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¿Café o Cerveza? ¿Cuál es «mejor» para estimular tu creatividad?

Con cierta frecuencia las labores creativas requieren de condiciones específicas. Hay quienes ordenan su espacio de trabajo de cierta forma, con ciertos libros a la mano, con un bolígrafo y un lápiz y con otros accesorios que necesitarán eventualmente. Hay quienes trabajan rodeados de plantas y otros en habitaciones suficientemente iluminadas (preferentemente con luz natural). Asimismo, es común que algunos no puedan comenzar si antes no han bebido un par de tazas de café o, por otro lado, si en el ínterin no han bebido uno o dos vasos de cerveza. Otros como Bukowski sostienen, en cambio, que nada de esto es útil.

Sea como fuere, entre las bebidas, el café y la cerveza son quizá las más usuales para acompañar las tareas que requieren de cierto nivel de innovación mental. Como sabemos bien, la cafeína estimula nuestro cerebro y nos “despierta”, lo cual nos sirve si necesitamos mantenernos atentos. El alcohol, por su parte, desinhibe, flexibiliza los límites que nos hemos impuesto y hace que atrevernos parezca más fácil de lo que creemos cuando estamos sobrios —de nuevo, efectos que crean un ambiente propicio para la generación de ideas.

Ryoko Iwata, del sitio I Love Coffee, elaboró recientemente este infográfico en el que compara café y cerveza para saber qué bebida elegir para favorecer nuestra creatividad.

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Iwata parte de las zonas del cerebro en donde se incuban las ideas y adonde llegan tanto la cafeína como los elementos estimulantes del alcohol: el córtex cerebral en el caso de la cerveza y los receptores de adenosina en el caso del café. Cuando el alcohol inunda el córtex (el cual se encarga de las operaciones relacionadas con el lenguaje, el pensamiento y la interacción), entonces el cerebro se libera de las preocupaciones cotidianas y se muestra dispuesto a trabajar en un solo asunto. Con el café, la cafeína sustituye a la adenosina y como consecuencia nuestra mente obtiene una carga repentina de energía.

Pero, como también sabemos, existen algunos efectos secundarios negativos. Después de dos cervezas la atención inicial se perderá y el empeño que tuvimos al inicio se disolverá en el nihilismo que viene con el alcohol. El café nos mantendrá en sobriedad, pero necesitaremos una dosis creciente para conseguir los efectos que alguna vez alabamos.

Fuente: http://pijamasurf.com

El alcohol se relaciona con 3,3 millones de muertes anuales en el mundo

  • El 7,6% de los fallecimientos de hombres y el 4% de los de mujeres se deben a la bebida

  • Cánceres, accidentes, «violencia» y enfermedades hepáticas son las principales consecuencias

El alcohol forma, junto al tabaquismo, la mala dieta y la falta de ejercicio el cuarteto de causas de muertes prevenibles, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta acaba de presentar un estudio mundial sobre esta sustancia,y la principal consecuencia es que la bebida se relaciona con 3,3 millones de muertes en el planeta –el 7,6% de los de hombres y el 4% de los de mujeres, lo que da una media de aproximadamente el 6% de las defunciones del planeta cada año-. Esta proporción es reflejo de que los hombres son más bebedores que las mujeres, aunque hay datos que demuestran que ellas son más susceptibles a algunos efectos adversos de la bebida. No solo por cuestiones intrínsecas (suelen pesar menos, tienen menor capacidad de procesamiento hepático y más proporción de tejido graso, que son factores de riesgo), sino también sociales, porque son víctimas de violencia por sus parejas cuando beben, por ejemplo.

Europa es la región con mayor porcentaje de bebedores, y, dentro de ella, España se acerca mucho a la media: 11,2 litros de alcohol puro al año (10,9 es la cantidad europea), que sube a 16,4 litros cuando se reparte solo entre bebedores; el 68,3% de los mayores de 15 años beben; un 19,6% de ellos son bebedores de riesgo y hay un 0,7% de personas con dependencia alcohólica (frente al 4% de Europa). La proyección hasta 2015 es de una estabilización.

La segunda región es América: el 70,7% de los mayores de 15 años y el 52,8% de las mujeres de esa edad bebe, muy por encima de la media mundial (el 47,7% y el 28,8% respectivamente).Sin embargo, en cuanto a los litros ingeridos por cada bebedor, el continente está por debajo de la media, solo por delante del norte de África y Oriente próximo. También en América es donde hay más mujeres con problemas de comportamiento asociados al alcohol, y donde hay más regulaciones sobre el acceso. Por consumo, en el continente destacan Canadá, Granada y Santa Lucía, con más de 10 litros por bebedor.

