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La droga caníbal se consume en Madrid: peligro inminente y un mito a desmontar

Algunos especialistas consideran que no existe esta droga. «Estas sustancias no pueden instigar comportamientos tan específicos con tanta regularidad».

Tres heridos en una pelea en un piso de La Latina (Madrid). Dos varones y una mujer, treintañeros todos, que se habían herido ellos solitos, sin la mediación de nadie más. Lo más curioso es que presentaban heridas provocadas por bocados. Se habían mordido los unos a los otros. La policía informó de que los tres se habían montado una pequeña fiesta, consumieron una droga y acabaron golpeándose y emprendiéndola a dentelladas entre ellos, como si fuesen depredadores. La misma policía afirmó en la nota de prensa que se trataba de la mítica “droga caníbal”.

El 112 tuvo que atender a los heridos de La Latina. Fuente: www.elespanol.com

Días después, el diario ABC hablaba con los jóvenes y los bautizaba como «trío caníbal». Ellos explicaban que habían consumido una sustancia denominada “Nexus”. Una sustancia que, por definición, no tiene efectos que puedan relacionarse con este tipo de comportamientos. Pero entre la información oficial de la policía y las declaraciones de los propios afectados, la noticia ha corrido como la pólvora: la droga caníbal, la que provoca que la gente acabe devorándose entre sí, ha vuelto a España. Pero… ¿qué hay de cierto en todo esto? ¿Estamos ante un peligro inminente o ante un falso mito que hay que desmontar?

Hay varias incongruencias en este asunto. Para empezar, los especialistas consideran que no existe una “droga caníbal”. No hay una sustancia que provoque que quien la consume necesite morder a las personas. “Decir que una sustancia te puede volver caníbal es tan verídico como decir que te puede hacer hablar latín. Las drogas no pueden instigar comportamientos tan específicos con tanta regularidad”, cuenta un experto consultado por EL ESPAÑOL.

El zombi de Miami: contigo empezó todo

Entonces… ¿de dónde viene lo de “droga canibal” que cada año deja un buen reguero de titulares? La primera referencia que se tiene sobre una persona que empezó a morder tras consumir una droga tiene lugar en 2012, en Florida. Un chico de 31 años llamado Rudy Eugene fue abatido por la policía en una calle de Miami después de haberse comido el 75% de la cara de Ronald Poppo, un mendigo de 62 años. Además de la salvajada, la policía tuvo que dispararle hasta seis veces, sin que las balas pareciesen afectarle. Finalmente murió por los disparos, pero su resistencia a los tiros le valió al protagonista el sobrenombre póstumo de “Zombie”. Y el haber mordido la cara del mendigo le confirió a la droga el sobrenombre de “caníbal”. Porque, supuestamente, el chico iba drogado. Supuestamente.

Alguien publicó que el agresor había consumido una droga de nueva síntesis, cuyo nombre comercial era “Ivory wave” (Ola de marfil). Se vendía bajo la apariencia de sales de baño para poder burlar su prohibición y venderla de forma legal. Pero en realidad era MDPV (metilendioxipirovalerona). Un estimulante de efectos remotamente parecidos a la cocaína, pero bastante más potente y y duradero. Además, el MDPV tiene efectos alucinógenos. Este tipo de estimulantes pueden provocar, en altas dosis, ataques de pánico y psicosis, según la página Energy Control. Curiosamente, el MDPV es uno de esos intentos de las farmacéuticas de conseguir sintetizar medicamentos para prescribir, pero que finalmente, por sus efectos, no pudieron ser usados para ser prescritos y que ahora se venden en la deep web como drogas de nueva síntesis. El MDPV en concreto salió de los laboratorios de Boehringer Ingelheim. Es la misma empresa que comercializa el Bisolgrip o el Pharmaton Complex.

Rudy Eugene se comió el 75% de la cara de un mendigo tras, supuestamente, tomar droga. Fuente: www.elespanol.com

Además de MDPV, el Ivory Wave lleva lidocaína, que es lo que nos ponen los dentistas en la boca para anestesiarla. El objetivo de incorporar esa sustancia es conseguir que se duerma la boca, como produce la cocaína de forma natural.

