Wert tampoco cumple con la «excelencia»: la beca no llega a los y las universitarios/as sobresalientes sin recursos

  • Cerca de terminar el curso, el Ministerio de Educación aún no ha resuelto todas las becas de los alumnos solicitantes.
  • El pasado 15 de abril finalizaron los seis meses que prevé la ley y la propia convocatoria para la resolución definitiva de las ayudas, pero fuentes de Educación desmienten tal retraso.
  • La Plataforma de Afectados por las Becas denuncia un descenso en las asignaciones y ha facilitado un escrito para denunciar el «silencio administrativo».

 

Verna Martínez Martín, estudiante de Filosofía de la Universidad de Santiago de Compostela.

«No he podido ir a casa por Semana Santa», dice Verna Martínez al otro lado del teléfono. Con una nota media de 10 y un nivel económico bajo, este estudiante de Filosofía es el ejemplo de aquellos estudiantes que, según el ministro de Educación, José Ignacio Wert, se iban a beneficiar más con el nuevo sistema de becas. A pocos meses de finalizar el curso, sólo ha recibido una parte de la ayuda, inferior a la mitad que la correspondiente al año pasado, lo que le ha obligado a reducir sus gastos para afrontar el día a día. «Este año estoy más apretado», indica.

Para Alejandro, estudiante de tercero de Bellas Artes en la Universidad de Granada, el final de curso también pinta feo. «Desde que empecé la carrera hace tres años me han concedido siempre la cuantía máxima [3.850 euros], pero este curso y a estas alturas aún no sé cuánto me corresponde en total». En su casa entran menos de 400 euros al mes y, aunque son familia numerosa, uno de sus hermanos es mayor de 25 años y ya no pueden beneficiarse de esta condición. «Es muy difícil mantener una buena media [la suya es de 9,2] cuando no puedes contar con todos los recursos que necesitas», reconoce. En su caso, el gasto mensual en materiales asciende a 60 euros al mes.

Mayo está cada día más próximo en el calendario y las fechas de los exámenes y entregas de trabajos se acercan peligrosamente. Sin embargo, muchos alumnos tienen una preocupación añadida, que presiona más incluso que el rendimiento académico: cómo pagar las facturas, el transporte, la comida, el material escolar y una larga lista de gastos cotidianos hasta que reciban el pago de la beca de educación, que este año se ha retrasado más que nunca, según los afectados.

De hecho, el 15 de abril el Ministerio rebasó el plazo para la resolución definitiva de las ayudas, seis meses después de que finalizase el periodo de solicitudes, como marca el artículo 42 de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, y la propia convocatoria de las becas.

Sin embargo, fuentes de Educación niegan que se hayan producido retrasos. Aseguran que «desde primeros de mes se está pagando la parte variable a todos los alumnos». El ingreso de la ayuda ha llegado, según afirman, «al 95% de los estudiantes becados», un dato que «es incluso mejor que en años anteriores». Además, «aunque aún no hay datos cerrados del número de becados», adelantan que la cifra de alumnos beneficiarios «ha sufrido un aumento considerable».

Pero lo cierto es que los estudiantes afectados por los demoras que el Ministerio desmiente ya han comenzado a organizarse «ante la falta de respuestas en las direcciones de atención al ciudadano del Ministerio». «Los retrasos se han producido por el nuevo sistema de becas que ha implantado el Gobierno», denuncia Almudena Abéjar, portavoz de la Plataforma de Afectados por las Becas.

El sistema de becas que ha impuesto este curso el ministro Wert divide el importe económico en una parte fija (las tasas de la matrícula, un máximo de 1.500 euros ligados a la residencia y a la renta del solicitante, y una beca básica de 200 euros) y otra variable, que se distribuye con el dinero restante tras la asignación de esta primera parte.

Mientras que el curso pasado en torno a febrero muchos estudiantes habían ingresado la totalidad de la beca, este curso por las mismas fechas se asignaron solo las partes fijas de la subvención, es decir, menos dinero. Entre los más afectados, los que viven fuera de casa y tienen que hacer frente a los recibos del alquiler, y los que sufrieron algún error en la asignación, como Almudena, que tras no recibir nada en la parte fija, alegó y todavía sigue esperando los 1.500 euros que le ha reconocido el Ministerio.

