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La prohibición de las drogas también es machista

La ‘guerra contra las drogas’ es una guerra contra las personas, que afecta de maneras diferenciadas e inclusive más graves a las mujeres.

La prohibición global de drogas es un ejemplo clásico de una política pública en la que el remedio es peor que la enfermedad.

En nombre de ‘acabar con las drogas’ se ha adelantado una real guerra hacia personas que cultivan las plantas prohibidas, se generaliza todo uso como problemático, aunque el 90 por ciento del uso de drogas a nivel global es ocasional, se ha profundizado el estigma hacia quienes sufren trastornos por dependencia a sustancias ilícitas como cocaína o heroína, y se han llenado las cárceles de personas que han cometido delitos menores, y no violentos, como transportar pasta base de coca en el bolso.

Las medidas excesivas de fiscalización han obstaculizado el acceso a las sustancias con fines médicos y han impedido que se avance en la investigación científica. Estos, entre muchos otros, son los efectos negativos generales de la prohibición.

En el caso de las mujeres, muchos de estos efectos se ven agravados por las lógicas mismas de la prohibición y por las lógicas del machismo.

Imagen de DrogasGenero.info y Memes Feministas

Me explico: la prohibición construye un enemigo público – las drogas – y todo quien se asocie a conductas con las sustancias, carga el peso del estigma mismo, en la dicotomía entre delincuente y enfermo. De otra parte, el machismo y el patriarcado construyen una visión del sujeto femenino como débil, dócil y vulnerable, narrativa a su vez apropiada por las mujeres y la sociedad.

Estas dos situaciones hacen de las mujeres un blanco fácil en la guerra contra las drogas. Examinar los impactos de la política de drogas con enfoque de género, nos arroja luces sobre la experiencia de las mujeres bajo la prohibición. Así, las mujeres que están asociadas a las drogas, subvierten sus roles asignados de género, son tachadas de ‘malas mujeres’, y se oculta su vivencia de otros tipos de discriminación (de clase, étnica, rural/urbana), y también los procesos de victimización y violencia que han vivido (conflicto armado, violencia intra-familiar, sexual). Las mujeres dentro de la prohibición viven y atraviesan, en un solo proceso, distintas discriminaciones y violencias.

En Colombia este es un campo de conocimiento empírico al que se va sumando evidencia desde diversas orillas. Me concentraré en tres ejemplos: las mujeres en la producción de hoja de coca, las mujeres encarceladas por delitos de drogas y las mujeres que usan sustancias ilícitas, este último, el menos estudiado.

Desde el diagnóstico mismo, la política pública frente a los cultivos de coca invisibiliza las realidades de género. El Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (Simci) de Unodc que hace mediciones anuales, identifica número de hectáreas, y en las mejores versiones, número de familias. Es así que sabemos muy poco sobre quienes son las mujeres involucradas en el cultivo, donde están, y cuáles son las dinámicas que genera el cultivar coca en las vidas campesinas. Sin saber bien quiénes son los que cultivan coca, el Estado ha emprendido medidas represivas como la erradicación forzada, la fumigación aérea, y en el mejor de los casos, estrategias del mal llamado ‘desarrollo alternativo’.

En un estudio que realizaron Dejusticia y Fensuagro con mujeres de la región andino-amazónica, documentamos la situación de esta población, que, en el departamento más fumigado de todo el país, vivió de primera mano los efectos de la represión y estigmatización.

Encontramos que demonizar la coca ha ocultado algo fundamental, y es que, a través de este cultivo, se afectaron positivamente los roles de las mujeres en sus familias y comunidades. En la coca, las mujeres encontraron autonomía económica al interior del hogar, y la usaron mejorando sus condiciones de vida, e invirtiendo en el bienestar de los hijos e hijas. También se pagaron inversiones comunitarias como infraestructura, y pago a profesores.

Aquello que desde el Estado se construye como una actividad delictiva que destruye los valores, ha sido para muchas mujeres la salida de relaciones abusivas, la posibilidad de pagar por la educación superior, y la movilidad social para la siguiente generación en estos entornos rurales. Es así que el proceso actual de sustitución de cultivos ilícitos debe partir de reconocer estas dinámicas familiares, a fin de evitar que se pierda el terreno ganado para las mujeres.

En cuanto al encarcelamiento, la equivocada política de drogas contribuye significativamente al hacinamiento carcelario, y en consecuencia al Estado de Cosas Inconstitucional que declaró la Corte Constitucional en su sentencia T-388 de 2013.