Una mentira repetida mil veces

Lo más interesante de todo este caso es que, después de que los medios de comunicación hubiesen vinculado el nombre de una sustancia (MDPV) con un comportamiento caníbal, la autopsia de Rudy Eugene reveló que no había rastro de esa sustancia en su cuerpo. Lo de quién creó y propagó ese bulo se pierde en la noche de los tiempos. Sea como sea, el MDPV ya estaba estigmatizado para siempre por ese episodio. Lo de la mentira repetida mil veces…

Las primeras referencias de “droga caníbal” (directamente, sin pasar por la denominación de MDPV) en España tienen lugar en Ibiza en 2014, por unos decomisos policiales de la sustancia. Sin llegar a producirse ningún caso, se vendió públicamente como droga caníbal a causa del episodio de Miami. Las incautaciones policiales por un lado, algún comportamiento violento y extravagante de consumidores de drogas por otro, y algunos vídeos virales de Youtube como guinda, hicieron el resto.

Problemas de salud mental, la causa principal

En España no se han registrado casos de comportamientos caníbales a causa de consumos de drogas. Ni aquí ni en ninguna parte. “No existe un solo caso de ataques caníbales documentado en toda la literatura científica mundial que se atribuya al MDPV”, aseguran en Energy Control, que sí destaca que “el 46% de los usuarios tenían antecedentes de problemas de salud mental”.

En España no se han registrado… hasta la semana pasada, cuando tuvo lugar el famoso episodio del “Trío caníbal de La Latina” como ya lo ha calificado el ABC. Esto nos lleva a la segunda parte: los protagonistas del suceso aseguran que tomaron “nexus”. Una sustancia que no tiene nada que ver con el MDPV. ¿Qué hay de cierto en eso?

¿Nexus? ¿Qué es el nexus?

“Las probabilidades de que esa sustancia fuese nexus son remotas”, cuenta un dealer a EL ESPAÑOL. Porque… ¿qué es exactamente el nexus? Es una sustancia cuyo nombre real es 2CB. Se trata de una especie de droga mítica que gozó de gran popularidad durante la primera década de nuestro siglo, pero que ya es casi imposible encontrar. Es una droga a medio camino entre el MDMA y el LSD. Estimulante por un lado, alucinógeno por el otro. “Pastillas triposas”, las llaman. Apodo fruto de la mezcla entre las pastillas de éxtasis y los tripis.

Ronald Poppo, antes y después de que se comiesen el 75% de su cara. Fuente: www.elespanol.com

Pero el nexus es suave. Nadie ha muerto de una sobredosis de nexus. Podría haberlo hecho su creador, el químico Alexander Shulgin, un tipo que probaba sus propias invenciones. Cuando le tocó catar el nexus, se equivocó de balanza y tomó una dosis diez veces más alta de la recomendada. No sólo no se murió, sino que el pepinazo fue antológico y él lo celebró. En resumen: no es una droga de alta toxicidad, como sí que parece haber sido la del episodio de los caníbales de La Latina.

Pero es que además, los efectos del nexus no conducen en ningún caso a episodios de violencia. Se caracteriza por ser una droga que provoca “buen humor” en dosis bajas y algún proceso alucinatorio en dosis más altas, pero sin llegar al extremo de que tres consumidores de nexus acaben mordiendose la cara entre ellos.

Gato por liebre, oso por nexus

Sí que sucede que es una sustancia ya casi imposible encontrar. Ni siquiera en círculos reducidos. Su último Heisenberg fue un noruego que las sintetizaba al 98% de pureza y las vendía en la deep web, pero que un buen día desapareció y nunca más se supo. Pero como el nexus gozó de muy buena prensa entre los consumidores, muy a menudo se venden otras sustancias y las hacen pasar por nexus.

El caso más paradigmático lo explicamos aquí en EL ESPAÑOL. Durante unos meses, en Barcelona se consumía una sustancia impregnada en ositos de caramelo. Los suministradores la ofrecían como nexus, porque el efecto es muy similar, pero el análisis de la sustancia que llevó a cabo Energy Control determinó que aquella droga era 25N-NBOMe. Una droga conocida en Sudamérica como “La Bomba” y mucho más tóxica que el nexus. De hecho, en Estados Unidos y Australia ha causado varias muertes. Lo más probable es que a los tres de La Latina también les tomasen el pelo y les diesen gato por liebre, como a los de Barcelona les daban oso por nexus.

