Noticias y novedades del proyecto

‘Intersex’: todas las posibilidades del cuerpo humano

La I de LGTBI que nunca sabes explicar

Hanne Gaby Odiele, modelo intersexual, activista.

Cada persona intersex es diferente. En cada una, su mutación genética ha tenido un resultado. El ser humano es tan sofisticado que tiene muchas más posibilidades que el simple hombre y mujer.

Pocas cosas tan complicadas de explicar como la I del acrónimo LGTBI al que pocos saben dar respuesta. Intersexuales, ¿eso qué es? ¿qué son? ¿hombres? ¿mujeres? ¿hermafroditas? «Pocas cosas me molestan tanto como que digan que soy hermafrodita», soltó casi con sorna aquella mujer que se dirigía al escaso público congregado. «Me he pasado toda mi infancia sacando de dudas a todos. No sabían si era niño o niña. En realidad yo tampoco lo tenía muy claro. Con un clítoris de seis centímetros podía ser cualquier cosa». Justo en ese instante, Marcos, su pareja desde hace dos años, la abrazó y le dio un beso en la mejilla. Hasta ahora, Adriana ha tenido que pelear mucho para sentirse medianamente aceptada. Por eso ahora, cuando puede, se dedica a dar charlas sobre identidad de género, partiendo de la base de que este puede ser indefinido. «Me encantaría que dijeran de mí que tengo sexo indefinido», ríe Adriana. Y en su alegato hay un poso de amargura.

Evidentemente, no todos saben del tamaño del clítoris de Adriana. Solo los que han tenido sexo con ella, que no son muchos. Heterosexual, la primera vez que tuvo sexo debió explicarle  al chaval con el que estaba que aquella protuberancia era algo con lo que venía de serie. Que había nacido así. Y que gracias a su madre que exigió que no la tocaran, podía tener sensibilidad en esa zona. Algo que no tienen todas aquellas a las que, nada más nacer, intentaron reconstruirle aquello. Hasta el año 2018, con Pedro Sánchez como presidente electo, no hubo una petición expresa del congreso para que se dejara de reconstruir los genitales de las personas intersexuales. La madre de Adriana se negó en redondo. Pero a muchas otras personas intersex sí se lo hicieron. «La única diferencia entre la ablación de clítoris y lo que nos hacen a nosotras es que en África lo hacen en vivo y aquí, afortunadamente, nos duermen», resume con dolor Adriana. «Siempre le agradeceré a mi madre que no dejara que me lo hicieran».

Las personas intersex son las que menos se visibilizan. Cada vez que alguien con cierta repercusión sale del armario se organiza una escandalera. Explicar lo que eres cuando, genéticamente, tu cuerpo ha sido cincelado, es muy complicado. Pero es la mejor definición. La intersexualidad es todo lo que puede ser el cuerpo humano en su proceso creativo. Porque todo es una cuestión genética. «Por lo menos unos treinta genes distintos intervienen en la regulación de los distintos procesos necesarios para la determinación y diferenciación sexual», explica el Saoud Tahsin Swafiri, referente en genética y genetista clínico de los hospitales General Collado Villalba, Rey Juan Carlos I, infanta Elena y Fundación Jiménez Díaz. Los órganos sexuales toman forma entre la semana novena y undécima del embarazo y una virilización o feminización puede variar lo que pudiera ser. No se espera. Ni se sabe qué va a ocurrir. Pero sucede.

El sexo fenotípico está determinado por el desarrollo de los genitales internos y externos, pero el sexo de asignación social, es aquel que se da, por el personal sanitario, en función del aspecto externo de los genitales. No siempre se acierta. Gabriel J. Martín, por ejemplo, fue Patricia hasta los 12 años porque su micropene es tan pequeño que lo confundieron con un clítoris desmesurado. La modelo belga Hanne Gaby Odiele ha sido de las pocas que ha salido del armario y se ha convertido en una activista. Su empeño radica en hacer entender a los más jóvenes que entre las piernas puedes tener muchas posibilidades. Y no siempre son una vulva o un pene perfectamente diferenciados. La variedad de posibilidades es muy amplia y no se circunscribe al simple hombre, mujer.