A nivel general, mientras que entre 2000 y 2015 la población general del país se incrementó en un 19 por ciento, la población penitenciaria aumentó un 141 por ciento y la población encarcelada por delitos de drogas aumentó un 289 por ciento.

Imagen de DrogasGenero.info y Memes Feministas

Ahora, para el caso de las mujeres, este crecimiento es dramático: en 1991 había 1500 mujeres privadas de la libertad, y en el 2015 había 8351. Cinco de cada 10 mujeres encarceladas, lo está por delitos de drogas, la gran mayoría sin concurso con algún delito violento.

Los relatos y vivencias de las mujeres en la cárcel tienen elementos comunes: la mayoría no tenían empleo, bajos niveles de escolaridad, buscaban ingresos para sus familias, son madres cabeza de hogar, y no tienen ninguna influencia dentro del esquema del crimen organizado.

En efecto, del total de mujeres encarceladas que son cabeza de hogar, el 86,4 por ciento fueron recluidas exclusivamente por delitos de drogas menores no violentos. Esto significa que desempeñaron tareas logísticas fácilmente reemplazables – dividir las sustancias en pequeñas dosis, contestar teléfonos, etc. Al ser las cuidadoras principales, cuando se les priva de la libertad se rompe todo el tejido familiar, y muy seguramente sus hijos e hijas se exponen a contextos violentos y desiguales, como una trágica trampa de la pobreza.

Este perfil de vulnerabilidad que comparten las mujeres encarceladas, es usado por los grupos delincuenciales para aprovecharse de la necesidad, pero además es después castigado por el Estado con penas severas. Como afirma Luz Piedad Caicedo en su libro sobre este tema “con la cárcel, los estados controlan los estragos de la exclusión social”.

Hay injusticias en la profunda exclusión social que opera en las vidas de estas mujeres, en las penas desproporcionadas que cumplen en prisión, pero además también en el tratamiento discriminatorio que viven una vez en la cárcel. Según el cuarto informe de seguimiento de la Comisión de Sociedad Civil sobre la Sentencia T-388 de 2013, presentado en 2018, mientras los hombres privados de la libertad reciben todas las visitas en celdas, con posibilidad de visita íntima, en el caso de las mujeres hay menor cantidad de visitas, y estas ocurren en el patio. Esto, entre muchos otros elementos, se suma a la larga lista de impactos diferenciados del castigo sobre las mujeres.

Sobre las mujeres y el uso de drogas, hay un gran vacío de información. Ahora, es importante precisar que al igual que para el resto de la población, hay usos problemáticos y no problemáticos de drogas ilícitas.

Sobre el uso recreativo, u ocasional, este año se publicó una primera cartilla sobre mujeres y reducción de daños, que responde a muchas preguntas específicas sobre los efectos de las sustancias psicoactivas (SPA) sobre nuestros cuerpos y procesos físicos, así como recomendaciones para reducir los riesgos del consumo, que atienden al enfoque de género.

En el caso del uso problemático, se conoce muy poco sobre la magnitud de la población femenina que sufre trastorno por dependencia, pero sabemos que aun cuando es una población minoritaria, tienen carreras más largas de consumo, temen pedir ayuda por el rechazo que reciben de sus familias y la amenaza a sus derechos de potestad de los hijos, y en muchos casos los centros de tratamiento se rehúsan a recibir mujeres en sus programas.

Además, son sometidas a hacer ‘transacciones sexuales’ con su cuerpo, a cambio de dinero o de la sustancia que necesitan.

La vida para estas mujeres puede mejorar, aun dentro de la prohibición. Las apuestas de desarrollo rural y sustitución de cultivos deben comprometerse a construir sobre las victorias ganadas en el hogar, y el Estado debe abstenerse de reactivar la fumigación, cuyos impactos más nocivos son para las mujeres e incluyen abortos.

El Estado debe aplicar medidas alternativas al encarcelamiento para mujeres en situación de vulnerabilidad económica y con personas a cargo. Se deben promover y ampliar los servicios de análisis de sustancias, y facilitar ahí información específica a los cuerpos de las mujeres. Los servicios de salud deben ser lugares donde ellas también puedan acudir, sin miedo al castigo o el estigma.