Ositos de gominola impregnados de una droga que vendían como nexus. Fuente: www.elespanol.com

Entonces, si la relación del MDPV con el canibalismo fue un invento de la prensa, si el nexus no provoca este tipo de efecto ni de lejos, si no hay una droga que provoque por definición estos efectos… ¿Qué pasó en La Latina? Porque lo que está claro es que esas tres personas acabaron a mordiscos entre ellos y eso nadie se lo puede quitar.

Y la droga más asociada a la violencia es…

Explican desde Energy Control que “todas las drogas estimulantes pueden inducir en sobredosis o en personas predispuestas, episodios de agresividad o violencia”. Un especialista cuenta que “en el caso de esta noticia parece ser una de estas cosas estrambóticas que pasan, en parte por mala suerte y en parte porque a las personas a veces se les manifiestan tendencias violentas. Tal vez la confusión de un alucinógeno mezclada con lo que empezó como una pelea desembocó en mordiscos. Igual que a Mike Tyson a veces le da por morder orejas, igual que hay gente que muerde antes de pegar puñetazos”.

No obstante, sí que es cierto que existe una sustancia en concreto que es la que más episodios de violencia lleva implícitos, y que en nuestro país es relativamente fácil de conseguir. Y hay que ponerse en alerta. Lo explican muy bien en Energy Control cuando subrayan lo siguiente: “Conviene destacar que, en nuestro medio, la droga más asociada a este tipo de problemas es (redoble de tambores)…

… el alcohol”.

Publicado por David López Frías el 09 de abril de 2018 para www.elespanol.com

Fuente original: https://www.elespanol.com/reportajes/20180409/droga-canibal-consume-madrid-peligro-inminente-desmontar/298470188_0.html

Estos son algunos de los efectos de las drogas sobre la sexualidad

Drogas y sexo forman una mezcla explosiva se mire por donde se mire. “Los aparentes e iniciales ‘beneficios eróticos’ de las drogas esconden un dramático fin de la erótica. Las drogas, además, no mejoran la capacidad de seducción, ni la relación entre los sexos, sino que más bien la deterioran. El balance entre beneficio y riesgo es demoledor para la erótica y el arte de amar de las personas”, comenta Santiago Frago, director médico del Instituto de Sexología y Psicoterapia Amaltea, en Zaragoza.

“Los conocimientos que se tienen sobre los efectos de las drogas en la sexualidad son, desgraciadamente, muy escasos y dispares; de la misma manera que es difícil separar los efectos químicos de los psicológicos.  El hecho cierto es que no hay efectos generales sexuales de las drogas, sino particulares derivados de la singularidad y personalidad de los individuos y del efecto de las mismas a corto, medio o largo plazo”, dice el especialista en Sexología.

Según Frago, el tipo de consumo constituye una variable fundamental de cara a evaluar el efecto de las drogas para con la respuesta sexual. “No es lo mismo un consumo fortuito que intermitente, ocasional, habitual o compulsivo. Lo realmente preocupante de las drogas no es tanto la adicción física y psicológica que acarrean, sino las personalidades compulsivas cuyos comportamientos obligan a ciertas personas a realizar algo que va en contra de sus intereses y que no pueden evitar hacerlo; sin olvidar la tendencia al policonsumo”.

La tendencia actual, en algunas personas, es consumir drogas de tipo euforizantes para practicar sexo.
Fuente: http://www.cuidateplus.com

¿Son diferentes los efectos sobre la sexualidad según las drogas que se consuman? “Sí. Las diferencias fundamentales son los efectos iniciales (relajación o euforia), aunque con todas las sustancias se facilita una desinhibición. La tendencia actual es consumir drogas del segundo tipo (euforizantes), ligadas, por lo general, a prácticas sexuales masivas y con menos vínculo emocional”, responde Daniel Anadón Mateo, psiquiatra de la Clínica Nuestra Señora de La Paz (Madrid), de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

Los expertos detallan, a continuación, qué efectos tienen las drogas sobre la respuesta sexual, tanto masculina como femenina:

Alcohol

Es un mito que el alcohol sea afrodisíaco”, afirma Frago, comentando que “hay un aparente aumento del deseo erótico tras una ingesta alcohólica moderada, pero la realidad es que dificulta el orgasmo femenino y precipita la disfunción eréctil en el hombre.  Por no hablar de los  conflictos de pareja que se derivan tras la ingesta abusiva del alcohol, puesto que exacerba las conductas celosas y predispone a la violencia”.

