documento de la Comisión Europea establece que entre las causas que subyacen a esta desigualdad en la atención que reciben las personas LGBTI se encuentran las normas sociales y culturales que priorizan la orientación heterosexual; el estrés asociado con la orientación sexual, la identidad de género y las características sexuales; la victimización; la discriminación (individual e institucional) y el estigma.

Los resultados de la revisión ponen en evidencia que las personas LGB presentan un mayor riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer de manera más temprana que las personas heterosexuales. En lo que respecta a la salud mental, las personas LGBTI tienen un riesgo más elevado de experimentar malestar psicológico. Concretamente, las personas LGB son de 2 a 3 veces más propensas que la población general a presentar un problema emocional o psicológico crónico, tales como ideación suicida e intentos autolíticos, abuso de sustancias y conductas autolesivas.

Los estudios que han analizado el tipo y calidad de atención prestada por los servicios sanitarios a estos pacientes reflejan su descontento. Las quejas más frecuentes hacen referencia a la falta de comunicación por parte de los profesionales sanitarios y a la insatisfacción con la atención y el tratamiento recibidos. Según se establece en el documento, para las personas trans la insatisfacción está asociada a experiencias de discriminación mientras que para las personas intersex la insatisfacción se deriva de la falta de comunicación abierta con los profesionales o de la ausencia de solicitud de consentimiento informado previo a ciertas intervenciones.

Determinados factores contextuales y sociales pueden acentuar las desigualdades en la atención sanitaria de estas personas. Así, según el informe, vivir en un entorno rural puede afectar negativamente al acceso a servicios sanitarios para estas personas, así como pertenecer a determinados subgrupos más vulnerables, como las personas mayores LGB que se encuentran en situación de dependencia, los jóvenes LGBT, que pueden presentar dificultades psicológicas y abuso de sustancias que influyen negativamente en su logro académico, y las personas LGBTI que además son inmigrantes, refugiados o solicitantes de asilo, que suelen haber sufrido experiencias de abuso en sus países de origen, lo que está relacionado con una mayor prevalencia de problemas de salud mental.

De acuerdo a los resultados del informe de la Comisión Europea, algunas de las barreras que impiden el acceso a la atención sanitaria de las personas con LGBTI son:

  • Prejuicios y conductas discriminatorias o intolerantes por parte de los profesionales sanitarios, tales como mostrar una curiosidad inapropiada.
  • Desigualdad en el tratamiento recibido.
  • Necesidades no reconocidas (por ejemplo, mujer lesbiana a la que no se le deriva a una prueba de screening cervical bajo la asunción equivocada de que es una paciente de bajo riesgo).
  • Humillación.
  • Negación de acceso al tratamiento (por ejemplo, tecnología de reproducción asistida).
  • Miedo a revelar su identidad de género, orientación sexual o características sexuales. Según advierte el informe, cuando las personas LGB acceden a los servicios de salud, los profesionales sanitarios tienden a asumir su heterosexualidad empleando un lenguaje acorde, que invisibiliza y excluye a este colectivo. Las personas trans e intersex a menudo son objeto de un lenguaje patologizador e inapropiado, lo que puede influir en su rechazo a acudir al médico.

En cuanto a las barreras potenciales a las que deben hacer frente los profesionales sanitarios cuando prestan atención a las personas LGBTI se encuentran:

  • Ausencia de conocimiento respecto a las vidas y las necesidades sanitarias de las personas LGBTI, así como falta de habilidades culturalmente competentes.
  • Ausencia de concienciación sobre la orientación sexual, las identidades de género y/o las características sexuales de las personas LGBTI.
  • Barreras institucionales como falta de servicios de salud mental especializada y de counselling para personas LGBTI, o falta de documentos informativos y protocolos adaptados a este colectivo.

Finalmente, el informe también ha tenido en cuenta la búsqueda de ejemplos de buenas prácticas en los diferentes países europeos. Entre estas prácticas prometedoras, la Comisión Europea destaca el desarrollo de políticas inclusivas que aseguren que las personas LGB puedan acceder a la atención sanitaria al igual que el resto de la población y que sus necesidades específicas son cubiertas, la evaluación libre y anónima de la presencia de VIH, incluyendo la disponibilidad de centros que brinden asistencia y apoyo a las personas que viven con VIH, la tutoría de pares para las personas LGBT en situación de crisis, los grupos de intervención con refugiados y las estrategias de prevención del suicidio para las personas LGBT.

Las personas interesadas pueden acceder al informe a través del siguiente enlace:

State of the art study focusing on the health inequalities faced by LGBTI people

 

Fuente: www.infocop.es

El doble armario de la bisexualidad

El Orgullo gay 2016 dedica el año temático a la visilidad de la bisexualidad y la lucha contra la bifobia

“Ser bisexual no es cambiar cada cinco minutos de opinión. Tampoco es sentir una atracción al 100% por alguien del mismo sexo por el mero hecho de serlo, es algo más amplio. Ser bisexual es la capacidad de sentir atracción romántica, afectiva o sexual hacia personas de ambos sexos”, sostiene Daniel Quijada. Este activista de la Fundación Triángulo lucha por la visibilidad de la bisexualidad, algo que, según afirma, no solo está oculto en la sociedad en general, también en el propio movimiento LGTB. “Soy rubio, de piel blanca. Si llevo una cruz, la gente sabrá mis creencias. Si voy agarrado de un chico pensarán que soy gay. Si voy agarrado de una chica, pensarán que soy hetero. La única manera de expresar mi bisexualidad es si yo lo digo”, explica.

