Los brownies de maría son obra de (ahora) unas ancianas

Si le preguntáramos a un fumeta quién cree que inventó los brownies de hierba, probablemente mencionarían a algún hippie erudito que, en un alarde de ingenio, se inventó esta forma de pasar la mercancía por el control de seguridad del aeropuerto. Pues ese fumeta estaría muy equivocado, porque resulta que la primera receta de brownie de hachís la publicó una abuelita de 77 años amiga de Picasso. Al menos eso es lo que sabemos. Puede que Alice B. Toklas no fuera la primera persona que hizo brownies de maría, pero sí que fue la primera en respaldarlos.

En la historia de la raza humana, el uso de la marihuana es muy anterior al del consumo de brownies. Existen pruebas del uso del cannabis con fines medicinales y recreativos en el año 2737 a.C., cuando el emperador chino Shennong lo recetaba para todo tipo de dolencias, desde las náuseas hasta la pérdida de memoria. No fue hasta la década de 1930 que el gobierno federal de los EUA realizó los primeros intentos de vilipendiar el cannabis y prohibió su uso, lo que provocó que se convirtiera en una especie de fruto prohibido. Por otra parte, los brownies aparecieron aproximadamente durante la celebración de la Exposición Universal de 1893 y se consideraban unos postres un tanto decadentes y femenino. Durante la primera mitad del siglo XX, sin embargo, a pesar de que se consumía ampliamente en casi todos los continentes, la marihuana no logró hacerse un hueco en ningún libro de cocina.

Hasta que llegó Alice B. Toklas. Compañera sentimental de la escritora y coleccionista de arte Gertrude Stein (y todo un símbolo del activismo gay y lésbico en la actualidad), Toklas era una figura destacada en los vanguardistas salones de belleza de principios del siglo XX y se codeaba con Henri Matisse, Ernest Hemingway y Pablo Picasso. En 1954, ocho años después de la muerte de Stein, Toklas publicó The Alice B. Toklas Cookbook, una biografía en la que aparecía una inocua —aunque ahora famosa— receta para elaborar un “postre de hachís”, del que aseguraba que era la “comida del paraíso”. En la contraportada de la versión de bolsillo incluso se proclamaba con orgullo que se trataba, probablemente, de las instrucciones más antiguas para elaborar este plato. Curiosamente, el postre no tenía chocolate, sino que estaba elaborado con dátiles, higos, nueces, azúcar y una peculiar mezcla de especias (cilantro, pimienta negra, canela y nuez moscada), además de su ingrediente estrella, la canibus sativa. Se recomendaba que se tomara este postre como “un refrigerio de entretenimiento ideal para un club de jugadoras de bridge”. Asimismo, se advertía a los que lo tomaran que experimentarían “euforia y enormes ganas de reír, fantasías extáticas y ampliaciones de la personalidad en varios planos simultáneamente”. Se indicaba a los lectores que era suficiente incluir dos porciones del tamaño de una avellana. Incluso aseguraba que “la obtención de canibus puede presentar ciertas dificultades, si bien la variedad denominada canibus sativa se cultivaba más comúnmente en Europa, Asia y en algunas zonas de África” e indicaba la diferencia entre las variedades indica y sativa. Si bien se rumorea que Toklas pudo haber robado la receta a su amigo pintor Brion Gysin, no cabe duda de que tenía la firme intención de atribuirse el mérito.

A pesar de que solo ocupaba medio párrafo y estaba enterrada entre cientos de páginas de texto sobre crème brûlée y París, la receta se convirtió en el mayor logro de Toklas, suscitó gran controversia y sirvió de inspiración para futuras referencias culturales. Su nombre apareció en una de los primeros guiños a los consumidores de maría en la historia del cine, la polémica I Love You, Alice B. Toklas, de Peter Sellers.