Hay mujeres que nacen con genitales externos femeninos, pero jamás tienen la regla, puede (o no) que tengan útero y trompas de Falopio, vagina con fondo ciego y serán estériles. El sexo genital, el que determinan los órganos sexuales y reproductivos no siempre coincide con el genético. El síndrome de insensibilidad a los andrógenos o síndrome de Morris fue lo primero que Camino supo que le ocurría cuando, a pesar de cumplir 15 años, aún no le había bajado el período. Posee los cromosomas XY (masculino), y su apariencia es totalmente femenina. Inclasificable. ¿Qué son? ¿mujeres? ¿hombres? «Me molesta mucho cuando me preguntan por mis genitales», resume Adriana. «¿Cómo explicas que tienes una protuberancia de seis centímetros y que eso no es un pene?». Todavía no hay un solo manual de biología capaz de mostrar las posibilidades con las que la genética moldea el cuerpo humano. El sexo genético no tiene por qué ser el genital; ese es un privilegio de las personas cisgénero, única y exclusivamente.

Artículo redactado por CELIA BLANCO el 6 de julio de 2020 para El País

Fuente original: El País

Vaginismo, un relato en primera persona

«Como paciente que se ha curado de vaginismo, me gustaría explicar en este artículo la relación que considero que hay entre el vaginismo, el falocentrismo y el feminismo», escribe la autora

Ilustración de p.nitas.

El vaginismo “es un espasmo de los músculos que rodean la vagina que ocurre en contra de su voluntad. Los espasmos cierran la vagina y pueden evitar la actividad sexual y los exámenes médicos”, según MedlinePlus, un servicio informativo de salud de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos (NLM). Se trata de una patología sexológica que puede o no tener causas. Trauma, abusos sexuales o factores de salud mental son algunas de ellas. El tipo de tratamiento que requiere es una combinación de terapia física, educación, asesoría y ejercicios de Kegel (contracción y relajación de los músculos del piso pélvico). También se recomienda la dilatación vaginal mediante dilatadores plásticos, involucrando a la pareja, si tiene. El vaginismo suele provocar o venir acompañado de ansiedad y sentimientos autodestructivos.

Como paciente que se ha curado de vaginismo, me gustaría explicar en este artículo la relación que considero que hay entre el vaginismo, el falocentrismo y el feminismo.

Creo que la sexología es algo en lo que no nos fijamos suficiente, y el vaginismo es un ejemplo de ello. Cuando hablo con personas sobre la patología que sufrí, muy pocas saben lo que es. Me sorprendió mucho en un primer momento, porque es una patología que está muy relacionada con problemas que derivan del sistema patriarcal en el que vivimos: el vaginismo que puede estar causado por abusos sexuales y factores psicológicos.

Cuando acudí a la ginecóloga por no poder usar tampones tenía mucho miedo y constantes pensamientos autodestructivos; creía que era la única persona a quien le pasaba y pensaba que yo era “defectuosa” sexualmente, que no era capaz de tener relaciones sexuales placenteras ni de hacer que otra persona las tuviera. Me costó mucho acudir al médico y recuerdo sentirme muy mal conmigo misma. ¿Cómo puede ser que nos despreciemos de esta forma? ¿No deberíamos ser libres de disfrutar nuestra sexualidad a nuestra manera? Nuestra sociedad impone que el sexo es el coito, y que el placer se centra en el hombre cis. Tengo muchas amigas que han fingido orgasmos varias veces. “A veces para satisfacer a mi pareja, para que no sufra pensando que lo hace mal, y otras veces para que se acabe la relación sexual”, me respondió una de ellas cuando le pregunté por qué lo hacía. Es grave que haya bastantes mujeres que vean las relaciones sexuales como un “tiene que pasar” o que antepongan que el hombre se sienta bien antes que su propio placer. Esto, tan normalizado en nuestra sociedad, es una señal de que la concepción general del sexo es falocentrista. De todos modos, quiero añadir que también existen patologías sexológicas relacionadas con los genitales denominados masculinos a las que no se da visibilidad ni aceptación social.

