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Actividad preventiva en la UC3 sobre la violencia de género

El pasado dia 10 de febrero en la UC3, dos estudiantes voluntarias del proyecto llevaron a cabo un actividad preventiva para informar y sensibilizar sobre la violencia de género. Estuvieron en todo momento acompañadas (en la elaboración y realización) por Jacobo, voluntario del curso anterior, al cual agradecemos su colaboración e implicación con el proyecto.

Los materiales utilizados en la actividad fueron elaborados por las estudiantes y contenian diferentes informaciones tales como: la definición de violencia, género, estereotipos, pirámide de micromachismos (que repartian dentro de un sobrecito a las personas que colaboraban en la actividad, juntamente con caramelos violetas).

Se repartieron todos los materiales elaborados para la ocasión y el feed back que recibieron las estudiantes por parte de las personas que se acercaron a participar fué muy positivo.

Es muy gratificante ver como personas que han pasado por las formaciones del proyecto siguen estando implicadas tanto en las actividades como en las temáticas trabajadas en el mismo.IMG-20160310-WA0006 IMG-20160310-WA0005 IMG-20160310-WA0004 IMG-20160310-WA0000 IMG-20160310-WA0009 IMG-20160310-WA0008

 

 

 

La violencia machista sobrevive en las parejas más jóvenes

La violencia machista no es solo un problema de parejas casadas, como creen muchos adolescentes, que siguen perpetuando estos comportamientos con relaciones enfermizas. Tras años de avances en igualdad, los expertos alertan de que falla la educación y de que sigue dominando una visión romántica del amor en la que las chicas lo aguantan todo, seducidas por una figura dominante y protectora. Según los sociólogos, los adolescentes se saben la teoría y racionalmente rechazan la violencia, pero alertan de que el nivel de machismo es demasiado elevado para una generación que ha crecido en el siglo XXI.

Los centros de atención a malos tratos coinciden en que cada vez son más jóvenes las chicas que acuden a pedir ayuda. Las causas judiciales por este motivo aumentan entre los más jóvenes, según la Fiscalía de Menores. Aunque la mayoría de las víctimas adolescentes tienen entre 15 y 17 años, los puntos especializados llegan a recibir a niñas de 12 y 13. “En estas edades estamos luchando contra el amor, no contra el maltratador”, anuncia Natividad Hernández Claverie, psicóloga responsable de los grupos más jóvenes de la Comisión para la Investigación de Malos tratos a mujeres, una ONG que da apoyo a víctimas de violencia machista desde los años setenta. Hernández Claverie explica que en las terapias con las jóvenes se profundiza primero en sus sentimientos hacia estas situaciones; y luego en el qué significa el comportamiento machista. “Llaman confusas, tristes pero sin saber lo que les pasa”, apunta Diana Díaz, subdirectora de Teléfono de la Fundación Anar, que atiende por esta vía a menores en situación de riesgo y que detecta la violencia contra adolescentes como un problema emergente.

Soledad Cazorla, fiscal de sala delegada contra la Violencia de Género, se muestra “perpleja” ante el fenómeno: “Me produce sorpresa que roles que entendíamos que eran del pasado se puedan repetir en gente muy joven que suponíamos que había asumido su dignidad”. El 25% de las mujeres atendidas en el Centro Municipal para la Igualdad 8 de marzo de Fuenlabrada (Madrid) eran menores de 25 años, frente al 23% del año anterior. Hace tres años que las llamadas a Anar por violencia machista aumentan de forma sostenida: en 2012 registraron un 15% más que en el año anterior. En Andalucía se presentaron 78 denuncias por violencia de género contra menores de edad a lo largo de 2012; una cifra que, según el Instituto Andaluz de la Mujer, supera a las de periodos anteriores. Y cada año la media de edad es inferior al anterior.

