La sexualidad en personas con diversidad, más allá del tabú

Cada vez son más las propuestas que ofrecen apoyos para que este colectivo pueda acceder al mundo sexual y afectivo

La sexualidad en personas con diversidad funcional, intelectual y mental todavía es un tabú (fizkes / Getty Images/iStockphoto)

La sexualidad en personas con diversidad funcional, intelectual y mental todavía es un tema tabú: se niega, se silencia, se anula. Los especialistas consultados por La Vanguardia coinciden en que los apoyos institucionales hacia este colectivo todavía redundan en enfoques “caritativos y paternalistas” que los alejan del derecho a acceder a una dimensión fundamental de su existencia. Sin embargo, existen propuestas que buscan romper con esas lógicas y brindar apoyos o herramientas para desarrollar estas expresiones sexuales.

Julia (este no es su verdadero nombre) trabaja desde hace diez años como educadora con personas con diversidad, ahora en la Fundación Pere Mitjans. A ella siempre le hizo ruido el silencio que encontró en torno a este tema. “Es lo que menos se nombra con las familias, en reuniones de equipo, en el día a día” -explica- “Siempre me he preguntado por qué nadie les pregunta qué pasa con esto, porque para mí es muy importante como ser humano”.

Ella decidió colaborar como acompañante íntima y erótica con Tandem Team después de que una chica en un centro donde trabajaba le pidiera que la ayudase a probar un juguete sexual que no podía usar por sí misma. “Pensé: si la ayudo con todo lo que necesita, lavarse los dientes, elegir su ropa, comer, esta es una necesidad más. Imagínate tener ganas y curiosidad, y no poder hacerlo”, dice Julia.

Asunción Pié, profesora de la Universitat Oberta de Catalunya y especialista en el tema, constata que la sexualidad “se gestiona habitualmente por la vía de la represión o de la negación. Buena parte de las instituciones lo obvian para evitarse problemas de responsabilidades y desacuerdos con las familias. Tan solo desde hace unos años se está empezando a trabajar en servicios de apoyo, asesoramiento o asistencia sexual”.

Soledad Arnau Ripollés, filósofa, sexóloga e investigadora de la UNED, afirma que en ellos “la sexualidad es definida como problema, en vez de lo que es para el resto de la sociedad: una dimensión humana”. Por su parte, la psicóloga y sexóloga especializada en diversidad intelectual Gemma Deulofeu Villanueva, agrega que “se habla desde la perspectiva de los riesgos y del miedo, sin abordar las posibilidades de placer. La sensación que terminan teniendo muchas de estas personas es que la expresión erótica es siempre negativa”.

Esos silencios asumen formas muy concretas. Los relatos compartidos a La Vanguardia sobre gente que vive en centros o en casa de sus padres revelan que difícilmente puedan encontrar allí espacios de intimidad. Noemí Domínguez, sexóloga de la tienda de juguetería erótica Kitsch, donde imparte talleres para personas con diversidad, recuerda el caso de una pareja que “convivía en la misma residencia, pero no tenían un espacio donde tener relaciones porque no estaban permitidas”.

Más allá de los parámetros: los cuerpos “fallidos” son ocultados y asexuados

Cuando se etiqueta a las personas a partir de la dicotomía “capacidad” o “incapacidad”, se les clausura la posibilidad de afirmarse como sujetos sexuados y, con ello, plenos. Asunción Pié explica que “algunos cuerpos son leídos como erróneos a partir de una definición del ser humano fundada en un ideal, y quienes se alejan de ese ideal son inferiorizados y menospreciados. Estas diferencias se definen como indeseables, como una marca desacreditadora que cuestiona el valor de aquel sujeto”. “Se nos infantiliza continuamente y se nos piensa solamente como objetos de cuidado”, dice Antonio Centeno, miembro del Foro de Vida Independiente y Divertad (FVID) y responsable del proyecto de asistencia sexual Tus manos, mis manos .

Esto encuentra su correlato en la imagen que pueden construir sobre sí mismos. “La discapacidad se asocia a la asexualidad, y a veces es tan fuerte esta conciencia colectiva que la persona lo acaba creyendo, se siente poco merecedora de experimentar algo en ese terreno”, sostiene María Clemente, psicóloga clínica y sexóloga especializada en neurorehabilitación del Institut Guttmann y vicepresidenta de Tandem Team.