En general, debemos asumir la tarea de examinar la vida de las mujeres bajo la prohibición de drogas, para conocer mejor sus necesidades, retos y posibilidades.  Aquí no se trata de ‘buenas o malas mujeres’, se trata de traer a la luz las profundas desigualdades que la economía ilícita expone, y buscar mejores maneras dentro de la política de drogas que tenemos hoy.

Columna escrita y publicada por Isabel Pereira Arana el 7 de septiembre 2019 para La Silla Vacía

Fuente original: La Silla Vacía

Destripando mitos: ¿Realmente Cleopatra inventó el primer vibrador de la Historia utilizando abejas?

En los últimos años, cada vez que se habla sobre el origen del vibrador (como artilugio de estimulación sexual) suele aparecer referenciada Cleopatra y la coletilla de que fue la inventora del ‘primer vibrador de la Historia’ al haber realizado  una especie de tubo con papiro y en el que introducía varias abejas (a las que se había alterado previamente) y cuyo revoloteo producía una vibración que era utilizada por la reina egipcia para autoproporcionarse placer.

Si realizamos cualquier búsqueda por internet podremos comprobar que la inmensa mayoría de publicaciones que dan la mencionada información no son más que simples ‘copia y pega’ del mismo texto y que ha ido pasando de una web a otra (blogs, foros, redes sociales…) sin preocuparse (casi) nadie de comprobar si lo explicado era verdad o se trata de una leyenda urbana más de las miles que existen.

La mayoría de publicaciones son un simple C&P (copia y pega) tan común, lamentablemente, en internet y muy pocos indican la fuente de dónde han sacado dicha info. Los escasos que sí se dignan a indicarlo señalan como fuente de consulta a un cómic publicado a finales de 2015 por el archiconocido autor francés Philippe Brenot (experto en antropología, psicología y sexualidad) titulado ‘Sex Story’.

El hecho de que un experto como Philippe Brenot introdujese ese dato en su libro hace que la información tenga cierta credibilidad y no se le dude de su veracidad. Pero a veces no todo lo que dice una eminencia en un tema es cierto o correcto (por ejemplo, los médicos que prescriben homeopatía).

La historia sobre Cleopatra como la pionera en la invención de los vibradores resulta curiosa y llamativa para publicarla como titular con grandes letras y como un efectivo ‘clickbait’ (titulares llamativos para atraer lectres a un sitio web) pero el problema viene cuando comienzas a tirar del hilo, con el fin de obtener más información sobre el tema y te encuentras que no existe ni una sola evidencia histórica (o al menos quien escribe este post no ha sabido encontrarla).

Gracias a los numerosísimos estudios arqueológicos que se han realizado en el último siglo, hoy en día conocemos infinidad de datos sobre cómo eran y vivían en el Antiguo Egipto, tenemos jeroglíficos descifrados, monumentales pirámides, antiquísimos tesoros e incluso momias de faraones, pero sobre el supuesto vibrador de Cleopatra no hay ni un solo documento antiguo y toda la info anterior que existe al respecto (dejando aparte del mencionado cómic de Philippe Brenot que, posiblemente, se informó de ahí), nos lleva como muy atrás en el tiempo hasta 1992, año en el que se publicó un libro sobre prácticas sexuales inusuales titulado ‘The Encyclopedia of Unusual Sex Practices’ con el que se dio a conocer la escritora, sexóloga y conferenciante de origen checo, Brenda Love.

En la página 316 del mencionado libro de la Dra. Love podemos encontrar la siguiente referencia a la reina egipcia y su famoso vibrador:

[…]Cleopatra is said to have had a small box that could be filled with bees and placed against her genital for a simulation similar to that of vibrators[…]
(Se dice que Cleopatra tenía una pequeña caja que podría llenarse de abejas y colocarse contra su genitales para una simulación similar a la de los vibradores).

Es curiosos comprobar cómo la única referencia en todo el libro simplemente es un ‘Se dice que Cleopatra’, por lo que Brenda Love basó su info para indicar esta curiosidad en una suposición o comentario que llegó a ella, muy posiblemente, a través de una de esas leyendas urbanas que se van compartiendo de boca a boca. En el resto del libro no hay ni una sola referencia más sobre el tema.

También hay que destacar que entre la publicación del libro ‘The Encyclopedia of Unusual Sex Practices’, en el que no se indicaba de qué material estaba hecho el mencionado vibrador y la aparición del cómic ‘Sex  Story’ de Philippe Brenot  (que indica que el artilugio era de papiro) hay algunas publicaciones en internet (algunas nada fiables) que señalan que el vibrador estaba hecho con una pequeña y alargada calabaza hueca a la que le habían metido dentro unas cuantas abejas.

