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Inhalando el humo de la rebeldía

Inhalando el humo de la rebeldía
 

Una mujer con un pitillo era una mujer independiente, progre, rebelde, esbelta, moderna ,y por supuesto, sexy. El hombre fumador, en cambio, era un hombre rudo, un macho de pura cepa con gran éxito entre las féminas.


En el consumo femenino es especialmente relevante la sensación de autonomía, o su uso como medio de autoafirmación, pero las fumadoras presentan mayores niveles de insatisfacción, ansiedad, depresión, anorexia y bulimia.


La industria tabaquera se valió de la publicidad y el cine para convertir al cigarrillo en símbolo de independencia femenina.


Un estudio asegura que las industrias tabaqueras pagaron millones de dólares a las estrellas de Hollywood a cambio de promocionar sus marcas


El mayor canto de la historia en favor del consumo de tabaco salió de la boca de una mujer, Sara Montiel. “Fumar es un placer, genial, sensual” podría considerarse uno de los mejores eslóganes creados en torno a este nocivo hábito. Habano en mano, Montiel representaba a una mujer rebelde, independiente y sexy. Era el año 1957 y a pesar de tratarse de un filme español, ‘El Último Couplé’ alcanzó el éxito mundial. Ya entonces, el consumo femenino era algo asumido en la sociedad desde hacía dos décadas.

Hoy, la llama del cigarrillo se está apagando. A las autoridades sanitarias se han unido las gubernamentales en el discurso anti-tabaco. Lo último es la prohibición de fumar en espacios en los que puedan hallarse niños. El objetivo es evitar un mal ejemplo y obviar la imagen creada a principios del siglo pasado por la industria de cine norteamericana, que asociaba éxito y sociabilidad al tabaco. En un intento por acabar con la normalización de su consumo, las campañas institucionales han pasado de ser eminentemente informativas, difundiendo los efectos secundarios de los filtros, a formar un cerco mediático y social en torno a estos.

Un estudio publicado en el British Medical Journal asegura que las industrias tabaqueras pagaron millones de dólares a las estrellas de Hollywood a cambio de promocionar sus marcas. Un grupo de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de California analizó los datos que vinculan a los pitillos con la industria cinematográfica a partir de los documentos internos recopilados en colaboración con la Legacy Tobacco Documents Library, entre otros. El estudio fue titulado “El gran tabaquismo de Hollywood, 1927-1951”. De él se extrae que dos tercios de las 50 estrellas más importantes de Hollywood de finales de entre 1930 y 1940 anunciaron numerosas marcas de tabaco y llegaron a ganar lo equivalente a unos 75.000 dólares actuales. El documento también recoge que American Tobacco pagó a los actores que promovieron los cigarrillos ‘Lucky Strike’ lo equivalente a 3 millones de dólares de dinero actual.

Los beneficios se multiplicaban cuando uno de sus actores anunciantes aparecía fumando en una escena, ya que los espectadores asimilaban que se trataba de la misma marca que las estrellas decían fumar en las piezas publicitarias.

Se trataba de los años en que las principales compañías intentaban ampliar su mercado captando al público femenino. De ahí la asiduidad de actrices fumadoras como Lauren Bacall o Betty Davis en la gran pantalla. Sin desplazar la promoción encubierta de baluartes de virilidad como Gary Cooper, John Wayne, Clark Gable o Spencer Tracey.

En cuanto a la imagen estereotipada que se asocia al cigarrillo, se estableció desde el principio una diferencia entre hombres y mujeres. Desde los comienzos, una mujer con un pitillo era una mujer independiente, progre, rebelde, esbelta, moderna ,y por supuesto, sexy.

El hombre fumador, en cambio, era un hombre rudo, un macho de pura cepa que, como tal, tenía gran éxito entre las féminas. A mayor rudeza y rebeldía, mayor éxito. Siempre tenían la frase prefecta para adular a sus chicas y eran unos perfectos caballeros, a pesar de su promiscuidad. Tanto es así, que en el filme de Woody Allen ‘Sueños de un Seductor’, Allan, el protagonista, acude a Humpfrey Bogart, uno de los iconos más destacados de la época del tabaco en el cine, para que le guíe en su camino hacia la conquista de Linda, interpretada por Diane Keaton.