Marc (su nombre está modificado para proteger el anonimato) sentía, hasta hace poco, que “no tenía ese derecho”. “Ese tema estaba muerto para mí”, dice. Tiene 29 años y hace seis su vida cambió radicalmente, después de que un accidente en moto lo dejara en estado de coma, con un traumatismo muy grave en el cerebro. Cuando despertó, sólo podía mover sus párpados, pero su conciencia estaba intacta. El tiempo le devolvió algo de movilidad y capacidad de habla, aunque todavía hoy siguen perjudicadas. Marc tiene mucho para decir, pero le cuesta comunicarse con un mundo que muchas veces no tiene la paciencia para que él pueda terminar de redondear las palabras.

Hasta ahora, en su vida solo existían dos frases: “no” y “me da igual”. María Clemente explica que en estos casos “la inercia del entorno es acabar decidiendo y hablando por ti. Si no se respeta tu voz, es un tipo de violencia que te deshumaniza poco a poco, te va quitando tu dignidad como persona”.

Aún más lejos de la norma

La diferencia como marca excluyente deja huellas aún más profundas en aquellos cuerpos donde se solapa con otras vulnerabilidades, como la cuestión de género y la discapacidad intelectual. “Nuestra dimensión sexual está mucho más ocultada, mientras que a los hombres se les fomenta más la independencia, que tengan estudios y un empleo, que tengan experiencias sexuales”, dice Soledad Arnau. En Tandem Team, lo ven constatado en la cantidad de mujeres que se acercan para solicitar servicios de asesoría sexual o de acompañamiento: constituyen menos del 10% en comparación con los varones.

En una sociedad que produce ciertos ideales, roles y funciones a los que debieran ajustarse las mujeres para afirmar su valor, la discapacidad opera como una ruptura radical con esa norma. La presidenta de la Associació Dones No Estàndards Carme Riu Pascual, afirma que “todas las mujeres tenemos claro qué modelo de mujer deberíamos seguir para ser deseadas: ser delgadas, altas, blancas, etc. Las mujeres con discapacidad estamos más alejadas que otras de ese modelo, estamos más lejos de ese patrón, y por eso vamos a ser más discriminadas”.

Asunción Pié entiende que las personas con diversidad intelectual también constituyen uno de los grupos más subalternizados, debido a “las dificultades que este colectivo tiene para defender sus derechos en primera persona y a la percepción social de que sus vidas valen todavía menos”. Por su parte, Gemma Deulofeu considera que la sexualidad en estas personas “va todavía mucho más atrás, estamos hablando de personas que no tienen una intimidad, una oportunidad de relacionarse entre iguales, de tomar decisiones en su vida”.

Cuando confluyen estas vulnerabilidades, se puede dar lugar a ciertas prácticas que anulan la capacidad de decisión sobre el propio cuerpo, como la de la estirilización forzosa, normalizada en algunos centros o residencias. “Es la forma más clara que toma la represión de la sexualidad y la vulneración de este derecho”, dice Pié.

Tanto Pié como Deulofeu señalan que esta práctica muchas veces puede ser la puerta de entrada para situaciones de abuso, ya que al eliminarse el riesgo de embarazo, el asesoramiento sexual no es el mismo y las posibilidades de ocultamiento aumentan. Aunque “cuando parte de una decisión de la propia persona, puede tener ventajas como evitar embarazos no planificados, es un problema cuando se practica de manera engañosa, omitiendo información, como una práctica eugenésica”, advierte Deulofeu.

La sexualidad como puerta hacia la inclusión

Hace unos meses empezaron a despertar cosas nuevas en Marc. Dejó de vivir en casa de sus padres para pasar a un piso tutelado, donde personas con diversidad pueden llevar una vida de mayor autonomía con los apoyos específicos que requieran. La emancipación trazó fisuras en un mundo que, hasta ahora, sentía clausurado. Aparecieron nuevas inquietudes, como el tema sexo afectivo.

Una enfermera le comentó acerca del acompañamiento íntimo y erótico, y él escribió un correo a Tandem Team. Lo conectaron con Julia, con quien tuvo un encuentro. “Para mí fue como revivir, volver a sentirme persona”, explica Marc. Julia, su acompañante, cree que “él solamente necesitaba un empujón, sentirse capacitado para estar con una chica, saber que van a aceptar su cuerpo. Por eso, después de ese único encuentro que tuvimos, me dijo que para él ya era suficiente”.