«Vivo con los 3.000 euros en concepto de residencia y renta y otra ayuda de 30 euros para hacer la compra semanal que me dio mi universidad. El año pasado, en febrero me habían ingresado el total, de más de 6.000 euros», cuenta Verna Martínez, que cursa segundo del Grado de Filosofía en la Universidad de Santiago de Compostela. Intenta mantener su 10 de media, aunque cree que «este curso bajará un poco la nota». Solicitó la beca, como cada año, porque la situación económica de su familia es difícil. «Somos tres hermanos y mis padres no tienen trabajo. Estamos en el umbral más bajo de renta que marca la convocatoria del Ministerio», explica.

A la espera de la cuantía variable

Además, a la reducción del dinero disponible de los estudiantes se suma la incertidumbre de cuánto les corresponderá en la parte variable. «La incertidumbre es total. El año pasado podías calcular más o menos cuánto te darían en función de tu nivel de renta, pero ahora con la nueva fórmula para la cuantía variable no puedes saber qué te corresponde», indica Martínez.

La fórmula matemática de cálculo de la cuantía variable –que tiene en cuenta la renta y las calificaciones de los estudiantes– ha sido objeto de muchas críticas por su complejidad y opacidad. «El cálculo se obtiene de variables como la nota media y la renta del conjunto de becados que el Ministerio no ha hecho públicas», critica Almudena Abéjar.

Por otro lado, el cálculo está centralizado por el Ministerio, por lo que las universidades deben enviar toda la información de los requisitos académicos y económicos de los estudiantes, «lo que alarga el proceso y amplía el margen de error», alerta Luis Rodríguez, vicerrector de la Universidad de Oviedo y miembro de la comisión sectorial de estudiantes (RUNAE) de la Confederación de Rectores de Universidades Españolas.

 

Raúl Gutiérrez, estudiante de Medicina.

Después de la tardanza, no siempre el importe de la variable supone una buena noticia para los beneficiarios. Raúl Gutiérrez se trasladó el curso pasado desde Los Navalucillos (Toledo) a Madrid para estudiar Medicina en la Universidad Complutense de Madrid. Entonces, además de la Beca de Excelencia de la Comunidad de Madrid gracias a un 9,5 de media en el acceso a la Universidad, recibió 3.336 euros de beca de movilidad.

Este año, sólo le ha correspondido la beca de la matrícula y 1.124 euros de la parte variable. «La situación de mi casa no es ruinosa pero es peor que la del año pasado. Mis padres trabajan, pero mi madre tiene media jornada y a mi padre este año le han bajado 150 euros del sueldo», expone.

Según los casos que llegan a la Plataforma de Afectados por las Becas, «los estudiantes más perjudicados son los que más recibían en las convocatorias anteriores, con motivo de la movilidad y aspectos concretos que se tenían en cuenta y que ahora tienen menos peso», apunta Almudena Abéjar. A la vista de las cantidades recibidas que los estudiantes han comunicado a la plataforma, «calculamos una reducción de un 20% de media en las asignaciones», dice Abéjar.

En el curso 2012-2013, la cuantía media de las becas concedidas a universitarios se redujo un 2,16% respecto al anterior, lo que representa el primer descenso en 15 años, según los datos de una respuesta escrita del Gobierno al diputado socialista Miguel Ángel Heredia de los que se hizo eco la agencia Efe.

Gastos reducidos al mínimo

El ministro de Educación ha repetido en muchas ocasiones que el nuevo sistema de becas beneficiaría más a los alumnos con menos recursos y mejores notas. Pero las ayudas repartidas hasta el momento hacen pensar a Verna Martínez que no será así. «La gente dice que las cuantías variables máximas que se han repartido son de algo más de 2.000 euros, así que en mi caso no llegaría a la cantidad que recibí el año pasado», afirma. Almudena Abéjar afirma que no se ha topado aún con ningún caso que alcance los 6.000 euros de años anteriores.