Todo lo demás son simples C&P sin aportar ni un solo dato sobre hallazgo arqueológico alguno que hiciese referencia al supuesto estimulador sexual de Cleopatra y no existe información contrastada y fiable que vaya más atrás de la publicación del libro de Brenda Love en 1992.

También es sorprendente comprobar que disponemos de hallazgos y evidencias arqueológicas que nos muestran cómo nuestros antepasados, hace miles de años durante la prehistoria, utilizaron piedras con formas fálicas (algunos historiadores indican que para estimularse sexualmente y otros que eran ‘bastones de mando’) y con el vibrador de la reina de Egipto (que fue hace poco más de dos mil años y tenemos numerosa info de la época) las únicas referencias que existen son un cómic de hace poco más de tres años y un libro de hace dos décadas.

Cabe destacar que la figura de Cleopatra, a lo largo de la Historia, ha estado continuamente criticada, siendo señalada como depravada sexual y ninfómana en multitud de documentos y libros. Los primeros en criticarla y escribir sobre el carácter libidinoso de la egipcia fueron, entre otros, los autores romanos Virgilio y Horacio, muy afines a Augusto (el gran enemigo de Cleopatra). Por tal motivo no les importó exagerar sobre la personalidad de ésta.

También son numerosos los escritos que se realizaron durante la Edad Media en los que, sin evidencia alguna, se hablaba de la personalidad libertina de Cleopatra, sobre cómo mantenía relaciones sexuales en un mismo día con un centenar de soldados o de los esclavos sexuales que tenía a su disposición…

Para finalizar, debo añadir que para la realización de este post he invertido varias semanas de búsqueda, lectura de infinidad de libros y artículos y que, además, he tratado de contactar (por varios medios) con Brenda Love y Philippe Brenot, con el fin de que me aportasen algo de luz sobre la cuestión (además de enlaces a fuentes fiables donde consultar la información que facilitaban en sus respectivos libros), pero no he recibido (a día de hoy) respuesta alguna por parte de ambos.

Y vosotros qué creéis ¿realmente Cleopatra inventó el primer vibrador de la Historia utilizando abejas o se trata de una leyenda urbana?

Fuentes de consulta: Sex Story de Philippe Brenot / The Encyclopedia of Unusual Sex Practices de Brenda Love / notionsdhistoire / racontemoilhistoire / mistakinghistories / reddit / hystera
Fuente de las imágenes: pixabay / Sex Story de Philippe Brenot / The Encyclopedia of Unusual Sex Practices de Brenda Love

Publicado por Alfred López el 2 de febrero 2019 para ’20 Minutos’

Fuente original: 20 Minutos

Enteógenos: La ayahuasca se abre camino en Occidente como cura de adicciones y depresión

Utilizada por comunidades indígenas amazónicas desde hace milenios, el potencial terapéutico de la ayahuasca comienza a abrirse camino en Occidente.

Ayahuasca. Foto de Jairo Galvis

Yagé, nixi pae, natema, kamarampi, capi, marirí, daime, bejuco del alma, hoasca o shillinto son solo diez de los al menos 42 nombres documentados que recibe el brebaje amazónico comúnmente conocido como ayahuasca. Etimológicamente, en lengua quechua —aya (muerto, espíritu) y waska (soga, cuerda)— significa “soga o liana de los muertos” porque, para los nativos amazónicos, la ayahuasca permite que el espíritu salga del cuerpo sin que este muera. Considerada una planta de poder por tribus y comunidades indígenas del Amazonas, ha sido utilizada con fines religiosos y visionario-curativos por chamanes desde hace cientos de años. Ahora, la investigación médica con ayahuasca ha cogido fuerza en Occidente, aunque sigue siendo vista con recelo por la comunidad médica internacional.

La ayahuasca es una bebida psicoactiva vegetal obtenida por la decocción de dos tipos de plantas: la Banisteriopsis caapi —una liana conocida comúnmente también como ayahuasca— y la Psychotria viridis —chacruna, un arbusto de la familia del café que contiene DMT, la sustancia visionaria—. Ingeridas por vía oral de forma independiente no producen ninguna alteración en el organismo, pero la combinación de ambas posibilita el efecto enteógeno de la bebida. El término enteógeno significa “la experiencia de Dios dentro de mí” y hace referencia a la dimensión espiritual a la que puede transportar la ayahuasca.

