Nueva terapia para pacientes de hepatitis C

Un nuevo tratamiento para las personas enfermas de hepatitis C, disponible en España, se ha presentado hoy; se trata del primero destinado a los y las pacientes que no hayan respondido favorablemente al tratamiento con antivirales de acción directa, que impiden que el virus se multiplique.

Nueva terapia para pacientes de hepatitis C

Infografía EFE

 

Según los estudios realizados, Vosevi cuenta con una eficacia del 95 % y a él podrían optar los y las pacientes en los que han fracasado otros tratamientos, que son entre el 3 y el 5 %.

Es el primer fármaco preparado específicamente para una segunda línea de tratamiento, según ha explicado el jefe de la Unidad de Aparato Digestivo de la Fundación Hospital Alcorcón, Conrado Fernández.

Esta compuesto por tres principios activos: el sofosbuvir (que está integrado en todos los medicamentos de este laboratorio para tratar la hepatitis C), velpatasvir y voxilaprevir.

El tratamiento es de una pastilla al día durante doce semanas.

Pero además de Vosevi, Sanidad ha ampliado el uso de otro fármaco de este laboratorio, el llamado Epclusa (sofosbuvir más velpatasvir).

Lo había incluido ya para tratar a los pacientes en fase 2 y 3, pero desde hoy pueden acceder a él todos los enfermos y su eficacia, según Frederico da Silva, director del área de hepatitis de la compañía, es cercana al cien por cien.

Epclusa viene por tanto a sustituir a otros dos fármacos de la compañía, según Da Silva, a Sovaldi (sofosbuvir) y Harvoni (sofosbuvir más ledipasvir).

Con todos estos tratamientos ya se han podido curar en el mundo a más de 1,6 millones de pacientes.

El ámbito terapéutico es en estos momentos muy amplio en España, según Fernández, y ahora se trata de avanzar en el control de los grupos vulnerables al virus, como pueden ser personas que han utilizado drogas por vía parental, que tienen conductas sexuales de riesgo o que se han sometido a una transfusión antes de 1991.

Y esto es importante porque se estima que en España hay 200.000 personas enfermas de hepatitis C y alrededor de 60.000 no lo sabe, de ahí la necesidad de ahondar en la identificación de esos y esas pacientes que lo desconocen para avanzar en la prevención.

Fuente: efesalud.com

Por qué el consumo de alcohol produce sensación de calor en el cuerpo

Cuando se consumen bebidas con alcohol solemos notar una sensación de calor en el cuerpo, aunque en realidad no aumentemos nuestra temperatura.

Por qué el consumo de alcohol produce sensación de calor en el cuerpo

Fuente: Unsplash.

El fin de semana es sinónimo de descanso, diversión y actividades de ocio. Para muchas personas, la llegada del viernes, sábado y domingo supone un buen momento para relajarse con familiares y amigos en fiestas o eventos sociales que traen consigo, en la mayoría de las ocasiones, el consumo de alcohol.


 

Cuando se toman este tipo de bebidas, a menudo notamos una cierta sensación de calor, lo que hace que una gran parte de la gente crea —erróneamente— que el alcohol ayuda a mantener o aumentar la temperatura corporal, cuando en realidad sucede todo lo contrario.

Cómo afecta el alcohol a la sensación de calor o frío

La sensación subjetiva de calor o frío depende de las terminaciones nerviosas sensibles a la temperatura que se encuentran en la piel. Dichas terminaciones son las que estiman la temperatura cutánea y, por lo tanto, son las responsables de que tengamos una sensación de frío o calor, según recuerda Ángel Luis García Villalón, catedrático de Fisiología en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid.

El alcohol es una sustancia que produce vasodilatación, es decir, provoca que los vasos sanguíneos aumenten su diámetro interno para permitir que fluya más sangre, un fenómeno contrario a la vasoconstricción, que causa justamente lo contrario (la reducción del tamaño de las arterias, las venas y los capilares). El consumo de alcohol, por tanto, hace que las arterias cutáneas se dilaten y que llegue más sangre a la piel, apunta García Villalón. Como consecuencia, la piel se calienta al recibir más flujo sanguíneo, estimulando a su vez las terminaciones sensibles al calor.