Raúl Gutiérrez, con casi un 8 de media, ha tenido que adaptar sus gastos ante la reducción de la ayuda. Su hermano también estudia en Madrid, así que ya no pueden permitirse tan frecuentemente los 26 euros que cuesta el transporte a su pueblo y apenas sale. «Si lo hago es a un bar un par de horas y a lo barato», apunta. Las comidas en la cafetería han dado paso al tupper y agradece que este año no haya tenido que comprar apenas libros, «porque los de Medicina son muy caros, el atlas de Anatomía del año pasado me costaba unos 80 euros cada tomo», aunque sí ha tenido que imprimir muchos apuntes.

 

Alejandro, estudiante de Bellas Artes, sigue esperando su beca.

Alejandro ha empezado a cambiar el autobús por la bicicleta para ahorrarse los dos euros que cuesta cada trayecto hasta la facultad. «La situación es verdaderamente angustiosa. Intento reciclar todo el material que puedo, como los lienzos de otros años. Si tengo que comprar algo, miro en un montón de tiendas, comparo y termino comprando siempre lo más barato», explica. A pesar de las dificultades, este alumno lo tiene claro: «Las carencias no me van a quitar la ilusión ni las ganas de labrarme mi futuro».

Para Gutiérrez, «lo más increíble es que de un año a otro, con el mismo patrimonio y menos renta, haya pasado de ser pobre a ser rico, al menos según los umbrales de la beca. Me parece una tomadura de pelo brutal». Además, critica que las decisiones del Ministerio son «políticas»: «La única explicación que encuentro es que quieran quitar a muchos estudiantes de la universidad y tenernos como trabajadores baratos en puestos que no exijan tanta cualificación».

Desde la Plataforma de Afectados por las Becas, explica Béjar, han subido a su página un modelo de escrito para denunciar ante el Ministerio de Educación el « silencio administrativo en el que ha incurrido al excederse en los seis meses que marca la ley». «Las becas se están resolviendo fuera de plazo así que abrimos la vía para dejar constancia de esta irregularidad y que los afectados puedan incluso reclamar responsabilidades por los perjuicios ocasionados», añade. Verna aún no ha escrito la reclamación, pero asegura que lo hará. «Quiero que quede constancia del retraso, aunque no sé si servirá de algo. Es un parche menor».

Para este martes está previsto que la Plataforma de Afectados por las Becas y el Sindicato de Estudiantes hagan pública una carta que van a entregar al ministro Wert para transmitirle la «situación insostenible» en la que se encuentran muchos alumnos y alumnas que aún desconocen el importe total de su beca. En rueda de prensa anunciarán también diversas acciones de protesta y movilizaciones convocadas para los próximos días.

 

Fuente: eldiario.es

Confesiones de una madre fumeta

No es fácil escribir sobre esto.

En primer lugar, estoy preocupada de que los lectores cuestionen mi capacidad como madre, y de que los servicios de protección infantil me hagan una visita.

En segundo lugar, está mi familia. Algunos me conocen bien, pero a otros les va a sorprender mucho esto. Por no hablar de mi familia más inmediata… Puede que a mis hijos les lleguen noticias sobre el tema.

Por último, está mi carrera. Aunque solo estoy escribiendo sobre una pequeña parte de mi vida, de una pequeña parte de mi tiempo, podría afectar a TODA mi vida profesional y tener serias y duraderas consecuencias.

Reconozcámoslo: al usar la palabra fumeta, probablemente hayas pensado que mi cociente intelectual no debe andar bien. A pesar de que hay investigaciones fiables que aseguran que la marihuana no tiene efectos negativos permanentes sobre las funciones del cerebro (a diferencia del alcohol y el tabaco), todavía existe el estereotipo de que alguien así se alimenta de patatas fritas de bolsa, viste de chándal y se levanta a las dos de la tarde. Me preocupa un poco que, a partir de ahora, tanto en mi entorno profesional como personal, la gente piense que voy fumada siempre.

No obstante, alguien tiene que empezar a hablar sobre ello, y nunca me han gustado los caminos fáciles.

(Además, supongo que tiene que ser alguien que viva en Colorado o en Oregon para que no corra el riesgo de ir a prisión ni de perder la custodia de sus hijos.)