Entre los años 50 y 60, los cambios sociológicos propiciaron que la mujer continuara acercándose al hábito de fumar. Sucedió tras la Segunda Guerra Mundial, con la incorporación femenina al trabajo y los primeros movimientos por la igualdad y la emancipación. La posguerra estuvo marcada además por la aparición de la televisión. Con ella, la publicidad mejoró sus técnicas comerciales y redefinió los mensajes, que abandonaron el carácter subliminal del cine, para dar paso a un discurso más agresivo. Los anuncios recreaban una escena cotidiana en torno a un producto, cuya presencia quedaba en un segundo plano, configurando así una visión del mundo real a través del televisor. Esta técnica, que continúa en nuestros días, propone comportamientos y visiones en torno a la sociedad, planteando un valor simbólico que establece rasgos de distinción y diferenciación social.

El trasfondo de todas estas técnicas de venta es la seducción. La rueda del sistema capitalista avanza gracias a ella. El carácter demandante de la sensualidad, que exige nuevas satisfacciones cada vez, en cantidad y diversidad, lo convierte en un recurso inagotable. En su libro ‘Efectos de la Publicidad’, Jose Luis León explica que la fuerza del tabaco, así como del alcohol, en su persistente consumo reside en “su doble promoción: la explícita de la propia publicidad, y la implícita presentada como recurso artístico en la pantalla”.

Tabaco y sensualidad: ¿Realidad o ficción?

Según un estudio realizado por el Surgeon General Estudios en 1988, “Del mismo modo que otras sustancias psicoactivas de abuso, la nicotina produce efectos que las fumadoras pueden considerar beneficiosas”. Entre las diferentes razones por las que las mujeres continúan fumando, el estudio resume que “la nicotina produce efectos de bienestar, activación o relajación, ayuda a mantener la atención, a controlar el peso y gel apetito y reduce la ansiedad”. A estas posibilidades, le suma la posibilidad de que fumen “para facilitar la interacción social y como una fuente de placer y confort”. En el consumo femenino es especialmente relevante la sensación de autonomía, o su uso como medio de autoafirmación, para dar una imagen de frialdad, desafiante y sexy.

Lo cierto es que el tabaco es una de las características que influyen en la atracción hacia una persona. Un halo de sensualidad casi como si del humo que los propios cigarrillos generan, rodea a la imagen que tenemos de alguien sugerente. Nada más lejos de la realidad. Varios estudios aseguran que el tabaco dinamita las relaciones sexuales ya que tiene efectos negativos en el organismo. Lo más notables en cuanto a salud sexual son la disfunción eréctil y la infertilidad. Esto es grave, ya que se estima que el 20% de las parejas que se separan lo hacen debido a dificultades de este tipo.

Así lo recoge un estudio de la Universidad de Florencia, que también halló efectos a nivel psicológico. Los fumadores muestran mayores niveles de ansiedad e insatisfacción que los no fumadores. Esta insatisfacción es más notable en relación a la vida personal y profesional. El tabaquismo está estrechamente relacionado con la aparición de la depresión en la sociedad femenina. Esta patología se desarrolla en muchos casos cuando la mujer intenta dejarlo y es dos veces más común en ellas que en ellos. Los trastornos de ansiedad y bulimia también son más habituales entre las fumadoras. La depresión, el apoyo social y el miedo a engordar son los tres factores más influyentes en el uso femenino de los filtros. Sin olvidar que cada año aumentan las tasas de cáncer en las mujeres de los países desarrollados.

Estos efectos secundarios han caído en el olvido por la fuerza de la imagen. Y es que cada tópico difundido por las tabaqueras es exactamente lo contrario de lo que las Autoridades Sanitarias advierten. Más inseguridad y menor autoestima. Ni éxito profesional ni en las relaciones amatorias y sexuales. Un gran trabajo de persuasión el de las tabacaleras.

La lumbre que ayudó a escapar de las redes de nuestros maridos y padres hace medio siglo, es hoy una carga insalubre que nada tiene que ver con la independencia. Quizá hoy, el mayor gesto de rebeldía por parte de todas nosotras sea no encender esa llama y despojarnos de la influencia de una imagen, la del tabaco, estereotipada y sexista.

Fuente: http://www.pikaramagazine.com

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