«Nuestra sociedad enfoca la sexualidad centrando el placer en el falo y en la penetración»

Según la revista de psicología Psicología y mente, el término falocentrismo “hace referencia al ejercicio de ubicar al falo en el centro de las explicaciones sobre la constitución psíquica y sexual”. El concepto proviene de las teorías de Freud sobre la sexualidad. Autoras como Makaryk objetan que el falocentrismo se refiere a “un sistema de relaciones de poder que promueven y perpetúan el falo como el símbolo trascendental del empoderamiento”. No hay duda de que nuestra sociedad enfoca la sexualidad desde un punto de vista totalmente falocentrista, centrando el placer en el falo (entendiendo como pene y genitales masculinos) y en la penetración. Esta visión deja apartadas a muchas otras formas de sexualidad. En el modelo mayoritario de sexualidad de nuestra sociedad cisheteropatriarcal toda la sexualidad se orienta y gira en torno al falo, el cual es el objeto de todo el deseo, capaz de atraer y absorber el conjunto de la energía erótica de las mujeres.

Prácticamente todo el mundo entiende “acto sexual” como coito. Las mujeres muchas veces son tratadas como un objeto sexual, sea explícita o implícitamente, y eso puede llevar a que se piense que el deber de las mujeres es satisfacer al hombre. Un ejemplo muy claro es cómo son tratadas habitualmente las mujeres en la publicidad, sirviendo como llamada de atención al sexo masculino.

Es habitual que las sesiones de sexualidad en centros educativos están centradas en la cisheterosexualidad en pareja, invisibilizando en muchos casos el gran espectro que es la sexualidad humana. Aún no he sabido de ninguna sesión sobre sexualidad en centros educativos donde se hable de las patologías sexológicas. Este último dato me parece –y también a la sexóloga que me trató- especialmente preocupante teniendo en cuenta varias estadísticas. Para empezar, el 6,3 por ciento de las españolas tiene dificultades para llegar al orgasmo, el 4,1 por ciento padece dispareunia (vaginismo en menor grado, es decir, molestias durante el coito) y un 2,8 por ciento padece vaginismo. Según el proyecto Salud Pélvica, entre el 5 y el 10 por ciento de las mujeres sufren vaginismo o dispareunia.

La sexóloga que me ayudó me explicó que muchas personas que sufren vaginismo acaban evitando cualquier tipo de encuentro sexual por miedo, y que la mayoría de las personas que acuden al médico lo hacen años después de percatarse del problema. ¿Por qué sucede eso? Por miedo. Yo misma he tenido este miedo a ser la única persona a quien le sucede, a que no exista solución al problema, a que nadie me acepte o me quiera a causa de ello, a las dificultades en las relaciones sexuales… Y personalmente me parece muy negativo que no se explique en la escuela. Yo misma me he encontrado con varias personas que no comprendían la situación y la menospreciaban, con argumentos como “pero si ponerse un tampón es muy fácil”. En una sociedad como la nuestra es difícil integrar el vaginismo, ya que junta dos tabús muy significativos: la enfermedad psicológica y el sexo.

Entre el 5 y el 10% de las mujeres sufren vaginismo o dispareunia.

“El feminismo es un movimiento social y político que se inicia formalmente a finales del siglo XVIII y que supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la opresión, denominación y explotación de que han sido y son objeto por parte del colectivo de varones en el seno del patriarcado bajo sus distintas fases históricas de modelo de producción, lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que aquélla requiera” , afirma Núria Varela en su libro Feminismo para principiantes. Las feministas se dieron cuenta de que el control patriarcal se extendía no solo en el ámbito político sino también en el familiar, laboral, sexual… Durante mucho tiempo, para limitar la sexualidad femenina, se ha intentado que las mujeres conocieran muy poco del tema o asociaran sexualidad y dolor, de forma que la sexualidad se redujera prácticamente a fines reproductivos.

“Por ejemplo, ni una sola vez oí la palabra clítoris. Transcurrirían años hasta que aprendí que las mujeres poseíamos el único órgano en el cuerpo humano cuya función exclusiva era sentir placer”, es un ejemplo citado en libro de Varela. La sexualidad de las mujeres ha sido arrebatada históricamente por los hombres: “La negación de una sexualidad y un deseo propios y de libertad para disfrutarlos permanece aún hoy en buena parte del mundo. El patriarcado se ha volcado para controlar la sexualidad femenina, todos los métodos han sido pocos. Desde las imposiciones religiosas y morales, los códigos de conducta, la estigmatización en nombre del honor y la honra hasta la violencia y la represión brutal y mortal, pasando por la utilización del sistema legal y el control de la ciencia…”, detalla Varela. Así pues, muchas mujeres nunca han sido dueñas ni beneficiarias de su propia sexualidad.