Hace cientos de años, las comunidades del Amazonas supieron combinar ambas plantas para que su decocción resultase efectiva. “Este sofisticado descubrimiento indígena solo ha sido desvelado por la ciencia moderna recientemente, durante los años 80 del pasado siglo”, tal y como se explica en el Informe Técnico sobre la Ayahuasca elaborado por el Centro Internacional para los Servicios, Investigación y Educación Etnobotánica (ICEERS, en sus siglas en inglés), una organización sin ánimo de lucro que se dedica, entre otras cosas, a integrar la ayahuasca y otras plantas tradicionales como herramientas terapéuticas en Occidente.

Ha sido en España, concretamente a manos del doctor Jordi Riba y su equipo del Hospital Sant Pau de Barcelona, donde se ha despejado la incógnita de las áreas cerebrales implicadas en los efectos de la ayahuasca en humanos. “Mediante la técnica SPECT [técnica médica de tomografía que utiliza rayos gamma], evaluamos los cambios de flujo sanguíneo en el cerebro durante los efectos agudos”, explica Riba. El trabajo del equipo de Riba en consumidores habituales de ayahuasca ha demostrado que estos presentan diferencias en la estructura cerebral en comparación con los no consumidores: “No se trataba de déficits cognitivos ni psicopatologías, sino de aspectos psicológicos positivos como una mayor integración en su entorno social y una mayor espiritualidad”.

Tratamiento para depresiones

Los objetivos de la investigación médica los expone el doctor José Carlos Bouso: “Conocer mejor los mecanismos psicológicos en personas que toman ayahuasca con fines terapéuticos”. Psicólogo clínico y doctor en farmacología, Bouso está especializado en drogas de síntesis y de uso transcultural. Durante seis años formó parte del equipo de Riba y ahora dedica su actividad a la fundación ICEERS. “Otro de nuestros objetivos es conocer la eficacia de la ayahuasca en los trastornos adictivos o depresivos, los trastornos de ansiedad o incluso enfermedades médicas de tipo neuroinflamatorio”, explica.

Es en el área de los trastornos depresivos donde hay más evidencias de los beneficios terapéuticos de la ayahuasca: “Hemos demostrado efectos prometedores en el tratamiento de la depresión mayor con ayahuasca”, explica Riba. El doctor ha colaborado recientemente en el primer estudio que ha demostrado los “rápidos y sostenidos” efectos antidepresivos de la ayahuasca en pacientes resistentes a otros tratamientos. “La experiencia con ayahuasca, de marcado carácter emocional, modifica la actividad eléctrica y el flujo sanguíneo en áreas que están implicadas en el procesamiento de las emociones y la memoria”. Esto se traduce en una mayor actividad del sistema límbico del cerebro, la parte encargada de procesar las emociones, los comportamientos y la memoria.

“Durante los efectos es muy habitual recuperar recuerdos que marcaron a la persona emocionalmente. Creemos que esta revisión autobiográfica puede ser útil para replantearse, por ejemplo, conductas automáticas y autodestructivas como son el consumo de sustancias adictivas. Tenemos recogida información de un número no despreciable de personas que consiguieron abandonar consumos crónicos de cocaína y heroína con la ayuda de la ayahuasca”, cuenta Riba.

Replantear el concepto de “droga”

Una droga es, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “cualquiera sustancia que provoque una alteración del natural funcionamiento del sistema nervioso central del organismo y que, además, sea susceptible de crear dependencia”. Este concepto presenta una dualidad que explica el doctor Fericgla: “Naturalmente que la ayahuasca es una droga; ahora bien, si se habla de drogas adictivas, la ayahuasca no entra dentro de esa clasificación”. Doctor en antropología cultural y pionero europeo en psicoterapia con ayahuasca, Fericgla piensa que el término de droga ha perdido su sentido hoy en día. “A menudo se habla de drogas adictivas para referirse a las sustancias prohibidas pero (…) ni el LSD ni el MDMA ni la ayahuasca son adictivas”, aclara Fericgla. Todas ellas tienen usos terapéuticos que, tanto por prohibición legal como por sus usos lúdicos, han caído en la estereotipación.

