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6º concurso universitario de clipmetrajes: Tu punto de mira

Se ha abierto el plazo de inscripción al 6º Concurso de cortometrajes -Drogas: tu punto de mira-, dirigido a estudiantes universitari@s.

El concurso forma parte del programa «Drogas: tu punto de información», que tiene como objetivo favorecer procesos de reflexión crítica sobre los riesgos derivados del consumo de drogas y propiciar mensajes preventivos entre iguales.

El periodo de participación en el concurso se abrió el 16 de noviembre de 2016 y dura hasta el 16 de mayo de 2017.

Bases del 6º Concurso.

Formulario de inscripción : Próximamente

En resumen:

  • Pueden participar estudiantes de cualquier universidad española.
  • El vídeo tiene que ser inédito y colgarse en una web pública (como Youtube, Vimeo, etc.) que permitan su visión pública y poder incrustarlo en la web.
  • Su duración máxima -créditos aparte- es de 2 min.
  • Debe estar relacionado con la prevención de problemas asociados al alcohol u otras drogas.
  • Se tiene que poseer los derechos de imagen y música.
  • Reparte cinco premios entre 1.200 y 400 €

En su página de facebook o en twitter  encontrarás las últimas novedades del concurso así como noticias relacionadas con drogas para poder inspirarte.

A partir del día 8 de junio de 2017 el jurado emitirá su veredicto que se podrá consultar en su página web. Las personas ganadoras del concurso recibirán un correo electrónico.

A grabar!!!

 

 

¡A por el nuevo curso!

Con el inicio de las clases de este nuevo curso 2016/2017, el EPF empieza a hacer sus deberes y ya ha dado el pistoletazo de salida a las formaciones en 3 universidades de las 11 donde se encuentra presente.

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5 de octubre, Campus Mundet, Universitat de Barcelona.

La primera ha sido la Universidad de Barcelona, en la que se empezaron las clases el día 5 de octubre en el Campus Mundet y que cuenta con estudiantes de Psicología y Trabajo Social.

Este año en la UB se van a realizar dos cursos de 25 horas, el primero, que acaba de empezar, estará comprendido entre los meses de octubre a diciembre y el siguiente se realizara durante el segundo semestre, de febrero a abril del 2017.

Las siguientes han sido, la Universidad de Lleida, en la que un año más se cuenta con la colaboración del Proyecto NitsQ Lleida (Ayuntamiento de Lleida) y Antisida Lleida.

El curso que se ofrece en la UdLl tiene una duración de 50 horas, de las cuales 19 horas se invierten en salidas preventivas fuera de la universidad con los proyectos comentados anteriormente y el resto se reparten en horas de formación teórica y prácticas preventivas en la universidad.

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6 de octubre. Universidad de Lleida.

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6 de octubre. Universidad de Lleida. NitsQ Lleida

Y por último (pero no por ello menos importante) la Universidad de Girona, en la que el proyecto colabora y forma parte de la Taula de Salut de Girona (Salutacció) conjuntamente con otras 9 entidades, entes y proyectos.

En la UdG, el curso tiene una duración de 50 horas de las cuales 25 son teóricas y 25 horas son prácticas. Estas prácticas se realizan en las conocidas Barraques de Girona, durante las fiestas de San Narcís y tienen una duración de 5 noches, en las que se trabaja tanto la prevención de drogas, como la sexualidad saludable entre otros temas como el uso responsable de las pantallas.

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6 de octubre. En Creu Roja Girona, con estudiantes de la Universidad de Girona, junto con ACAS (Associació Comunitaria Antisida de Girona)

Las próximas universidades en las que tenemos pendientes las formaciones son las siguientes:

– Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona

– Universidad Rovira i Virgili de Tarragona

– Universidad de Vic

– Universidad Pompeu Fabra

– Universidad Carlos III de Madrid

– Universidad Complutense de Madrid

– Universidad de Valencia

– Universidad Jaume I de Castelló

– Universidad de Baleares

Por lo tanto… ¡¡Tenemos pensado seguir dando guerra durante todo el curso académico!!