El goce y el placer son, en general, atributos positivos del erotismo masculino mientras que en las mujeres son atributos negativos. La sexualidad masculina parece estar íntimamente relacionada con el poder y, en mi opinión, una de las características fundamentales del poder masculino es el control de la sexualidad femenina. Las feministas radicales de los años 70 comenzaron el proceso de reapropiación del cuerpo femenino para las mujeres con consignas como: “Mi cuerpo es mío”.

La sociedad reduce la sexualidad a la penetración vaginal y no acepta que el término “sexo” se pueda referir a algo que no sea coito. Por ejemplo, la construcción social llamada “virginidad” limita nuestra sexualidad haciéndonos entender que el sexo es el coito, que dejamos de ser vírgenes de no haber tenido nunca relaciones sexuales cuando practicamos el coito. Evidentemente, esta visión excluye una gran parte del espectro de la sexualidad humana. La sexualidad no es el modelo cisheteropatriarcal ni tampoco se orienta únicamente hacia la reproducción. En muchos casos, frente a una sociedad falocentrista, las personas con vaginismo sienten odio y vergüenza por su cuerpo, y gran parte de estos sentimientos autodestructivos se derivan de no cumplir con el modelo de sexualidad que impone la sociedad donde vivimos. El feminismo defiende una sexualidad femenina mucho más abierta. Si esta idea se extendiera en la sociedad, las personas que sufren vaginismo probablemente sufrirían menos porque no sentirían tan frecuentemente que su sexualidad está “incapacitada”, y probablemente se sentirían más seguras al buscar ayuda médica. Las posibilidades sexuales se extienden mucho más allá de la penetración vaginal, y su conocimiento es esencial para que todas las personas disfruten del sexo y se logre la normalización de todo el espectro de la sexualidad humana.

Artículo redactado por  el 20 de mayo de 2020 para Pikara Magazine

Fuente original: Pikara Magazine

Cannabis: ¿alternativa o negocio?

Más allá del clásico porro, sabemos que el cannabis, lo que conocemos como marihuana, tiene propiedades terapéuticas con menos efectos adversos que muchos medicamentos. Pero, ¿para qué sirve realmente? ¿Cómo puede utilizarse? ¿Es realmente una alternativa para todas?

Ilustración de Señora Milton.

Verónica tiene ansiedad e insomnio. Tras un largo periodo de tiempo de tratamientos farmacológicos ineficaces o perjudiciales para su situación, decidió paliar los síntomas de sus dolencias haciendo uso del cannabis. Verónica, así como otras personas que padecen patologías como la fibromialgia, la endometriosis o la enfermedad de Chron, que acarrean grandes dolores físicos crónicos, llevaba tiempo anhelando encontrar una alternativa a los medicamentos convencionales. Los efectos adversos de estos le generaban casi más malestares que los que tenía. Algunos como la morfina, utilizados para suavizar dolores insoportables, son adictivos y dañan otros órganos como el estómago.

Verónica consume la planta Cannabis Sativa L directamente, la fuma. Otras muchas personas consumen un solo tipo de cannabinoide, como el CBD, a través de productos como aceites o pomadas a los que se les ha añadido ese componente y que se venden ya hasta por Amazon.
Empecemos por el principio. ¿De qué planta estamos hablando? ¿De qué propiedades y usos? Cannabis Sativa L es el nombre oficial de la planta del cannabis. Lo que se conoce comúnmente como marihuana. También se la nombra como ‘cáñamo’. De esta planta salen decenas de derivados diferentes (CBD, CBG, THC, CBC, CBL…). El especialista en cannabis del laboratorio AnandaLab Analytics Lab, Patricio Rodríguez de Soria, explica qué es, bajo su punto de vista, lo que tienen la planta y el cuerpo humano que, cuando se juntan, se complementan positivamente: “La planta tiene unas sustancias que se llaman fitocannabinoides. De las 350.000 variedades de plantas que hay en el planeta, que funcionan aproximadamente con unos 2.000 tipos de sustancias diferentes cada una, solamente la planta Cannabis Sativa L tiene unas sustancias para las que resulta que el cuerpo humano tiene unos receptores específicos”. ¿Por qué ocurre esto? No es que “estemos diseñados para disfrutar de los placeres del embeleso que producen esos fitocannabinoides, sino que existen dentro de nuestro organismo unos neurotransmisores que, casualmente, tienen la misma estructura química”, cuenta el experto. Estas sustancias que tenemos en el cuerpo se llaman endocannabinoides y, junto con los receptores, forman el sistema endocannabinoide. Lo que hace la planta cuando la consumimos, según cuenta Rodríguez, es “suplantar ese sistema que naturalmente tenemos”.