Ampliar los márgenes de lo posible

Los documentales “Yes We Fuck” (2015) y “Jo també vull sexe!” (2016) volvieron visibles ciertas prácticas sexuales no hegemónicas, al recorrer desde la asistencia sexual, el acompañamiento íntimo y erótico, el post-porno y la juguetería erótica, para mostrar que el repertorio de “lo posible” en torno al sexo puede ser mucho más amplio de lo que se cree.

“Yes We Fuck”, retrata la figura de la asistencia sexual a través de la experiencia de Soledad Arnau. Allí, su asistente sexual aparece como alguien cuyas manos recorren el cuerpo de Soledad de las maneras que ella le indica que lo haga. Le dice dónde desea una caricia, cuándo quiere que sujete su brazo y lo extienda para que su mano pueda llegar allí donde sola no podría. Para ella, al igual que con un asistente personal, esta figura le permite derribar límites. “Su labor como asistente sexual es llegar ahí donde yo no puedo llegar. Quiero tener los mismos límites que cualquier otro”, dice Soledad a La Vanguardia.

El proyecto Tus manos, mis manos es una plataforma para encontrar asistentes sexuales. Esta figura se plantea como un apoyo instrumental para aquellas personas que tienen una forma de autonomía que consiste en hacer las tareas cotidianas de la vida a través de las manos de otras personas. “Como una persona con necesidades de apoyo permanente, creo que tengo derecho a poder disfrutar del autoerotismo, y para ello necesito un apoyo al igual que necesito un asistente personal para realizar todas las actividades de mi vida diaria”, explica Soledad. Además, agrega: “Me parece enriquecedor poder estar conmigo misma”.

“No es una intervención terapéutica ni educativa”- explica Antonio Centeno- “Es un apoyo que nos permite acceder a nuestro propio cuerpo”. También aclara que “cuando recurres a este apoyo, no es que alguien te esté masturbando, sino que lo estás haciendo tú a tu manera, que es a través de sus manos. Igual que cuando me visto con mi asistente personal no me está vistiendo, me estoy vistiendo yo a mí manera, porque soy yo quien toma todas las decisiones sobre qué hacemos, cómo lo hacemos y cuándo lo hacemos”.

Por su parte, el acompañamiento íntimo y erótico se aleja de la idea de un apoyo instrumental y promueve que pueda existir un encuentro, un “dar y recibir”, para abordar no sólo el plano sexual sino también afectivo. María Clemente, vicepresidenta de Tandem Team, explica que la propuesta consiste en vincularse “de igual a igual” desde el afecto y la intimidad, para “conocerse a sí mismo, afectarse y disfrutar”. Para ella, en ese tratarse “de tú a tú”, se recompone aquello que el estigma social niega, “el sentirse parte del mundo”.

Marc lo vivió de esa manera. Él explica que antes del encuentro con Julia se sentía atrapado dentro de una prisión invisible, que alzaba sus muros a partir de las miradas que encontraba en el afuera. “Me la construía en base a cómo los demás actúan conmigo. Veo que la mayoría se compadece de mí. No te puedes relacionar como iguales, y con Julia no fue así”, explica. Mirarse a través de ella le permitió pensar que, en adelante, también puede llegar a vincularse de la misma manera con otras personas.

Clemente explica que se trata de un abordaje de “la persona como un todo. No hablamos solamente de cuerpos, sino también de emociones, de autoestima. No se busca simplemente satisfacer una necesidad genital o coital, sino acompañar al otro en lo que necesita en ese momento, que tal vez no sea un intercambio sexo genital, sino que le den la mano, que lo abracen, tener una conversación íntima”.

En su experiencia como acompañante, Julia encontró que “muchas veces las expectativas son más que nada afectivas, las ganas de quedar para dar un paseo, ir a cenar. También hay personas que no conocen bien su cuerpo y quieren investigar hasta dónde puede llegar, qué les gusta, y necesitan de alguien”.

Uno de los desafíos más grandes que introduce este modelo es gestionar los límites. “A veces es difícil recordar que nosotros no somos ni vamos a ser una pareja. Cuando hay un intercambio y una entrega es inevitable que exista cariño, pero es necesario ser claro con que mi vida la tengo afuera”, dice Julia. Para ello, se realiza previamente una entrevista de expectativas, donde se explicita qué espera cada uno y se pactan límites. Clemente explica que “en los pocos casos donde se proyectaron emociones en cualquiera de los dos sentidos, se ha hablado y se buscaron alternativas, pero siempre se reubica bien”.

