Según un estudio llevado a cabo en Madrid, el 60% de los alumnos de secundaria ha sido testigo de algún tipo de agresión por LGTBfobia

Tremendos resultados los de dos investigaciones llevadas a cabo por COGAM durante el año 2015, y que el colectivo madrileño ha presentado este jueves: el 60% de adolescentes ha presenciado agresiones homofóbicas en su instituto, mientras que el 15% del alumnado LGTB sufre ciberacoso. 

Las dos investigaciones han sido llevadas a cabo por voluntarios del grupo de educación de COGAM, gracias a una subvención de ILGA Europe (International Lesbian & Gay Association), y reflejan el compromiso de COGAM “para lograr un sistema educativo que eduque en la diversidad, se convierta en motor de cambio social y transmita valores de respeto”.

El primero de los estudios, “LGBT-fobia en las Aulas 2015”, ha sido realizado entre más de 5.600 alumnos y 30 profesores de 39 centros de educación secundaria de la Comunidad de Madrid. Los resultados muestran que un 11% del alumnado se identifica como LGTB (en concreto, 1 de cada 1000 estudiantes son transgénero). Pero lo grave es que el 60% de todos los alumnos ha sido testigo de agresiones verbales LGTBfóbicas, que sufren adolescentes LGTB (o adolescentes que sin serlo simplemente no reproducen los estereotipos de género tradicionales). El 7% ha presenciado incluso agresiones físicas. La situación es aún peor si se tiene en cuenta que una gran parte del profesorado no sabe cómo actuar, y de hecho hasta un 51% del alumnado piensa que sus profesores no hacen nada. La mitad de los alumnos cree además que su familia no le aceptaría si fuera homosexual, bisexual o transexual.

Puedes descargar un resumen ejecutivo de este estudio aquí, o si lo prefieres estudiar con más detalle puedes descargarlo íntegramente aquí. En el siguiente vídeo, elaborado por COGAM, se exponen algunos de los resultados más llamativos:

Ciberacoso: una realidad plenamente instalada

El segundo de los estudios presentados por COGAM es el titulado “Ciberbullying LGBT-fóbico”, cuyo resumen ejecutivo puedes descargar aquí (y que puedes descargar íntegramente aquí). Esta investigación busca valorar específicamente cómo influyen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en el acoso que tradicionalmente sufren los estudiantes LGTB. En este caso han participado más de 2.600 alumnos, 30 docentes y 10 autoridades competentes en materia de educación, ciberacoso y discriminación. Los resultados, inquietantes: el 15% del alumnado LGTB padece ciberacoso, especialmente el alumnado trans. Más del 52% de los alumnos, de hecho, ha sido testigo de este tipo de acoso. El estudio detecta además una importante falta de sensibilización y concienciación a nivel familiar, educativo e institucional.

Te mostramos también el vídeo elaborado por COGAM con los resultados más destacados de este estudio:

En base a los resultados, COGAM demanda “una mayor implicación de la comunidad educativa, un sistema educativo que eduque en la diversidad afectivo-sexual y de género, más actividades y campañas de sensibilización sobre diversidad y ciberacoso LGTBfóbico, una mayor implicación de las familias, y un mayor apoyo institucional en forma de un Plan Estatal contra el acoso escolar y el ciberacoso”. Sobre este último punto, COGAM afirma en el comunicado enviado a los medios que “el mundo online se ha convertido en un espacio esencial de socialización de adolescentes, donde la violencia LGTBfóbica puede expandirse impunemente”.

Más información en el blog del grupo de Educación de COGAM (https://cogameduca.wordpress.com).

Fuente: dosmanzanas.com

La mayoría de las y los jóvenes españoles apuestan por la legalización controlada del cannabis

  • Una encuesta revela que para los menores de 34 años fumar porros no entraña más riesgos que el alcohol o el tabaco
1qG2Yej    Vídeo. Los menores de 34 años creen que fumar porros no entraña más riesgos que el alcohol o el tabaco.

La mayoría de los jóvenes españoles ven el cannabis como una droga que debe ser legalizada, aunque con controles similares a los que tienen el tabaco y el alcohol. Aunque un 60% se muestran conscientes de los peligros que comporta el consumo de maría, un porcentaje casi igual apuesta por regular la venta y la producción, abandonando el actual prohibicionismo, según una encuesta del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) llevada a cabo entre jóvenes de 16 a 34 años.

“Los jóvenes nos dicen que debemos avanzar hacia una liberalización pero que lo hagamos con cuidado, con controles y marcando una serie de línea rojas”, ha resumido el director técnico de la FAD, Eusebio Megías. Un enfoque que conecta plenamente con el que llevan en su programa los nuevos partidos. Tanto Podemos como Ciudadanos proponen una regulación con cautelas. El PSOE, aun sin pronunciarse sobre el fondo, ha anunciado que quiere poner sobre la mesa el debate, con lo que este se abordará más pronto que tarde en la política española.