Son tres ejemplos, pero el reparto de competencias de los centros de atención especializados —municipales, autonómicos y estatales, además de fundaciones, centros privados y otras organizaciones— dificulta dibujar un mapa sobre la violencia de género entre las jóvenes de todo el país. Solo se desglosan por edad las víctimas mortales y las órdenes de protección dictadas por los juzgados, en este caso, a los maltratadores (un 2% del total en 2012 frente al 1,6% de 2011). De las 32.242 mujeres que sufrieron malos tratos en 2011, 571 tenían menos de 18 años, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). El año pasado, por primera vez desde 2004, una menor de 16 años murió a manos de su pareja o expareja: una niña de 13 años en El Salobral (Albacete), asesinada a tiros por un hombre con quien había mantenido un romance. Como en uno de cada dos casos registrados, el agresor era mayor de edad. Se suma otra víctima de 19 y seis en la franja de los 20. La semana pasada, una estudiante de León fue estrangulada por su novio y una chica de 26, acuchillada en Álava. A principios de mayo, una adolescente de Madrid acudió al hospital con cortes en el torso que le había provocado su pareja, a quien intentó encubrir.

Aunque el goteo no cesa y no deja de preocupar la violencia física, la forma más habitual de malos tratos entre jóvenes es el dominio psicológico, según detectan los especialistas: el control sobre la ropa que se ponen las novias, su maquillaje, las amistades con las que salen o dónde pasan el tiempo. Y aquí, las nuevas tecnologías emergen como una nueva herramienta de vigilancia. “Ejercen un control agobiante para las chicas. A través de Whatsapp o Facebook pueden saber en todo momento dónde están, qué están haciendo y con quién. Las hostigan pidiéndoles pruebas: si dicen que están viendo la televisión, les piden qué película echan en un canal, y si les cuentan que están en el baño, las obligan a tirar de la cadena para demostrarlo. Esto es algo que no pasa con las víctimas más mayores”, explica Susana Martínez Nobo, presidenta de la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres, que aclara que pese a que estos medios también están al alcance de los mayores, no los usan tanto. Este atosigamiento se dispara en el momento de la ruptura, cuando el acosador utiliza cualquier mecanismo para mantener el control sobre su expareja. Otra de las modalidades del acoso a través de Internet consiste en difundir imágenes privadas, insultos o humillaciones en las redes sociales. “Puso una foto mía en sujetador en Tuenti y la repartió por todo el colegio. Dijo que era una broma que le hacía a todas sus novias”, contaba por teléfono a Anar una chica de 15 años, como consta en el informe de esta institución.

El comportamiento de los jóvenes en sus primeras parejas funciona principalmente por imitación. Actúan de manera análoga a sus referentes, entre los que destacan su familia, su entorno social y los medios de comunicación, especialmente la televisión. “Internet, el cine, las series… nos hacen asumir ciertos roles y normalizar la violencia. Historias como CrepúsculoCincuenta sombras de Grey son muy nocivas porque hacen pensar a las chicas que pueden con los malotes”, considera Soledad Ruiz, directora del Instituto Andaluz de la Mujer, que hace seis meses puso en marcha un programa de atención psicológica para adolescentes maltratadas que atendió a 30 chicas en el primer trimestre del año. Siguen pesando todavía 21 siglos de sociedades machistas.

Los chicos, según los expertos consultados, ya no son el lobo ibérico, pero siguen reproduciendo la desigualdad. “El machismo está muy arraigado en una parte del inconsciente colectivo, aunque cada vez menos en el comportamiento”, sostiene Consuelo Madrigal, fiscal de sala de Menores, que define la violencia de género como una “patología social”, más que individual. “La educación en la igualdad afecta a algunos aspectos, pero no cala en todos porque hay hombres que aún necesitan construir su identidad a partir del dominio y de la posesión sobre la mujer”, añade.

A la inseguridad y la falta de autoestima, se le suma una falta de referentes, especialmente para los chicos. “Tarzán ha dejado de ser el héroe y ahora es muy difícil decir quién lo es. Estamos en un momento de polarización en que se ha asumido el empoderamiento de la mujer en la sociedad, pero todavía no se acaba de admitir que es necesario cierto desempoderamiento de los hombres”, alega Hilario Sáez, sociólogo de Hombres para la Igualdad. Lo que sí constata en talleres en los institutos es que hay adolescentes que se siguen declarando machistas: “Para mandar entre hombres, hay que distinguirse de las mujeres y de los niños. A esa edad, hay que ser el más fuerte y eso se va haciendo mediante pruebas de masculinidad. Tienen mucha presión y el que más habla, habla por los demás. Siempre se le suman otros que quieren ser identificados con el fuerte”, cuenta.

