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Estos son algunos de los efectos de las drogas sobre la sexualidad

Drogas y sexo forman una mezcla explosiva se mire por donde se mire. “Los aparentes e iniciales ‘beneficios eróticos’ de las drogas esconden un dramático fin de la erótica. Las drogas, además, no mejoran la capacidad de seducción, ni la relación entre los sexos, sino que más bien la deterioran. El balance entre beneficio y riesgo es demoledor para la erótica y el arte de amar de las personas”, comenta Santiago Frago, director médico del Instituto de Sexología y Psicoterapia Amaltea, en Zaragoza.

“Los conocimientos que se tienen sobre los efectos de las drogas en la sexualidad son, desgraciadamente, muy escasos y dispares; de la misma manera que es difícil separar los efectos químicos de los psicológicos.  El hecho cierto es que no hay efectos generales sexuales de las drogas, sino particulares derivados de la singularidad y personalidad de los individuos y del efecto de las mismas a corto, medio o largo plazo”, dice el especialista en Sexología.

Según Frago, el tipo de consumo constituye una variable fundamental de cara a evaluar el efecto de las drogas para con la respuesta sexual. “No es lo mismo un consumo fortuito que intermitente, ocasional, habitual o compulsivo. Lo realmente preocupante de las drogas no es tanto la adicción física y psicológica que acarrean, sino las personalidades compulsivas cuyos comportamientos obligan a ciertas personas a realizar algo que va en contra de sus intereses y que no pueden evitar hacerlo; sin olvidar la tendencia al policonsumo”.

La tendencia actual, en algunas personas, es consumir drogas de tipo euforizantes para practicar sexo.
Fuente: http://www.cuidateplus.com

¿Son diferentes los efectos sobre la sexualidad según las drogas que se consuman? “Sí. Las diferencias fundamentales son los efectos iniciales (relajación o euforia), aunque con todas las sustancias se facilita una desinhibición. La tendencia actual es consumir drogas del segundo tipo (euforizantes), ligadas, por lo general, a prácticas sexuales masivas y con menos vínculo emocional”, responde Daniel Anadón Mateo, psiquiatra de la Clínica Nuestra Señora de La Paz (Madrid), de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

Los expertos detallan, a continuación, qué efectos tienen las drogas sobre la respuesta sexual, tanto masculina como femenina:

Alcohol

Es un mito que el alcohol sea afrodisíaco”, afirma Frago, comentando que “hay un aparente aumento del deseo erótico tras una ingesta alcohólica moderada, pero la realidad es que dificulta el orgasmo femenino y precipita la disfunción eréctil en el hombre.  Por no hablar de los  conflictos de pareja que se derivan tras la ingesta abusiva del alcohol, puesto que exacerba las conductas celosas y predispone a la violencia”.

En palabras de Anadón, “el alcohol a bajas dosis tiene un efecto desinhibidor y aumenta la autoestima sexual. A dosis moderadas y altas ya es depresor, y a largo plazo disminuye la testosterona, la hormona de crecimiento y aumentan los estrógenos”. Aportando un poco de historia, este experto recuerda que “William Masters y Virginia Johnson -unos de los primeros sexólogos- ya averiguaban en 1983 que concentraciones muy bajas de alcohol tienen un suave efecto intensificador del deseo, la excitabilidad y la erección, pero con las concentraciones en sangre correspondientes a dos o tres copas de licor las erecciones se ven levemente suprimidas y la eyaculación, retardada”.

Con el paso del tiempo, prosigue Anadón, el consumo de alcohol hace que disminuyan las neuronas hipotalámicas que producen la oxitocina implicada en la respuesta sexual de ambos sexos. Ésta es la causa de la alta frecuencia de anorgasmia en hombres y mujeres bebedores. En concreto, del 30 al 40 por ciento de las bebedoras presentan trastornos de la excitabilidad a largo plazo  y el 15 por ciento anorgasmia. Además, la bebida excesiva puede alterar las hormonas y bloquear la ovulación.

Derivados del cannabis: marihuana y hachís

Respecto a las sustancias derivadas del cannabis, como marihuana y hachís, “se han constatado casos de mujeres con disminución de la lubricación vaginal, lo que en ocasiones hace el coito más doloroso. Su consumo continuado suele conducir al desinterés por el sexo”, destaca el director médico de Amaltea.

Por su parte, Anadón refiere que “el cannabis aumenta la percepción sensorial y provoca distorsiones en la noción del tiempo, pero el 15 por ciento de las mujeres se queja de sequedad vaginal. El consumo prolongado puede reducir también los niveles de testosterona y el líquido seminal, así como el funcionamiento ovárico en las mujeres”.

Cocaína

La cocaína, explica Frago, da lugar a un efecto controvertido en relación a la respuesta sexual: “Su uso esporádico puede incrementar las sensaciones corporales, pero su uso habitual provoca, en ocasiones, disfunción eréctil y priapismo (erección dolorosa y permanente), así como una importante pérdida del deseo sexual. Esta droga ha demostrado ser un potente anestésico local, reduciendo la sensibilidad genital, además de magnificar las conductas celotípicas -celos fuera de control-”.