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Fuente: Pixabay.

Sin embargo, al contrario de lo que pueda parecer, la dilatación de los vasos sanguíneos por culpa del alcohol acelera la pérdida de calor, en otras palabras, procede una sensación de acaloramiento ficticia —ya que solo sucede en la piel, y no en el resto del cuerpo—. La realidad es que el consumo de bebidas alcohólicas no ayuda a resistir el frío. Así lo han confirmado diversas investigaciones sobre el efecto que tiene el alcohol en la termorregulación en condiciones de altas y bajas temperaturas. Su impacto es tan importante que las personas que han ingerido grandes cantidades de esta sustancia pueden llegar a morir de hipotermia en un día muy frío al no ser conscientes de lo que ocurre en realidad en su organismo.

Los efectos perjudiciales del alcohol en la salud

A pesar de que el alcohol está presente en nuestra vida diaria y, especialmente, en numerosos eventos sociales, la evidencia científica actual demuestra lo dañina que resulta esta sustancia para nuestro organismo. No solo porque engañe a nuestro sistema termorregulador, sino porque beber —ya sea demasiado en una sola ocasión o de forma frecuente— tiene consecuencias perjudiciales para el cuerpo.

El consumo de alcohol se relaciona con más de 200 enfermedades

Los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos han evaluado cuáles son sus efectos negativos. El alcohol, por ejemplo, afecta a las rutas de comunicación que emplea nuestro cerebro, causando como resultado un daño en la coordinación motora, el comportamiento o en el estado de ánimo. Esta sustancia psicoactiva también se caracteriza por provocar problemas en el hígado, el corazón, el sistema inmunológico o el páncreas.

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Fuente: Unsplash.

Según la Organización Mundial de la Salud, cada año se producen más de 3,3 millones de muertes al año directamente relacionadas con el consumo de alcohol, lo que representa un 5,9% del total de fallecimientos anuales. Tomar bebidas alcohólicas, de hecho, se asocia con una amplia gama de más de 200 enfermedades. Hechos no siempre conocidos, a tenor de la alta prevalencia del alcohol en la sociedad.

 

Entre otras patologías, los expertos destacan trastornos mentales y de comportamiento, cirrosis hepática, algunos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares, un impacto que depende de dos factores diferenciados pero relacionados, el volumen total consumido y el patrón que se siga a la hora de beber. Además de estas patologías, es evidente que el alcohol también está detrás de muchos accidentes de tráfico o incidentes violentos, por lo que los expertos recomiendan no ingerir este tipo de bebidas.

Fuente: Hipertextual

No es el preservativo. Es usted

El uso del método anticonceptivo no tiene nada que ver con los problemas de erección. Alegar falta de sensibilidad para renunciar a su uso tampoco tiene sentido.

Nos sigue dando pereza ponernos el preservativo. Pese a todas las campañas de concienciación y todos los avances, seguimos pensando que utilizar un condón “nos corta el rollo”. O al menos que nos quita el gusto del contacto piel con piel. En los últimos años han surgido múltiples modelos diseñados para aumentar el placer (como los que llevan estrías) o para ayudarnos a aguantar un poco más (los que ofrecen efectos retardantes), pero parece que nada es suficiente para convencernos. Según un barómetro de opinión realizado por Control bajo el título Los jóvenes españoles y el sexo, a pesar de que el preservativo es el método anticonceptivo más usado entre la juventud de 18 a 35 años, el 35% de las personas encuestadas señaló que siempre encuentra una excusa para no utilizarlo. ¿El motivo? Pues 3 de cada 10 contestaron que el inconveniente es la pérdida de sensibilidad.