La concepción romántica del amor es por donde se cuela el machismo en las relaciones reales. Hace sentir a las jóvenes que tienen una especie de contrato de por vida con su pareja y que si él es violento, es porque se lo merecen; lo que aumenta la sensación de culpabilidad. A ellos les obliga a demostrar celos y dominio para reafirmar su amor. Así lo reflejan testimonios tan antiguos como el que contaba a Anar una chica de 16 años: “El otro día me dijo: ‘Me voy a suicidar si no te veo. Me quito la vida si no estás conmigo”. El 67% de las jóvenes que llaman a esta fundación no son conscientes de que sufren violencia de género.

Noemí Parra, sexóloga y una de las coordinadoras del Programa por los Buenos Tratos de Canarias, cree que además de igualdad hay que dar formación sexual, amorosa y de gestión de conflictos. “Los adolescentes tienen muchas dificultades para establecer los límites entre lo aceptable y lo inaceptable”, zanja. Según cuenta, está trabajando con dos chicos de 13 años que le tocaron el culo a una niña: “Forma parte de un juego, y no entienden que están accediendo a un cuerpo que no quiere ser tocado. Están probando los límites, porque tienen que demostrar que se están haciendo mayores y reproducen todos los estereotipos”. Algunos más mayores también han acudido “muy agobiados” para que les ayuden a controlar los celos.

Las chicas que sufren la violencia, “están sometidas a mucha confusión, se debaten entre el amor y el miedo”, explica Hernández Claverie, que asegura que, con las mujeres más jóvenes, lo que mejor funciona es la terapia de grupo. “Ellas no ven lo que les pasa, porque confunden los celos con el amor, pero sus amigas se lo hacen ver: ‘¿Pero cómo estás con ese cabrón?’, le dicen, porque una vez que se dan cuenta, se convierten en salvadoras”, relata.

Los recortes, sin embargo, atacan también a este ámbito. De cinco psicólogas, la comisión contra los malos tratos se quedó con dos en 2011 por falta de fondos. “Cada vez que queremos mandar a alguna chica a un servicio de apoyo tenemos que llamar para asegurarnos de que aún está ahí. Muchos cierran de un día para otro”, afirman desde el departamento de servicios sociales de Anar. El Gobierno ha recortado un 21% en programas de prevención y un 18% en políticas de igualdad.

Pese a que la Secretaría de Estado de Igualdad se muestra “preocupada” por esta situación, de momento, todo son promesas. Aseguran que antes del verano se pondrá en marcha una nueva estrategia nacional contra la violencia de género con un presupuesto de 1.000 millones de euros hasta el final de la legislatura (en 2016) y medidas específicas para chicas adolescentes. Las fuentes de Igualdad consultadas anuncian también que se ampliará la prevención del machismo dentro del Plan de Infancia y se diseñará una aplicación para teléfonos móviles con toda la información sobre los distintos grados de violencia de género y los recursos disponibles en la Administración.

La Organización Mundial de la Salud acredita que los programas educativos en países desarrollados funcionan para frenar el machismo. Pero estos programas están desapareciendo en España. La reforma educativa eliminará la asignatura de Educación para la Ciudadanía —la única que contenía contenidos sobre igualdad de género— y los seminarios sobre estas materias se están extinguiendo, algo que preocupa a los expertos. “La vacuna contra la violencia es la educación, y hay que luchar en el ámbito preventivo para evitar que se reproduzcan los comportamientos machistas porque cuando actuamos la justicia o la policía, el daño ya está hecho”, opina Inmaculada Montalbán, presidenta del Observatorio de Violencia de Género del Consejo General del Poder Judicial.

Desde los noventa “se percibe una incorporación del valor igualdad, pero un análisis con preguntas más indirectas resalta que el comportamiento no lo tienen interiorizado”, aclara Fernando Fernández-Llebrez, profesor de la Universidad de Granada y autor del estudioCambios y persistencias en la igualdad de género de los y las jóvenes en España (1990-2010), junto a Francisco Camas, publicado por el Instituto de la Juventud en 2012.

“Hay un elemento de continuidad de las jóvenes con las mujeres de otras generaciones: la concepción de que no vale la pena polemizar cuando hay un problema de pareja”, aclara Fernández-Llebrez. La forma de enfrentarse a la violencia de género es enseñar valores universales para chicos y chicas, “que pueden estar muy instruidos, pero muy poco educados en los valores”, apunta Cazorla. “No hay que buscar en los chicos un sentimiento de culpa, sino de responsabilidad, porque eso es lo que les llevará a actuar. Si no, los chavales lo verán como una agresión y sacarán las garras”, aclara el politólogo.