DÉCADAS DE CONSUMO

El cambio hacia una actitud más tolerante es muy parecido al observado en edades más adultas y se debe sobre todo, según Megías, a que “los españoles han observado tras décadas de consumo que si este es moderado no pasa nada”, aunque también ha contribuido a ello el caldo de cultivo creado por los clubs cannábicos y las iniciativas legalizadoras de otros países, como Holanda, Uruguay y cinco estados norteamericanos.

En la encuesta puede comprobarse que casi todos los jóvenes distinguen bien a partir de qué punto el cannabis puede ser perjudicial. El consumo diario es considerado como fuente de problemas por el 63% de los encuestados mientras que solo el 9,8% piensan que el consumo abundante es inocuo para las personas que están sanas.

La comparación con el riesgo de las drogas legales es esclarecedora. El 42% consideran que consumir alcohol cuando se sale conlleva más problemas que el cannabis, mientras que el 48% consideran más problemático beber los días laborables que fumar porros.

MÁS CONSUMO PERO IGUAL RIESGO

El estudio ofrece algunas pistas sobre qué podría ocurrir si, efectivamente, España abandona la actual política de prohibición de la venta y la producción. La opinión mayoritaria (55%) es que aumentaría el consumo pero un porcentaje similar (50%) creen que esto no llevaría aparejado un incremento de los problemas.

Ante la pregunta más personalizada, la respuesta es aún más rotunda. El 81% aseguran que su nivel de consumo no cambiaría en caso de liberalización, frente a un 5% que creen que consumirían más, un 7% que creen que lo probarían y un 7% que no se pronuncian.

Si pormerizamos en los cambios que desean lo jóvenes nos encontramos con que un 53% cree que la venta debería permitirse a adultos pero siempre que sea controlada a través de farmacias o en sitios autorizados, mientras un 8% propugna que no haya limitación y sólo un 1% ve bien que se permita a cualquier edad, incluidos los menores.

En cuanto al cultivo, un 30% está a favor del autocultivo para consumo propio, un 17% por ciento a favor de que también se encarguen de ello cooperativas o asociaciones y un 12% de que se permita a cualquiera, pero con control público. Asimismo, un 58 por ciento de los encuestados estolerante con los clubes de cannabis al entender que permiten un consumo responsable.

Fuente: elperiodico.com

UNGASS 2016: ¿Estamos cerca de acabar con la adicción a la prohibición?

– El mercado de la droga, sin regulación y sin licencia, es la forma más pura y más mortífera de capitalismo, ese que prioriza el beneficio por encima de todo.

La guerra contra las drogas no es una política, es una ideología, un dogma insensible a los hechos y despreciativo con las consecuencias. Es evidente que no existe una iniciativa global que haya fracasado más estrepitosamente: las medidas prohibicionistas no han reducido el suministro de droga, sino que han creado una industria lucrativa basada en la provisión de narcóticos por parte de bandas y cárteles.  (En 2016, las drogas ilegales valen más, literalmente, que su peso en oro). La guerra contra la droga ha castigado a los más vulnerables de la sociedad: los pobres, las minorías raciales y étnicas, y, cada vez más, las mujeres. Es una guerra mundial –que se libra desde los campos de amapolas en Afganistán hasta las calles de Chicago- con un precio humano insoportable: sólo en América Latina, las muertes por la guerra contra la droga superan ya las provocadas por el conflicto en Siria.

Por petición de tres naciones latinoamericanas (México, Colombia y Guatemala) la Sesión Especial de la Asamblea de las Naciones Unidas UNGASS sobre el problema mundial de las drogas se adelantó de 2019 a 2016. Pero este sentimiento de urgencia no se reflejó en la reunión preparatoria celebrada en Viena en Marzo, donde la Comisión de Drogas Narcóticas (CND) publicó un documento que básicamente perpetúa el status quo, una posición “casi enteramente desconectada de la realidad”, como dijo Ann Fordham del Consorcio Internacional de Políticas de Drogas. Incluso para los observadores ocasionales de la ONU, las negociaciones de Viena siguieron un patrón similar: horas finales muy tensas, discutiendo sobre una resolución contestada, seguidas por un sentimiento anticlímax una vez publicada la resolución, con un reconocimiento sobre el consenso que sacrifica la reforma en nombre de la unidad. Afirmaciones que ponían en cuestión los fracasos en el sistema actual fueron, o bien vetadas, o bien edulcoradas.

La redacción del documento fue un proceso profundamente antidemocrático 

La redacción del documento fue un proceso profundamente antidemocrático, tan poco representativo como falto de transparencia. Más de 100 estados miembros, la mayoría pertenecientes al Sur Global, no jugaron papel alguno en las negociaciones, a pesar de que estaban obligadas legalmente por los tratados internacionales a implementar políticas que les impactan de manera desproporcionada. En Nueva York,  este martes 19 de Abril, no tendrán la oportunidad de debatir ni de reescribir nada, puesto que el documento se firmará al principio de la Sesión Especial. Ante este panorama, veteranos expertos parecían desmoralizados, y eran casi unánimes en la condena. Steve Rolles de la Transform Drug Policy Foundation describió el documento como “una traición profunda a muchos de los stakeholders de todo el mundo, a quienes se les había prometido diálogo”.