Una salida del armario a dos velocidades

Quijada nació hace 28 años en Plasencia (Cáceres, 40.000 habitantes): “Cuando estaba en edad de descubrir mi sexualidad, siempre que salía con mis amigos estaban los típicos macarras que me decían maricón. Esta situación lo único que consigue es que te reprimas más. Intentas demostrar que no lo eres, pero no te sientes cómodo”, explica. Cuando fue mayor de edad, se fue a estudiar Economía a la Universidad de Salamanca. Aprovechó un ambiente más tolerante con la diversidad sexual para salir del armario, aunque se sintió rehén de un estereotipo: “Primero dices que eres gay, pero luego te sientes muy confuso porque sabes que no lo eres. En un entorno con parejas gais es la única manera en la que te puedes sentir aceptado”, añade. Especifica que en su grupo de amigos sintió más cariño por parte de los heterosexuales que de los homosexuales: “Bromeaban con ello, decían que qué es eso de la bisexualidad, que eso no existe”.

Este joven hace énfasis en que la bisexualidad es más difícil para los hombres: “La bisexualidad masculina es muy distinta de como se ve la femenina. Que una mujer tenga una relación con otra mujer no deja de responder al tópico del hombre que se va con las dos mujeres. No dejan de ser espacios en los que el machismo está muy anclado. El hombre bisexual se ve como un indefinido. Un bicioso con b“, lamenta. Señala que en el mundo de la cultura hay referentes bisexuales, como Lady Gaga o Megan Fox, pero critica que cuando los hombres con visibilidad hablan de bisexualidad, lo usan como una transición antes de aceptar que se es homosexual. Es el caso de Tom Daley, el saltador de trampolín británico que manifestó hace tres años ser bisexual, poco antes de rechazarlo y definirse como gay: “Para nosotros fue una decepción. Por supuesto que es importante que la homosexualidad tenga visibilidad en el mundo del deporte, pero sentimos que se utilizó nuestra orientación sexual como moneda de cambio”, lamenta.

La bifobia: “Los bisexuales son unos biciosos

Aunque los principios del colectivo LGTB están fundamentados sobre el feminismo, Quijada cree que no por ello no hay hombres homosexuales “muy machistas”: “Dentro del colectivo también hay parte de incomprensión e invisibilidad”, protesta. Los bisexuales sufren la misma discriminación que las personas homosexuales, pero todos los casos se engloban bajo el término “homofobia”.

 

Tuits bífobos de una espectadora de TVE.

Tuits bífobos de una espectadora de TVE. Twitter de @AnaCubilla_

No obstante, afirma que además existen situaciones específicas de bifobia: “En el trabajo, cuando tus compañeros de trabajo descubren que tienes novio y al cabo del tiempo, quizás, una novia. O cuando vas al urólogo o al ginecólogo y tienes que contar que tienes relaciones con ambos sexos, no existe un protocolo para nosotros”. Según este extremeño, la bifobia tiene por objetivo negar la existencia de la bisexualidad: “Es la incomprensión que hay hacia lo diferente, hacia una persona que es capaz de amar a una persona, independientemente de su sexo”, protesta.

Recogiendo el testigo del activismo

Daniel Quijada se siente “muy afortunado” de haber nacido en una época más tolerante con las personas LGTB. Esta tolerancia la atribuye a la lucha histórica que los transexuales, lesbianas y gais han abanderado desde 1969, por su “derecho a sentir” lo que realmente son: “Para mí ya hay mucho trabajo recorrido, hay muchas más facilidades”, explica, pero añade que quedan infinitas cosas por hacer. “Siento que me corresponde visibilizar mi orientación sexual para continuar el trabajo que estas personas empezaron a hacer”.

“La bifobia es la incomprensión hacia una persona que es capaz de amar a otra, independientemente de su sexo”

Cree que está en manos de los poderes públicos y los medios de comunicación erradicar la bifobia: “Que este año sea el año de la bisexualidad es un trampolín muy importante para hacer ver que nuestra orientación también existe”. Piensa que las claves para erradicarla están sobre todo en la educación, en que los jóvenes (“y sus profesores”, puntualiza) reciban formación afectivo-sexual que incluya la bisexualidad. Pero también que haya más inclusión en el ámbito laboral, protocolos específicos en lo sanitario o que en los códigos deportivos de no violencia se recoja la bifobia. También que las películas y series incluyan personajes bisexuales sin los estereotipos típicos del vicio y la indefinición: “Nunca alcanzaremos la igualdad real si la bisexualidad sigue así de marginada”, sentencia.

 

Fuente: elpais.com