Allá vamos, voy a confesar (lo siento, mamá):

Soy ama de casa y fumo porros.

(Mis amigos dicen que un fumeta se define como alguien que fuma hierba más de tres veces a la semana… lo que significa que algunas semanas, soy doblemente fumeta.)

Estas palabras me resultan liberadoras y terroríficas al mismo tiempo. ¿Por qué? Si ahora es legal comprarla, poseerla y fumármela en casa (ya que vivo en Colorado). La verdad es que pillar marihuana de calidad se ha convertido en hacer otro recado más, entre echar gasolina e ir al supermercado.

A raíz de la reciente emancipación de la ilegalidad de la hierba, puedo decir que es hora de levantar el velo que cubre la cuestión de la marihuana y la maternidad.

(Vale, los papás también fuman, pero el blog no va dedicado a ellos.)

No es raro que las mamás del colegio se pongan a hablar de sus planes de por la tarde: «Vamos a ir a tomar algo con unos amigos, anímate» o «Estoy deseando llegar a casa para tomarme un par de copas de vino después del día que llevo» o «Creo que necesito tomar una copa, ¿te vienes?»

A menudo, me gustaría responder: «En realidad, el alcohol no me sienta tan bien, ¿qué te parece si vienes tú y fumamos marihuana orgánica cultivada a la sombra?» Por desgracia, nunca me atrevo.

(Ahora pienso que las mamás del colegio de mi hija que lean esto descubrirán lo que pienso y me juzgarán por ello… Uf, no sé qué hago escribiendo este post.)

Vivo en Boulder, por lo que no soy la única madre que fuma hierba. De hecho, me imagino que hay bastantes madres como yo. A veces, nos reconocemos entre nosotras y, al hacerlo, entramos en un tipo de hermandad de guiños y susurros, de complicidad en nuestro entendimiento mutuo y nuestra vergüenza pública.

El alcohol, por su parte, es algo totalmente aceptado por las madres, que lo utilizan para relajarse y eliminar su estrés después de un día con los niños y/o en el trabajo. La mayoría de nosotras crecimos en familias en las que las madres bebían sin pudor; incluso los programas de televisión muestran a muchas mamás que beben (a veces, después de la cena, cuando todavía tienen que ocuparse de los niños; otras veces, cuando ya los han acostado, cuando pueden relajarse de verdad). Es normal, es una costumbre, pues la maternidad es dura y todos necesitamos desconectar de vez en cuando.

Ahora, imagina si una de esas madres de la ficción se encendiera un porro, en la mesa, con toda la familia alrededor. Los espectadores se rebelarían y tendrían que retirar el programa por ser una mala influencia para los niños.

¿Seguro?

Soy muy fan de la serie Parenthood. En un episodio salían dos de los hijos mayores, de más de 21 años, muy fumados en una cena familiar. Hace veinte años, cuando yo era adolescente, una escena así habría acabado con un mensaje moral sobre los perjuicios de la hierba y su poder para destruir familias.

Sin embargo, los tiempos han cambiado. En Parenthood, a los chicos les regañaron por presentarse así a cenar, pero, en general, el tema pasó prácticamente desapercibido. La escena tenía lugar en California, y la mayoría de los padres de la serie han fumado hierba en una escena o dos (de hecho, la marihuana terapéutica fue de gran ayuda para uno de los personajes que luchaba contra un cáncer de pecho).

Lo que más les preocupa a los padres de la serie es que sus hijos no elijan bien cuándo es el momento de fumar porros, y no el hecho de que fumen. Esta es la sutil diferencia que se tiene que notar en mi generación de padres.

Mi hija está creciendo en un mundo en el que la marihuana es legal y accesible. Al igual que hay establecimientos que venden bebidas alcohólicas, también habrá tiendas que se dediquen simplemente a vender marihuana en cada esquina de la ciudad. Parece que es solo cuestión de tiempo: la marihuana se descriminalizará en todo el país y la mayoría de nuestros hijos vivirá dentro de ese mundo.

Entonces, nosotros, que somos padres que se preocupan por sus hijos, ¿cómo nos adaptaremos a la realidad?.