El doctor explica que los neurolépticos, ansiolíticos y antidepresivos que se venden en farmacia también son drogas, “y estas sí son de abuso, ya que generan dependencia”. El problema de este tipo de fármacos como el Prozac o el Valium es, como explica Guillem Crespí, psiquiatra del Hospital de Muro, “que a veces se aplican en enfermedades cuya curación completa ni se plantea, sino que lo que se busca es paliar síntomas”. Teresa Mateus, neuróloga del mismo hospital, está de acuerdo: “Habría que investigar más para llegar a la raíz de los problemas de las adicciones y no solo a los síntomas”.

Ayahuasca para drogodependientes

La ayahuasca está siendo investigada como tratamiento para personas drogodependientes. Takiwasi en Perú, la Uniao do Vegetal (UDV) o las Iglesias del Santo Daime en Brasil son centros donde la gente acude tanto para procesos de autocrecimiento como para el tratamiento de adicciones, depresiones o hasta estrés post traumático en presos. Concretamente, Takiwasi se ha especializado en el tratamiento de personas drogodependientes de pasta básica, cannabis, cocaína o alcohol. Aunque la fundación del centro estuviese enfocada a la desintoxicación, este no es el único motivo por el que la gente llega a Takiwasi, ya que también acuden anualmente unas 300 personas para procesos de autoexploración o crecimiento personal. “La desintoxicación y el crecimiento personal son todo un eje de trabajo que está ligado”, explica Fernando Mendive, coordinador científico del centro.

Situado en Tarapoto, en la Alta Amazonia peruana, su modelo terapéutico es único en el mundo: “Se combina el uso ancestral de la ayahuasca para recontextualizarlo en la psicología moderna, y que sea más fácilmente accesible a otras personas”, explica Mendive. Reconocida legalmente para funcionar como centro de salud, ha sido objeto de estudio de 18 tesis de pre y posgrado de distintas universidades desde su creación en 1992. ¿El motivo? Como explican desde Takiwasi: “Este creciente interés de la comunidad científica es el reflejo de un proceso global de acercamiento y apertura de la cultura occidental hacia conceptos y metodologías para la salud provenientes de las diferentes medicinas tradicionales del mundo”. De hecho, su creación viene a raíz de seis años de investigación de la medicina tradicional amazónica realizada por Jacques Mabit, uno de los fundadores de Médicos Sin Fronteras, que autoexperimentó la ingesta de plantas sagradas con más de 70 maestros curanderos o chamanes del Amazonas, y que en 2012 fue procesado por la justicia gala por inducción al consumo de estupefacientes y secta, en un caso que fue desestimado por falta de pruebas.

El tratamiento para la desintoxicación de los pacientes pasa por cinco etapas: etapa preliminar —información, motivaciones, evaluaciones médicas para el ingreso—, desintoxicación física, reestructuración psico-emocional y existencial, reinserción y seguimiento y reforzamiento. “Se estima que luego de cinco años de abstinencia con cambio estructural de la personalidad y del modo de vida, la curación es total”, explican desde Takiwasi.

Dimensión espiritual: entre el chamanismo y la psicoterapia

Dicho en boca de Neida, chamana de la selva ecuatoriana, “con ayahuasca consigues llegar a la esencia de la vida, al vientre de esta, y canalizar las energías”. A parte de los posibles usos terapéuticos que la ayahuasca pueda tener en el tratamiento de adicciones o trastornos depresivos, esta bebida es utilizada también como herramienta de autoconocimiento. “La ayahuasca es una forma de enlazar directamente con informaciones reprimidas en el inconsciente y así conseguir liberarlas”, cuenta Toni Hurtado. Psicoterapeuta y profesor de yoga, trabaja junto a su mujer Mariela realizando ceremonias de ayahuasca y San Pedro, otra planta de propiedades enteógenas cuyo principio activo es la mescalina.

Su método de trabajo consiste en realizar la toma con su intrínseco ritual. En la mañana siguiente se hace un trabajo psicoterapéutico de lo que ha vivido cada uno: “Es casi más importante la parte de integración que la toma de la ayahuasca en sí”, explica Toni. Su trabajo no se centra únicamente en ofrecer la “medicina”, como lo llaman, sino que incorporan la ayahuasca como una herramienta en el proceso de crecimiento personal que desarrollan. “Nosotros mostramos cosas a los pacientes que igual no han sabido conectar; ese es nuestro trabajo”, cuenta Hurtado.