Un informe realizado en 2012 por la Universidad Complutense de Madrid y el Ministerio de Sanidad desvela el machismo que arrastran los universitarios: un 11% de ellos afirma haber ejercido malos tratos (insultos, humillación, control o agresión) y, de ellos, otro 11% lo han hecho en más de una relación. Entre las chicas, muestra que un 12% de ellas se ha sentido obligada a conductas sexuales en las que no quería participar, un 10% ha visto cómo su pareja la aislaba de sus amistades, un 8% ha vivido una situación de control hasta el mínimo detalle, un 6% ha recibido insultos con frecuencia y un 4% reconoce que su pareja le ha pegado. A pesar de esto, solo el 1,5% de las llamadas que recibió el 016 —teléfono gratuito del ministerio de atención a maltratadas— eran de estudiantes.

El programa contra la violencia de Fuenlabrada se basa en la colaboración entre diferentes instituciones. “Las tutoras de los institutos nos derivan muchos casos. Cuando notan un cambio en la forma de actuar de las alumnas, les preguntan y ellas lo cuentan. Normalmente dicen que tienen una ‘relación complicada”, apunta Blanca Vergara, responsable de la atención de las más jóvenes. Para lograr esta coordinación es necesario formar también al profesorado en cuestiones de igualdad. “El instituto es un observatorio privilegiado porque las chicas acuden cada día”, asegura.

“La transmisión de principios de igualdad es un entramado muy sutil”, declara la abogada Ángela Cerrillos, presidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis: “Me aterra ver cómo hijas de clientas mías reproducen y amplifican modelos que a su edad tendrían que estar enterrados”.

Fuente: El Pais

 

 

 

 

 

Las putas y los putos amos.

Hay un debate que lleva reproduciéndose en mi -corta- vida desde que tengo unos doce años. Todo comenzó en aquella época en la que se empieza a ir a fiestas, a ver a las chicas más como posibles ligues que como un amor infantil y a investigar el terreno de lo sexual. Es curioso encontrar un debate polémico tan vivo en una sociedad que no se interesa demasiado por asuntos políticos profundos.
Se trata, por supuesto, de la mítica pregunta:
“¿por qué cuando una tía se enrolla con muchos tíos es una puta pero cuando un tío se enrolla con muchas tías es el puto amo?”
Las putas
Las putas son siempre mujeres. No existen los “putos”. Tampoco existen los “zorros”. No se usa el apetito sexual del hombre como insulto, y quien lo haga no recibirá otra cosa que burlas y carcajadas.No hablamos de las prostitutas, mujeres que, forzadas o no, deciden vender su cuerpo a cambio de un salario. Hablamos de lo que en el lenguaje común (léase dominante) de las sociedades patriarcales* designa a aquellas mujeres, jóvenes o no tan jóvenes, que cometen el pecado de tener y satisfacer su deseo sexual. También se suelen utilizar comparaciones con animales: zorra, perra, loba…[*una sociedad patriarcal es aquella en la que los hombres tienen más poder (económico, simbólico, social, sexual…) que las mujeres y en la que estas están relegadas a la inferioridad en varios aspectos]

Si Marx dijo que las ideas dominantes en una sociedad son las ideas de la clase dominante yo os digo que las ideas dominantes en una sociedad patriarcal son las ideas de los hombres. De los hombres machistas, evidentemente.

Las putas, decíamos, son ese tipo de chicas que van a una discoteca vestidas como les da la gana y que cometen la desfachatez de enrollarse con una decena de tíos. ¡Esto es intolerable! ¡No queremos mujeres poderosas que vayan por ahí marcando territorio! Y menos en un espacio público. Dice la feminista francesa Valerie Despentes, autora del imprescindible libro La teoría King Kong:

el poder y el dinero resultan desvalorizantes para la mujer que los posee

Y tanto. A los hombres no nos gustan las mujeres que se pasean por el mundo con la cabeza alta y haciendo lo que les viene en gana. Nos gustan sumisas y calladas. Otra cosa es lo interesante que nos pueda parecer una chica poderosa con la que poder precisamente demostrar nuestras capacidades. “Eh, ¿ves a esa chica poderosa y segura de si misma de ahí? Apuesto a que puedo seducirla”. Se trata en todo caso de un reto que exalte nuestra virilidad.
Pero para una relación seria, para algo estable, preferimos chicas que sepan que su rol es ser dominadas. Esto no quiere decir que acepten necesariamente hacer las tareas domésticas o traer menos dinero a casa. La dominación masculina es en general mucho más sutil. Sin embargo todos conocemos a hombres que aseguran buscar una chica fuerte, autónoma y feminista. Habría que ver qué entienden por esos adjetivos. Habría que ver si aceptan realmente la igualdad de sexos con todo lo que conlleva.
Bueno, volvamos a las putas. Estas mujeres no solo disfrutan llevándose a la cama a decenas de hombres (encima son ellas las que les llevan a ellos, y no viceversa), sino que a menudo son las mismas que reconocen sin tapujos que se masturban y que cuando salen buscan liarse con tíos para luego pasar de ellos. El porno es algo de hombres. Es algo de lo que la cultura masculina se ha apropiado. Una mujer que ve porno raramente nos resulta políticamente correcta. No es moral ni respetable que una mujer se masturbe porque ella debe recibir el placer del hombre, no de Internet. Está ahí para ser complacida por un macho. Es una forma de demostrar nuestra virilidad, los orgasmos son logros nuestros. La mujer que se masturba se está saltando las reglas de la sociedad patriarcal, y eso no está bien. ¡Putas!
Estas mujeres reciben a la vez odio y admiración por parte de los hombres. Odio porque consideran una falta de respeto que una mujer pueda asumir el rol sexual activo y disfrutar tranquilamente de su sexualidad. Admiración porque ven en ellas una suerte de super-mujeres distintas y superiores al resto. En todo caso esta admiración es más sexual que otra cosa, y jamás se traduce como prestigio social. Más bien al contrario.
Las mujeres, nos dice la sociedad patriarcal, deben ser sumisas, calladas y deben quedarse en su rincón. ¿Qué es eso de ocupar el espacio público de forma arrogante? Estate en tu sitio que ya iré yo a seducirte. Porque el rol activo me pertenece a mí, tu tienes que dejarte hacer. Y hay alguno que si no te dejas hacer va a recurrir a otros métodos.
En todo caso estas putas son de todo menos femeninas. Pierden su feminidad y a la vez se ganan el desprecio de las chicas que sí son femeninas. Hablamos por supuesto de esas hordas de chicas que desprecian a las putas y las odian hasta extremos insospechados. Rabian tanto como los tíos.

ya conocemos el síndrome del rehén que se identifica con su carcelero -dice Despentes-. Así es como acabamos vigilándonos las unas a las otras, juzgándonos a través de los ojos de los hombres

Y por si se os ha olvidado cómo ser femeninas en una sociedad patriarcal, la misma autora que ya hemos citado os lo explica:

En general ser femenina se trata simplemente de acostumbrarse a comportarse como alguien inferior. No hablar demasiado alto. No expresarse en un tono demasiado categórico. No sentarse con las piernas abiertas. No expresarse en un tono demasiado autoritario. No querer el poder. No querer un puesto de autoridad. No reírse demasiado fuerte. No ser demasiado graciosa.