Nuestro sistema nervioso funciona con dos tipos de órdenes: de activación y de inhibición. Lo ejemplifica el especialista: “Cuando nuestro cerebro dice ‘dobla el brazo’, hay una orden de doblar el brazo (activación) y otra de ‘ya está el brazo doblado, no sigas haciendo fuerza’ (inhibición)”. Los endocannabinoides son los principales neurotransmisores inhibidores de nuestro cuerpo. El cannabis lo que hace es “exactamente lo mismo que hace nuestro sistema endocannabinoide y afecta únicamente a las células que tienen receptores específicos para estos productos. No como el resto de las sustancias estupefacientes que afectan y disturban todos los procesos metabólicos allá donde vaya”, remarca.

Según la Fundación CANNA, dedicada a la investigación sobre el cannabis, en los últimos años ha crecido el interés por la investigación de este compuesto “debido al descubrimiento de propiedades antiinflamatorias, antioxidantes, ansiolíticas y efectos neuroprotectores”, lo que lo hace “muy atractivo para el tratamiento de condiciones producidas por inflamación y estrés oxidativo”. Se utiliza para la epilepsia, para enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, el Parkinson o la esclerosis múltiple, para la ansiedad, el autismo, para enfermedades inflamatorias crónicas como la enfermedad de Chron, para el acompañamiento de la quimioterapia. Así lo refleja el equipo de investigación de la Fundación CANNA. Aun así, Rodríguez de Soria advierte que, aunque tiene “ciertos efectos terapéuticos, no es ningún milagro”, porque hay que tener en cuenta que “cada ser humano tiene una disposición y una concentración específica de estos receptores, es decir, a cada persona el consumo de fitocannabinoides le sienta de manera diferente”, y que no se puede perder de vista que “esto es una ayuda para paliar ciertos síntomas, no más”. No cura.

Y, ¿sirve de la misma manera tanto si se utilizan cannabinoides concretos como si se consume la planta entera? Según explica Patricio Rodríguez, “el doctor Manuel Guzmán Pastor, de la Universidad Complutense de Madrid, seguramente el científico español más experto sobre el tema, estableció hace tiempo que el efecto más terapéutico se da con el total de los cannabinoides, lo que él denominó el full spectrum. La combinación y modulación de todos ellos es lo que produce el mayor efecto terapéutico”. Lo que sucede es que ese full spectrum contiene THC, uno de esos decenas de derivados de la planta Cannabis Sativa L que, por ser “el responsable quizá de los efectos más psicodélicos”, es decir, el cannabinoide que hace que el consumo de la planta tenga efectos psicoactivos -que coloque-, “es una sustancia prohibida por la Convención de Ginebra, por las leyes españolas y por las políticas de drogas”, dice. “Si el THC fuera legal, entiendo que no habría discusión y que sería aceite con todos los cannabinoides lo que se propondría como terapia”, añade Rodríguez. Vale, y, ¿cómo se pasa de la planta a ese aceite o esa pomada? Los componentes se extraen de la planta y se convierten en compuestos químicos a través de un proceso de sintetización, “o lo que se denomina técnicamente, un principio activo para la industria farmacéutica (API)”, explican desde la Fundación CANNA. A partir de ahí, se puede utilizar como elemento en diferentes composiciones.