¿Cómo puede impactar esta falta de democracia en el resultado de la UNGASS? “En argot diplomático, mandará Viena, antes que Nueva York”, dice el expresidente mexicano Ernesto Zedillo  refiriéndose a que el acuerdo negociado entre bambalinas bloqueará la petición de reformas. México está en el frente de batalla en la guerra contra las drogas y sus ciudadanos pueden verificar cómo las políticas de mano dura sólo han conseguido consolidar la corrupción, tanto por parte del Estado como por parte de los actores no-estatales. México lideró la presión sobre el CND para que se reconociesen las cuestiones socio-económicas que impulsan el cultivo, la producción y el tráfico, pero la geografía y la geopolítica limitan su autonomía, y la experimentación viene condicionada por un marco legal internacional estricto, que presenta muy poca flexibilidad para la monitorización de un mercado regulado. (Si se quiere impedir que se entregue el poder a los traficantes, la descriminalización de la demanda debe ir de la mano de la regulación del suministro).

Es importante encuadrar la actual guerra contra la droga en el contexto de las industrias que dependen de su perpetuación. Los Papeles de Panamá revelaron cómo gigantescos beneficios de los cárteles de la droga han sido blanqueados mientras que poseer pequeñas cantidades de marihuana puede acabar en una detención. (En 2014, 1,5 millones de norteamericanos fueron detenidos, acusados de asuntos no violentos relacionados con drogas, el 83% de los cuales por el simple hecho de poseerlas). En Europa, un número insoportable de ciudadanos (500.000) están encarcelados por delitos vinculados a los narcóticos, más que número total de personas en prisión por cualquier otro tipo de crimen en Europa occidental. El sistema penitenciario privatizado vive del encarcelamiento masivo, de la misma manera que viven de ello los sindicatos de guardias penitenciarios, que financian las campañas anti-legalización. Los EE.UU. gastan 50.000 millones de dólares al año en luchar contra la droga:  recibirían casi la misma suma de dinero si las drogas tuvieran un impuesto similar al del tabaco y el alcohol. Los norteamericanos saben que la prohibición de las drogas ha sido tan exitosa como la prohibición del alcohol: el 70% rechazan la política actual, mientras que un 50% está a favor de la descriminalización.

Hay alternativas viables

Ha llegado la hora de una aproximación centrada en la salud pública más que en la justicia criminal. El mercado de la droga, sin regulación y sin licencia, es la forma más pura y más mortífera del capitalismo, que prioriza el beneficio por encima de todo.Al trasladar la administración de drogas desde los profesionales de la salud hacia los traficantes sin escrúpulos, la prohibición ha aumentado la probabilidad de cometer un crimen, llevando a muchas personas vulnerables a delinquir. Además, ha impedido que se investiguen tratamientos que pueden salvar muchas vidas. El profesor David Nutt ha descrito la prohibición de la investigación sobre psicodélicos como “la oportunidad perdida más grande de la historia de la medicina”.  Algunos descubrimientos neurocientíficos recientes han subrayado el potencial del LSD y la psilocibina (hongos mágicos) para tratar la depresión y abordar las adicciones, con un éxito particularmente espectacular en la cura del alcoholismo.

Existen alternativas viables. Gravar con impuestos el consumo y reinvertir los ingresos en la prevención y el tratamiento ha dado resultados positivos. Portugal implementó esta política hace 15 años, y ha visto reducirse en un 50% el uso de droga inyectada. El reciente éxito –social y físicamente- de la descriminalización del cannabis en cuatro estados norteamericanos representa una comprensión creciente de las virtudes de la regulación. Aunque la ley federal continúa inflexible y los tratados internacionales siguen siendo vinculantes, los EE.UU. están siendo menos feroces en la implementación. En contra de la ley internacional, Uruguay ha descriminalizado el cannabis, mientras que Canadá se ha comprometido a regularlo, y se están considerando proposiciones legislativas en todo el mundo. De manera significativa, son los estados autoritarios (China, Rusia e Irán) quienes están presionando para endurecer el prohibicionismo y las políticas punitivas. Esta divergencia de opiniones está creando tensión, lo que se pondrá en evidencia en el UNGASS. Tal como Alex Wodak de la Australian Drug Law Reform Foundation señala, “el consenso internacional se ha roto de una manera irreversible y las fracturas son múltiples, profundas, severas e irreparables”.

Durante los próximos días, estaré hablando con un amplio abanico de voces dentro y alrededor de la Sesión Especial, lo que incluirá representantes de gobiernos, activistas de la sociedad civil, y testigos llegados del frente de la guerra contra las drogas. ¿Tomarán los líderes mundiales en cuenta los argumentos en favor de la reforma basados en la pura evidencia?  Ya conocemos el coste formidable de no hacer nada: millones de vidas arruinadas, miles de millones de dólares perdidos. Como un famoso usuario de LSD observara una vez: “la definición de la locura es hacer algo una y otra vez esperando que acabe produciendo un resultado distinto”.

 

Fuente: lasdrogas.info