En palabras de Anadón, “el alcohol a bajas dosis tiene un efecto desinhibidor y aumenta la autoestima sexual. A dosis moderadas y altas ya es depresor, y a largo plazo disminuye la testosterona, la hormona de crecimiento y aumentan los estrógenos”. Aportando un poco de historia, este experto recuerda que “William Masters y Virginia Johnson -unos de los primeros sexólogos- ya averiguaban en 1983 que concentraciones muy bajas de alcohol tienen un suave efecto intensificador del deseo, la excitabilidad y la erección, pero con las concentraciones en sangre correspondientes a dos o tres copas de licor las erecciones se ven levemente suprimidas y la eyaculación, retardada”.

Con el paso del tiempo, prosigue Anadón, el consumo de alcohol hace que disminuyan las neuronas hipotalámicas que producen la oxitocina implicada en la respuesta sexual de ambos sexos. Ésta es la causa de la alta frecuencia de anorgasmia en hombres y mujeres bebedores. En concreto, del 30 al 40 por ciento de las bebedoras presentan trastornos de la excitabilidad a largo plazo  y el 15 por ciento anorgasmia. Además, la bebida excesiva puede alterar las hormonas y bloquear la ovulación.

Derivados del cannabis: marihuana y hachís

Respecto a las sustancias derivadas del cannabis, como marihuana y hachís, “se han constatado casos de mujeres con disminución de la lubricación vaginal, lo que en ocasiones hace el coito más doloroso. Su consumo continuado suele conducir al desinterés por el sexo”, destaca el director médico de Amaltea.

Por su parte, Anadón refiere que “el cannabis aumenta la percepción sensorial y provoca distorsiones en la noción del tiempo, pero el 15 por ciento de las mujeres se queja de sequedad vaginal. El consumo prolongado puede reducir también los niveles de testosterona y el líquido seminal, así como el funcionamiento ovárico en las mujeres”.

Cocaína

La cocaína, explica Frago, da lugar a un efecto controvertido en relación a la respuesta sexual: “Su uso esporádico puede incrementar las sensaciones corporales, pero su uso habitual provoca, en ocasiones, disfunción eréctil y priapismo (erección dolorosa y permanente), así como una importante pérdida del deseo sexual. Esta droga ha demostrado ser un potente anestésico local, reduciendo la sensibilidad genital, además de magnificar las conductas celotípicas -celos fuera de control-”.

Al respecto Anadón explica que con la cocaína “existe la idea de que es un potente estimulante sexual, lo que no es cierto, aunque sea un euforizante y dinamizante que ayuda a iniciar cualquier contacto”. El experto aporta los siguientes datos: “El 62 por ciento de los hombres adictos a la cocaína sufrían disfunción eréctil, según un estudio del psiquiatra estadounidense James Cocores publicado en 1988. El 60 por ciento de las fumadoras de crack eran anorgásmicas y el 72 por ciento de los hombres sufrían disfunción eréctil. La adicción ‘sexo-coca’ cada día es más frecuente por este efecto facilitador de las relaciones”.

Anfetaminas

Según el psiquiatra de la Clínica Nuestra Señora de La Paz, las anfetaminas producen insomnio en ambos sexos, un incremento del rendimiento físico e intelectual y gran euforia. “De ahí que actúen sobre las sensaciones orgásmicas. Pero hay efecto rebote, impidiendo mantener la erección durante varias horas en hombres, y elevando los riesgos cardiacos en ambos sexos”.