Las putas incumplen gran parte de estas normas sociales. No asumen el rol femenino, y eso nos aterra. Nos produce escalofríos una mujer libre y que no se deje dominar. Por mujer libre entendemos a una mujer realmente libre, no a una que se haga la difícil y la dura ante un hombre para después volver al lugar que le pertenece (no, las típicas heroínas de las películas no son iconos feministas). Nos da pánico no tener la iniciativa. Los que deberíamos ir por ahí enrollándonos con muchas tías somos nosotros, que somos protagonistas activos, no ellas, que deben dejarse hacer de forma pasiva.
Tal es la ideología machista que en estos momentos ha interiorizado la inmensa mayoría de la población, algo que cualquier lector más o menos coherente considerará horrible. Vayamos ahora con los putos amos.
Los putos amos
Aquí es distinto porque hablamos de hombres. Los hombres gozan -gozamos- de gran superioridad social con respecto a las mujeres por mucho que nos digan que el machismo es cosa del pasado.
Antes de nada definamos qué significa ser un puto amo. Para que el lector latinoamericano nos comprenda, ser el puto amo en España es sinónimo de ser alguien con seguridad en si mismo, que logra lo que se propone y que despierta admiración en otros hombres (y mujeres). Simplificando mucho, ser el puto amo equivale a ser alguien con prestigio social. Desconozco si la expresión se utiliza en toda España, pero por lo menos en Madrid es bastante corriente.
¿Por qué cuando un tío tiene una gran actividad sexual se le alaba? ¿Por qué no se le acusa de ser un “puto”?
Porque precisamente el rol de los hombres es ser protagonistas y seducir a muchas mujeres. Ser poderosos y activos en el arte de la seducción. Así es como demuestran su virilidad. No son como las mujeres, que deberían ser tímidas y sumisas. No. Los hombres tienen que ir a por todas, con todo y sin cortarse un pelo. Un hombre que seduce vale, una mujer que seduce… es una puta. Y ya está.
Con un patriarcado -relativamente- debilitado por los movimientos feministas y la necesidad del capitalismo de emplear mujeres (cuestan menos) los hombres encuentran en la promiscuidad y el ligue un espacio fundamental para demostrar sus capacidades. Si no nos dejan ser machos en casa, si no nos dejan ser quienes traemos el dinero al hogar, en algún lugar tendremos que expresar nuestro dominio. Pocas veces he visto a una chica salir de una discoteca enojada por no haber ligado, cosa que sí he percibido (y mucho) en los hombres. Si no ligas no eres un hombre, dado que no demuestras tu capacidad de atraer a las mujeres.
Las mujeres, recordemos, nunca seducen sino que son seducidas. Si una mujer seduce es que algo está tramando. Eso o que es una puta.
Es que en las sociedades patriarcales el hombre es fuerte y capaz, no pasivo y debil. Dice Fidel Castro, tras acabar la revolución cubana:

Que sepan los imperialistas que no se van a enfrentar con señoritos… ¡se van a enfrentar a hombres!

Que tengan cuidado los imperialistas, que se enfrentan a hombres de verdad, no a mujeres o a señoritos ricos y afeminados. Digo esto obviando que en comparación con los sistemas capitalistas los sistemas socialistas han sido y son más igualitarios. De eso no duda nadie, pero tampoco duda nadie de que en estos regímenes el machismo pervivió.
Es necesario apuntar que son especialmente los hombres menos seguros de sí mismos los que más se fijan en lo que hacen o dejan de hacer las tías. Los hombres conscientes de su inferioridad, de su falta de virilidad, son los primeros en acusar a las mujeres de ser zorras, guarras o putas. Ocurre que cuando un varón no se siente “hombre” exige a las mujeres que sean hipersumisas. Así él podrá sentirse más cómodo.
En fin, ¿qué problema puede haber en que un hombre se enrolle con muchas? ¿No es acaso la forma que tiene de marcar su territorio y demostrar sus habilidades? ¿No es ese su rol? Según Virginie Despentes,

Todas las cosas divertidas son cosas de hombres, todo lo que te hace ganar terreno es viril.

¡Qué razón tiene!
Sujeto activo, protagonista y dominador: eso es un hombre en las sociedades machistas. Los machos se construyen en oposición a los valores femeninos, son “no-mujeres”. Ellos son fuertes, las mujeres débiles. Ellos pueden y deben ligar con muchas, las mujeres deben ser señoritas amables y discretas. Ellos ocupan el espacio público con descaro, las mujeres lo hacen con discreción. Ellos se ocupan de las tareas nobles, ellas de las tareas que nadie reconoce.
Vamos, que ellos pueden ligarse a mil chicas en una noche y ser los putos amos. Pero si a una chica se le ocurre hacerlo es una puta. Y así es el patriarcado, querido lector.
Virginie Despentes, esta mujer que “se comporta como un hombre”, cuenta que cuando fue al psiquiatara para que la tratara, este le sugirió que fuese “más femenina”.

¿Se trataba de ser menos imponente, de dar más seguridad, de ser más accesible?

A los hombres que nos indignamos con el machismo musulmán nos deja otro recadito:

Pero eso [tratar mal a las mujeres] es exactamente lo que vosotros hacéis. Contáis cómo os aprovecháis de vuestro estatuto de dominantes para abusar de chavalitas que elegís entre las más débiles, contáis cómo las engañáis, las jodéis, las humilláis… todo para que os admiren vuestros colegas. (…) Triunfo de cobardes. Y es que hace falta reconfortar a los hombres. De eso se trata.

Fuente: lescommunards.blogspot.com.es