La de Control no es la única investigación que expresa esta tendencia. Recientemente, la revista The Journal of Sexual Medicine publicó un estudio en el que encuestó a 500 hombres de entre 18 a 24 años sobre este aspecto y que concluyó que el 38% no tiene problemas de erección debido a los preservativos, como muchas veces se suele alegar. Sin embargo, un 32% sí declaró tener dificultades por usarlo. La explicación de esta investigación es que en la mayoría de los casos el verdadero problema es una disfunción eréctil, de tipo psicológico o fisiológico, que nada tiene que ver con el uso del condón. La doctora Cynthia Graham, coautora del estudio, especifica que seguramente el inconveniente está más relacionado con la falta de conocimiento en torno a la utilización de este método de protección que con la pérdida de sensibilidad.

Concienciación en la Red

Si los formatos educativos audiovisuales y la puesta en el mercado de nuevos productos no parecen suficientes, las redes sociales también han decidido manifestarse al respecto. Así ha surgido el llamado Condom Challenge, que tiene su propio hashtag #condomchallenge, un nuevo reto al más puro estilo Ice Bucket Challenge, en el que jóvenes de todos los países se graban llenando un condón de agua y echándolo sobre la cabeza de un amigo para ver qué ocurre. El objetivo es concienciar sobre el sexo seguro, mostrando la gran resistencia que pueden tener los preservativos.

Manos a la obra

Sin embargo, la industria ha tomado nota de las opiniones de los usuarios y la empresa Control acaba de sacar al mercado el más fino de toda su gama, un 30% más delgado que los estándar y un 20% más que la variedad extrafina. Este condón Ultrafeel incorpora la tecnología Close Feel, de lados paralelos, para una sensación más placentera, favoreciendo, asimismo, la total protección en las relaciones sexuales. ¿Pero de verdad es necesaria esta variedad de modelos? La sexóloga María Esclapez explica: “El umbral de sensibilidad varía de una persona a otra, por lo que siempre es recomendable primero probar varios estilos y luego escoger el que más se adapte a las necesidades de cada persona”.

Así, los problemas de erección nunca estarán relacionados con el tipo de preservativo, sea grueso, fino o con ribetes. Pero sí existe una sensación subjetiva de sensibilidad que le hará decantarse por un tipo u otro. Y, más allá del placer, también hay que saber utilizarlo. Sí, no se sorprenda, todavía hay quienes no lo hacen correctamente. La Fundación Española de Contracepción (FEC) ha publicado los resultados de un estudio según el cual el 40% de las parejas afirmaban que lo usaban justo al final de la relación, “sin tener en cuenta que el líquido seminal preeyaculatorio ya contiene espermatozoides”, detalla el doctor Ezequiel Pérez, patrono de la FEC. Sobre este tema, la sexóloga Nayara Malnero comenta: “Muchas parejas lo colocan después de que ha habido penetración, por lo que hay riesgo de embarazo y también de transmisión de infección. Esta es una de las razones por las que España es el país europeo con más venta de preservativos, pero también con más índice de enfermedades de transmisión sexual”. Es decir, que nos olvidamos de que antes de llover chispea, y luego vienen las sorpresas. Otro de los grandes problemas que señala Malnero es usar preservativos caducados o mal conservados, o incluso no saber ponerlo, que es el principal motivo por el que se producen las roturas de los profilácticos. “Hay muchos adultos que todavía no lo colocan correctamente, se olvidan de quitar el aire del depósito o hacen uso de las uñas”, indica.

Y para quienes creen que el grosor puede influir en la seguridad del producto, les dejamos un enlace a un experimento para comprobar la resistencia de un preservativo normal y la de uno extrafino. En este vídeo la sexóloga Esclapez demuestra que ambos son igual de seguros. “Mientras haya pasado todos los controles de calidad y se le dé un buen uso, el grosor de un preservativo no influye en la seguridad”, afirma. Ni en la erección del hombre, como ya hemos comprobado. Así que la culpa nunca la tiene la funda.

 

Fuente: www.elpais.com