A Gemma Deulofeu los límites son lo que más le preocupan con respecto a las personas con diversidad intelectual. “Mientras que en la prostitución y la asistencia sexual hay una estructura y límites muy claros, aquí el acompañante termina haciendo de persona de sustitución, de amigo o novio. En personas con diversidad intelectual, donde no es un vínculo que se dé en igualdad de condiciones, puede ser muy confuso. En este caso, creo que es mejor darles apoyo para que encuentren amigos o pareja en la realidad”, explica.

Sobre esto, resalta el proyecto que desarrolla Fundación acidH, una plataforma de contacto para personas con diversidad intelectual. Asimismo, entiende que antes de pensar en algún tipo de asistencia sexual, es fundamental reforzar el derecho a la intimidad en los centros o casas donde viven y que exista un apoyo previo para que la persona pueda tomar decisiones y con ello evitar posibles confusiones y situaciones de abuso.

¿Apoyo sexual, trabajo sexual?

La mayor polémica en torno a este tipo de figuras es si constituyen o no un trabajo sexual. Mientras que en ciertos países como Alemania, Dinamarca, Holanda, Suiza o Bélgica la asistencia sexual no sólo está legalizada sino en algunos casos también considerada un servicio de salud pública, en España es “alegal”, es decir, que no está regulada legalmente y, por tanto, no genera responsabilidades públicas.

“Cuando se habla del derecho a la sexualidad no se tiene en cuenta las formas minoritarias de autonomía, que no sólo requieren de educación sexual como el resto, sino también de políticas públicas que garanticen esos apoyos específicos”- sostiene Antonio Centeno. Él identifica “un mal cruce de estigmas. El del trabajo sexual y el de las personas con diversidad, que se nos supone seres asexuales”. Sin embargo, cree que esta bifurcación contiene un gran potencial político: “al final se trata del derecho a que tu cuerpo sea tuyo, que defendemos desde ambos colectivos”.

La asistencia sexual se plantea como una modalidad de trabajo sexual remunerado, pero se lo aleja de la prostitución en tanto es sólo un apoyo para acceder al propio cuerpo, no al cuerpo del asistente. Para María Clemente, el acompañamiento íntimo y erótico, por su parte, “es muy distinto al trabajo sexual porque no es un modelo coitocéntrico y genital, la finalidad no es conseguir un orgasmo, es conocerse”. Además, señala el hecho de que el acompañante recibe una formación específica, que se realiza un seguimiento de cada caso por profesionales y que, si bien puede existir una contraprestación económica, “nunca es la finalidad del encuentro. No es un trabajo para las personas que colaboran con el proyecto”.

Sobre este punto, Soledad Arnau dice: “Yo no creo en que las personas sean voluntarias, como si fuera un favor”. Para ella, este modelo va en contra de reforzar la autonomía: “tenemos vidas muy restringidas y a veces es más fácil llamar una pizza a domicilio, llamar a alguien para que tenga una relación sexual conmigo. Pero siento que me estaría perdiendo el aprender a seducir, coquetear, porque esa persona ya viene con esa predisposición. Y yo no quiero pizzas a domicilio”.

Hay quienes creen que las fronteras que se trazan entre las distintas figuras son una ficción. Para LindaPorn, quien se presenta como puta, migrante y artista, “todos estos adjetivos se utilizan para no decir trabajo sexual y cargar con ese estigma, decir asistente o acompañante se los quita. Se crean jerarquías y se desvaloriza el trabajo sexual. Creo que las personas con diversidad debieran ser tratadas no como cualquier cliente, pero tampoco como una figura especial para gente especial, les quita agencia sobre su sexualidad”.

Además, sostiene que de esta manera también se contribuye a “romantizar el trabajo no remunerado. En prostitución se le dice girlfriend experience, es un trabajo remunerado donde se cobra una tarifa pactada”. Ella explica que ha tenido clientes con diversidad funcional y que el colectivo de trabajadoras sexuales “no excluye a ningún cliente, sólo a los violentos”. Además de la prostitución tradicional, existen distintas ofertas de prostitución inclusiva, como por ejemplo la de la “Sra. Rius”.