Actualmente, cuando mi hija pregunta si puede darle un sorbo a la cerveza de papá, le decimos: «No, es una bebida de mayores; podrías ponerte mala», y ella lo entiende. Esas son las reglas. Asimismo, le enseñamos que los calefactores pueden quemar, y que tiene prohibido coger los productos de limpieza.

También podríamos esconder nuestra marihuana, como hacían mis padres, avergonzados y ocultos por la oscura sombra de la hierba, con miedo a lo que la gente pudiera decir. No obstante, eso solo les sirvió hasta que mi hermano y yo cumplimos los 10, la edad con la que descubrimos por primera vez su marihuana. Enseguida se convirtió en algo así como la búsqueda del tesoro, algo que nos producía mucha curiosidad. En mi infancia, la marihuana era ilegal (además de un tabú), pero casi todas las madres o padres tenían un poco de hierba escondida en el cajón de la ropa interior (lo puedo confirmar tras mis años de niñera cuando era adolescente).

Sé por experiencia que si lo escondo y me niego a hablar de ello, se convierte en un objeto de deseo. Si lo muestro abiertamente, entonces me siento una madre irresponsable, aunque sea legal (por muy alternativa que fuera mi infancia, se me sigue apareciendo la cara de Nancy Reagan con su campaña contra las drogas Simplemente di que no). Si miento a mi hija sobre el tema, soy una hipócrita, alguien en quien no se puede confiar… Y eso que todavía es pequeña… no me imagino cómo será la situación cuando sea adolescente.

Tiene que haber un punto intermedio. Al igual que no nos podemos quejar de la presencia de los cuchillos en la cocina por el hecho de que corten, no podemos enfrentarnos a la ola de marihuana que envuelve nuestras vidas. Tenemos que aceptar que la marihuana se está abriendo camino y se está metiendo en nuestras casas, justo al lado de las botellas de whisky y de los analgésicos, por lo que tenemos que educar a nuestros hijos de acuerdo con esta realidad.

La única forma de actuar que veo posible es ser totalmente sincera, tanto con mis niños como conmigo misma. La vergüenza y el secretismo solo producen más de lo mismo y, por lo que he visto, cuando nuestros hijos dejan de confiar en nosotros, dejan de contarnos las cosas, los perdemos y echamos todo a perder. Cualquier cosa se puede estropear si se hace un uso extralimitado de ella; ESA es la lección importante que hay que transmitir. No podemos negar que fumemos, pero podemos establecer nuestra propia disciplina y enseñar a nuestros hijos a tomar decisiones saludables… Por ello, hay que empezar a hablar sobre el tema.

Así, que, Maya, cuando seas lo suficientemente mayor para leer esto, quiero que sepas que fumo hierba. Soy consciente de cuánto, dónde y cuándo (al igual que pasa con el alcohol), y siempre decido que tu seguridad y tu salud son mi prioridad. Te prometo que te explicaré todas estas cosas cuando tengas la edad para consumir cualquier sustancia legal, que te enseñaré a valorar tu salud y tu longevidad y, al mismo tiempo, a afrontar el mundo desde la sinceridad y la fuerza, y no desde la vergüenza y el secretismo.

Esa es mi gran confesión.

Ahora que he sentido la valentía suficiente para escribirlo, ¿os atrevéis vosotros a hacer vuestra aportación al debate? ¿Eres padre y también fumas hierba? ¿Piensas que me deberían detener por escribir esto? ¿Todavía me quieres? (Esta última va especialmente dirigida a mi suegra).

Mis más sinceros saludos,

Kiri Westby

Traducción de Marina Velasco Serrano

Fuente: huffingtonpost.es

¿Pueden los alucinógenos curar la ansiedad o la depresión?

Hace más de siete décadas que el químico suizo Albert Hofmann descubrió por casualidad las propiedades alucinógenas de la dietilamida de ácido lisérgico, conocida popularmente como LSD.

Albert Hofmann

Albert Hofmann descubrió por casualidad las propiedades alucinógenas del LSD en 1943.