 

 

 

 

 

 

 

Misoginia en el olimpo universitario

Harvard quiere erradicar los clubes de alumnos masculinos en su lucha contra el sexismo y las agresiones sexuales

antiguos graduados

Antiguos graduados de Harvard vestidos de gala el pasado 26 de mayo, día de las graduaciones. Mitch Dong, en primer término, miembro del Club Fly. Edu Bayer

Tres generaciones de Roosevelt han sido miembros del Fly Club. Dicen que Franklin Delano se llevó un golpe de realidad cuando el Porcellian, el más antiguo y discreto de Harvard, le rechazó. Al fin y al cabo, su pariente y también presidente, Theodore Roosevelt, había sido un porcellian, y porcellian había sido el primogénito de este. Pero en el Fly, del que Theodore también formó parte, F. D. R. fue feliz. El presidente demócrata lo siguió visitando cuando estaba en la Casa Blanca y allí recalaron tres de sus hijos.

Viejas fotos de jóvenes patricios cuelgan de todas las paredes de la casa, un elegante edificio en Cambridge (Massachusetts). Richard Porteus, graduado en el 75 y actual presidente, explica las cuatro fases que cualquier aspirante debe superar antes de convertirse en uno de ellos. En las distintas estancias parece que el tiempo se detuvo hace un siglo y no se pueden fotografiar, pero Porteus las enseña cortésmente. “La biblioteca conserva un aspecto muy similar al del 1904, cuando el joven Franklin era el responsable de construir la colección”, explica entre librerías imponentes, repletas de ejemplares antiguos. Arriba aguarda un amplio comedor, con piezas de caza de ojos observantes y, en la habitación contigua, una enorme televisión de pantalla plana y algunas latas de bebida rompen la armonía de lo añejo.

Otro de los elementos que han sobrevivido a la invención del teléfono móvil es que, después de 180 años de historia, el Fly sigue sin admitir mujeres. Los llamados clubs finales son asociaciones de alumnos distintas de las hermandades porque son más exclusivas, más discretas y están ligadas solo a campus concretos. Ahora, la docena que sigue discriminando por sexo están en la picota. Harvard les ha declarado la guerra dentro de su lucha contra el sexismo y contra algo siniestro: la epidemia de agresiones sexuales en la élite universitaria estadounidense.

Epidemia de agresiones

Hay un relato sórdido en el subsuelo la universidad más antigua de América, una fábrica de jefes de Estado, premios Nobel y presidentes de multinacionales. Una tercera parte de las mujeres de Harvard afirmó en una encuesta haber sufrido algún grado de agresión sexual desde que ingresó en ella y una de cada 10 haber sido violada. Los datos fueron publicados en septiembre dentro de una encuesta más amplia elaborada por la Asociación Americana de Universidades en septiembre que mostró las cloacas del sistema.

En aquella encuesta, voluntaria y elaborada entre abril y mayo de 2015, participó la crema de la educación estadounidense, más de 150.000 universitarios (no graduados, postgraduados y profesionales) de 27 universidades como Columbia, Harvard, Brown o Yale. Lo que reveló es que la incidencia de abusos sexuales mediante fuerza, amenazas o incapacitación (mediante drogas o alcohol) entre las mujeres no graduadas alcanzó el 23%. Y el 10% afirmó haber sido violada. Y tan solo un 28% de los sucesos “incluso de los más graves” había sido denunciando ante alguna autoridad.

Un grupo de trabajo independiente para la prevención de agresiones sexuales en Harvard, creado tras la encuesta, denunció actitudes “profundamente misóginas” en estos clubes que crean un ambiente nocivo para las mujeres. El 47% de las encuestadas que acudían a fiestas o eventos (en los clubes masculinos como invitadas o en los femeninos) afirman haber sufrido algún tipo de abuso, muchas veces con alcohol de por medio, un porcentaje muy superior a la media. “La estructura de estos clubes —hombres en posiciones de poder que involucran a las mujeres en términos de desigualdad y a veces muy sexuales— explica bien el trabajo que tenemos por delante”, concluyó su informe. Aunque no considera estos clubes ni el único ni el mayor motivo de las agresiones, dentro de su paquete de recomendaciones.