Asimismo, hay quienes no creen que la solución esté en este tipo de apoyos. Carme Riu, de la Associació Dones no Estandards, dice: “Si hay personas que no encuentran otra manera, no lo juzgamos. Pero no vamos a promover mercantilizar el sexo y que, por ejemplo, seguridad social pague por un asistente sexual. La gracia está en conseguirlo de otra manera. Encuentro denigrante contratar a una persona para masturbarte. Además, resulta que han de ser especialistas, como si fuéramos tan diferentes, una cosa rara, y que sólo nos pueden tocar a nosotros y no tocarlos a ellos”.

La diversidad sexual como oportunidad y no como problema

El acompañamiento fue para Julia un puente para descubrir que “el sexo no es penetración y listo, porque muchas veces las afectaciones físicas hacen que tengas que llevar el erotismo a otra parte, y a lo mejor no tienes sexo como se entiende mayoritariamente”. Así, se presenta el desafío de trazar un mapa para identificar dónde se ubican los puntos de sensibilidad, de placer, y estimularlos de diversas formas. “Hay muchas maneras” -explica- “desde algún masaje en la cabeza, las orejas, los pies, que te soplen, que te pasen una pluma, algún aceite, utilizar juguetes”.

Elena/Urko (pide que se citen ambos nombres de esta manera) es activista postporno y ha fundado del grupo Post Op, que busca “visibilizar cuerpos, sexualidades y prácticas no normativas” a través de performances, talleres y diversas formas de acción directa. Actualmente, su producción se centra en cuestiones de sexualidad y diversidad, porque encontraron que “las prácticas postporno podían funcionar muy bien en personas con otras sensorialidades, sensibilidades y movilidades. En las personas que se salen de los parámetros de normalidad corporal, aquello que se veía como un problema es una oportunidad para experimentar prácticas y sensaciones distintas”.

Al igual que Tandem Team, para el grupo Post Op es importante “imaginar y experimentar, escapar de una mirada más tradicional de lo que entendemos por sexo, sexualizar todo el cuerpo más allá de lo genital”.

A través del proyecto “Pornortopedia”, se propusieron “pensar y crear juguetes, prótesis y ortopedia con fines sexuales pensados para todxs, teniendo en cuenta otras movilidades y maneras de sentir el cuerpo”. Algunos ejemplos son el amplificador del tacto, que permite oír más fuerte el tacto de piel con piel, para erotizar a través del sonido, o los mandos de los vibradores adaptados para que se puedan accionar con la parte del cuerpo que tenga algo de movilidad (por ejemplo, poniéndole sensores de presión para apretarlos con la barbilla). Explica que también existen otros juguetes, desde columpios hasta vibradores sobre los que te sientas y accionas con el peso. “Vimos que se podía resignificar el uso de las prótesis y que sillas de ruedas, muletas, colectores dejen de ser un problema y pasen a ser parte del juego”, explica Elena/Urko.

Por su parte, la tienda barcelonesa de juguetes para adultos Kitsch imparte talleres junto a entidades sobre sexualidad y juguetería erótica para personas con diversidad, donde la sexóloga Noemí Domínguez propone una selección de aquellos juguetes que considera útiles para personas con movilidad reducida.

En el caso de las mujeres, por ejemplo, la sexóloga suele recomendar dedales, que no requieren de un agarre fuerte. También juguetes con un mango más largo para tener mayor alcance u otros que van cogidos con gomas al cuerpo. Para los hombres, suelen ser útiles los masturbadores automáticos, que solo requieren colocar el pene en el interior y realizan el movimiento de vaivén o de vibración a pila. Sin embargo, explica que en algunos casos puede hacer falta realizar alguna adaptación o disponer de asistencia para colocarlos. La idea es mostrar las opciones que existen para después ver qué pueda resultarle mejor a cada persona, para lo que ofrecen visitas guiadas y asesoramiento particular, y así poder encontrar aquello que se adapte mejor a cada cuerpo.

De esta manera, las diversas propuestas ofrecen distintos puentes para atravesar esos límites que a veces imponen las afectaciones físicas pero, sobre todo, el entorno social. Es que, si la sexualidad puede operar como barrera para que estas personas puedan sentirse como iguales, también puede ser una llave para romper con esas distancias. “Todo lo que implique sexualizar la diversidad funcional nos va a ayudar a anular esas miradas infantilizadoras, hiper protectoras y paternalistas”, sostiene Antonio Centeno.

Escrito y publicado por el 20 de enero de 2019 para La Vanguardia.

Fuente original: La Vanguardia

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