El informe divide las bebidas en tres grupos: espirituosas (licores), cerveza y vino. Cada una representa, respectivamente, el 50,1%, el 34,8% y el 8% del alcohol ingerido. En la región europea el reparto es: 39,9% de cerveza, 32,9% de espirituosos y el 25,7% de vino. En América, 55,3% de licores; 32,6% de cerveza y 11,7% de vino. El modelo español es diferente: 50% de cerveza, 28% de licores y un 20% de vino.

Cánceres, accidentes, violencia y daños hepáticos son las principales consecuencias del consumo de alcohol, pero el informe destaca que hay evidencia de su relación en otras enfermedades, como el sida o incluso la tuberculosis, por su efecto sobre aspectos como el uso de medidas preventivas. Hasta 200 patologías se relacionan con el consumo de alcohol. De ellas las hay propiamente efecto de la bebida (el síndrome alcohólico fetal), pero también las hay relacionadas como la pancreatitis, cirrosis, cáncer de boca y faringe o problemas neurológicos y enfermedades mentales que se van agravados, como la epilepsia. Además están las complicaciones cardiovasculares.

Pero el alcohol no solo causa muertes. Las organizaciones sanitarias tienen otra medida para evaluar el impacto de una enfermedad o problema: los años de vida saludable perdidos (DALYs). En 2012, según el estudio, fueron 139 millones, o el 5% del total atribuido a todas las enfermedades.

Todos estos datos sitúan el consumo de alcohol entre las cinco primeras causas de enfermedad, discapacidad y muerte en el mundo. Y ello sin contar las consecuencias socioeconómicas del abuso del alcohol, que se pueden dar hasta en las sociedades más tolerantes: pérdida de ahorros, del trabajo, problemas familiares o estigma y discriminación.

Sin embargo, la OMS destaca que dos tercios de la población del planeta no bebe, por lo que esta cifra se concentra en el otro tercio (el 38,3% que sí lo hace), que consume, de media, 17 litros de alcohol puro al año. El trabajo destaca que hay una relación entre la riqueza de un país y la bebida. Es la cantidad y el modo de consumo lo que determina el daño, señala la OMS. El tercer aspecto es la calidad del alcohol consumido, pero a distancia de los otros dos factores. Y ello a pesar de que un 25% de la bebida consumida es de fabricación casera.

“Hay que hacer mucho más para proteger a la población de las consecuencias negativas del consumo de alcohol”, ha dicho Oleg Chestnov, experto en enfermedades crónicas y salud mental de la OMS. Con estos datos “no hay lugar para la complacencia”.

España, un modelo más seguro y a la baja

De los datos sobre España que recoge la Organización Mundial de la Salud en su informe sobre los daños del alcohol destacan dos: es de los pocos países en los que el consumo, medido en litros, baja algo (de 12,3 en el periodo que va de 2003 a 2005 a los 11,2 de media entre 2008 y 2010), y también es de los pocos países en los que la “forma de consumo” se considera menos peligrosa (un 1 en una escala del 1 al 5 asignada por la propia OMS).

Esto último parece que tiene que ver con una forma mediterránea de beber, con consumos abundantes pero sostenidos, en lugar de una manera más nórdica, las llamadas borracheras de atracón —binge drinking en inglés—. De hecho, solo un reducido grupo de países está en este grado de menor riesgo, todos de Europa occidental y del sur: Portugal, Francia, Italia, pero también Alemania, Holanda, Bélgica, Austria y Suiza. Entre los países donde peor se bebe, destacan Rusia y Ucrania (un 5 en la escala), pero en el grupo con un 4 están Reino Unido y muchos de Europa del Norte.

Respecto al consumo, la lista de países que beben menos es muy heterogénea: junto a España están Eritrea, Venezuela, Sudáfrica, Guatemala y Guinea.

Fuente: elpais.com

Beber cerveza antes de las copas es mejor y otros mitos sobre el alcohol

Es la droga más consumida y la que envía a sus usuarios al hospital con más frecuencia. Y sin embargo, menos del 60% de los bebedores empedernidos reconoce que sus hábitos les ponen en riesgo, según la Encuesta Global sobre Drogas de 2014.
Ya sea por el carácter festivo del alcohol, por sus beneficios sobre la salud (cuando se toma con moderación) o simplemente por su omnipresencia en cualquier reunión social, muchos bebedores no se toman en serio este problema. Por eso, le pedimos a Kenneth R. Warren, director adjunto del National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (NIAAA) que nos ayudara a aclarar algunas cuestiones.

Mito 1: Puedes tomarte una bebida alcohólica cada hora y conducir sin problema hasta casa

Probablemente hayas oído esta teoría, según la cual nuestro cuerpo procesa de forma natural una bebida cada hora. En realidad, explica Warren, se necesitan unas dos horas. “La tasa media para metabolizar el alcohol es de 100 miligramos de alcohol por kilogramo de peso corporal a la hora”, señala. “Para una persona de 72 kg, dice, esto se traduciría por unos 7 gramos de alcohol a la hora. Un tercio de cerveza equivale aproximadamente a 14 de gramos de alcohol, por lo que se necesitarían dos horas para metabolizarlo. Por tanto, si te pides algo cada hora, lo normal es que también vayas perdiendo facultades cada hora”.

