Lo «último» en placer sexual.

  • Unos revolucionarios huevos ‘made in Japan’ llegan al mercado del juguete erótico.
  • Confirman la tendencia hacia lo divertido, discreto y desenfadado que marcaron los objetos sexuales con forma de pato, pez o flor.

Divertirse con juguetes en soledad y en pareja no es algo nuevo: los primeros aparatos surgieron en la antigüedad. Pero una nueva generación de artilugios para el placer está irrumpiendo en el mundo del erotismo. Se trata de un concepto muy alejado de los groseros artículos que se popularizaron en los años ochenta. El realismo está pasado de moda. La tendencia en este mercado es clara: un diseño atractivo a la vez que funcional, discreto y, sobre todo, divertido.

Sin duda, los artículos más exitosos son los vibradores:tanto para hombre como para mujer, los hay de todas las formas, colores y tamaños, con diseño de alta tecnología, variadas funciones y materiales antialérgicos. Ni siquiera hay que preocuparse por las pilas, ya los hay ecológicos, con cargador solar.

Las mujeres solicitan a menudo las bolas chinas y otros productos que además de producir placer las ayudan a fortalecer y tonificar los músculos vaginales. También tienen mucho éxito los denominados «paquetes de placer», que incluyen aceites, cremas, plumas, pintura corporal comestible y otros productos para crear ambiente y disfrute no necesariamente sexual.

Internet ha facilitado la compra discreta de juguetes eróticos, pero hay quien sigue prefiriendo pasar por la tienda. Marisa Aranda, responsable de Los Placeres de Lola, una tienda madrileña dirigida solo a las mujeres, explica que la mayor parte de sus clientas son féminas de entre 30 y 50 años, pero también las hay de 20 y de 80. «Cada vez son más las que se animan a descubrir este mundo», asegura Marisa, pero también reconoce que todavía hay mucho desconocimiento y falta de información: «Alguna vez nos han preguntado si es posible que los vibradores lleguen a dar calambrazos».

Estos son algunos ejemplos de juguetes eróticos:

1. Huevos masturbadores: La firma japonesa Tenga acaba de lanzar en España estos huevos ideados para que el hombre consiga el máximo placer con la masturbación. Son lavables, muy discretos y además incluyen un gel lubricante.

<p>Huevos masturbadores.</p>

2. Vibradores acuáticos: Para hacer de la bañera un auténtico momento de relax. Los patitos son un clásico, pero hay otras opciones que también causan furor, como unos vistosos peces de colores o unos simpáticos pingüinos.

<p>Vibrador acuático.</p>

3. Vibrador para pezones: Ideal para potenciar esta zona tan erógena del cuerpo.

<p>Vibrador para pezones.</p>

4. Vibrador en forma de flor: Porque el placer no está reñido con la elegancia. Con doble estimulación y varias velocidades. Es sumergible e incluye cargador.

<p>Vibrador en forma de flor.</p>

5. Vibradores Tickler: Su diseño ergonómico está ideado para su uso en el clítoris.

<p>Vibrador Tickler.</p>

6. Oveja hinchable: Muy solicitada para despedidas de soltero, en lugar de la tan manida muñeca. Con sonido de balidos.

<p>Oveja hinchable.</p>

7. ‘Comehombres’: Vibrador para hombre en forma de alienígena de enorme boca. Tiene 3 velocidades.

<p>Comehombres.</p>

8. Lavanda ‘fingers’: Fundas profilácticas para los dedos que potencian las caricias.

<p>Lavanda fingers.</p>

Publicado en: 20minutos.es

Sanidad financia anticonceptivos intradérmicos.