Al respecto Anadón explica que con la cocaína “existe la idea de que es un potente estimulante sexual, lo que no es cierto, aunque sea un euforizante y dinamizante que ayuda a iniciar cualquier contacto”. El experto aporta los siguientes datos: “El 62 por ciento de los hombres adictos a la cocaína sufrían disfunción eréctil, según un estudio del psiquiatra estadounidense James Cocores publicado en 1988. El 60 por ciento de las fumadoras de crack eran anorgásmicas y el 72 por ciento de los hombres sufrían disfunción eréctil. La adicción ‘sexo-coca’ cada día es más frecuente por este efecto facilitador de las relaciones”.

Anfetaminas

Según el psiquiatra de la Clínica Nuestra Señora de La Paz, las anfetaminas producen insomnio en ambos sexos, un incremento del rendimiento físico e intelectual y gran euforia. “De ahí que actúen sobre las sensaciones orgásmicas. Pero hay efecto rebote, impidiendo mantener la erección durante varias horas en hombres, y elevando los riesgos cardiacos en ambos sexos”.

Heroína

“Si hablamos de la heroína, se sucede una inhibición del orgasmo y eyaculación, deseo sexual inhibido y fracaso eréctil en el varón. En la mujer aparece la anorgasmia, falta de deseo y alteraciones menstruales”, indica Frago.

Nicotina

Incluso la nicotina, sustancia adictiva contenida en el tabaco, puede tener efectos sobre la sexualidad. “Estrecha las arterias y facilita la disfunción eréctil en el hombre, así como los problemas de lubricación en la mujer”, concluye Frago.

Publicado originalmente por Ana Callejo Mora, el día viernes 9 de marzo de 2018 en www.cuidateplus.com

Si supiéramos más ciencia, no tacharíamos a las personas por su tendencia sexual

Las personas homófobas en realidad rechazan su propia tendencia, según un estudio de la Universidad de Rochester

Seguimos juzgando a las personas que tienen distinta tendencia sexual a la nuestra, cuando la ciencia demuestra que la conducta sexual es más compleja y rica en posibilidades. El reto pasa por conocernos más a nosotroxs mismxs.

Si supiéramos más ciencia, no tacharíamos a las personas por su tendencia sexual

Irenka Barud

Nuestra conducta sexual es más compleja que la simple clasificación de hetero, gay o bisexual, como ha demostrado la ciencia. De hecho, nuestra “querida” tendencia a etiquetar lo que es diferente a nosotrxs no es correcta o incluso, se debe a motivos más profundos basados en el miedo, como han demostrado recientes estudios científicos.

Todo comenzó con un biólogo. Era 1948 y Alfred Kinsey sustituyó el microscopio por entrevistas a 12.000 personas, que narraron sus experiencias íntimas. Conclusión: el 37 por ciento de los hombres que participaron en el estudio habían tenido alguna vez alguna experiencia homosexual real o imaginaria. Lo publicó en un libro, todo un best-seller, y fue carne de críticas agresivas, como es de imaginar. Y no era para menos. La religión y la ética habían sido las dueñas y señoras de lo correcto o no en la materia (baste recordar que años después, en 1952, el gran genio Turing fue procesado por mantener relaciones con otros hombres).

Desde que Alfred Kinsey puso la primera piedra, más allá de su rigor, ha servido para dar paso a un sinfín de estudios científicos que siguen insistiendo en la riqueza de nuestra conducta sexual, como el que se publicó recientemente apoyándose en un movimiento la mar de involuntario: la retina de nuestros ojos. Cuando algo nos excita, nuestra retina se dilata (puedes hacer la prueba a tu pareja mientras ve ciertas imágenes, por cierto). Hasta hace poco no era fácil de medir, pero Gerulf Rieger y Ritch C. Savin-William, profesorxs de la universidad de Cornell (Ithaca, Nueva York), valoraron con un rastreador infrarrojo qué ocurría en los ojos de 325 voluntarixs mientras veían videos eróticos de mujeres y hombres. Sus conclusiones son curiosas: la primera, las pupilas de los hombres bisexuales se dilatan del mismo modo viendo mujeres que hombres, es decir, no parece que existan preferencias a pesar de lo que popularmente siempre se ha creído. Y segundo, como era de esperar, los hombres heterosexuales mostraron fuertes respuestas pupilares a los videos sexuales de las mujeres y menos a los hombres (aunque también existían). Sin embargo, las mujeres heterosexuales mostraron respuestas pupilares a ambos sexos. En resumen: existe una amplia riqueza de respuestas posibles.