A 9.000 kilómetros de distancia, Neida trabaja con ayahuasca en la selva amazónica, en un contexto más cercano a las prácticas originarias: “Doy mucha información sobre la planta y hago de guía durante el viaje. Mi trabajo es personalizado porque me gusta que cada uno se encuentre consigo mismo”. Neida no teoriza, sus terapias son pura tradición indígena, pura experiencia práctica heredada. En cambio, Toni y Mariela trabajan desde la psicoterapia evolutiva y tratan de descifrar lo que la ayahuasca ha mostrado a cada asistente. “Hay un mundo entre el chamán y el psiquiatra”, explica Toni. “Nosotros estamos en medio. No estamos en el enfoque clínico ni tampoco en el esoterismo. Entendemos la parte espiritual y la parte del método científico”, cuenta al hablar de sus sesiones.

Ayahuasca y legalidad
El comercio, fabricación y distribución de DMT, principio activo de la ayahuasca, fue prohibido por el Convenio sobre Sustancias Sicotrópicas de Viena de 1971. Ahora bien, los preparados elaborados a partir de plantas que contengan DMT, como es el caso de la ayahuasca, no están prohibidos. Es en la Lista Verde, elaborada por la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), donde aparecen las sustancias que están bajo lupa, como el DMT. En Perú fue declarada patrimonio cultural. En Brasil, la bebida goza de protección legal. En Chile, un tribunal determinó que “la ayahuasca ha reportado importantes beneficios para múltiples personas y, por lo tanto, su uso no debe ser penalizado”. La ayahuasca es legal en todos los países que se rigen por los convenios y acuerdos de la JIFE, salvo legislación específica.
“Francia es el único país en el que la ayahuasca está explícitamente prohibida”, tal y como explican desde ICEERS. En 2012, Jacques Mabit, fundador de uno de los centros de desintoxicación a través de la ayahuasca, fue procesado en Francia por incitación al consumo de drogas y secta, pero el caso fue desestimado pro falta de pruebas. El uso de la ayahuasca ha sido perseguido en España, con más de cien procesos judiciales que hasta ahora han acabado en archivo de la causa o absolución.
Riesgos asociados al consumo de ayahuasca
Así lo anunció el doctor Riba: “La ayahuasca conlleva sus riesgos pero carece de toxicidad física”. No todas las personas son válidas para experimentar con esta sustancia y que hay contraindicaciones para aquellas que deciden iniciar un proceso con ayahuasca: “No se puede tomar alcohol, no se puede comer carne ni picante, solo comida ligera sin aderezos. Además, es importante la abstinencia sexual”, explica Mendive en referencia a los requisitos del centro Takiwasi.
También hay fármacos que están contraindicados si se experimenta con ayahuasca: “El uso simultáneo de inhibidores de la recaptación de la serotonina y la ayahuasca puede contribuir a un desenlace letal”, tal y como explican Evelyn Doering y Xavier Da Silveira, psicóloga clínica e investigadora, en una entrevista publicada en Ayahuasca y Salud. Esto se traduce en que fármacos antidepresivos o ansiolíticos son incompatibles con la ayahuasca.
“No se puede descartar que personas con trastornos cardiovasculares o metabólicos puedan sufrir reacciones adversas”, explica el doctor Riba. Según él, el mayor riesgo está a nivel psicológico: “Episodios de ansiedad, desorientación y reacciones psicóticas que se han prolongado más allá de los efectos agudos y que han tenido que ser tratadas con fármacos”. Son sustancias muy intensas, modificadoras del funcionamiento normal de la mente: “Muchas personas acuden por mera curiosidad a sesiones de ayahuasca, simplemente para tener una nueva experiencia exótica, y se quedan impactadas, a veces de forma desagradable, por lo vivido”, matiza el doctor.
Neurogénesis o desarrollo de nuevas neuronas mediante ayahuasca
Uno de los recientes estudios con animales del doctor Jordi Riba ha demostrado que la ayahuasca es capaz de estimular el desarrollo y maduración de nuevas neuronas a partir de células madre del hipocampo, lo que se conoce por neurogénesis. “El hipocampo es la zona del cerebro implicada en los procesos de memoria, cuya perdida de células degenera rápidamente en Alzheimer”, explica el doctor. Esto podría ser un posible remedio, aunque queda mucho camino por recorrer, para el tratamiento de esta enfermedad degenerativa.
Publicado por Diego Menjíbar el 20 de agosto 2019 en el diario El Salto
Fuente original: El Salto