Desde principios de la década de los años ’50 del siglo pasado se llevaron a cabo cientos de estudios clínicos en todo el mundo con LSD, cuyos resultados sugerían que esta sustancia podía servir para tratar diversos trastornos como la ansiedad, la depresión o incluso adicciones como el alcoholismo.

Pero cuando el LSD saltó de los laboratorios a la calle y empezó a ser utilizado con fines recreativos, pasando a formar parte de la contracultura de los años ’60, las autoridades en la mayoría de países del mundo reaccionaron prohibiéndolo e ilegalizando todos sus usos.

Habría que esperar hasta principios de los años ’90 para que se produjera un cambio de actitud y se permitiera que algunos equipos de investigadores retomaran los estudios clínicos con sustancias alucinógenas.

Resultados prometedores

Pese a que todavía sigue siendo un área de investigación minoritaria y la financiación es escasa, los expertos aseguran que los resultados preliminares que se están obteniendo en ensayos con sustancias como el LSD, la psilocibina -un alucinógeno presente en ciertos hongos- o incluso el MDMA, un entactógeno con efectos psicodélicos conocido como éxtasis, son prometedores.

Hace unas semanas se publicaron en la Revista de Enfermedades Nerviosas y Mentales las conclusiones del primer ensayo clínico con LSD en más de 40 años y que fue realizado en Suiza con enfermos de cáncer terminales.

Hongos alucinógenosLa psilocibina es un alucinógeno presente en ciertos hongos.

Los investigadores concluyeron que este compuesto, combinado con sesiones de psicoterapia y administrado en un entorno controlado, ayudó a reducir considerablemente la ansiedad que los enfermos padecían ante la perspectiva de la muerte, ayudándoles a hacer frente a sus miedos.

Otros estudios realizados en los últimos años en Estados Unidos y Europa apuntan que la psilocibina y el MDMA también pueden ayudar a tratar la depresión y ansiedad en pacientes terminales y otros trastornos como el estrés postraumático o incluso la adicción a las drogas y el alcohol.

Pese a todo, las autoridades sanitarias se muestran cautelosas frente a estas investigaciones, entre otros motivos por la falta de predictibilidad de los alucinógenos, que afectan a cada persona de manera diferente, alterando la química del cerebro con consecuencias todavía desconocidas.

Además, apuntan que estas sustancias deben ser administradas en entornos clínicos controlados y que nunca deben tomarse para usos recreativos, ya que pueden tener consecuencias fatales para los consumidores.

«Efectos positivos»

El doctor Charles Grob, profesor de psiquiatría en la escuela de medicina de la Universidad de California-Los Ángeles, lleva más de cuatro décadas estudiando las posibles aplicaciones médicas de diversas sustancias alucinógenas.

Creo que en los años 60 la sociedad no estaba preparada para las drogas psicodélicas. Eran radicalmente diferentes a lo que estábamos acostumbrados y había una preocupación legítima de que pudieran causar problemas de salud mental si se consumían sin supervisión médica»

Grob empezó a interesarse en este asunto a principios de los años ’70, cuando tuvo acceso a la literatura médica que recogía los resultados de las investigaciones que se llevaron a cabo antes de que en 1966 el LSD y otros alucinógenos fueran prohibidos por el gobierno estadounidense.

«Creo que en los años 60 la sociedad

no estaba preparada para las drogas psicodélicas.

Eran radicalmente diferentes a lo que estábamos acostumbrados

y había una preocupación legítima de que pudieran causar problemas

de salud mental si se consumían sin supervisión médica»

Charles Grob, profesor de psiquiatría de la UCLA

«Algunos estudios parecían demostrar que ciertas sustancia alucinógenas, administradas incluso en una sola sesión, tenían efectos positivos para, por ejemplo, tratar el alcoholismo, logrando que los pacientes se mantuvieran sobrios por muchos años», le explicó Grob a BBC Mundo.

«También me impresionaron los resultados con pacientes terminales que sufrían de ansiedad y depresión», señaló el investigador, a quien la Agencia de Alimentos y Medicinas de EE.UU. (FDA, por sus siglas en inglés) le acaba de dar el visto bueno para que lleve a cabo un estudio con MDMA para tratar la ansiedad social en pacientes que padecen de autismo.