El negocio del CBD

Algunas empresas han visto en esta necesidad de encontrar alternativas más naturales para aliviar las dolencias cotidianas y los síntomas de algunas enfermedades, desatendidas institucionalmente y que son un nicho de mercado, por lo que cada vez más personas se suman al carro de la comercialización de productos cannábicos. Sobre todo de productos con CBD. Empresas como The Beemine Lab, Yuyocalm o Sativida, por ejemplo, diseñan, crean y venden aceites ingeribles, tópicos y cremas con CBD, aunque en la lesgislación española encuentran algunas trabas. Christina Schwertschlag, encargada de la investigación y el diseño de productos de The Beemine Lab, comenta que no pueden poner explícitamente, ni sugerir, en sus etiquetas que el producto puede ser ingerido. Tienen que venderlo como cosmético. Patricio Rodríguez comenta que la falta de regulación provoca que se estén vendiendo en internet multitud de productos sin apenas garantías: “Nadie te garantiza que ese aceite sea, efectivamente, del 5, del 10 o del 20 por ciento de CBD. Hay que cruzar los dedos y pensar que, en el peor de los casos, el producto es inocuo”. Hasta que no se regule, explica, la fiabilidad de los productos es dudosa.

El CBD se está comercializando en la Unión Europea (UE) desde hace tiempo, se puede encontrar hasta en Amazon. Solo cuando algún organismo encargado del consumo de algún país de la UE descubre un peligro para la salud (por ejemplo, “el 18 de abril de 2019 España realizó una notificación de productos como galletas y chocolates procedentes de los Países Bajos por contener derivados de cannabis no autorizados, a raíz de una inspección de la Policía Local y de la Unidad de Estupefacientes de la Comisaría de la Policía Nacional”, según recuerda la Fundación CANNA), procede a retirar el producto, abre una investigación sobre el mismo e implica al resto de países miembros para que hagan lo propio en sus territorios. Se que trata de una “depuración selectiva a partir de un sistema basado en la denuncia o delación”, cuenta la Fundación CANNA. Miguel Torres es abogado y profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Barcelona. Explica que mucha gente tiene una idea equivocada sobre la legalidad del cáñamo del que se extrae el CBD: “Se partía de la base de que el cáñamo con menos de 0,2 por ciento de THC es siempre legal. No es correcto. El cáñamo con menos de 0,2 por ciento de THC solo se puede cultivar sin permiso si se destina a usos industriales, que solo son la producción de fibra y de semillas. Las flores del cáñamo, aunque tengan menos de 0,2 por ciento de THC, se consideran siempre estupefacientes” y tanto el cultivo como la extracción en España están sujetas a la autorización de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS).

Actualmente, según la Fundación CANNA, la AEMPS ha concedido autorización a cinco empresas en España para el cultivo de cannabis con fines de investigación, y una sola autorización para la producción de derivados de extracciones de cannabis. “Como el cannabis medicinal no está regulado -exponen-, el cultivo de cannabis o la producción de derivados para su comercialización solo se permite en caso de exportación a una empresa debidamente autorizada en su país de origen”. La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) publicaba en marzo de 2019 una nota informativa que especificaba que “la empresa que desee comercializar estas partes de la planta Cannabis sativa L (flores, hojas y tallos), extractos y cannabinoides, en el ámbito alimentario, deberá presentar una solicitud a la Comisión Europea conforme a lo establecido en el reglamento sobre los nuevos alimentos”. En cualquier caso, solo las vitaminas y minerales pueden reconocerse como complementos alimenticios, no las plantas, de forma que no resulta legalmente posible registrar en España un complemento alimenticio hecho a base de cáñamo. Pero existe un resquicio de posibilidad, un vacío legal, que es a la que se acogen empresas que comercializan productos con CBD en España: “En caso de que el producto esté elaborado y haya sido puesto legalmente en el mercado de un país de la Unión Europea, en virtud del principio de reconocimiento mutuo, las autoridades españolas no pueden oponerse a la comercialización de un suplemento alimenticio elaborado con cáñamo en la UE”, explican desde la Fundación CANNA. En The Beemine Lab, a partir de ahí, lo que hacen es comprar el CBD ya extraído y sintetizado en Suiza, elaborar sus productos con una empresa cosmética y venderlo aquí, en el Estado español.