Heroína

“Si hablamos de la heroína, se sucede una inhibición del orgasmo y eyaculación, deseo sexual inhibido y fracaso eréctil en el varón. En la mujer aparece la anorgasmia, falta de deseo y alteraciones menstruales”, indica Frago.

Nicotina

Incluso la nicotina, sustancia adictiva contenida en el tabaco, puede tener efectos sobre la sexualidad. “Estrecha las arterias y facilita la disfunción eréctil en el hombre, así como los problemas de lubricación en la mujer”, concluye Frago.

Publicado originalmente por Ana Callejo Mora, el día viernes 9 de marzo de 2018 en www.cuidateplus.com

Ocho jóvenes nos cuentan por qué no beben ni una gota de alcohol

«No me compensa pasar un día entero hecha polvo por unas horas de diversión»

Por: Brenda Valverde

Con 16 años, en España te puedes casar y conducir una moto que no sobrepase los 125 centímetros cúbicos. Sobre esa edad ya eliges en el instituto si te interesan más las ciencias o las letras y es probable que empieces a salir de fiesta con tus amigos. 16 es la edad media en la que se consume alcohol por primera vez en nuestro país, según el Observatorio Español de las Drogas y Adicciones, aunque la ley no te permite comprarlo; también es el momento en el que algunos chavales dicen por primera vez “no” a consumir alcohol.

Los últimos datos del Observatorio (2015) indican que el consumo de alcohol en la franja 15-34 años se mantiene más o menos estable en la última década, con un ligero descenso. Tanto para ellos como para ellas: el 37,5% de los varones y el 22,6% de las mujeres de esa edad reconoce haberse emborrachado en el último mes.

Fuente: OEDA. Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España (EDADES 1997-2015)

El informe advierte del aumento de los «atracones de alcohol» (binge drinking), una práctica en aumento entre los jóvenes que consiste en beber en abundancia en muy pocas horas (entre una y tres). En 2005, el 5% de los españoles consumía alcohol de este modo, mientras que en 2015 los adeptos habían ascendido hasta casi el 18%. Además, la última Encuesta Europea de Salud en España (2014) evidencia que el 7,1% de los hombres entre 25 y 34 años y un 3,8% de las mujeres confiesan ser bebedores intensivos entre 1 y 4 días a la semana. ¿Qué se considera intensivo? Consumir más de 50-60 gramos de alcohol puro en unas cinco horas, lo que equivale a algo más de cinco copas de vino.

Fuente: OEDA. Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España (EDADES 2003-2015)

Los hábitos de consumo a lo largo de los años muestran la tolerancia social que existe en nuestro país hacia el alcohol desde la adolescencia. Ante esta realidad, hemos hablado con ocho jóvenes abstemios, de entre 18 y 28 años, para que nos cuenten cómo viven sus primeros botellones, qué les ha llevado a tomar la decisión de no beber, qué sienten cuando ven a sus amigos borrachos o cómo se relacionan al conocer gente nueva. Todos aseguran que no buscan amigos que sigan su tendencia antialcohol y respetan la decisión de los demás, aunque están cansados de contestar la misma ronda de preguntas cada vez que conocen a alguien: «¿nunca lo has probado?, ¿ni una cerveza?, ¿cómo puedes saber si te gusta si no has bebido jamás?, ¿y cómo aguantas de fiesta?».

Laura Moro, 20 años: “No he sido capaz de acabarme una copa”

A esta aficionada al atletismo no le atrae el alcohol, ha visto “muy mal a algunos amigos por sus efectos” y prefiere quedarse al margen de las borracheras. Hasta el punto de que asegura que intentó beberse una copa en 2017 y fue incapaz de terminársela. Sus amigos suelen presentarla como “la sana del grupo”. “Cada vez cuesta más encontrar a jóvenes que no beben porque empiezan muy pronto a ingerir alcohol. Yo me apunto a cualquier plan festivo, pido otra cosa y listo”, asegura.

David Rodríguez, médico, investigador, profesor de Bioquímica de la Universidad de Salamanca y autor del libro Alcohol y Cerebro, afirma a Verne que para los jóvenes es esencial sentirse aceptado por el grupo, de ahí que intenten seguir las conductas que este establece. Esta especie de “rito de iniciación” tiene mayor riesgo entre los adolescentes, ya que un adulto cuenta con mejores herramientas para enfrentarse a un entorno en el que no se siente del todo cómodo.