Sin embargo, a pesar de que la ciencia demuestra que no podemos encasillar lo que sentimos o deseamos, todavía siguen existiendo muchas cortapisas y culpabilidades a la diversidad. De hecho, en 2015 se pidió que una revista sumamente prestigiosa, Pyschology Today, dejara de promocionar terapeutas que “curaban” tendencias enmarcadas en LGTB. Quizá si conociéramos más qué se esconde detrás del rechazo, podríamos salir de él. Como ha demostrado un estudio liderado por investigadorxs de la Universidad de Rochester, de la Universidad de Essex y de la Universidad de California en Santa Bárbara. Después de analizar cuatro estudios diferentes a un total de 160 personas, se comprobó la discrepancia entre la tendencia sexual expresada y la realmente sentida. Y la conclusión es reveladora: las personas homófobas en realidad rechazaban su propia tendencia sexual. La represión en casa, la educación, lo que debería ser y no se sentía, les condicionaba fuertemente y les llevaba a aborrecer su propia tendencia.

En definitiva, la conducta sexual es compleja, difícil de encasillar y todo aquello que nos impida reconocer la diversidad de otrxs y la nuestra propia, nos pone zancadillas en nuestra realización y felicidad personal. Vale la pena en vez de juzgar a otras personas, comenzar a preguntarse qué me ocurre cuando veo a personas diferentes a mí. Hasta que no miremos más hacia dentro, será muy difícil que podamos avanzar. Y mientras eso suceda, esperemos que la ciencia siga aportando datos para convencer a lxs más escépticxs.

Noticia original: www.elpais.com

La historia machista de los anticonceptivos

La píldora anticonceptiva oral combinada, ese fármaco hormonal destinado a inhibir la fertilidad femenina tras una relación sexual con riesgo de embarazo, es en realidad otra muestra más de cómo el machismo está presente en todos los ámbitos, incluída la medicina.

 

 

La invención de esta diminuta pastilla es atribuida al químico mexicano Luis Ernesto Miramontes, quien, en octubre de 1951, sintetizó el compuesto activo básico de los primeros anticonceptivos orales: la noretisterona. El uso frecuente de este derivado del esterano conlleva una larga lista de riesgos para la salud: aumento de la hipertensión y del tromboembolismo, la formación de cálculos biliares, hemorragias uterinas/vaginales, mareos y náuseas e incluso estados depresivos. Todos estos “efectos adversos” están recogidos en los prospectos incluidos en la empaquetación de dichos fármacos.

Al fin y al cabo son hormonas que ingerimos cada 24 horas durante períodos de 28 días aproximadamente, tal y como aconsejan quienes las recetan. Actualmente, más de 100 millones de mujeres, de las cuales 12 millones son estadounidenses, toman este método anticonceptivo tan nefasto para la salud. El uso de los anticonceptivos varía según el país, la educación y la edad, pero el público siempre es el mismo. ¿Por qué?

¿No existen píldoras para hombres? Al parecer, sí. El año pasado llegó hasta nuestros oídos la noticia de que un grupo de científicos australianos había desarrollado supuestamente una píldora anticonceptiva que bloquea el transporte de espermatozoides durante el coito sin afectar a su fertilidad. Uno de sus creadores, Sab Ventura, afirmó que este método podría comercializarse dentro de diez años. Pero, ¿sería exitoso el uso de esta píldora entre los hombres?

 

Personalmente, creo que es improbable (o mejor dicho, imposible) en esta sociedad ultra-machista y patriarcal, que ha elevado la eyaculación masculina a la categoría “eso es lo que te hace un verdadero hombre”. Por eso se investigó desde un principio los métodos anticonceptivos para mujeres, algo que también ha servido como excusa para quienes prefieren penetrar sin preservativo.

Muchos dirán “la vasectomía es para hombres”, y así es, aunque la práctica de esta operación quirúrgica no es muy habitual, por no decir casi nula. Por cada 12 mujeres, un hombre se practica una cirugía de anticoncepción. Sin embargo, la ligadura de trompas es el método anticonceptivo que más se usa en el mundo: sorprendentemente, más de 150 millones de mujeres ya se han esterilizado.

Curiosamente, cada día vemos por los medios de comunicación anuncios destinados a hombres de más de cuarenta años preocupados por la disfunción erectil, por no hablar de la estimulante “pastillita azul” que consigue levantarte el ánimo y consolidar la reputada virilidad.

 

Con todo esto no estoy defendiendo aquella idea que nos inculcaron nuestros padres y abuelos de que cada relación conllevaba sí o sí ser madre. El embarazo ha de ser siempre una opción, no una obligación. Tampoco, y mucho menos, defiendo la enfermiza abstinencia sexual. Lo que sí pretendo es sensibilizar a toda persona que lea este artículo en el que he detallado y argumentado lo que, desde mi punto de vista, es algo a tener muy en cuenta: métodos anticonceptivos para ellas, afrodisíacos para ellos.

Daniel Curbelo
@Danmarcur

Fuente: Orbitadiversa.wordpress.com