Harvard ya rompió lazos con los que se negaron a convertirse en unisex en 1984, pero la Administración ha advertido ahora a las asociaciones –tanto masculinas como femeninas- de que penalizará los futuros miembros de cualquier entidad que discrimine por sexo vetándoles recomendaciones, cargos en otras organizaciones estudiantiles o equipos atléticos. Aunque no tengan ya ningún reconocimiento por parte de Harvard, los clubes “juegan un papel inequívoco y creciente en la vida estudiantil, en muchos casos promulgando formas de privilegio y exclusión que están en las antípodas de nuestros valores más profundos”, dijo la presidenta de Harvard, Drew G. Faust.

Protesta contra ello Mitchell Dong, graduado en el 75 y orgulloso miembro del Fly, cuyo emblema luce en la pajarita. Es el día de las graduaciones, al final del mes de mayo, y Mitchell se encuentra en el campus junto con jóvenes con chaqué y chistera. “La escuela debe luchar contra las agresiones sexuales, pero no puede prohibir a la gente asociarse en función del criterio que crean conveniente, ¡es uno de los fundamentos de la América libre!”, dice.

“Aquí no hay ningún desprecio a las mujeres, nos relacionamos con ellas en el resto de ámbitos de la vida y hacemos actos con clubes femeninos, pero en este club los miembros han sido hombres tradicionalmente y también valoramos esa parte diferente de nuestra vida”, explica Porteus. ¿Por qué no entonces un club solo para hombres blancos? “Eso no es justo”, se queja, “no se puede comprar la selección por sexo con la discriminación racial porque la raza es una construcción social y el género es una condición biológica, aunque pueda cambiar”.

Otros argumentos han generado estupor. “Obligar a las organización de un solo género aceptar a miembros del sexo opuesto podría aumentar, en lugar de reducir, las posibilidades de agresiones sexuales”, dijo el presidente del más secretista de los clubes, el Porcellian, Charles M. Storey, a The Crimson, el periódico de la universidad. Luego se disculpó. Allí las mujeres no pueden ir ni de visita.

De las fiestas y ritos de iniciación de los clubes y hermandades existe una buena colección de leyendas. The Boston Globe publicó en noviembre que The Fox se había planteado aceptar mujeres por primera vez en su historia, pero la fiesta con las primeras candidatas se fue tanto de las manos -con desnudos y disfraces de tiburón de por medio- que decidieron cerrar el club durante varios meses.

Y Harvard se ha topado también con la resistencia de las entidades femeninas. “La violencia sexual es un enorme problema pero esta no es la manera de solucionarlo”, opina Lauren White, de 26 años, que formaba parte de una hermandad pero prefiere no decir cuál. “Se ha llamado a estos clubes bastiones de la riqueza y del privilegio, pero la Universidad de Harvard solo acepta al 5% de los que lo solicitan, tiene un proceso de admisiones inherentemente selectivo”, añade.

Aunque la memebresía suele ser secreta (y vitalicia), los hermanos Kennedy, JFK y Bob, eran miembros supuestamente de otro club solo para hombres, el Fee, mientras que Ted formó parte del Owl.

“Los clubes de un solo género perpetúan unas actitudes de exclusión en el campus que es perjudicial e innecesaria. No creo que esos espacios necesiten ser excluyentes”, discrepa Brianna Suslovick, recién graduada en Harvard en antropología y estudios de género.

Ahora, algunas entidades se están planteando si abren las puertas a las mujeres. “Hay clubes de mujeres y de hombres, ¿qué problema hay con ello? Siempre fue así”, apunta un socio del Oak. Porque en ese santuario del conocimiento llamado Harvard, paradójicamente, en algunos ambientes los por qué se responden con un desde cuándo. Harvard no lo tiene fácil, ya lo dice el lema: “una vez eres porcellian, serás siempre un porcellian”.

Fuente: http://internacional.elpais.com