El Ministerio de Sanidad tomó la decisión en abril, pero hasta ahora no ha llegado al mercado: se trata de un dispositivo anticonceptivo intradérmico que se coloca en el brazo de la mujer y es efectivo durante tres años. El departamento que dirige Leire Pajín tomó la medida como parte de las consecuencias de la ley de salud reproductiva (la llamada ley del aborto), en la que se comprometía a financiar los métodos anticonceptivos más modernos y seguros. Aunque ya había uno de estos dispositivos en el mercado, el laboratorio que lo comercializa, MSD, aprovechó para pedir la financiación pública de una versión mejorada, que es la que ahora se pone a la venta. El tratamiento cuesta 148,36 euros, de los que la usuaria abona el 40% (59,45 euros). Eso sí, el producto debe ser recetado por el especialista, y la prescripción tiene que ser validada (un proceso que se conoce como visado) por la inspección médica.

Según ha explicado esta mañana Iñaki Lete Lasa, jefe del Servicio de Ginecología del Hospital Santiago Apóstol de Vitoria (Álava), este método anticonceptivo tiene varias ventajas. Como su uso no depende de los usuarios -funciona sí o sí una vez que se implanta- es de los más seguros que hay. Además, por su composición -solo tiene un gestágeno y no estrógenos, una combinación que es la que está presente por ejemplo las píldoras anticonceptivas- está indicado para fumadoras mayores de 35 años, que con las pastillas tienen riesgo de infarto.

La otra gran novedad del Implanon NXT, nombre de esta última versión, tiene casi más que ver con «la ingeniería», ha dicho el médico. La varilla de plástico de cuatro centímetros que libera la hormona se implanta con un dispositivo de un solo uso que asegura que la introducción sea muy superficial. Esto facilita que se pueda retirar fácilmente, bien a los tres años cuando haya pasado su efecto, o antes si la mujer decide que quiere quedarse embarazada. Lo normal es que el implante, que se coloca en la cara interna del brazo de menos uso por parte de la mujer (el izquierdo si es diestra y viceversa), pueda localizarse casi a simple vista o al tacto. Por si acaso, se le ha añadido un compuesto (sulfato de bario) que hace que se pueda detectar mediante una radiografía. Esto puede ser útil si, a pesar del nuevo mecanismo de administración, la varilla queda muy profunda (aunque el médico afirma que se podría dejar sin peligro). Por si acaso, el laboratorio empezó en julio a dar cursillos de formación a los médicos.

La inserción es muy sencilla -«lleva segundos», afirma el médico- y se hace con anestesia local. «La mujer lo que siente es un pinchazo como el de un análisis». Para la extracción hay que dormir la zona y hacer una incisión de unos dos milímetros con un bisturí.

El inconveniente, común a estos métodos anticonceptivos hormonales, es que puede producir irregularidades en el sangrado (una falsa menstruación ya que no hay ovulación). Aproximadamente un 30% de las mujeres mantendrá el ritmo natural (uno cada 28 días). Del resto, el 25% tendrá amenorrea (retirada de la regla), y, las demás, podrán tener hemorragias dos o más veces al mes. «No se puede predecir cómo va a reaccionar cada mujer. Lo que sí sabemos es que lo que ocurra durante los tres primeros meses será la pauta durante el resto», ha dicho Lasa. Al poco de retirarse la mujer recupera la capacidad de quedarse embarazada.

El ginecólogo afirma que el sistema antiguo ha tenido bastante aceptación fuera (medio millón de usuarias en Francia), pero que hasta ahora no la ha tenido en España. Entre las causas apunta «el temor de los médicos a manejarlo» y «el miedo a quedarse sin regla». Curiosamente, no cree que el tema del precio haya sido determinante. «Aun sin financiar, su precio es de unos 50 euros al año, menos que la píldora», afirma.

La portavoz del laboratorio ha dicho que no tienen previsiones de cuánto puede aumentar su uso después de que el producto se haya incorporado al sistema de financiación pública.

Publicado en: elpais.com

  • Es importante recordar que este tipo de métodos anticonceptivos no protegen de las infecciones de transmisión sexual.

En retroceso los derechos de las personas homosexuales alrededor del mundo.

Pese al discurso optimista en torno a los derechos que la comunidad homosexual ha ganado en distintas ciudades del mundo, la realidad es diametralmente opuesta: además de criminalizarla, en países como Irán, Uganda y Belice se castiga severamente toda práctica homosexual.