Imagen cedida por Laura Moro

Shifa Rostom Ajlani, 27 años: “Al ser musulmana y llevar el hijab la mayoría de gente no me pregunta si bebo alcohol, es obvio”

Esta madrileña residente en Liverpool nunca ha probado el alcohol. El motivo principal es que su religión, el Islam, lo prohíbe: “Según el Corán, el alcohol tiene beneficios, pero sus prejuicios son mayores que sus bondades”. Como dentista, también tiene muy en cuenta lo perjudicial que es esta sustancia para la salud. “Recomiendo a mis pacientes reducir el consumo de alcohol y tabaco, algunos aceptan mi reto y en menos de un año han disminuído mucho la dosis o lo han dejado definitivamente”, cuenta orgullosa.

Rostom asegura que nadie suele preguntarle si bebe alcohol porque al llevar el hijab la mayoría entiende que no: “Mis amigos me invitan a sitios donde no hay alcohol, algunos incluso evitan beber delante de mí, aunque siempre me he relacionado tanto con bebedores, como con abstemios. Nunca me he sentido discriminada por no consumir, al contrario, me respetan más”.

Álvaro Varela, 23 años: “Mi pasión por el deporte y la natación es uno de los motivos para no beber”

Este estudiante de Medicina cree que tuvo suerte con su grupo de amigos de la adolescencia. “Crecí en un ambiente en el que éramos todos deportistas y nunca bebimos para relacionarnos. Me gusta mucho el deporte y siempre he practicado natación, lo que sin duda ha contribuido a que no beba”, reconoce. Años después, la formación médica le ha dado otra perspectiva del alcohol, que considera “terriblemente perjudicial”. Y añade: “He percibido situaciones límite por culpa de esta sustancia”.

Varela reconoce tener una mentalidad diferente a la mayoría de sus amigos. Cree que muchos jóvenes empiezan a beber para relacionarse con el sexo opuesto o para conseguir bailar en una discoteca, por ejemplo. “Cuando empecé a salir me generaban ansiedad esas cosas, sentía vergüenza, entonces pensé que o hacía frente a ese sentimiento o me iba a quedar solo. Pero jamás decidí beber para combatirlo, podía ser sociable y vencer esos miedos sin necesidad del alcohol”, afirma.

Imagen cedida por Álvaro Varela

Lucas Sánchez, 26 años: “Cuando descubrí el daño que me hacía beber, lo dejé”

No bebo alcohol, ni fumo, ni consumo drogas. ¿Por qué no bebo? Por lo mismo por lo que no ingiero veneno. ¿Hay más abstemios por aquí? ¿Cómo lo vivís?”. Estas son las palabras de Lucas Sánchez en un foro de escritores en el que el barcelonés buscaba compartir cómo es su vida desde que a los 25 años decidió dejar de consumir alcohol. “Bebía para desinhibirme y para olvidar mis problemas durante unas horas, pero no solucionas nada en estado de embriaguez, pierdes todas tus capacidades cognitivas y contribuyes inútilmente a matarte un poco más”, afirma.

El doctor Rodríguez está de acuerdo con esta afirmación. Insiste en recalcar que el alcohol es una droga tóxica: “Tiene un efecto depresor, es ansiolítico, cuando la dosis aumenta influye en la transmisión cerebral. El alcohol se aprovecha de los circuitos de recompensa y hace que volvamos a él porque nos produce placer, el cerebro se maladapta y se hace dependiente de esta sustancia”.

Lucas es muy crítico con el ocio nocturno orientado a los jóvenes y asegura que, una vez dejas de beber te das cuenta de lo sobrevalorado que está socialmente estar borracho. “El alcohol te vuelve estúpido, y gran parte del ocio nocturno está pensado para eso mismo. Hay quien dice que si no bebes es imposible pasárselo bien en las fiestas. Eso puede llegar a ser comprensible porque uno no puede socializar en la mayoría de discotecas debido al volumen de la música, porque, en realidad no es un ocio pensado para socializar, sino para tener una excusa para beber”, afirma.