Mito 2: Puedes espabilarte rápidamente si te lo propones

Nada puede acelerar el proceso, ni una taza de café caliente ni una ducha fría. De hecho, la cafeína puede empeorar la situación, según el experto. “La cafeína es un estimulante y, como consecuencia, la persona que la tome estará más despierta, pero no menos ebria”, afirma. “Así, puede crearse una falsa impresión de confianza”, lo que podría dar lugar a un comportamiento más temerario.

 

Mito 3: Si “abres el grifo”, te pasarás toda la noche en la cola del baño

El alcohol te hará pasar más tiempo en el baño que si no hubieras bebido, puesto que inhibe la hormona vasopresina, que hace que se envíe más líquido a la vejiga. Además, el alcohol es diurético, por lo que cada célula de nuestro cuerpo genera más líquido cuando bebemos. El fluido adicional también va a parar a la vejiga. Por tanto, es normal que, de repente, te entren ganas de ir al baño… Y está claro que si sigues bebiendo, la cantidad de líquido que necesites eliminar irá en aumento. No obstante, no tiene nada que ver con el tiempo que aguantes antes de ir la primera vez a los aseos.

 

Mito 4: Cerveza antes de los cubatas, resaca asegurada

Lo cierto es que las resacas están producidas por la cantidad de alcohol que has consumido, no por el orden en el que lo hayas consumido, explicaba el New York Times. “La gente suele empezar bebiendo cerveza y pasar después a las bebidas destiladas, por lo que piensan que son estas últimas las que emborrachan”, contaba al Times Carlton K. Erickson, director del Addiction Science Research and Education Center de la Facultad de Farmacia en la Universidad de Texas. “Sin embargo, el hecho de mezclar ambas en realidad no tiene nada que ver”.

 

Mito 5: La cerveza da barriga cervecera

Es verdad que puede hacerlo, pero al igual que cualquier cosa que consumas en exceso. La típica “barriguita cervecera” es una señal de que te estás sobrepasando con algo, pero no necesariamente con la cerveza. “Lo normal es que la tripa cervecera se deba a un consumo excesivo de calorías en general”, explicaba a The Huffington Post Marion Nestle, profesora de nutrición y salud pública en la Universidad de Nueva York.

 

Mito 6: Una copa antes de ir a la cama te ayudará a dormir

Puede que así te resulte más fácil dormirte, pero el sueño rápido que te produce el alcohol también se interrumpe con facilidad. Según un análisis realizado en 2013, el alcohol suele afectar al sueño durante la fase de movimiento ocular rápido, lo que hace que disminuya el tiempo que pasamos en esta etapa crucial.

 

Mito 7: La clave son los “chupitos” que previenen la resaca

No existen pruebas científicas que demuestren lo que prometen esos productos que se venden como la cura de las resacas, independientemente de la cantidad de vitaminas que contengan, afirma Warren. “En los últimos tiempos, [los fabricantes] han añadido tiamina, ácido fólico, vitamina B6 o vitamina B12 y afirman que esto contribuye a acelerar la eliminación de alcohol”, explica, pero “no hay nada que pruebe esto”.

 

Mito 8: Tomando bacón, huevos y queso a la mañana siguiente, te quedarás como nuevo

Casi todo el mundo tiene sus propios remedios gastronómicos para acabar con la resaca, pero lo que importa de verdad es lo que comas antes (o durante) la noche, asegura Warren. “Si comes antes de beber o mientras estás bebiendo, la comida disminuirá la tasa de absorción del alcohol en el cuerpo y… la concentración de alcohol en la sangre no será tan elevada”, dice. No obstante, ninguna investigación sostiene que los desayunos post-party tengan algún beneficio.

 

Mito 9: Desmayarse a causa del alcohol no es para tanto

Puede que alguna vez hayas oído a alguien presumir de haberse levantado del suelo sin saber muy bien cómo había llegado hasta ahí… como si desmayarse fuese un nivel más en la borrachera y no algo peligroso. “La intoxicación etílica consiste en beber tal cantidad de alcohol que se inhibe la actividad del sistema nervioso, de modo que el individuo detiene sus funciones corporales”, explica Warren. Algunas de las respuestas reflejas que nos mantienen vivos (como la tos, las arcadas o la respiración) pueden dejar de funcionar por completo, lo que puede llegar a causar la muerte o, lo que es más común, que alguien se trague su propio vómito y se ahogue. “Una persona tiene que saber cuánto está bebiendo y asegurarse de que no está arriesgando su vida”, señala Warren.

 

Fuente: huffingtonpost.es