En años recientes la opinión pública se ha visto sacudida por la conquista que la comunidad homosexual ha logrado de derechos que antaño se creían coto exclusivo de las parejas heterosexuales. Paralelamente activistas y organizaciones afines han luchado por pasar del reconocimiento legal que cualquier persona tiene, sin importar su orientación sexual, de ser libre y recibir un trato igualitario, al reconocimiento común y cotidiano del resto de la población, a que la homosexualidad deje de señalarse como se señala un defecto o una falta o como deja de señalarse a la pareja heterosexual que se besa en la vía pública, en suma, el logro más destacado tanto de los activistas como de cualquiera de nosotros, sería que pronto dejáramos de considerar al homosexual como alguien fuera de la norma.

Sin embargo, esto que en varias ciudades de Europa, Estados Unidos y algunas pocas de América Latina comienza a funcionar con cierto éxito, en otras latitudes se expresa de forma totalmente opuesta. Es cierto que los llamados “crímenes de odio” contra la comunidad homosexual no se han erradicado del todo, pero en países como Irán, Uganda y Belice las agresiones en contra de los homosexuales provienen del mismísimo aparato estatal y legal que los gobierna, en ocasiones con notoria saña en su contra.

En Irán, por ejemplo, apenas el pasado 7 de septiembre, tres hombres fueron condenados a morir ahorcados por encontrarlos culpables de delitos relacionados con la homosexualidad. Aunque en esta nación —que tiene fama de ser una de las más fundamentalistas del mundo árabe— ya otros homosexuales habían recibido la misma pena, por lo regular esta se debía a delitos asociados y mucho más graves como la violación. El escándalo en este último caso se debe sobre todo a que, según parece, los hombres ejecutados habían sostenido relaciones sexuales entre sí de común acuerdo.

En Uganda el trato no es menos severo. De acuerdo con Zoe Williams, del periódico inglés The Guardian, desde 2009 los legisladores y políticos locales han intentado que la homosexualidad se castigue con pena de muerte, especialmente en los casos en que se trate de algo que denominan “homosexualidad agravada” o, para decirlo de otra manera, una especie de “homosexualidad recurrente”, delito en el que incurrirían aquellos que sean homosexuales más de una vez. Por supuesto que el planteamiento suena perversamente irracional pero, por si esto no bastara, se contempla incluir en la ley un castigo adicional —aunque menor— para cualquier persona relacionada con el homosexual que a pesar de sospechar de su condición, evite denunciarlo con las autoridades correspondientes.

Un poco para contrarrestar esta tendencia a criminalizar la homosexualidad —que es la norma en al menos 82 países alrededor del mundo— últimamente ha cobrado presencia la labor de la agrupación Human Dignity Trust, enfocada principalmente al cariz legal del problema. A diferencia de otras organizaciones que intentan crear conciencia en torno a la homosexualidad o que sirven como grupos de choque o presión hacia el gobierno en turno, Human Dignity Trust propone una vía más mesurada de lucha—aunque quizá no menos efectiva: considerar la criminalización de la homosexualidad como una violación a los derechos humanos. “No están persiguiendo esto como parte de un asunto lésbico-gay. Se trata de un asunto de derechos internacionales”, dice Jonathan Cooper, director de Human Dignity Trust. Si bien su objetivo primordial es el marco jurídico asociado a los países que dependen de la Corona Británica —la “Commonwealth”—, pretenden que su causa llegue a todos esos países en que ser homosexual se considera una violación a las leyes civiles vigentes.

Sin duda este giro es interesante, aunque curiosamente, de tan obvio, había tardado mucho en surgir. En efecto: como dijimos al principio, la homosexualidad no es, en sentido estricto, más que un asunto de elección, es decir, de libertad. Teniendo en cuenta que la sexualidad es uno de los pocos terrenos en que se puede ejercer, verdaderamente y en consenso, dicha libertad, ¿por qué las leyes de un Estado podrían impedir dichas decisiones?

Publicado en: pijamasurf.com