Claudia Sánchez, 27 años: “No sé cómo puedes, yo no podría, ¿nunca lo has probado?”

Ser abstemia no es ningún inconveniente para esta sevillana, que disfruta de su Feria de Abril y demás festejos como la que más. “Desde siempre me ha generado rechazo el alcohol, mis padres me concienciaron mucho y, después, al ver a mis amigos borrachos sentía vergüenza”, cuenta a Verne.

Sánchez nunca se ha sentido discriminada, aunque le da rabia que la gente piense que es aburrida y que no se sabe divertir por no beber: “Hay personas que cuando se emborrachan no quieren que yo esté cerca, porque a la mañana siguiente me voy a acordar de todo y eso les supone algún problema”. Rodríguez afirma que muchas veces el miedo de sentirse raros fomenta la invisibilidad de la realidad abstemia. “Debería ser como a los que no les gusta el fútbol, tienen una vida social como cualquier otra persona”, dice.

Imagen cedida por Claudia Sánchez

Jaime Llorente, 28 años: “La gente defiende el alcohol para autojustificarse”

“El típico sorbo de champán en Año Nuevo”, sí. Pero a Llorente el alcohol le sabe a colonia. El publicista ha crecido en los alrededores de la Casa de Campo madrileña, donde se celebran botellones a los ha acudido, aunque sin consumir alcohol. “He ido como el que más, al principio me aburría un poco, pero luego cerraba discotecas”, dice.

Reconoce que cuando conoce gente nueva le bombardean a preguntas sobre su decisión. Aunque también que su entorno intenta protegerlo para que no tenga la tentación de beber un trago o coger un cigarrillo. Llorente asegura que ha bebido alguna vez para demostrar al resto que no habla con desconocimiento. Además, cree que muchas personas intentan justificar de algún modo el consumo de alcohol porque necesitan respaldar su hábito.

El doctor Rodríguez explica que la resaca, una situación físicamente desagradable, no es considerada por la sociedad como algo malo, sino como “una medalla, una cicatriz de guerra que hace que seamos más fuertes, que saquemos pecho de la noche anterior”.

Imagen cedida por Jaime Llorente

Patricia Peribáñez, 28 años: “No me compensa pasar un día entero hecha polvo por unas horas de diversión”

“No me gusta el sabor”, “me suele aparecer una reacción alérgica en la cara”, “me duele la tripa y la cabeza”… Motivos no le faltan a esta madrileña para rechazar el alcohol. La licenciada en Ciencias Ambientales tiene claro que, con la cantidad de veces que se pone mala a lo largo del año, no le compensa pasar un día entero hecha polvo por la resaca a cambio de unas horas de fiesta.

El doctor y autor del libro alcohol y cerebro, que participa en talleres de concienciación sobre los efectos del alcohol en colegios, cree que se está dando un mensaje demasiado bondadoso sobre una sustancia tóxica, y que es necesario explicar los beneficios que tiene prescindir de ella: “Si has consumido alcohol durante años y dejas de hacerlo, tu hígado puede recuperarse casi al 100%, tendrás un sueño más reponedor, lo notarás en las células de la piel, incluso tendrás mejor humor…”.

Imagen cedida por Patricia Peribáñez

Sandra Moro, 18 años: “Me parece un robo que por un refresco te cobren 3 euros y por una cerveza, la mitad»

Con la mayoría de edad recién cumplida, Moro estudia Terapia Ocupacional y alguna vez la han acusado de amargada por no tomarse una copa. A Sandra le indigna pagar 3 euros por un refresco o un zumo cuando las cervezas cuestan la mitad y ver a la gente borracha le reafirma en su decisión de ser abstemia. No beber no le impide pasárselo bien, es capaz de irse a las fiestas de un pueblo de Cáceres con amigas y no dejar de bailar en toda la noche. “Y terminar a las 11 de la mañana jugando al voleibol, sin una gota de alcohol en el cuerpo”.

Imagen cedida por Sandra Moro

Noticia publicada el 28 de Enero de 2018, en: https://verne.elpais.com/verne/2018/01/25/articulo/1516898583_033778.html