Christina Schwertschlag, que es natural de Boston (Estados Unidos), siempre tiene el ojo puesto en cómo su país de origen está, desde hace unos años, abriendo la puerta a la permisividad sobre los cannabinoides. Recuerda que “es curioso porque fueron los primeros en prohibirlo. Hace unos 120 años tú comprabas una tónica de Cannabis Sativa L en tu farmacia”. “El cannabis siempre se ha usado -dice-, pero llegó alguien y dijo que no, que las drogas son malas y que a partir de entonces la hierba iba a ser igual que la heroína”. Y el estigma ha inundado todo lo que rodea al cannabis. Pero la planta es muy rica. Schwertschlag echa de menos, también como consumidora, más estudio clínico y más información, para que se pueda “ser un consumidor consciente de lo que toma, responsable y con capacidad de elección”. “Espero que se legalicen de forma medicinal todos los cannabinoides, no solo el CBD, y que las personas puedan tener la libertad de decidir si para el dolor que le provoca el tratamiento del cáncer prefiere fumarse un peta y que no le criminalicen por ello”, sentencia.

Para unas pocas

La revista Forbes contaba en 2017 que las mujeres son “más propensas que los hombres a usar CBD” y que tienden a abandonar la “medicina tradicional” tras probarlo. También resumía que las razones más comunes por las que las personas usan CBD, según una macroencuesta, fueron “para tratar el insomnio, la depresión, la ansiedad y el dolor en las articulaciones”, según el doctor Perry Solomon, de HelloMD, una comunidad online que reúne a personal médico y pacientes relacionados con cannabis. “El 42 por ciento de los usuarios de CBD dijeron que habían dejado de usar medicamentos tradicionales como los analgésicos Tylenol o medicamentos recetados como Vicodin y habían cambiado a usar cannabis en su lugar. El 80 por ciento dijo que encontró que los productos eran ‘muy o extremadamente eficaces’”. El diario El País, como Forbes, también quiso hablar en 2019 sobre el negocio del CBD. En agosto de 2019 se esperaba que, para finales de ese año, “el mercado europeo del CBD tuviera un valor de 376 millones, un aumento del 30,82 por ciento” respecto al ejercicio anterior. Parece que hay hueco. Así lo cuenta Christina Schwertschlag en clave de humor.

Parece que, a pesar del estigma y de la falta de informes certeros, los cannabinoides en general, y el CBD en particular, tal como lo reflejan personas que los consumen, son útiles y casi podrían constituirse en toda una alternativa a muchos medicamentos para el dolor producidos y comercializados por grandes farmacéuticas. Algunas mujeres lo consideran un aliado, ya que han encontrado en el cannabis un alivio a sus dolores menstruales, a la ansiedad o a los dolores derivados de enfermedades que les afectan mayoritariamente, como la fibromialgia. Pero surge un traba más, una cuestión insalvable: la accesibilidad. ¿Quién puede ser una consumidora consciente con capacidad de elegir cómo tratar sus dolencias cuando un bote de 10 mililitros de CBD cuesta entre 89 y 197 euros? El especialista en cannabis Patricio Rodríguez comenta que “se podrían vender a menos de cinco euros”, incluso, pero la falta de regulación, opina Rodríguez, provoca que las empresas puedan establecer los precios que consideren. Entonces, ¿cómo podría ser una alternativa consumir cannabinoides si la mayoría social no puede permitírselo? ¿Tiene sentido que un movimiento que surge para ofrecer alternativas y mejorar la calidad de vida al margen de los límites del sistema coloque a la salud y el buen vivir, de nuevo, en un lugar de privilegio?

Al margen del negocio que ha emergido detrás de las propiedades terapéuticas del cáñamo, hay asociaciones y colectivos presentes en los barrios que promueven una producción y consumo más autónomo de los cannabinoides. En Growbarato.net, por ejemplo, ponen a disposición del público guías sobre cómo cultivar variedades de la planta con alto contenido en CBD y muy bajo o nulo en THC, aquellas que, como dicen, “todo el mundo pueda consumir, sin riesgo de sufrir ningún tipo de efecto psicoactivo”. También se pueden encontrar en su blog recetas para, a partir del cultivo de la planta, elaborar aceites cannábicos caseros. “Yo recomiendo en todas mis charlas que, antes de recurrir a esos productos, recurras a las flores de Cannabis Sativa. Es un producto natural, lleva el full spectrum, y hay montones de variedades en las que los niveles de THC son muy bajos o prácticamente nulos y los niveles de CBD son aceptables. Es mucho mejor consumir flores naturales que concentrados o extractos que, insisto, hasta que no haya regulación, la garantía es cero”, concluye Patricio Rodríguez.

Artículo escrito por  el 15 de abril de 2020 para Pikara Magazine

Fuente original: Pikara Magazine