Según Grob, el hecho de que en los años ’60 los jóvenes empezaran a tomar alucinógenos con fines recreativos hizo que estas sustancias -«que acabaron siendo asociadas con el movimiento en contra la guerra de Vietnam»- causaran gran controversia.

«Creo que en esa época la sociedad no estaba preparada para las drogas psicodélicas. Eran radicalmente diferentes a lo que estábamos acostumbrados y había una preocupación legítima de que pudieran causar problemas de salud mental si se consumían sin supervisión médica, mezclándolas con otras drogas o con alcohol», apunta el investigador.

A principios de los años ’90 Grob recibió la aprobación de las autoridades para llevar a cabo la primera investigación en décadas para estudiar los efectos fisiológicos y psicolópgicos del MDMA en pacientes adultos.

Entre 2004 y 2008 también realizó un ensayo clínico en el que se les administró psilocibina a una docena de pacientes con un cáncer en estado avanzado que padecían de ansiedad existencial.

Preocupación

Hombre en el desiertoEn un estudio reciente el LSD ayudó a reducir la ansiedad en pacientes con enfermedades terminales.

Según Grob, los tratamientos con alucinógenos y MDMA podrían ayudar a tratar a pacientes «con trastornos que suelen ser muy difíciles de curar, como el estrés postraumático o los trastornos obsesivo-compulsivos o incluso los desórdenes alimenticios como anorexia y bulimia».

Grob hace hincapié en que «es de vital importancia que los ensayos clínicos se lleven a cabo en condiciones controladas con profesionales médicos que cuenten con el entrenamiento adecuado para que puedan guiar a los pacientes a través de las experiencias alucinatorias y les permitan integrar esa experiencia en el contexto de la patología que se intentar curar».

«Nos preocupa el uso de estas sustancias por parte de gente que simplemente tiene curiosidad y que no es consciente de los riesgos que presentan si no se toman correctamente».

«Los que, por ejemplo, toman MDMA para usos recreativos se exponen a riesgos en el corto y largo plazo que pueden llegar a ser fatales».

Uno de los investigadores con los que ha colaborado Charles Grob es David Nichols, profesor de la Universidad de Carolina del Norte y uno de los fundadores del Instituto Heffter, una organización con base en el estado de Nuevo México que desde hace dos décadas se dedica al estudio de sustancias alucinógenas.

Falta de financiación

Según le explicó Nichols a BBC Mundo, uno de los problemas a los que se enfrentan los investigadores que realizan ensayos con alucinógenos es la falta de financiación.

Pastillas de MDMALos expertos hacen hincapié en que los alucinógenos no deben tomarse para usos recreativos.

«Se necesitaba un apoyo financiero y el gobierno nunca quiso darlo así que todo los estudios los hemos hecho con aportaciones privadas», apunta Nichols.

Además, según señala el investigador, «a las compañías farmacéuticas tampoco les interesa estudiar las propiedades de estas sustancias porque es muy difícil que con ellas obtengan beneficios».

«El modelo de tratamiento con alucinógenos se basa en la administración de la sustancia en una o dos ocasiones, mientras que las farmacéuticas quieren vender medicamentos cuyo consumo se prolongue en el tiempo».

«El objetivo de las farmacéuticas es conseguir beneficios para sus accionistas y con los alucinógenos no los obtendrían, no sólo porque se toman una sola vez, sino que además son compuestos que no pueden protegerse con una patente».

«Creo que en 10 o 20 años veremos como

algunos alucinógenos serán reconocidos por sus propiedades médicas

y los doctores podrán utilizarlos para tratar a pacientes»

David Nichols, profesor de la Universidad de Carolina del Norte

Nichols apunta que el hecho de que las investigaciones con alucinógenos fueran suspendidas en los años ’70 ha hecho que probablemente haya muchas aplicaciones potenciales que todavía no se conocen.

«Si seguimos obteniendo buenos resultados y la financiación no se corta va a haber grandes cambios. Los medios y la opinión pública empiezan a prestar atención. Además, los jóvenes ahora son mucho más abiertos de mente con respecto a estas sustancias comparados con generaciones pasadas».

 

Fuente: bbc.co.uk