Parece ser que, incluso en la actualidad, la receta sigue siendo bastante común. Un periodista del Washington City Paper preparó y probó los brownies en 2012. Contrario a sus sospechas de que “sabría como el culo”, el postre resultó tener un aroma muy navideño, una consistencia dulce, picante y un tanto gomosa, además de poseer la potencia de la que hacía gala. Ese mismo año, un escritor del Village Voice aseguró que el postre de Toklas provocaba unos “gases horribles”, y a continuación recomendaba utilizar la receta de Betty Crocker, que incluía casi medio kilo de hierba. Desde luego, si metes una mochila llena de maría en una receta para hacer brownies, no cabe duda de que pillarás el cuelgue del siglo. ¡Siguiente! Wilbur, un usuario de 420magazine.com, compartió la receta en su comunidad de internet, a lo que otro usuario, “weezyfasheezy”, respondió que era la receta más extraña de brownie que había visto en su vida. Si bien es cierto que en los últimos años se han celebrado varias cenas especiales basadas en las recetas de Alice B. Toklas, desgraciadamente en todas ellas se omitió su receta estrella.

Aunque se la pueda considerar una pionera en el campo de los productos psicodélicos horneados, Toklas no era la única. En 1974, dos décadas después de la publicación de The Alice B. Toklas Cookbook, una camarera de 54 años que trabajaba en una cadena de restaurantes de tortitas de EUA, Mary Jane Rathbun, se hizo célebre en San Francisco por vender unos dulces místicos aderezados con maría en su casa o, a veces, en un supermercado cercano. Esta actividad la llevó a conocer a Dennise Peron, activista LGBT y defensor de la marihuana con fines medicinales. Ambos trabajaron conjuntamente para promover la legalización del cannabis con fines terapéuticos. La primera vez que la arrestaron, en 1981, tenía más de 8 kg de marihuana y más de 600 brownies en su casa. Fue en esta época cuando se acuñó el apodo que la acompañaría desde entonces, “Brownie Mary”.

Brownie Mary colaboró como voluntaria con grupos de apoyo a enfermos de VIH y sida, clínicas y comedores sociales, y muchos de sus clientes gastronómicos eran gais. Cuando se dio cuenta de que sus brownies ayudaban a aliviar las náuseas y la pérdida de apetito que ocasiona el sida, incluso empezó a regalarlos a los enfermos, llegando a ser muy popular en el Hospital General de San Francisco. Ella misma padecía artritis y otros achaques, y aseguraba que se tomaba al menos uno de sus brownies al día para aliviar el dolor. Fue arrestada en dos ocasiones más, la última de ellas a la edad de 71 años, y solía acudir a los juicios con todo tipo de material en defensa de la marihuana. Finalmente testificó para la Junta de Supervisores y fue una de las caras visibles de la directiva impulsada por la ciudad para legalizar el cannabis con fines terapéuticos, que acabó por aprobarse. En 1996, tres años antes de su muerte, también publicó un libro de cocina: Brownie Mary’s Marijuana Cookbook and Dennis Peron’s Recipe for Social Change. A pesar de no lograr la notoriedad que obtuvo la obra de su predecesora, Rathburn sigue siendo una figura de culto en la historia de la legalización de la marihuana de San Francisco.

Podría decirse que Mary estaría orgullosa, en la actualidad. En California, Colorado y en otros estados que permiten la prescripción de marihuana, los pacientes (o cualquiera que pueda hacerse con una tarjeta sanitaria) tienen acceso a todo tipo de productos, desde toffee de chocolate con sal marina ahumada hasta zarzaparrilla con extracto de THC, todo ello perfectamente legal, elaborado para proporcionar la dosis justa de cuelgue que has solicitado.

Pero Alice probablemente diría que de esta forma es menos divertido.

Así que, la próxima vez que estés superfumado, tumbado en posición fetal en el sofá de tu amigo y riéndote convulsivamente del diente perfectamente centrado que tiene Tom Cruise, recuerda dar las gracias a las dos ancianitas que lucharon por tu derecho a pasarlo bien.

Fuente: vice.com

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